MONTAJE
3. Calados. Se realizan antes de que el cuerpo se endurezca con un palillo o alambre
4. Baños con otras arcillas.
Se prepara la greda machacándola y batiéndola con agua de forma que quede un poco espesa y después el baño se puede realizar de dos formas, introduciendo la pieza com- pleta en la disolución, es decir, por inmersión o sal- picando con las manos con greda más líquida. Si la decoración es de bandas paralelas o decoración geomé- trica variada, la greda se aplica con pincel y el arte- sano se ayuda de un compás. Para la realización de las bandas se utiliza la torneta de pintar y después se termina la decoración a mano alzada o a compás se- gún el diseño elegido.
Otros procesos decorativos de tipos cerámicos muy frecuentes en los contextos ibéricos como el barniz rojo o el engobe blanco se explican a continuación. Para el engobe blanco se utilizan arcillas calcáreas más claras, mientras que el barniz rojo se conseguía bru- ñendo la superficie pintada de la pieza, antes de su cocción o por medio de engobes o barnices funden- tes (Martínez y Castellano 2001).
Después de decorada, se deja que se seque defini- tivamente un día o dos, según la climatología, para que pierda la humedad de los baños.
Cocido
El primer paso es enhornar, labor que probablemente se realizaría mediante una técnica desaparecida en la que se libraban las piezas de la llama cubriendo los fuegos con cascos. La obra abierta se coloca separa- da entre sí por trébedes hasta la mitad de la altura del horno. Sobre el culo de la última pieza se pone arena y se carga la obra cerrada. En la última tanda se co- loca la obra parda, sin baño y se tapa con cascos. La puerta del horno se cierra con adobes hechos con re- siduos del barro y la de la caldera con dos espuertas de tierra húmeda, tres cántaros y barro. Se caldea el horno introduciendo leña poco a poco durante 2 o 3 horas, de manera que las piezas pierdan humedad len-
FIGURA 6.14: Torno de alfarero sobre eje bajo, pintura de fi- guras negras sobre una copa ática según Gran-A ymerich (1991).
tamente. Una vez caldeado se sigue echando leña las siguientes 5 horas para poner el fuego más fuerte, evitando que salga la llama y hasta que los cascos adquieren un color azafranado, lo que indica que se han alcanzado los 950°. Entonces se cierra la puerta de la caldera, se pone la segunda capa de casco como cubierta y se deja enfriar el horno durante tres días.
La duración de la cocida es de 8 o 9 horas, variando en función de las condiciones climáticas, sobre todo del viento. A las 24 horas se quitan los cascos grue- sos y 48 horas después se abre la puerta del horno y se retira la capa de casco fino para sacar las piezas que en este momento tienen una temperatura de 60°.
La obra se saca caliente por la parte superior del horno.
Cuando se trata de piezas grandes como tinajas, una vez sacadas del horno, se colocan en un espacio am- plio y se riegan durante varias horas para que no pierdan consistencia.
Antiguamente cada estación del año tenía sus pie- zas características en función de las necesidades. Así, en verano, lo que mas se realizaba eran piezas usa- das para la siega, mientras que en invierno eran pie- zas para la casa y la cocina.
Aspectos económicos y sociales de la alfarería tradicional
En este punto vamos a considerar aspectos relacio- nados con el mantenimiento de las construcciones y el instrumental, la inversión de trabajo, la distribución comercial del producto y cuestiones de género y or- ganización del trabajo.
Economía del trabajo
El mantenimiento hay que llevarlo a cabo en dos aspectos, las instalaciones y las herramientas. Dentro de las primeras, la reparación más frecuente es el enlucido del horno de leña que se realiza cada tres o cuatro hornadas con barro y paja. Las pilas necesitan reparaciones similares. Estos trabajos requieren una importante inversión de tiempo y mano de obra. En cuanto a las herramientas, éstas son simples y reali- zadas en materiales duraderos, algunos de los cuales se heredan de unas generaciones a otras. Los instru- mentos que se reparan o sustituyen con mas frecuen- cia son los de madera, utilizados para machacar y batir el barro. La inversión de trabajo en estos elementos no es grande pero si constante.
Economía de inversión
En la extracción de la arcilla la inversión de tra- bajo es de un mes cada tres o cuatro años. El tiempo invertido en la recogida y almacenamiento de combus- tible depende de la cercanía de la materia prima y del número de personas que participen en su recogida. En Chinchilla, donde los barreros y el combustible están cerca, el transporte lo realiza el propio alfarero.
En todos los casos estudiados en Albacete la alfa- rería es una empresa familiar en la que trabaja el ca- beza de familia solo o ayudado por sus hijos y se dedican exclusivamente a su oficio.
Economía comercial
El área de distribución comercial se establece a dos niveles, comarcal y exterior. Tradicionalmente, la ma- yor parte de la producción era absorbida por las casas de labor, los agricultores y las bodegas de la Mancha. La obra vidriada era de uso cotidiano en todas las familias.
Características de los productores
Excepto en uno de los alfares regentado por cua- tro hermanas que heredaron el negocio de su padre, todos los alfareros son hombres, aunque las mujeres participan en el machacado del barro, al enhornar y vaciar el horno y sobre todo, al vender las piezas en la propia localidad.
No existe una jerarquía establecida. Los trabajadores del alfar son miembros de una familia y se distribu- yen el trabajo y los beneficios equitativamente, salvo los aprendices, que realizan tareas que requieren me- nos experiencia o las piezas mas fáciles. Es un traba- jo a tiempo total, de unas 10 horas diarias, aunque ese tiempo puede aumentar los días de cocción.
En todos los casos documentados los conocimien- tos alfareros se transmiten de padres a hijos siempre por línea masculina.
Los estudios etnográficos demuestran que las al- farerías de carácter mas elemental, propias de socie- dades orientadas al autoconsumo, que utilizan medios materiales tradicionales que excluyen el torno alto y cuya producción no precisa una especialización exce- siva, permanecen mayoritariamente en manos de las mujeres, mientras que el trabajo lo realizan hombres cuando la actividad alcanza un grado mayor de desa- rrollo y complejidad, ampliando los circuitos de in- tercambio fuera del ámbito doméstico e introducien- do novedades de equipamiento. En este sentido, los estudios realizados sobre improntas dactilares en pie- zas de arcilla de alfares vacceos confirman que la mayoría de las huellas corresponden a varones adul- tos, aunque también se documentan algunos adolescen- tes y una mujer (Escudero 1999: 256). Este dato po- dría confirmamos que la alfarería era una actividad familiar ya desde la Edad del Hierro, que probable- mente se desarrollaba a dos niveles, uno de autocon- sumo y otro de más envergadura y orientado a un mercado más amplio.
La alfarería en el mundo ibérico: un ejemplo de horno ibérico en Alcalá del Júcar, Albacete Desde fines del siglo VII a.C. la alfarería ibérica introduce innovaciones tecnológicas como la decanta- ción hidráulica de las arcillas, el uso del torno de al-
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HORNO CERÁWICO IBÉRICO DE ALCALÁ DEL JÚCAR S. UI C.
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FIGURA 6.15: A. Sección del horno árabe de los hermanos Tortosa en Chinchilla (Sánchez Ferrer 1989). B. Reconstrucción del horno ibérico de Alcalá del fúcar (Col! 1987).
farero y el dominio del proceso de cocción, consecuen- cia directa del contacto con los pueblos colonizado- res fenicios y griegos. Las temperaturas alcanzadas en hornos de estructura compleja y buen rendimiento energético, podían llegar a los 1.000 °C. Todos estos logros técnicos serían posibles gracias a la aparición en la sociedad ibérica de artesanos especializados que coexisten con otros dedicados a la fabricación de ca- charros con técnicas domesticas tradicionales.
Partiendo de los numerosos aunque poco estudia- dos hallazgos de la Península Ibérica, Coll establece una tipología de hornos ibéricos distribuidos en dos grupos, el de planta de desarrollo rectangular, el más extendido, y el de desarrollo circular (Coll 1987: 22).
El sentido del tiro es siempre vertical, variando el número de cámaras de fuego y su distribución. Den- tro del grupo de planta circular se incluye el ejem- piar de Alcalá del Júcar, que describimos a continua- ción por su proximidad al yacimiento de Pozo Moro y por su buen estado de conservación.
El yacimiento se encuentra en la hoz del río Júcar a escasos kilómetros del pueblo de Alcalá en direc- ción a Jorquera, en una zona con buenas condiciones para el establecimiento de un alfar ya que el río aporta
arcillas aluvionales y abundancia de agua, así como una importante vegetación en las vertientes de la hoz en época ibérica, para utilizar como combustible. Prueba de ello es que hasta la década de los 70 funcionaba una alfarería en el mismo pueblo. Aunque la estruc- tura analizada es la mas completa, existían también otras en peores condiciones que nos indica la existencia en este lugar de un complejo taller de cerámica ibérica.
El horno se fecha a finales del siglo
IIIo principios del
IIa.C., aunque hay evidencias en el yacimiento que remontan su actividad al siglo
IVa.C.
El horno estudiado produjo fundamentalmente piezas grandes como ánforas o urnas, además de vasos me- nores, y se complementaria con otro horno de meno- res dimensiones dedicado a vasos pequeños (Coll 1987:
18). Para su construcción se excavó un hoyo circular
hasta la roca madre de unos 3 metros de diámetro por
1,80 de altura, en un sedimento correspondiente a
deshechos de otro horno anterior. El hoyo fue reves-
tido con un muro circular de tapial con cimientos de
piedra. En los puntos en que existen fuertes tensiones
por el peso de la parrilla se utilizan adobes como re-
fuerzos. Así mismo, la parte baja de los muros de la
boca de carga se reforzó con gruesas lajas de caliza.
El pilar fue construido en adobes de 30x 17x9 cm. y desde él nacen los falsos arcos que forman el sostén de la parrilla en bóveda radial. Todos los muros es- tán cubiertos y regularizados por una capa de arcilla de unos 3 cm. de grosor que apareció requemada. La parrilla es una falsa bóveda con
53perforaciones ex- cavadas en los adobes después de la construcción de la bóveda, y distribuidas por toda su superficie, que permiten el paso de los vapores de la cámara de com- bustión. Los muros de la cámara de cocción se cons- truyeron con tapial de 36 cm. de grosor medio y 70 cm. de altura, que delimitan un espacio circular de 2,85 m. de diámetro. La cubierta del horno debió ser abo- vedada, aunque no se ha conservado ningún resto de ella, lo que indica que la estructura se encontraba abierta por la parte superior.
El tipo de horno de Alcalá del Júcar recoge una tradición cultural enraizada en el mundo feno-púnico, con paralelos en hornos de planta en «omega» de Mozia (Falsone 1981). Su dispersión por la Península Ibéri- ca coincide con la zona de profundas influencias mediterráneas fenicio-púnicas al Sur del Ebro, encon- trándose en yacimientos como Pajar del Artillo, Itáli- ca, Cerro Macareno (Fernández
et al.1979), Cerro de los Infantes (Contreras
et al.1983), Guadalimar del Caudillo, Jaén (Roca 1975) y El Ruedo en Almedini- lla (inédito, comunicación personal), y los levantinos de Borriol, Campello y Mas de Moreno en Foz Ca- landa, y Casillas del Cura en Venta del Moro (Martí- nez
et al.2001) con cronologías desde fines del siglo
vii
al
11a.C. (Contreras 1983, Coll 1987: 23). Sin embargo, en las zonas próximas a Ampurias, son abun- dantes los hornos de tipo griego, con precedentes en el Cerámico de Atenas (Col] 1987: 23-24).
Hornos de producción mixta ibérico-romana se han documentado en Castellón y Cataluña, así como en algunos yacimientos franceses, cuya similitud formal con los hornos de esta región de la Península Ibérica está indicando la existencia de técnicas cerámicas comunes a todo el ámbito mediterráneo (Vicente
et al.1984). Parece claro que en la Península Ibérica coexis- ten dos tradiciones cerámicas tecnológicamente muy similares, realizadas simultáneamente en instalaciones alfareras no especializadas y diseminadas por todo el territorio, que permitirían el abastecimiento de las necesidades de vajilla común por parte de las pobla- ciones establecidas en su área de influencia, con ins- talaciones sencillas que utilizan materias primas cer- canas (Vicente
et al.1984).
Cálculo del tiempo de producción
Hemos querido completar el estudio de la cerámi- ca con la aportación del tiempo invertido en la ela- boración de diferentes recipientes cerámicos como marco de referencia para poder establecer comparacio- nes entre piezas y también con otros elementos del ajuar
como las annas o las fi'bulas. Para ello hemos conta- do con la inestimable ayuda de un ceramista especia- lizado en cerámica negra y arqueológica que cuenta con un taller en Gerona y que amablemente ha con- testado a todas las cuestiones planteadas por nosotros y que a continuación desarrollamos. En primer lugar se seleccionaron una serie de cerámicas representati- vas de los distintos tipos presentes en el yacimiento:
• Ánfora decorada ibero-romana de la tumba 4G2
• Urna de almacenaje tosca (4F8)
• Urna tosca estampillada (4C4)
• Kalathos
decorado (4E 1)
• Plato decorado (5173)
• Kylix
de figuras rojas (3F3)
• Oinochoe
de barniz negro (3F3)
• Bolsal
de barniz negro (3F3)
• Kantharos
de barniz negro (4D3)
• Cuenco de
terra sigillatade la forma 36 (7131)
• Fusayola (5E3)
• Pondus
(5E3)
Se pidió al ceramista Ricardo Campos que hiciera una estimación del tiempo aproximado invertido en cada tipo de pieza, elaborándose una tabla con el desglose de tareas implicadas y los tiempos invertidos en cada una de ellas para finalmente obtener un tiempo total de manipulación al que habría que añadir el invertido en la extracción y traslado del barro al lugar de tra- bajo, además del tiempo de secado y el de cocción (Fig. 6.18).
Para el conjunto de piezas que hemos selecciona- do en la figura 6.18, teniendo en cuenta que de cada pella de 6 y 8 kilos de barro se pueden sacar varias piezas, serían necesarios 84 kilos de barro, cantidad que puede extraerse aproximadamente en 4 ó
5días por una o dos personas.
En el cuadro se ha considerado, por un lado, el total de la manipulación de la pieza, y por otro el total de tiempo invertido resultante del total de manipulación junto con los tiempos de preparación del barro para las piezas que requieren mayor depurado como las cerámicas áticas y la
terra sigillata, yla cocción. No se ha considerado ni el secado m el oreado ya que estos procesos no implican ningún tipo de manipulación por parte del artesano, que puede dedicar ese tiempo de espera a realizar otras piezas. En cuanto a la cocción sólo se tiene en cuenta el tiempo de llenar el horno y de controlar que la temperatura sea constante. En este sentido hay que tener en cuenta que cuando se lleva a cabo la cocción se aprovecha al máximo el espacio del horno, por lo que ese tiempo de control del pro- ceso habría que dividirlo entre el número de piezas.
Es un tiempo constante, por lo que no es interesante
de cara a comparar el trabajo invertido en una u otra
pieza cerámica, pero sí es importante su consideración
si queremos compararlos con la inversión de tiempo
en otro tipo de objetos de ajuar.
Hay una serie de cuestiones relacionadas con el oreado y secado de las piezas que no se incluyen en el cuadro por cuestión de espacio y que van a ser consideradas a continuación.
El oreado de la pieza depende del tamaño de la misma, ya que cuanto mas pequeña más pronto se seca, y de las condiciones atmosféricas:
OREAR Tiempo en horas
Al sol ó
encima del horno
0,1-0,2 Al aire y a la sombra 1-2 Interior, sombra y
sin corrientes de aire + de 4
FIGURA 6.16: Tiempos del oreado de la pieza.
El secado del engobe también se rige por los con- dicionantes metereológicos y de dimensiones de la pieza.
Resulta evidente que el secado al sol de las pie- zas es lo más ventajoso en cuanto al tiempo se refie- re, por lo que es probable que se eligieran los meses con menos probabilidades de chubascos para la fabri- cación de las piezas, aunque plantea el riesgo de llu- vias imprevistas que malogren todo el trabajo. En todo caso, el Sureste de la Península Ibérica cuenta con un alto porcentaje de días soleados al año, lo que favo- rece estas tareas. Es probable que el invierno, menos apto para la alfarería porque las piezas tardan más en secarse y hay menos sol, se aprovechara para extraer el barro de las canteras y llevarlo al deposito en el que se almacena para su posterior uso. Esta tarea podría durar semanas o meses dependiendo de la cantidad extraída.
SECAR ENGOBE Tiempo en horas Alsol
Al aire y sombra 2-3
Interior 24
FIGURA 6.17: Tiempos del secado del engobe.
La preparación de la terra sigillata o el barniz negro, podía durar semanas en función del grado de especialización del taller.
Los tiempos de producción indicados en la tabla podrían verse reducidos en un 15% aproximadamen- te si estuviéramos ante talleres especializados, con al- fareros expertos realizando un trabajo seriado. La enor- me variabilidad de cerámicas ibéricas hace difícil pensar en la existencia de talleres que realizaran piezas es- tandarizadas, sino más bien en pequeñas instalaciones alfareras no especializadas de carácter local. Sin em- bargo, la homogeneidad en el tipo de piezas proce- dentes del comercio griego, muestran un alto grado de especialización en muchos talleres áticos o focen-
ses. Ni que decir tiene, que la terra sigillata y la cam- paniense implican un trabajo en serie de ciertos mo- delos que se reparten por todo el Mediterráneo.
Otro factor que influye en el tiempo de realización de una pieza es la calidad, tanto de las pastas y en- gobes como de las decoraciones. La calidad final de- pende del tiempo empleado en su realización y de la habilidad del alfarero. Por ejemplo, al pintar la deco- ración de un kylix de figuras rojas, esmerarse en dar las pinceladas con igual densidad para que no se no- ten los «clareones», o al bañar las piezas de sigillata hacerlo en dos veces para que no se noten las marcas de los dedos. Los tiempos que aparecen en la tabla están calculados pensando en dar una buena calidad a las piezas.
En cuanto a los tiempos de cocción pueden variar dependiendo de la capacidad del horno y el tipo de horno, pero tomando una media se obtienen unas 10- 14 horas para cocer a unos 900° C y 2 o 3 días para que se enfríe el horno y poder sacar la hornada l7
6.3. CONCLUSIONES
A la hora de valorar la inversión de trabajo en las tumbas de la necrópolis de Pozo Moro, tenemos que distinguir entre las estructuras y los objetos del ajuar.
Las primeras pudieron ser realizadas por cualquier miembro de la comunidad, ya que su elaboración no requiere un trabajo especializado o habilidad espe- cial. Por tanto los constructores de túmulos de piedra o adobe pudieron ser los propios habitantes del lugar que en sus ratos libres se dedicaban a esta tarea. En ese caso, la valoración del tiempo empleado en su elaboración no tendría demasiado sentido y sí el tamaño y el espacio ocupado por la tumba o la gran- diosidad de la estructura, que cumpliría un papel pro- pagandístico del personaje allí enterrado o de su po- sición en la sociedad.
El tiempo necesario para construir un túmulo de adobe es entre 3 y 2 veces menor que el de piedra, ya que se requiere más tiempo en el corte de la pie- dra sin labrar que en la extracción del barro y la pre- paración de los adobes y además el tiempo de mon- taje es más elevado en el caso de la piedra que en los adobe. Sin embargo hay que considerar la posibi- lidad de que la piedra se recogiera sin necesidad de cortarla, en cuyo caso habría que valorar la recopila- ción y el transporte.
En el monumento de Pozo Moro la situación cam- bia, ya que su construcción supuso una planificación previa de la estructura, una talla laboriosa y un desa- rrollo iconográfico que requieren la presencia de un equipo especializado probablemente venido del mun- do fenicio (Almagro Gorbea 1983b), lo que implica-
Toda la información referente a los procesos técnicos ha sido propor- cionada por Ricardo Campos, al que agradecemos enormemente su cooperación.