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Bases lingüísticas

CAPÍTULO I: MARCO TEÒRICO

1.2 Bases teóricas y conceptuales

1.2.3 Bases lingüísticas

a) La lingüística comunicacional

En el mundo actual, la comunicación humana ha experimentado innegables cambios respecto de las teorías que fundamentan, como en las maneras de comprender y ejercer el uso del lenguaje. Como señala Firth (citado por Calsamiglia, 2002) “el lenguaje es una manera de tratar con la gente y con las cosas, una manera de actuar y de hacer que los otros actúen” (p. 102). Es decir, el contexto sociocultural y las situaciones comunicativas llegan a establecer las tipologías de las funciones del lenguaje; asimismo, los usos de la lengua, las palabras y los enunciados adquieren sus significados precisos.

Esta manera de entender, muy distinto de lo gramatical, acerca de la lengua y del lenguaje, viene a ser la educación lingüística que ha generado nuevos enfoques en los estudios lingüísticos que tienen implicancias enormes en el ámbito educativo. Según Lomas (2014) y Calsamiglia y Tuson (2015), estos cambios son debido a diversos mecanismos lingüísticos, factores culturales y pedagógicos que han propiciado en ese cambio cualitativo. A partir del análisis de los usos y de la actuación lingüística, enseñar y aprender la lengua busca comprender cómo se adquiere ciertos hábitos y habilidades lingüísticas para mejorar la competencia comunicativa de los hablantes, ya que es una tarea que no implica solo el saber sobre la lengua, sino la formación lingüística respecto al lenguaje humano en la construcción de identidades sociales y culturales para una mejor convivencia entre las personas.

Lomas (2014: 4) sostiene que en “el mundo de las lingüísticas se observa, de un tiempo a esta parte, un mayor acento en el estudio del uso lingüístico y comunicativo de las personas”. Ese interés comunicativo de la lengua es lo que persigue la lingüística comunicacional. Sin embargo, comprender los hechos comunicativos implica considerar la intervención de otras disciplinas, tales como

la pragmática, el análisis del discurso, la sociolingüística, la lingüística textual, la psicolingüística, entre otras, que han permitido dotar de un análisis cognitivo la comprensión del lenguaje y la comunicación.

En tal sentido, no podemos continuar en ese paradigma formalista que concibe el lenguaje como una competencia mental abstracta, tal como acuñaron los estructuralistas y generativistas en esa relación entre hablante y oyente en una comunidad homogénea, ignorando los postulados metodológicos del estudio del habla desde aspectos etnográficos, socioculturales y comunicativos de las personas (Niño-Murcia, 2020, p. 26); la lingüística comunicacional, en cambio, ha realizado investigaciones sobre el hacer cosas con las palabras y ha demostrado con claridad que las personas albergamos distintas intenciones al comunicarnos y conseguimos diferentes efectos en dicho proceso, es decir, acción y efecto de la comunicación de acuerdo a cómo y con qué intenciones lo usamos la lengua (Calsamiglia y Tusón, 2015).

Por otro lado, a la par de las indagaciones teóricas de los usos lingüísticos, el propósito esencial de la lingüística comunicacional es la comprensión de las competencias comunicativas; es decir, cómo actúan las personas con las palabras y no solamente conocen las palabras como parte de la gramática de una lengua (Lomas, 2014). En razón de ello, la lingüística comunicacional tiene que ver con la educación lingüística, pues se trata de cambiar los modelos tradicionales de enseñar la lengua, centrado en el dominio gramatical y el conocimiento de contenidos conceptuales, al enfoque comunicativo textual de la lengua. En ese marco, la pedagogía y la didáctica de la lengua tiene que contribuir al desarrollo de las habilidades y destrezas comunicativas de las personas: saber hablar, saber escuchar, saber leer, saber escribir, saber comprender e interpretar mensajes producidos con significados e intenciones diferentes. (Ibid, 2014).

Por su parte, Calsamiglia (2015) afirma que la educación lingüística constituye la emancipación comunicativa del alumnado que implica saber usar la palabra en los procesos textuales y discursivos, y que aparte de la implicación didáctica que requiere su comprensión, necesita coherencia entre la teoría y la práctica, entre lo que se dice y lo que se practica en las aulas de clase, en las actividades comunicativas y en la ejecución de tareas de aprendizaje, a fin de mejorar las habilidades de expresión oral y escrita del estudiante, así como el

análisis y evaluación del comportamiento verbal y comunicativo en las instituciones escolares (p. 56).

En suma, la educación lingüística consiste el desarrollo de las habilidades lingüísticas por parte del usuario de la lengua para interactuar mejor en diferentes circunstancias de la vida de la sociedad. Por tal razón, el aprendizaje y enseñanza de la lengua y del lenguaje no debe basarse exclusivamente en el conocimiento gramatical de la morfología o la sintaxis de una lengua, sino fundamentalmente en el dominio de los usos verbales con diversas intenciones comunicativas (Lomas, 2014).

b.La lingüística textual

Al enfatizar una postura comunicativa de los usos lingüísticos y de la enseñanza de la lengua, asumimos una postura basada en el conocimiento del funcionamiento de las unidades de sentido y significado más allá de la oración.

De este modo, es necesario dirigir la mirada hacia propuestas de la lingüística textual con consistencia teórica, muy distinto que el modelo del estructuralismo y generativismo. Como señala Garrido Molina y Romero Oliva (2020), “algunos de sus principales referentes, como Hymes, Austin, Searle o Van Dijk, dotan a la reflexión del docente de herramientas para enseñar la lengua centrándose más en su consideración de instrumento de comunicación y el contexto en el que esta comunicación tiene lugar” (p. 122).

Para Calsamiglia y Tusón (2015), “la lingüística textual concibe como eje central del análisis lingüístico el texto por su valor semántico y comunicativo. Se trata de una teoría lingüística íntimamente relacionada con otras disciplinas como la psicolingüística, la sociología del lenguaje, la etnografía de la comunicación o la sociolingüística” (p.46). Luego añaden que esta concepción teórica considera al texto como la unidad fundamental de significación y comunicación, cuyas propiedades se expresan en la cohesión, la coherencia y la adecuación.

Por su parte, Lomas (2014) afirma que el postulado metodológico que se asume para enseñar y aprender la lengua es el enfoque comunicativo, que incide en las formas cómo se usa, cuándo y para qué se usa las palabras como unidades textuales portadoras de mensajes e intenciones concretas. Es decir, la unidad textual se constituye en el aspecto central de la comunicación antes que el conocimiento de reglas gramaticales, de la pronunciación o del vocabulario.

Ya Van Dijk había sentado las razones para argumentar que los enunciados deben ser construidas en una unidad lingüística mayor que la oración, y esto es el texto. Asimismo, denotaba la noción del discurso en relación con el texto y la comunicación, al afirmar que la textualidad tiene que ver con la aceptabilidad y la interpretabilidad del discurso. Al respecto, Van Dijk (como se citó en Garrido Molina y Romero Oliva, 2020: 124) sostiene:

[…] el discurso se relaciona sistemáticamente con la acción comunicativa.

En otras palabras, el componente pragmático no debe especificar meramente las condiciones de propiedad para las oraciones, sino también para los discursos. Es uno de los mayores objetivos de este libro, por tanto, hacer explícitas las relaciones sistemáticas entre texto y contexto pragmático.

En síntesis, las aportaciones de la lingüística del texto a la didáctica de la lengua y a la comprensión del lenguaje en general, pueden resumirse en la consideración de textualidad y discursividad que producen los intercambios comunicativos como acciones humanas esenciales.

c. La sociolingüística

La sociolingüística, como disciplina científica, aborda el estudio de la lengua considerando las distintas manifestaciones lingüísticas de los individuos motivados por diversos factores sociales y culturales. Por tanto, la investigación sociolingüística contemporánea de corte crítico va más allá de la utilización de categorías demográficas simples sobre las variaciones y más bien se dedica a desempaquetar y a cuestionar esas categorías (Bell, 2016, citado por Niño- Murcia, 2020), pues tiene a la práctica social como unidad de análisis lingüístico y no a la lengua como un sistema abstracto.

Desde el enfoque crítico e interdisciplinario, Niño-Murcia et. al (2020, p.12) sostiene que: “La sociolingüística tiene como objeto de estudio el uso de los recursos lingüísticos por parte de las personas y echa mano de la teoría y de la práctica de forma explícita o implícita. La lengua, la cultura y la sociedad tienen una realidad preexistente, pero al mismo tiempo son los productores de las palabras y de las acciones de los individuos”.

Desde esta mirada crítica interdisciplinaria, podemos entender que las prácticas lingüísticas tienen relación directa con las prácticas pedagógicas, y que

deben ser vistas como prácticas sociales y culturales inherentes al campo educativo. En ese sentido, el foco de análisis y comprensión sociolingüístico tiene que ver el uso y no el código lingüístico en sí mismo, ni el concepto simplista de variaciones.

1.2.4. Bases epistemológicas de formación del docente

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