DETERMINACIÓN DE ESTATUS, RITUALES
Otros
erámica ibérica
34%
Adornos 21%
ación
70
Armas 16%
FIGURA 7.1: Porcentajes totales de objetos de ajuar en Pozo Moro.
categorías arriba señaladas. El apartado correspondiente a «otros» incluye fusayolas y pesas de telar, con 48 piezas, lo que supone un 15,1% del total de objetos de ajuar. Estos elementos se encuentran depositados en parejas, tríos o incluso en mayores cantidades dentro de una misma tumba, excepto en dos de ellas en que se encontró una sola unidad. Al ser parte de telares habría que interpretarlos como una única pieza, o como representación de la parte por el todo cuando apare- cen en escasa proporción. Además, están presentes en esta categoría 5 pinzas, 4 cuchillos afalcatados, unas tijeras y cuatro astrágalos.
Se han utilizado y comparado tres procedimientos para valorar la riqueza de las tumbas ibéricas de Pozo Moro. El primero es el recuento simple del números de objetos de cada ajuar, el cual ha sido contrastado con otro método, que ponderado, establece una jerar - quía de objetos en función de la escasez del material utilizado para su fabricación, la dificultad de obten- ción de la pieza y el trabajo y tipo de material em- pleado en su elaboración, utilizando una valoración intuitiva. Con todo ello, se ha confeccionado un lis- tado de criterios con su correspondiente baremo nu- mérico que a continuación detallamos y que se basa en el método utilizado por Chapa y Pereira en la ne- crópolis de Castellones de Céal (1991: 443), según el cual se otorga una puntuación similar a seis tipos de objetos en los que se engloban todos los posibles ele- mentos de ajuar (cerámica ibérica, cerámica importa- da, armas baratas, armas caras, adornos y otros). Cada uno de estos tipos suma un punto, independientemen- te de la cantidad de elementos que lo conforme, va- lorándose además la estructura arquitectónica puntua- da de la más sencilla a la más compleja. Este sistema se ha adaptado a las características de los ajuares y de las estructuras de la necrópolis de Pozo Moro:
Oro/Plata ...7 puntos Adornos de Bronce ...6 puntos Cerámica de importación ... 5 puntos
Armas ricas...4 puntos Armas pobres ...3 puntos Cerámica ibérica ...2 puntos Otros... . ... . ... ..1 punto Se ha valorado el tiempo y esfuerzo invertido en la realización de la estructura de la tumba de forma intuitiva, utilizando la lógica. Así, las tumbas en hoyo recibirán un punto, las estructuras tumulares pequeñas de adobe recibirán 2 puntos, las estructuras tumula- res pequeñas de piedra con cista de adobe recibirán 3 y las grandes estructuras tumulares tendrán 4 puntos.
El tercer método que hemos aplicado es el de la inversión en horas de trabajo necesaria para la reali- zación tanto de los objetos del ajuar, como de las estructuras, basado en la investigación etnoarqueoló- gica que hemos desarrollado en el capítulo 6.
De los 90 conjuntos considerados en el apartado de descripciones, se han utilizado 80 para el recuento y se han desechado otros 10 por considerarse ofren- das, sepulturas sin terminar de excavar o tumbas du- plicadas.
En los cuadros que a continuación se presentan se contabiliza el número de objetos por tumba y el por- centaje que representan en relación al total de ente- rramientos. En primer lugar se hará una valoración general de la necrópolis, para después incluir cuadros e histogramas de riqueza por fases.
Algo más del 50% de las sepulturas consideradas en el cuadro anterior, tienen entre cero y tres objetos de ajuar depositados, lo que supone un porcentaje muy elevado de tumbas «pobres» o «muy pobres»'. Un 38%
corresponde a tumbas de riqueza media dentro de la necrópolis y un 9,8% son tumbas ricas o muy ricas, siendo las distancias entre las sepulturas de este mismo
N°. objetos N°. de tumbas Porcentaje
0 8 10%
16 20%
2 6 7.6%
3 11 13.8%
4 6 7.5%
5 6 7.5%
6 5 6.3%
7 10 12.6%
8 2 2.6%
9 1 1.2%
10 1.2%
II 1 1.2%
12 1 1.2%
13 4 5%
17 1 1.2%
18 1 1 1.2%
FIGURA 7.2: Resumen de valoración de la riqueza en Pozo Moro.
1 Hay que tener en cuenta que todas las tumbas pertenecen a miembros de la elite social, así que cuando se utiliza el término pobre es para comparar diferencias entre miembros de un mismo nivel.
N° de tumbas luntuación l'orcentaje
5 1 6%
3 2 3,6%
7 3 8,4%
10 4 12%
4 5 4,8%
3 6 3,6%
7 7 8,4%
4 8 4,8%
7 9 8,4%
8 10 9,6%
4 11 4,8%
5 12 6%
2 13 2,4%
3 14 3,6%
1 15 1,2%
4 16 4,8%
18 1,2%
19 1,2%
20 1,2%
27 1,2%
FlalR.\ 7.3: Riqueza ponderada en Pozo Moro.
grupo bastante escasas, lo que se interpreta como un grupo de elite muy homogéneo entre sí, o que al menos esas distancias no son visibles desde el punto de vista de la riqueza del ajuar depositado en sus tumbas.
Al ponderar el ajuar (Fig. 7.3), se observa que la gran variabilidad de opciones que se presentan, son consecuencia en parte de la pobreza de la muestra analizada, aspecto que también se trasluce en los his- togramas, que presentan curvas irregulares con muchos picos.
En los gráficos de barras que se exponen a conti- nuación se ha colocado en el eje de abcisas el núme- ro de objetos que componen los ajuares de las tum- bas de Pozo Moro ordenadas de menor a mayor comenzando desde cero en el caso del gráfico supe- rior, y la puntuación obtenida del cálculo ponderado del ajuar y la estructura correspondiente a cada tum- ba en el inferior, y en el de ordenadas de ambos el número de tumbas.
En las siguientes páginas analizaremos la riqueza y jerarquización social teniendo en cuenta su evolu- ción en las cinco fases de utilización del cementerio,
16- - 14-
4.6 12-
10-
r -
E 1
8-- 6- 4-
2 4 6 8 10 12 14 18
C) k:> j etos
10- -
8-
r—' 1
1 1
2-
0 2 4 6 8 10 12 14 16 la 20 27
Puntuación
FIGURA 7.4: Número de objetos por tumba y puntuación ponderada por tumba en el conjunto de la necrópolis de Pozo Moro.
para identificar variaciones en el ritual y la ideología expresada en el contexto funerario del grupo o gru- pos gentilicios considerados.
N.° Objetos N.° de tumbas Porcentaje
1 10014
FIGURA 7.5: Riqueza en la Fase 1.
N.° de tumbas
Puntuación ajuar
Puntuación estructura
%
1 22 4 100
FIGURA 7.6: Riqueza Ponderada. Fase 1.
N.° Objetos N.° de tumbas Porcentaje
0 4 33.3%
1 2 16.6%
2 2 16.6%
3 1 8.3%
4 1 8.3%
6 2 16.6%
FIGURA 7.7: Riqueza en la Fase II.
La ausencia de ajuares en los grandes túmulos de esta fase (5F4, 7El y 2F3 ), nos hace valorar la pro- pia estructura de la tumba como un elemento de pres- tigio social que está por encima de la importancia de los objetos de ajuar. Es interesante resaltar que en todas las tumbas con ajuar de esta fase se deposita una fí- bula, bien junto a otros objetos (1141, 8E2, 4F7, 4F4 y 3G1), o como único elemento depositado en la se- pultura (4F5, 4G7).
N.° de tumbas
Puntuación ajuar
Puntuación estructura
%
0 1 8.3%
3 0 4 25%
2 8 1 16.6%
2 6 2 16.6%
3 8 2 25%
1 12 4 8.3%
FIGURA 7.8: Riqueza ponderada. Fase 11.
Es significativo que las tres tumbas de mayor com- plejidad arquitectónica no dieron ningún objeto de ajuar, lo que podría interpretarse como un estatus estableci- do en función de la inversión realizada en la estruc- tura que resultaría visualmente impactante, o bien habría que considerar la posibilidad de la pérdida del ajuar por robo, en el caso del túmulo 5174, o en el 2F3 y el 7E1 por no haberse localizado ya que se encuentran parcialmente excavados. Sin embargo, hay un cuarto
2 La presencia de restos destruidos de objetos de oro, plata, bronce, hierro y hueso no nos permiten identificar con exactitud el numero de obje- tos presentes en el ajuar por lo que hemos optado por contabilizar un número mínimo de objetos.
N.° Objetos N.° de tumbas Porcentaje
0 3 7.9%
13.2%
2 14 2.6%
3 4 10.5%
4 4 10.5%
5 5 13.2%
6 1 2.6%
7 6 15.8%
8 2 5.3%
lO 1 2.6%
11 1 2.6%
13 4 10.5%
17 1 2.6%
FIGURA 7.9: Riqueza en la Fase III.
caso, el del túmulo 3G1, en el que se correlaciona la importancia del ajuar y la envergadura de la estructu- ra que lo protegió.
Hemos eliminado dos conjuntos de la fase III por tratarse de ofrendas, por lo que nos queda un total de 38 tumbas consideradas (fig. 7.10).
Se observa una democratización en las posibilidades de acceso al enterramiento y por tanto a la posibilidad de ostentación a través de la acumulación de objetos en los ajuares que acompañan a las sepulturas. El porcen- taje de tumbas con más de 5 objetos es bastante eleva- do, supone el 45,2% del total y el número de tumbas con
13 objetos también supone un porcentaje alto, lo que sugiere que se produce un ensanchamiento en el acce- so de la sociedad a un cierto estatus social.
Como se puede observar, no existe una relación clara entre la riqueza del ajuar y la complejidad de la estructura, lo que en parte es consecuencia de la pér- dida por erosión de algunas de las estructuras tumu- lares que se han tenido que considerar de tipo 1 por no encontrar evidencias claras de una superestructura de adobe o piedra, y en parte es reflejo de la pobreza de la muestra analizada.
El cálculo ponderado de la riqueza de las tumbas 4Ginc.2 y 7Dinc.l nos ofrecería la misma puntuación en ambos casos (10 puntos) y a juzgar por los ajua- res de tumbas de época romana, se trataría de sepul- taras consideradas ricas. Se podría discutir la adscripción étnica de los individuos allí enterrados. En el caso de la tumba 4Ginc.2, aparece cerámica indígena junto con una moneda romana que además de su contenido material implica una ideología o costumbre funeraria propiamente romana que pudo ser asimilada por un personaje local o un extranjero que se entierra con elementos locales pero que conserva sus tradiciones funerarias. Por su parte, la presencia de todo un ajuar de terra sigillata, junto con la moneda y los restos de hierro que se pueden considerar intrusiones ya que la bolsada de cenizas de la tumba se asienta sobre un
Ofrenda (4134).
Ofrenda (3F5).
túmulo ibérico, podría interpretarse a modo de hipó- tesis como un enterramiento de un personaje extran- jero asentado en el territorio albaceteño que posible- mente para legitimar su poder sobre dicho territorio, decide enterrarse en un espacio sagrado y sobre la sepultura de un antepasado local.
N.° de tumbas
Puntuación ajuar
Puntuación estructura
%
¡ 0 1 2,6%
(1 2 2,6%
2 0 3 5,3%
3 2,6%
2 2 1 5,3%
2 2 2 5,3%
1 2 3 2,6%
2 3 5,3%
2 2,6%
3 ( 1 7,9%
1 6 2 2,6%
7 1 2,6%
7 2 2,6%
3 7 3 7,9%
8 1 2,6%
2 8 3 5,3%
2 9 3 5,3%
11 1 2,6%
1 12 1 2,6%
3 12 2 7,9%
1 12 3 2,6%
14 1 2,6%
14 2 2,6%
¡ 14 3 2,6%
16 3 2,6%
1 1 25 1 2 2,6%
FIGURA 7.10: Riqueza ponderada. Fase 111.
N°. objetos
1
N°.de tumbas1
Porcentaje FALTAN DATOS ORIGINALESFIGURA 7.11: Riqueza en la Fase IV.
N.' de tuml)as
Puntuación ajuar
Puntuación estructura
%
1 2 1 20%
5 1 20%
1 8 2 20%
9 2 20%
1 1 16 1 20%
FIGURA 7.12: Riqueza ponderada. Fase IV
N°. objetos N°.de tumbas Porcentaje
7 2 100%
FIGURA 7.13: Riqueza en la Fase V.
Del gráfico de riqueza por número de objetos pre- sentes en cada tumba se infiere que hay un 5 1,9% de tumbas «pobres» o «muy pobres», considerando como tales aquellas tumbas que tienen entre O y 3 objetos;
un 41,7% corresponde a tumbas de riqueza media y un 6,3% a tumbas ricas o muy ricas, dentro de las cuales habría que diferenciar entre las 4 sepulturas que tienen 13 objetos y que suponen un 5,1% del total de enterramientos y ¡a tumba 4Finc.2 que tiene 18 obje- tos y que representa el 1,2% del total, ya que se dis- tancia significativamente del resto de las sepulturas.
Hay que tener en cuenta que en el caso de las tum- bas dobles habría que dividir el número de objetos del ajuar por el número de individuos enterrados en una misma sepultura (7 tumbas dobles y 1 triple dudosa).
De la comparación de los gráficos de las distintas fases de uso del espacio funerario se deduce que de la fase II a la III se produce una apertura en el acce- so a la posibilidad de enterramiento y al uso de obje- tos vinculados a las elites aristocráticas. Este hecho se traduce en que se producen mas enterramientos y aparecen mayor número de objetos en las tumbas di- rectamente proporcional a la disminución de energía invertida en ¡a construcción de la estructura funera- ria. Aparecen tumbas ricas en un número importante y si se pondera el ajuar se produce una mayor horno- genización de todas ellas. Mientras en la fase II las diferencias son mayores, en la III y la IV la curva es mucho más proporcionada. El hecho de que haya pi- cos en el histograma es consecuencia de la pobreza de la muestra analizada, aunque se observa una ten- dencia hacía una curva descendente parecida a la que se da en necrópolis como el Cigarralejo, Cabecico del Tesoro o Baza (Quesada 1994: 462-63). En cuanto al histograma obtenido de la riqueza ponderada general de la necrópolis, la irregularidad de la curva es con- secuencia de una muestra pobre, aunque parece detec- tarse la presencia de dos poblaciones. En los gráficos por fases el problema de la escasez de la muestra analizada se acentúa todavía más presentando curvas muy irregulares y poco representativas.
La media de objetos por tumba que se ha estable- cido para Pozo Moro es de 4,6 objetos, comparable a los 4,7 de la necrópolis de la Senda (Coimbra), los 4,8 de la necrópolis de Cabecico del Tesoro o los 5,1 de Baza. Las necrópolis de el Poblado (Coimbra) y el Cigarralejo se alejan de estos parámetros algo más al presentar medias de 8, 1 y 12 objetos respectivamen- te (García Cano 1997). Sin embargo, en el Poblado la tumba que tiene 94 objetos y la que tiene 31, disparan la media, exceptuando estas dos tumbas el histograma que presentan ambas necrópolis es bastante similar. En cuanto a la necrópolis de la Senda, exhibe tumbas menos ricas y un histograma más homogéneo.
La tumba más rica de Pozo Moro, con 17 objetos, se ubicaría en el Cigarralejo un poco por encima de la media de objetos por tumba, es decir dentro del abanico de sepulturas de riqueza media, mientras que
4
-c
E
2
2 4 6 8 Objetos
Puntuación
6 FASE III
1
a Objeto a 10 12 14 16 laPuntuccion
4f
FASE IVObjetos
1
lo 12 1
Puntuación
FIGURA 7.14: Diagrama de objetos / n.' de tumbas por fase en Pozo Moro.
en Coimbra, Cabecico del Tesoro y Baza, estaría dentro del grupo de tumbas ricas pero alejado de las tumbas muy ricas que aparecen en las tres necrópolis men- cionadas y que no están presentes en Pozo Moro, lo que indica una menor jerarquización social y meno- res distancias de estatus entre los individuos enterra- dos en Pozo Moro (Fig. 7.15 y 7.16).
En Pozo Moro hay escasas diferencias entre las tum- bas ricas y las «pobres», ya que la más importante te- nía 17 objetos depositados (4Finc.2), frente a las dis- tancias entre unas y otras en el Cigarralejo, en la que la tumba 209 tiene 154 objetos, la tumba 200, 208 ob- jetos y la 277, 233. Por su parte, en Coimbra la tumba
70 dió 94 piezas (Cuadrado 1987; García Cano 1997b).
En Pozo Moro se detectan dos tipos de tumbas ricas, las que cuentan con un conjunto de armas relevante como la 4172 y la 5172, y las que incluyen un lote de piezas de importación como la 3173. Esta dualidad podría explicarse por cuestiones de género, conside- rando las tumbas con armas masculinas y la de la vajilla ática femenina, por diferencias sociales, considerando el primer tipo como tumbas de guerreros y el segun- do de comerciantes de alto nivel, o por diferencias
cronológicas, ya que la sepultura 3173 es de las más antiguas de la necrópolis (en tomo al 420), mientras que las que cuentan con un equipo armamentístico importante son tardías, de entre el siglo III y el II a.C.
El último de los métodos de jerarquización de tum- bas empleado es el de la consideración del tiempo invertido en la realización de estructuras y ajuares funerarios, del tal forma que contemos con un crite- rio de puntuación lo más objetivo posible.
Se han valorado todas las tumbas, incluidas las ofrendas, descartándose únicamente las sepulturas de las que no tenemos información ni de la estructura ni del ajuar (5G1 y 5G2). En algunos casos se ha podi- do inferir aproximadamente el tamaño de los túmulos que fueron excavados parcialmente o que no se con- servaban completos (2F3, 3E3, 4Hl, 5172, 7E1) y en otras ocasiones carecíamos de la información mínima necesaria, por lo que se ha preferido colocar un sig- no de interrogación en la casilla correspondiente (4H4, 4H6, 6E3, 8El y 8E2).
Las categorías consideradas han sido en primer lugar las estructuras, y en segundo los ajuares, y dentro de estos las armas, la orfebrería, la cerámica y un grupo
16-. -
POZO MORO 14—
N= 79 tumbas 4,6
12-
lO.. -
E
8--
6 - - --
4- -
2-
2 4 6 8 10 12 14 18
Objetos
6,5 POZO MORO
N= 79 tumbas
8- -
w6— Cu
m E
- -
2-
0 2 4 6 8 10 12 14 16
MII
18 20 27Puntuación
Figuras 7.15 y 7.16: Riqueza por número de objetos (arriba) y ponderada (abajo) en la necrópolis de Pozo Moro.
de otros elementos que incluyen las monedas o las tijeras que no se pueden considerar en los anteriores conjuntos. Los tiempos están expresados en horas y las tumbas se han ordenado de mayor horas de traba- jo necesarias para su realización a menor cantidad de
tiempo invertido.
La inversión de tiempo de las tumbas con cista de adobe se ha calculado teniendo en cuenta que la es- tructura interior estaría realizada en adobes y el re- vestimiento en piedra. Todos los cálculos de inversión de tiempo en la elaboración de las estructuras se han llevado a cabo tomando como referencia los tiempos establecidos para túmulos de 2,5 por 2,5 metros tanto de adobe como de piedra que se desarrolla en el ca- pítulo 6 dedicado a la etnoarqueología. En función de estas dos cifras se calculan los tiempos en función del tamaño de las estructuras y de los materiales utiliza- dos. A esta cifra se le ha añadido media hora más de preparación del suelo, realización del agujero y tras- lado de los restos. Cuando se trata de simples hoyos excavados en el suelo natural en los que se introdu- cen los restos del difunto junto con los ajuares que les acompañan, se ha calculado una media de 30 mi- nutos que incluye la realización del agujero, la reco- gida e introducción de los restos y el tapado del hoyo.
La estructura de la tumba 5E1 se ha calculado considerando que muchos de los sillares de piedra utilizados en su construcción son reutilizados del monumento turriforme, por lo que se le han descon- tado 20 horas de trabajo.
En la cerámica no se han contabilizado los tiem- pos de cocción y secado, ya que no suponen tiempo invertido por el artesano en la elaboración de las pie- zas y porque en cada hornada se llena el horno total- mente por lo que sería imposible calcular el tiempo que corresponde a cada pieza sin conocer el tamaño del horno y el número de piezas que se introduce en cada tanda.
Para las piezas de barniz negro, barniz rojo, terra
sigillata y Campaniense se ha calculado una hora extra por cada pieza, la mitad en las piezas más pequeñas, de preparación del barro para conseguir el depurado necesario.
La inversión de trabajo en el monumento orienta- lizante de Pozo Moro lo separa con contundencia del resto de las sepulturas de la necrópolis, con un total de 9113 horas de realización de la estructura, a lo que habría que añadir la preparación del terreno, el tras- lado de los sillares en el caso de que no se tallaran
in situ y el montaje.
Un reducido grupo de 4 tumbas cuentan con la inversión de trabajo mayor que oscila entre las 475 y las 306 horas. Un segundo grupo constituido por 7 tumbas, suponen un volumen de trabajo que va de las 204 a las 104 horas. En un conjunto de 28 sepulturas se invirtieron entre 90 y 11 horas, mientras el grupo más numeroso está constituido por las tumbas a las que se dedicó menos de 10 horas de trabajo. Dentro
de este último grupo, 11 se encuentran entre las 11 y las 5 horas, mientras que en las otras 35, el gasto fue inferior a 5 horas. Al margen del primer grupo de tumbas que marca claramente las diferencias con el resto, la disminución del número del tiempo inverti- do en su realización es muy gradual, lo que nos hace pensar que no existen grupos jerárquicos claramente diferenciados, máxime si consideramos que tres de las tumbas con mayor puntuación corresponden a las cro- nologías más antiguas de la necrópolis, en las que toma especial relevancia la estructura monumental de las tumbas. En el caso de la 4172 es la panoplia guerrera la que se lleva la mayor inversión de trabajo, hasta tal punto que supera el costo que supone la construc- ción de los grandes túmulos de la fase II de la necró- polis de Pozo Moro.
Para realizar un estudio más aproximado a la rea- lidad habría que añadir a la inversión en horas dos aspectos: la valoración de los objetos exóticos o im- portados presentes en los ajuares de las tumbas, con- cretamente las cerámicas de importación y las cuen- tas de pasta vítrea, y la equivalencia entre metales valiosos utilizados para la elaboración de objetos de ajuar. En este punto se nos plantea el problema de la manera de comparar resultados diversos, por un lado la inversión de tiempo y por otro el valor de los metales y de las importaciones. Hemos optado por convertir el valor de las importaciones en horas de trabajo. Nos hemos planteado la posibilidad de calcular el tiempo que podría tardar dicha mercancía en alcanzar la Pe- nínsula Ibérica cruzando el Mediterráneo desde su lugar de origen. En este sentido, los cálculos se vuelven muy complicados ya que las variantes que influyen en la duración del viaje son muchas y muy difíciles de conocer, esto es la influencia y el régimen de vien- tos, el número de escalas realizadas, la velocidad al- canzada por los barcos, las posibilidades de carga de los mismos, el calculo del riesgo de accidente con la consecuente pérdida de la carga, el tipo de embarca- ción, los conflictos bélicos, etc. De la mayoría de estos aspectos no tenemos documentación antigua, y de otros podemos intuirla de las navegaciones de la era de los descubrimientos (Braudel 1953, Arbellot et al. 1957) aunque hay que tener en cuenta que para entonces la tecnología había evolucionado, se utilizaban aparatos de navegación bastante precisos, y el tipo de navío estaba más evolucionado. Considerando todas las va- riantes pensamos que no sería posible llegar a un método lo suficientemente objetivo y fiable, por lo que se ha optado por otra vía, quizá menos rigurosos pero fácilmente cuantificable.
Un total de 12 tumbas de la necrópolis contenían algún objeto importado, conformando un total de 22.
Se le ha concedido a cada uno de estas piezas una puntuación de 7, calculada en función de la relación entre el número de piezas de cerámica ibérica y el de vajilla importada en la necrópolis de Pozo Moro, de tal forma que se obtiene un resultado de 15,8 piezas