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BIBLIOGRAFÍA

In document ii congreso de historia de albacete (página 163-176)

111.- POSIBILIDADES DE AVANCE EN EL CONOCIMIENTO

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11 No quiere ésto decir que al santuario se acercaran gentes de todas las clases sociales. Seguramente, como es bien conocido para el caso de las necrópolis, sólo un sector reducido de la población, los grupos oligárquicos, tenían acceso a los centros de culto. No obstante, parece que, a partir del s. IV a.C. se observa una cierta "democratización" en los cultos ibéricos (Prados, 1994, 138), algo que también se intuye en mnbientes funerarios (Quesada, 1997, 634). Esta afluencia a los santuarios de un sector más amplio de la sociedad creemos queda evidenciada en el Cerro de los Santos por la existencia de ofrendas de muy diversa natu-

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Figura 1.- Promontorio sobre-el que se ubicó el Santuario. (Foto: M. L. Sánchez)

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Figura 2.- Escultura oferente de autenticidad discutida.

(Dibujo deC.Lasalde - Archivo Provincial de las Escuelas Pías, Madrid)

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Figura 3.- Planta del edificio de culto.

(Copia deC. Lasalde del dibujo original de Savirán (1875) - Archivo Provincial de las Escuelas Pías, Madrid)

Figura 4.- Vasos caliciformes. Excavaciones S. XIX. Museo de Albacete. (Foto: M.L. Sánchez)

Figura 5.- D. Augusto Fernández de Avilés.

(Foto~edidapor Familia Fernández de Aviles)

Figura 6.- Portada del fichero gráfico de escultura romana.

(Legado Fernández de Avilés - U.A.M.)

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Figura 7.- Diario de excavación del Cerro de los Santos, 1963.

(Legado Fernández de Avilés - U.A.M.)

Figura 8.- Trabajos de campo en el Cerro de los Santos.

Campaña de 1962.

(Legado Fernández de Avilés, U.A.M.)

Figura 10.- Esculturas del Cerro de los Santos en el Museo de Albacete.

(Proyecto Escultura Ibérica, U.A.M.)

un período de sequía en el que el matorral reseco y los bos- quetes permitieron la observación de la tierra y, en consecuen- cia, de los restos cerámicos en superficie. Desconocemos si tales restos fueron desplazados en épocas posteriores al mundo ibérico del interior de la covacha, o si fueron depositados en el perímetro exterior de la misma en un primer momento.

El yacimiento, probablemente un santuario ibérico, se encuentra en el acceso de una descomunal covacha abierta en los farallones rocosos que se yerguen a enorme altura en la margen derecha del pantano del Talave, próximos ya a la pre- sa. El entorno está rodeado todavía de un bosquete con vegeta- ción mediterránea, si bien en las inmediaciones los fuegos intencionados han arrasado el paisaje.

Se pensó al principio que los fragmentos cerámicos po- drían haber caído desde la meseta superior que hay sobre los cingles verticales. Pero realizada una prospección visual en la misma, así como de los barrancos que discurren hacia el Oeste y hacia el Este, y observando la ausencia de poblamiento esta- ble en todos esos puntos, se descartó dicha posibilidad. Así sólo se podía explicar la presencia de las piezas ibéricas porque era allí, en la abertura exterior de la covacha, donde estaba el yacimiento.

Se prospectaron los cien metros que de anchura presenta la boca de la covacha, por unos 25 de descenso del talud que de forma rápida, entre un bosquete de árboles, se precipita hacia el fondo del valle del Talave. En total unos 2.500 mts. cuadra- dos de superficie en un par de horas y por un único prospector.

En una segunda ocasión se barrieron visualmente los sectores que quedan a la derecha y a la izquierda de la boca de la cue- va. El de la izquierda proporcionó restos de cerámicas a torno ibéricas y a mano, probablemente del Calcolítico. El material apareció en dos zócalos de rocas que hay en aquel punto. En

ricas que los exvotos de bronce o los vasitos caliciformes apa- recen precisamente insertos en grietas o en agujeros de la roca.

En apariencia no había nada de ello en este caso.

El entorno arqueológico prehistórico de la covacha de la vega del Talave, aunque humilde, no es desdeñable. Se sabe de talleres de cuarcitas fechados en el Paleolítico Medi03Algunas cuevas, no muy profundas, que se abren en la margen izquier- da del río Mundo, una vez rebasado el muro de la presa, mues- tran restos de industrias líticas en sílex blanco y de algunos fragmentos de cerámicas a mano, que creemos poder datar en un Neolítico-Calcolítico. Del mismo modo, los farallones occi- dentales de los macizos de Peña Lavada están horadados por decenas de covachones de diversa amplitud y profundidad, en los que aparecen cerámicas del Bronce Inicial4 •Varios pobla- dos del Bronce Pleno bordearon lo que en su día fue una vega feraz en el Talave: Talave-l, Talave-2 y Talave-3. Del mismo modo, otros asentamientos coetáneos se ubican algo más aleja- dos de la vega fluvial, como la atalaya de Trifillas5•

Los yacimientos ibéricos más próximos, detectados hasta el presente, son escasos ya que todavía falta realizar una carta arqueológica profunda en Liétor. En la comarca de Hellín- Tobarra el más cercano es el del Arroyo-Isso-4, con cerámicas pintadas y bordes de ánforas del siglo V a.C. En Liétor6, el Cercado Galera, una necrópolis estudiada por Chapa7 y que fecha en el siglo V, ofrece restos de pilares-estela, posibles res- tos escultóricos de un león y de un ciervo.

Independientemente de todas estas circunstancias, desde la covacha del Talave (la cueva de Sulayma), se observa un amplio horizonte, y se aprecia un dominio visual del entorno, dominio que seguramente constituyó una de las causas por las que se eligió este emplazamiento para crear un modesto san- tuario de montaña. Otra razón pudo ser la presencia de un arro-

1 Habíamos acudido a la cueva del Talave para tomar unos apuntes de campo con los que ilustrar y narrar unas escenas de una novela de carácter histórico ambien- tada en el siglo XV, y que en dicha obra se llama "cueva de Sulayma". Sentados a la entrada de la misma mientras contemplábamos el paisaje y el terreno, obser- vamos de forma fortuita la presencia de varios fragmentos de cerámica ibérica. Nos pusimos inmediatamente en comunicación con la directora del Museo de Albacete, la Dra. Rubí Sanz Gamo, a quien le solicitamos permiso para poder recoger algunos mínimos vestigios con los que poder ilustrar la presente cOlTIuni- cación. La siguiente tarea corresponde ya a los excavadores. En 2002 obtuvimos permiso oficial de prospección.

2 JORDÁN MONTÉS, J.E: El poblamiento arqueológico en la COlnarca de Hellín-Tobarra, Tesis de Licenciatura, Murcia, 1981. Inédita, depositada en el Insti- tuto de Estudios Albacetenses. Luego un resumen del mismo autor en Al-Basit, 31, Albacete, 1992. 183-227.

3 SERNA LÓPEZ, J.L.: "Hallazgos musterienses en la cuenca media del río Mundo (Albacete)", AI-Basit, 26, Albacete, 1990. Págs. 5-26. En toda la ladera que ascienden hasta la cueva del Talave hay millares de cantos rodados de cuarcita. Quizás algunos están tallados, pero no sabríamos precisar con exactitud si lo han sido por fenómenos de crioclastia o por la erosión y el choque entre ellos durante las arroyadas.

4 Hallazgos que realizamos en la prospección visual del entorno, pero que dejamos sin tocar en las dichas cuevas fluviales. Los materiales procedentes de Peña Lavada fueron depositados en el Museo de Hellín, ya que el investigador Angel Cololner estaba preparando su tesis de licenciatura sobre los materiales cerámi- cos del Bronce en la comarca de Hellín-Tobarra.

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7 CHAPA BRUNET, T.: La escultura ibérica zoomorfa, Madrid, 1985. De la misma autora: La escultura zoomorfa ibérica en piedra, Tesis Doctoral en la Univ.

Complutense de Madrid. Madrid, 1980. Para la figura del león del Cercado Galera de Liétor, Págs. 291-93, Fig. 4. 45, Lám XXXVI, Museo de Albacete; para la del ciervo de la misma necrópolis, Pág. 294, Fig. 4. 46, Lám. XXXXVII, Museo de Albacete.

Los santuarios ibéricos10más intensamente estudiados pre- sentan a veces una completa o parcial vinculación con las cue- vas. Así ocurre, por ejemplo, con los del Collado de los Jardi- neslly el Castellar de Santisteban12, ambos en Jaén 13, fechados aproximadamente entre los siglos V y las guerras púnicas. En efecto, Collado de los Jardines se encuentra en uno de los para- jes más fragosos de Sierra Morena, en un barranco donde apa- recen varias cuevas profundas de hasta medio centenar de metros. En una de ellas brotaba incluso un manantial de agua.

Sus exvotos de bronce aparecieron en el barranco y deposita- dos en las grietas de las rocas. El poblado ibérico, amurallado, se encontraba situado en la cumbre de la montaña y se comu- nicaba con el santuario a través de varios caminos. En Caste- llar de Santisteban hay también varias cuevas con fuentecillas y, del mismo modo, se encontraron allí los exvotos de bronce.

Pero esta vinculación de santuario y de cueva es genérica, o muy frecuente, en cualquier cultura humana14, por todo el misterio que brota de los antros, de la oscuridad, del agua y de la vegetación de umbría.

El problema de la existencia de los santuarios ibéricos en cueva ya lo plantearon con intuición y valentía Pla Ballester cuando estudió la Cava del Sants (Alcudia de Crespins) y la Cava deIs Meravelles de Gandía (Valencia)l5, y Tarradell16 quien propuso que estos yacimientos probablemente sirvieron para depositar ofrendas religiosas y realizar libaciones rituales.

Posteriormente fue Gil·Mascarell la que recuperó el estudio de este interesante fenómeno arqueológico l7, destacando la casi nula presencia de sigillatas, lo que complicaba en ciertos casos la pervivencia de algún santuario en cueva ibérico duran- te la romanización, y la ausencia de campanienes A y B. En la misma línea trabajó Vega l8.

A partir de la labor de estos autores, las noticias de los investigadores se han multiplicado en otras regiones geográfi- cas. Así, en la cueva de Villalgordo del Cabriel (Valencia)19; en la cueva de la Murcielaguina (Priego, Córdoba)20; en el abrigo de Reiná en el río Júcar (Alcalá del Júcar, Albacete), con ins- cripciones ibéricas grabadas en la roca21 ; en la cueva Merinel de Bugarra en el río Turia (Valencia)22,etc.

Información recogida de tradición oral de los pastores de la zona en el otoño de 1991. Los pocos naturales del Talave que aún quedan en el pantano nos infor- maron (otoño de 2000) que a causa de las lluvias de las primaveras y de los otoños "de antes" se producía un curioso fenómeno sobre el farallón de la cueva del Talave. Y era que se producía "una cola de caballo que caía desde lo alto hasta lo bajo". La información no la desdeñamos, sino que la consideramos de cierto interés. Si las condiciones geológicas de la muela rocosa donde se abre la cueva del Talave no han variado en los últimos dos milenios, seguramente la contem- plación de esa cascada estacional, de unos 100 mts. de caída, pudo contribuir a incrementar el carácter numinoso del paraje. La montaña que ofrecía agua de for- ma impresionante en los equinoccios, símbolo de la vida regenerada en el bosque, la gran covacha naranja, la umbría húmeda, densa y boscosa, el silencio del entorno... todo confluía en la mente de aquellos iberos para considerar que aquella enorme peña amesetada era sagrada, y que merecía que se acudiera a ella para depositar ofrendas, realizar libaciones u orar. Si aquello aconteció así, sin duda, el espectáculo tuvo que ser paradisíaco y sobrecogedor. Y ello sin contar con la feracidad de la vega del Talave. Los campesinos nos confirmaron que en aquel valle se cultivaban moreras, frutales, cereales y productos de huerta.

9 Para el tema ver, por ejemplo, VAZEILLES, D.: "Chamanes et guérisseurs sioux: parenté et harmonie cosmique", 110e Congres National des Sociétés Savan- tes,Montpellier, 1985. Pág. 354. Pero sobre todo MIRCEA ELIADE: Lo sagrado y lo profano, Barcelona, 1992. Págs. 39 ss. y 101 ss.

10 Para una visión general en la que se relacionan los santuarios con el territorio, y se clasifican atendiendo a sus funciones, PRADOS TORREIRA, L.: "Los san- tuarios ibéricos. Apuntes para el desarrollo de una arqueología de culto", Trabajos de Prehistoria, 51, n° 1, 1994. 127-140. En línea similar, ARANEGUI GAS- ca, C.: "Iberica Sacra Loca. Entre el cabo de La Nao, Cartagena y el Cerro de los Santos", Revista de Estudios Ibéricos, 1, 1994. 115-138. Ofrece una historia de la investigación acerca de las propuestas de clasificación de los lugares sagrados en la cultura ibérica; GUSI 1 JENER,F.: "Lugares sagrados, divinidades, cul- tos y rituales en el levante de Iberia", Quad. Preh. Arq. Cast., 18, 1997. 171-209.

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14 APARICIO PÉREZ, 1.: "El culto en cuevas en la región valenciana", Homenaje a GarcíayBellido. Revista de la Universidad Complutense,XXV, Madrid, 1975.

Págs. 9-30. Del mismo autor, "El culto en cuevas y la religiosidad protohistórica", Quaderns de Prehistoria Arqueologia de Castelló, 18, 1997.345-358.

15 PLA BALLESTER: "Actividades del SIP en 1961-1965", en Archivo de Prehistoria Levantina, XI, Valencia, 1966. Págs. 295 ss.

16 TARRADELL, M.: "Cuevas sagradas o cuevas santuario: un aspecto poco valorado de la religión ibérica", Memoria de 1973 del Instituto de Arqueología y Pre- historia de la Universidad de Barcelona,Barcelona, 1974. 25-40.

17 GIL-MASCARELL, M.: "Sobre las cuevas ibéricas del País Valenciano. Materiales y problemas", Papeles del laboratorio de Arqueología de Valencia, n° 11. L Aniversario de la fundación del laboratorio de arqueología (1924-1974), Valencia, 1975.281-332.

18 VEGA, J. de la: "Contribució catalana a l'inventari de les probables coves santuari iberiques", Fonanlents, 6, Barcelona, 1987. 171-190.

19 GIL-MASCARELL, M.: "Excavaciones en la cueva ritual ibérica de Villalgordo del Cabriel (Valencia)", XIV Congreso Nacional de Arqueología (Vitoria, 1975), 705-713. Zaragoza, 1977.

20 VAQUERIZO GIL, D.: "La cueva de la Murcielaguina, en Priego de Córdoba. Posible cueva-santuario ibérica", Lucentum, IV, Alicante, 1985. 115-124.

21 PÉREZ BALLESTER, J.: "El abrigo de Reiná (Alcalá del JÚcar). Ensayo sobre un nuevo modelo de lugar de culto en época ibérica", Estudios de Arqueología ibéricayromana. Homenaje a Enrique Pla Ballester,Valencia, 1992. 289-300. Cerca se halla también el Puntal del Horno Ciego: MARTI, M.A.: "Las cuevas del Puntal del Horno Ciego, Villalgordo del Cabriel", Saguntunl, 23, Valencia, 1990. 141-182.

22 MARTÍNEZ PERONA, J.V.: "El santuario ibérico de la cueva Merinel (Bugarra). En torno a la función del vaso caliciforme", Estudios de Arqueología ibérica yromana. Homenaje a Enrique Pla Ballester,Valencia, 1992. 261-281. Para Cataluña, p.e., consultar LOLL MONTEAGUDO, R. y CAZaRLA CARRERA, E:

"Una nueva cueva-santuario ibérica en el Maresme: La Cova de les Encantades del Monteabrer (Cabrera del Mar, Barcelona)", Saguntum, Extra1.Los iberos, príncipes de Occidente. Las estructuras de poder en la sociedad ibérica,Valencia, 1998. 275-282.

In document ii congreso de historia de albacete (página 163-176)