HISTORIADOR
10. BLOCH Y FEBVRE: PUNTOS DE REFERENICA PARA REFLEXIONES
dad que en vez de negar la objetividad de la verdad histórica, por el contrario la confirma»
9. ¿PARA QUE SIRVE LA HISTORIA?
«Papá, explícame para qué sirve la historia», pedía hace algunos años a su padre, que era historiador, un muchachito allegado mío [...].
Algunos pensarán sin duda que es una fórmula ingenua; a mí, por el contrario, me parece del todo pertinente. El problema que plantea el muchacho con .la embarazosa desenvoltura de esta edad implacable es nada menos que el de la legitimidad de la historia>>
Las respuestas de los historiadores a la cita que Marc Bloch coloca en el preámbulo de su Introducción a la Historia han sido diversas:
para comprender el presente conociendo el pasado y poder, en definitiva, saber leer un periódico situando las cosas que hay detrás de, las palabras (P. Vilar); para obtener de la combinación entre el pasado y el presente una proyección hacia el futuro, un proyecto social (J. Fontana); para tener una visión equilibrada de los hechos y no desorbitar el presente de cada día ni dejamos devorar por él (Tuñón de Lara) ...
No me resisto a señalar especialmente la conocida respuesta de Collingwood al para qué sirve la historia:
Mi contestación es que la historia es para el conocimiento humano. [...] Conocerse a sí mismo significa conocer lo que se puede hacer, y puesto que nadie sabe lo que puede hacer hasta que lo intenta, la única pista para saber lo que puede hacer el hombre es averiguar lo que ha hecho. El valor de la historia, por consiguiente, consiste en que nos enseña lo que el hombre ha hecho y en ese sentido lo que el hombre es.
No debemos permitir que la profundidad que estas afirmaciones encierran se quede en pura teoría. La alumna y el alumno (también muchos adultos) tienen necesidad de saber por qué ocurren algunos de los acontecimientos nacionales o mundiales que los medios de comunicación le transmiten y de qué manera les afectan o pueden afectarles;
con otras palabras: tienen necesidad (aunque no la sientan) de salir de su mundo egocéntrico y constatar que su vida adquiere sentido en la dimensión colectiva y temporal que trasciende la inmediatez de los acontecimientos (se cumple la afirmación de Piaget: comprender el tiempo es liberarse del presente; no en el sentido de evasión sino de
encontrar la perspectiva adecuada para situar los hechos). Como señalamos en las conclusiones finales, al construir la historia de su vida el alumno descubre que es un ser histórico, y reconocerse como tal es empezar a conocerse a sí mismo (obviamente, no estamos hablando de niveles psicológicos individuales, sino colectivos), es constatar su presente como el resultado de un pasado que condiciona su futuro, es entender para qué sirve la historia.
El interrogante sobre la utilidad de ésta debe plantearse también a niveles didácticos.
¿Tiene mucho sentido la historia para nuestros alumnos presentándola como información de hechos históricos enlazados en la diacronía, tal y como con demasiada frecuencia se enseña en nuestros Centros? ¿Responden los objetivos, y especialmente los procedimientos empleados, a la consecución de algunas de las respuestas que los mismos historiadores han dado al "para qué" sirve la historia? ¿Tiene algún significado, por lo tanto, que se la incluya como asignatura en los planes de la Enseñanza Secundaria o en el Bachillerato?
Los profesores ingleses ya se lo preguntaron en la década de los setenta. La institución British Schools Council dio una salida a este interrogante y de ahí surgió el Proyecto 13-16 inglés.
La respuesta fue afirmativa: El conocimiento histórico es necesario para ayudar al es estudiante a que salga de su natural egocentrismo.
Esta propuesta la retornaremos en las conclusiones finales.
10. BLOCH Y FEBVRE: PUNTOS DE
Evidentemente, Annales no surgió de la nada.
Detrás de ella estaba lo más florido de la tradición historiográfica francesa: la vitalidad romántica de MicheIlet; lo mejor del positivismo de Foustel de Coulanges; la aportación de la geografía humana no deter- minista de Vidal de La Blache; los fecundos contactos con Henri Berr y su idea central de la síntesis en la concepción de la historia, así como la influencia del gran historiador belga Henri Pirenne, amigo de Bloch.
La línea de los Annales suscitó críticas entre los historiadores marxistas, quienes le achacaban la carencia de una teoría y de po- ner excesivo énfasis -como contrapartida- en el método. Críticas que arreciaron tras el
"viraje" en 1941 de Fevbre al desmarcarse del materialismo histórico presente en las primeras etapas. Las mismas razones aparentemente triviales que dio Febvre a ese cambio pudieron contribuir a una irritación mayor, y las diferencias, con el materialismo histórico se fueron agrandando. «Vivir es cam- biar [...]. Los Annales cambian porque alrededor todo cambia: los hombres y las cosas. En una palabra: el mundo.1» Con todo, son indiscutibles las aportaciones de los Annales en la renovación de la historia "
renovaciones que apuntaban a la línea de flotación del positivismo imperante entonces:
su formulación de la historia como problema frente a la historia como relato, la ruptura de los moldes eruditos y especializados abriéndose a las ciencias vecinas, la desmitificación del documento escrito como única fuente que descoyuntaba uno de los puntales de la metodología positivista:
La historia se hace con documentos escritos;
pero también puede hacerse, debe hacerse, sin documentos si éstos no existen [...]. Con palabras, con signos, con paisajes y con tejas.
Con formas de campo, con análisis de espadas de metal realizados por químicos [...]. En una palabra: con todo lo que siendo del hombre, depende del hombre, sirve al hombre.
Varias de sus aportaci9nes, realizadas hace ya más de medio siglo, han sido completadas y superadas por la historiografía posterior; pero aquella renovación histórica no ha entrado realmente en nuestras aulas. Por eso he creído conveniente recordar algunas de sus afirmaciones que en mayor medida inciden en un cambio en la enseñanza-aprendizaje de la historia y que siguen manteniendo pleno vigor.
Para qué se hacen las cosas
Me daban buenas "razones" [se refiere a las clases de matemáticas que recibía, pero puede hacerse extensible a la historia o a cualquier otra disciplina] para hacer algo sobre lo que nadie me decía nunca por qué ese algo valga la pena hacerse "
¿Decimos a los alumnos para qué realizan determinadas actividades de historia, el fin que perseguimos con ellas?
Una historia no automática, sino problemática
Yo les pido [a los historiadores] que trabajen con una buena hipótesis de trabajo en la cabeza [...]. Y que nos proporcionen una historia no automática sino problemática.
Comprender en historia no es clasificar y simplificar
Para el historiador, comprender no es clasificar, simplificar, reducir a un esquema lógico perfectamente claro, trazar una proyección abstracta. Comprender es complicar. Es enriquecer en profundidad. Es ensanchar por todos los lados.
Cuántas veces nos quedamos satisfechos con una explicación nuestra, clara (o al menos eso creemos), esquematizada a la vez o posteriormente en la pizarra. Y sin embargo nos sentimos frustrados o perplejos cuando comprobamos los magros resultados obte- nidos. ¿Nos preguntamos por qué ha ocurrido eso o nos deslizamos por la vía cómoda e inútil del lamento del "bajísimo nivel"? ¿Les hemos proporcionado a los alumnos actividades adecuadas, procedimientos idóneos para que puedan construir desde su nivel de desarrollo determinados conceptos, relacionarlos entre sí, dotarlos de .significado que pueda servir de trampolín para la adqui- sición de nuevos conocimientos, ampliando y enriqueciendo la red de su estructura cognitiva?'
Ponerse en el lugar del otro: saber adoptar la mentalidad de la época (empatía)
¡Cuánto más fácil no es escribir en pro o en contra de Lutero que escrutar su alma; creer al papa Gregorio VII que desentrañar las razones profundas de uno de los mayores dramas de la civilización occidental.
Yo defino, gustosamente la historia como una necesidad de la humanidad -la necesidad que experimenta cada grupo humano, en cada momento de su evolución, de buscar y dar valor en el pasado a los hechos, los acontecimientos, las tendencias que preparan el tiempo presente, que permiten comprenderlo y que ayudan a vivido-o Y añado: recomponer la mentalidad de los hombres de otra época; ponerse en su cabe- za, en su piel, en su cerebro para comprender lo que fueron, lo que quisieron, lo que consiguieron.
Ser capaces de adoptar la mentalidad de la época equivale a conocer esa época. Y comprenderla.
La historia refleja la vida, no la muerte En otro lugar he recordado esta anécdota: en cierta ocasión acompañaba yo en Estocolmo a Henri Pirenne. Apenas habíamos llegado cuando me preguntó:«¿Qué vamos a ver primero? Parece que hay un ayuntamiento completamente nuevo. Comencemos por verlo>>. Y después añadió, como si quisiera evitar mi asombro: «Si yo fuera un anticuario sólo me gustaría ver las cosas viejas. Pero soy un historiador y por eso amo la vida». Esta facultad de captar lo vivo es, en efecto, la cualidad dominante del historiador.
Comprender el presente por el pasado.
Comprender el pasado por el presente La historia no es algo muerto; la interrelación presente-pasado y viceversa debe ser algo real, tangible para el alumno. Presentémosla, pues, así. La tragedia de las pateras repletas de marroquíes cruzando el Estrecho, que con tanta abundancia nos han mostrado los medios de comunicación, adquiere su significado en la situación socioeconómica y política del Magreb actual. Pero ese significado se profundiza en la dimensión histórica: las causas -y especialmente los efectos-del estancamiento de un Magreb brillante entre los siglos VII y XI que no levantó ya cabeza.
«Hay que comprender el pasado para conocer el presente [...]. Comprender es imposible sin conocer. La historia debe enseñamos en primer lugar a leer un periódico; es decir, a situar cosas detrás de las palabras. «Contra el saber fragmentario.
Foustel de Coulanges decía a sus oyentes, en la Sorban a: «Suponed cien especialistas repartiéndose, en lotes, el pasado de Francia.
¿Creéis que al fin hubieran hecho la historia
de Francia? Lo dudo mucho. Les faltaría, por lo menos, la vinculación de los hechos, y esta vinculación es también una verdad histórica»
Presentar separada y sucesivamente los grupos de hechos de diferente naturaleza, política, social, económica, intelectual. Es lo que acostumbro llamar "el sistema de la cómoda", de la vieja cómoda de caoba, ¡Tan bien arreglada, y en un orden tan bello! Cajón de arriba, la política: "la interior" a la derecha,
"la exterior" a la izquierda, sin confusión.
Segundo cajón: en el rincón de la derecha, "el movimiento de la población"; en el rincón de la izquierda, "la organización de la sociedad”.
Uno de los enemigos más implacables del conocimiento (y en este caso del conocimiento histórico) es la fragmentación que imposibilita el sentido de las cosas. Qué cómodas y qué nefastas a la vez esas compartimentaciones tradicionales ("El espacio geográfico". "La economía". "La sociedad". "La política". "La ciencia y el arte") que llevan a la incapacidad de comprender. ¿Dónde están las interrelaciones que dan sentido? Esperemos que no se quede solamente en el papel uno de los objetivos generales del área de ciencias sociales, geografía e historia de la Educación Secundaria Obligatoria: «Identificar y analizar las interacciones que se producen entre los hechos políticos, económicos, culturales, que condicionan la trayectoria histórica de las sociedades humanas».Sobre los libros de enseñanza de historia Para los niños admito libros de lectura bien hechos y momentos precisos, con la condición de que todo lo que enseñen a los niños desemboque en la vida. Y si reúnen hechos, que sean pocos, pero bien escogidos, de importancia real explicados a fondo, de verdad. Con la condición, ante todo, de que no busquen, sino que proscriban las fórmulas, las horrorosas fórmulas que se aprenden "de memoria" y dispensan para siempre a los perezosos el trabajo de juzgar por sí mismos, pesado trabajo ante el que la mayoría de los hombres retroceden obstinadamente [...J. Lo que incita o puede incitar a pensar, a buscar, a leer, eso sí. Pero los manuales "cerrados' y cuya ambición se reduzca a describir todas las cosas desde fuera, con el mayor número de detalles, vista la situación: no, no y mil veces no.
Estas reflexiones han sido hechas por dos grandes maestros de la historia. Las hemos seleccionado para mostrar las conexiones que se establecen entre el historiador y las concepciones y actitudes necesarias para la adquisición de un auténtico conocimiento histórico; ponen de manifiesto lo que señalábamos en la introducción: el plano
adulto del historiador que reflexiona sobre su quehacer puede y debe orientar en muchos casos el plano del aprendizaje escolar de la historia. La labor del profesor debe consistir, entre otras cosas, en tender los puentes necesarios para que las diferencias entre ambos planos tengan en ciertos momentos fe- cundos puntos de contacto.
Annales, con Febvre y Bloch a la cabeza, luchó por la inteligibilidad de la historia. Y dio una respuesta, la suya, al "para qué sirve la historia". Como decíamos, la gran renovación histórica que supuso en su tiempo ha sido superada por la historiografia posterior en diferentes aspectos. Pero Bloch y Febvre nos han dejado excelentes páginas de historia, y sus reflexiones continúan siendo en la actualidad puntos de referencia ineludibles .para replanteamos el tipo de historia que enseñamos en nuestras clases.
¿POR QUÉ REESCRIBIMOS CONTINUAMENTE LA HISTORIA?
"En nuestros días, no existe duda alguna de que la historia del mundo debe ser reescrito de vez en cuando. Esta necesidad no surge, sin embargo, del hecho de que, se, descubran entretanto numerosos acontecimientos hasta entonces, desconocidos, sino de que, se han originado nuevas opiniones, debido a que, el compañero tiempo que va transcurriendo llega a unos puntos de vista desde donde puede dirigir una nueva mirada hacia el pasado...
Goethe, Geschichte Der Farbenlehre.
. . .La anatomía del hombre, es la clave de la, anatomía del mono. En las especies animales inferiores, no se pueden comprender los signos aunciadores d, una forma superior hasta que se conoce la forma superior misma.
C. Marx, Introducción a la Crítica de la economía política.
E. H. Carr empieza su obra ¿Qué es la historia? citando dos opiniones sobre el conocimiento hist6rico, que constan en dos ediciones sucesivas, a pesar de que fueron publicadas con sesenta años de diferencia, de la gran síntesis histórica elaborada por un equipo de científicos de Cambridge. Estas opiniones son particularmente sintomáticas, y puesto que representan una perfecta introducción al tema que nos interesa en este capítulo, vamos a empezarlo a la manera de E. H. Carro
En 1896, el eminente historiador británico Acton en su informe a los síndicos de la Cambridge University Press, señalaba los objetivos de la Cambridge Modern History:
"Es ésta una oportunidad sin precedentes, de reunir, en la forma más útil para los más, el acervo de conocimientos que el siglo XIX nos está legando. Mediante una inteligente división del trabajo seríamos capaces de hacerlo y de poner al alcance de cualquiera el último documento y las conclusiones más elaboradas de la investigación internacional.
"No podemos, en esta generación, formular una historia definitiva; pero sí podemos eliminar la historia convencional, y mostrar a qué punto hemos llegado en el trayecto que va de ésta a aquélla, ahora que toda la información es asequible, y que todo problema
es susceptible de solución."
Sesenta años más tarde, en una introducción a la segunda edición de la obra en cuestión, George Clark comenta la declaración optimista de Acton sobre el valor cognoscitivo de la historia:
"Los historiadores de una generación posterior no esperan cosa semejante: “De su trabajo, esperan' que, sea superado una y otra vez.
Consideran que el conocimiento del pasado ha llegado a nosotros por mediación de una o más mentes humanas, ha sido 'elaborado' por éstas, y que no puede, por tanto, consistir en átomo:>s elementales e impersonales que nada pueden alterar. .. La exploraci6n no parece tener límites y hay investigadores impacientes que se refugian en el escep- ticismo, o cuando menos en la doctrina de que, puesto que todo juicio histórico implica personas y puntos de vista, todos son igualmente válidos y no hay verdad histórica objetiva."
El cambio de actitud es sorprendente: la fe positivista en el poder acumulativo del saber histórico que puede acceder al estatuto de ciencia fundada y acabada de modo definitivo, cede su sitio a la convicción de que el conocimiento histórico es un proceso infinito y de que debido al papel activo que desempeña en él el espíritu humano, el trabajo del historiador debe ser renovado constantemente. Este cambio, cuyas razones y contexto ya hemos determinado antes, viene a esclarecer un nuevo aspecto del problema aquí estudiado: ¿por qué la concepción del proceso histórico cambia continuamente?, ¿por qué los historiadores reescriben continuamente la historia?
Este hecho es indiscutible y podría ponerse en evidencia mediante una historia de la historiografía de cualquier acontecimiento histórico importante. Aquí hacemos abstracción de las diferencias en la visión de la realidad histórica, en la concepción y explicación del proceso histórico, que son el resultado del condicionamiento social de las ideas del historiador. Más allá de estas diferencias sociales, nacionales, etc. (y a pesar de su existencia) surge efectivamente algo que es común a las obras de una época con relación a las de otras épocas; algo que, a pesar de las diferencias, las une en el marco de determinada visión de la historia, de un estilo de su concepción particular en cada época. Y esto es precisamente lo que nos interesa: "por qué cada generación (o casi) posee (y, según algunos, debe poseer) su propia visión del proceso histórico ¿Cuál es la
causa de este hecho y a qué se debe?
En el siglo XX este problema ha fascinado a muchos teóricos de la historia que comprendían el hecho indiscutible de la variabilidad de la visión del proceso histórico en el contexto más amplio de las diversas determinaciones del conocimiento histórico.
Las diferentes opiniones expresadas al respecto pueden reducirse a dos concepciones tipológicas que difieren por la explicación que dan de este fenómeno:
1. la reinterpretaci6n de la historia está en función de las necesidades variables del presente;
2. la reinterpretaci6n de la historia está en función de los efectos de los acontecimientos del pasado que surgen en el presente..
Como se puede ver, estas dos explicaciones del fenómeno en cuestión no son exclusivas;
por el contrario, a menudo son propuestas simultáneamente como elementos explicativos complementarios. Las consideramos por separado, con el fin de facilitar el análisis de un fen6meno complejo y de exponer de modo más claro los resultados así obtenidos.
La primera explicación de la reinterpretaci6n constante de la historia está en relación con las posiciones del presentismo, y está argumentada principalmente por los representantes de esa corriente. Como ya hemos comprobado; el presentismo a ultranza, lleva a la negación de la verdad histórica objetiva y, por, consiguiente, a la negación de la historia como ciencia. Sin embargo, el núcleo racional del presentismo, es decir su tesis genético-psicológica sobre las relaciones entre las actitudes y los juicios del historiador por una parte, y las condiciones sociales de su época y las necesidades que engendran por otra, no es una tesis subjetivista ni origina consecuencia negativas desde el punto de vista del carácter científico de la historia. Ahora bien, incluso tomando como base esta interpretación moderada del presentismo uno se ve inducido a concluir que es necesario reinterpretar continuamente la historia. Ya que si las actitudes y las ideas de los historiadores están en función de las condiciones y las necesidades actuales de la vida social, un cambio en tales condiciones y necesidades necesariamente va seguido de un cambio en las actitudes y las opiniones de los historiadores, por tanto, en los productos de sus actividades científicas (en la ciencia de la historia). Si, como afirma metafóricamente Charles A. Becker, el pasado es una pantalla
sobre la que el presente proyecta su visión del pasado la historia no sólo es funcional, sino también necesariamente variable.
Entretanto intentemos analizar esta tesis planteando algunas cuestiones complementarias. Así, en principio veamos en
qué consiste el mecanismo de esta proyección de los intereses del momento presente sobre la pantalla del pasado. Esta proyección se realiza por medio de una selección adecuada de los hechos históricos, o sea de una selección variable puesto que está en función de los intereses presentes.
John Dewey, que puede ser considerado al respecto como un autor particularmente representativo, subraya que toda construcción histórica es selectiva y que en ella todo depende de los criterios de selección; y concluye afirmando que la historia se escribe necesariamente a partir de las posiciones del presente, ya que él es quien decide lo que se considera importante y por consiguiente, nos proporciona los criterios de selección. De esto a argumentar la reinterpretación constante de la historia sólo existe un paso fácil de dar:
"Para la elaboración de los principios y las hipótesis no hay otros materiales accesibles que los que nos procura la contemporaneidad histórica. Cuando la cultura cambia, también cambian las concepciones dominantes en la cultura dada. Entonces surgen necesariamente nuevos puntos de vista que sirven para la aprehensi6n; la apreciación está en la dispo- sición de los datos. En dicho momento, se reescribe la historia."
Según esta concepción, la historia está en función de los intereses del presente o, como escribe M. N. Pokrovski, es la política actual proyectada sobre el pasado. Citemos una variante de esta concepción, o sea la opinión que dice que la visión del pasado está en función de los objetivos que asignemos al porvenir lo que no cambia en absoluto el fondo del problema, puesto que la visión del porvenir, al igual que la visión del pasado, está en función del presente.
Si, como ya hemos planteado, rechazamos el extremismo del presentismo, nos tenemos que enfrentar con una tesis cuya legitimidad deberemos aceptar: nosotros rescribimos- continuamente la historia, porque los criterios de valoración de los acontecimientos pasados varían con el tiempo y, por consiguiente, la percepción y selección de los hechos históricos cambian para modificar la misma imagen de la historia. Debe observarse que sean cuales fueren los términos en que formule esta tesis