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El ascenso de Vicente Fox al Ejecutivo mexicano. Expectativas y realidades del

Capítulo III. Identificación de factores causales de la crisis de representación

3.1 Legitimidad y elecciones

3.1.3 El ascenso de Vicente Fox al Ejecutivo mexicano. Expectativas y realidades del

107 Dentro de los principales cambios e innovaciones, destacan lo relativo a la composición de los órganos de representación nacional, el fortalecimiento de un régimen de partido más competitivo; garantía de condiciones de mayor equidad en la contienda electoral, independencia de la autoridad electoral, así como innovaciones en el ámbito de la justicia electoral y regímenes electorales a nivel local (Becerra y Salazar, 1997: 223)

La apertura democrática que el ejecutivo mostró, fue resultado de las demandas de una oposición constante, pero sobre todo del malestar ciudadano perceptible a todos los actores políticos. Hacia 1997, en las elecciones intermedias, el PRI perdería finalmente la mayoría absoluta en el Congreso37, terminando así con la hegemonía del partido en el órgano de representación popular que también había contribuido al fortalecimiento del poder Ejecutivo y que con este logro recobraría – numéricamente hablando – su papel de contrapeso gracias a la diversidad de partidos que a partir de ese momento conformarían el Congreso.

3.1.3 El ascenso de Vicente Fox al Ejecutivo mexicano. Expectativas y

108 perdió una contienda electoral y ningún cargo a elección popular. Así pues la historia del PRI había sido de triunfos de “carro completo”.

Como se ha mencionado, el PRI manutuvo el control absoluto de la presidencia, las gubernaturas y el Congreso de la Unión hasta 1997. Cuando la oposición se hizo presente en la LVII Legislatura, obligó al Ejecutivo a someterse a concesos restándole cierto margen de maniobra.

Los cambios democráticos gestados desde los años ochenta en México probaron su solidez en una elección legítima y sin mayores cuestionamientos. Por tanto, “la elección presidencial del 2000 es un punto crucial en el proceso de democratización en México. El apoyo electoral a Vicente Fox, candidato de la Alianza por el Cambio encabezada por el PAN, trajo la alternancia en el cargo público más importante del país: la Presidencia de la Republica” (Moreno, 2003:164)

Para mantener el esquema formalmente democrático, fundamental para preservar la legitimidad interna y externa, el régimen priista se vio obligado a abrirse gradualmente hasta que tocó los linderos de la competitividad y en esa medida perdió la capacidad de garantizar su continuidad como tal, es decir, perdió los controles más importantes: la mayoría en el Congreso en 1997 y la presidencia de la Republica en el 2000 (Crespo, 2012)

La contienda electoral del 2000 se anunciaba como la más transparente de la historia, una de las más concurridas, entusiastas y en la que imperaba la certidumbre política y social, así como una de las más observadas a nivel

109 internacional. Dichos comicios fueron un hito para la consolidación de los sistemas electorales, el sistema de partidos y en general las instituciones en México, ya que pusieron a prueba la capacidad de las instituciones para organizar elecciones libres y competidas.

La prueba fehaciente de la legitimidad democrática de las elecciones dependería en gran medida de la “aceptabilidad” de la derrota, es decir, de que los distintos contendientes y en particular el candidato del PRI, respetaran las resoluciones de las autoridades y reconocieran al candidato ganador.

Tres eran los candidatos principales que competían para ganar la presidencia de la Republica en el 2000: por el PRI, Francisco Labastida Ochoa; el abanderado del PRD, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano y el candidato del PAN, Vicente Fox Quesada.

Los resultados de la jornada electoral fueron contundentes al declarar la victoria panista y sería el propio presidente Ernesto Zedillo38, uno de los primeros en reconocerla. De acuerdo al IFE, los números eran los siguientes:

38México ha vivido una jornada electoral que por su orden y legalidad, por su transparencia y civilidad ha resultado ejemplar. Hace un momento me he comunicado telefónicamente con el licenciado Vicente Fox para expresarle mi sincera felicitación, por su triunfo electoral, así como para manifestarle mi absoluta disposición así como del Gobierno que presido, a fin de colaborar, desde ahora y hasta el próximo primero de diciembre en todos los aspectos que sean importantes para el buen inicio de la próxima administración federal (Zedillo, 2000)

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Cuadro 3

Resultados oficiales nacionales de la elección presidencial de 2000.

Partido o Coalición Candidato Total de votos Porcentaje

Partido Acción Nacional (PAN y PVEM ) “Alianza por el Cambio”

Vicente Fox Quesada 15, 989,636 42.52%

Partido Revolucionario Institucional (PRI)

Francisco Labastida Ochoa 13,579,718 36.11%

Partido de la Revolución Democrática (PRD) “Alianza por México)

Cuauhtémoc Cárdenas S 6,256, 780 16.64%

Partido Centro Democrático (PCD) Manuel Camacho Solís 206,589 0.55%

Democracia Social Gilberto Rincón Gallardo 592,381 1.58%

Partido Auténtico de la Revolución Mexicana (PARM)

Porfirio Muñoz Ledo 156,896 0.42%

Candidatos no registrados 31,461 0.08%

Votos Nulos 788,157 2.10%

Total 37,601,618 100%

Fuente: Elaboración propia con datos obtenidos del Instituto Federal Electoral

Vicente Fox Quesada, del PAN obtuvo la presidencia con el 42.52% de los votos, mandando al segundo sitio al PRI, con el 36.11%; por su parte Cárdenas quien competía por la silla presidencial por tercera ocasión se quedó con el tercer lugar al obtener el 16.64%. Con ello se materializó la tan esperanzada, alternancia política.

Diversos son los factores que explican el triunfo del panismo: la elaborada campaña electoral en torno al candidato, el marketing político, el cansancio de la

111 sociedad con la política priista, la campaña en pro del “cambio político” (Medina, 2010: 370)

Encuestas, grupos de enfoque y de discusión se emplearon para producir los insumos que recibía un pequeño y flexible grupo director de la campaña encargado de determinar tácticas, constatar resultados, corregir rumbos y delinear una imagen pública del candidato basada en la campechanería y el lenguaje coloquial. Tales aspectos y un excelente grupo de publicidad creativa fueron capaces de producir lemas de campaña letales para el PRI (Medina, 2010: 370)

A pesar de los datos oficiales ofrecidos por el IFE, la participación ciudadana fue de 65%, esto es, el 35% de los empadronados optaron por el abstencionismo, en comparación con las elecciones pasadas que se registró una participación de 77.7% una de las más altas en la historia del país.

Los votantes mexicanos del 2 de julio del 2000, conformaron un régimen político de Presidencia débil y mayorías parlamentarias frágiles, pues no le dieron mayoría absoluta a Fox, como se la habían otorgado a Zedillo en 1994, tampoco le dieron mayoría absoluta a Fox en el Congreso, ni en la Carama de Diputados ni en la de Senadores. Así los comicios electorales trajeron para México un presidente más débil ante el Congreso, que abre para el país un escenario de división de podres y negociación política (Aguilar, 2000)

La alternancia en el Ejecutivo mexicano quedó inscrita como punto final al déficit democrático, derivado de una larga y onerosa deuda contraída por los gobiernos posrevolucionarios, cuya rendición era ya imposible postergar. Así el partido oficial perdía las dos instituciones más importantes del sistema político mexicano, que le habían servido al PRI y al presidente para mantener su poder,

112 también significó un problema para el nuevo presidente, pues su partido no contaba con una mayoría.

3.1.4 Resultados inciertos de la elección presidencial de Felipe