con las de la Provincia de Jalisco. Hay que decir que la dupla misión–pueblo tlaxcalteca, consistente en dos pueblos rayanos, fue exclusiva de los provinciales de Jalisco; si bien los tlaxcaltecas apoyaron algunas de las fundaciones misionales del Nuevo Reino de León, a cargo de la Provincia de Zacatecas, ahí no establecieron su propio pueblo en colindancia con el pueblo de misión, sino que las familias tlaxcaltecas que colaboraron quedaron incorporadas a la comunidad; tal fue el caso el caso de las tres fundaciones de Barbadillo y Vitoria de 171528. Como se verá, esta condición, la vecindad o no de tlaxcaltecas como un pueblo contiguo, es una que sirve para explicar la formación de pueblos de misión trazados con el modelo de damero.
Fundaciones franciscanas en Coahuila y el Nuevo Reino de León
nos del Colegio de San Francisco de Pachuca. Estos colegiales eran casi nuevos en el campo misional y, a diferencia del de Querétaro, Zacatecas y México, el de ellos era un Colegio de Propaganda Fide nacido de los descalzos o dieguinos; su fundación formal ocurrió en 1732 y poco después pasó a hacerse cargo de algunas misiones en la Sierra Gorda, al norte de Zimapán. En contraste con los otros colegios que estaban exentos de la jurisdicción de las Provincias en donde tenían sede, este de Pachuca si dependía de la Provincia de San Diego, lo que a decir de Gómez Canedo pudo ser la razón de su poco éxito en el campo misional31. Cuando esta circunstancia cambió en 1771 y se liberó al Colegio de tal jurisdicción, este emprendió una labor misional de mas calado, así es que pudieron recibir todas las misiones coahuiltecas en 1781.
En las últimas décadas del siglo XVIII, bajo la administración de los colegiales de Pachuca, las misiones coahuiltecas eran cinco, a saber: San Miguel de Aguayo, Dul- ce Nombre de Jesús de los Peyotes, San Francisco Vizarrón, San Bernardo y San Juan Bautista; en una relación de 1786 y en otras posteriores, los colegiales contaban como misiones a dos pueblos tlaxcaltecas: el de Nuestra Señora de la Victoria de Casa Fuerte, por el que un religioso recibía sínodo, y el de San Carlos de la Candela, del que ano- taban que había sido suprimida como misión en 1774 y por la que también cobraban sínodo. Contiguo a dichos pueblos habían existido las misiones de Nadadores y de San Bernardino, que tras ser suprimidas había sido utilizado el sitio para fundar villas de españoles.
La supresión de misiones y reubicación de sus congregados en otras misiones fue una estrategia que se ocupó igual en Coahuila que en el Nuevo Reino de León para secularizar y aprovechar los escasos recursos naturales que existían; ocurrió en dos etapas; la primera al mediar el siglo XVIII, siguiendo el modelo que Escandón había utilizado en el Nuevo Santander, entonces se establecieron las villas de Nuestra Señora de Guadalupe de Horcasitas (1752) en el lugar de la misión de San Buenaventura, la de Santiago de Valladares en el de la misión homónima y la de Ntra. Sra. de los Dolores de Horcasitas (1748) en el de la misión de Lampazos32.
La segunda etapa ocurrió en el último cuarto de siglo XVIII como consecuencia del nuevo orden que se imponía en las Provincias Internas: la misión de San Bernardino de la Candela fue extinguida en 1774 y sus indios removidos a la misión de San Miguel de Luna, en el sitio se fundó la Villa de San Carlos de la Candela; contemporáneamente la misión de Nadadores y su indios corrieron la mismo suerte cuando se estableció la villa de San Antonio de Bucareli. La misión de Gualeguas en el Nuevo Reino de León fue convertida en villa de españoles en la misma época, al parecer porque estaba despobla- da; en las capitulaciones se decía:
31 Gómez Canedo, 1993, p. 664, op. cit. Además de todas las misiones coahuiltecas, el Colegio de Pachuca también se hizo cargo de otras cuatro en la Colonia del Nuevo Santander.
32 Sobre el poblamiento civil y el proceso de secularización en Coahuila, ver Ramiro Esteban, Diana. «Nuevas pobla-
“que formaran la población con su plaza y calles respectivas procurando su mayor resplan- dor, la que titularan Nuestra Señora de la Concepción de Gualeguas y Bucareli y conser- varán cuanto puedan la iglesia que subsiste en dicha Misión, en que se venera la milagrosa imagen de Nuestra Señora la Virgen María, en la advocación referida”33
No todas las misiones fueron suprimidas ni secularizadas en el siglo XVIII, va- rias sobrevivían como tales aún en el X)X; en los religiosos de Pachuca intentaron hacer entrega de las siete (cinco misiones y dos pueblos) al comandante General de las Provincia Internas, Don Pedro de Nava; reconocían que estas podían ser entregadas al Ordinario Diocesano mientras que ellos dirigirían a sus misioneros a las fundaciones de Tamaulipas; hacían ver que las misiones de San Miguel de Aguayo, de Ntra. Sra. de la Victoria y la de San Bernardino (estas dos últimas como ya hemos dicho no funcio- naban como misiones sino que eran pueblos de tlaxcaltecas con un religioso a cargo) eran “verdaderos pueblos sin temporalidades y capaces de formarse y erigirse en cu- ratos” mientras que las otras cuatro: Dulce Nombre de Jesús de Peyotes, San Francisco Bizarrón, San Juan Bautista y San Bernardo “tienen temporalidades conforme al estilo de las misiones vivas; pero con todo, sus indios ha muchos años que están convertidos […] son unos verdaderos ieles capaces de ser gobernados por eclesiásticos seculares o regulares”34 Como señalaba el guardián del Colegio de Pachuca, la diferencia entre unas y otras estaba en que en las primeras los congregados vivían políticamente en pueblos, su decir “no tienen temporalidades” se refería a que en ellas se vivía bajo el régimen de propiedad particular y no de propiedad común que caracterizaba a las conversiones vivas; dos de las misiones a las que él se refería eran en realidad pueblos de tlaxcalte- cas que se habían establecido contiguos al pueblo de misión franciscana originalmente y que esta había sido suprimido, al momento de su escrito esos pueblos tlaxcaltecas tenían por vecino rayano una villa española; solo la misión de San Miguel de Aguayo era en rigor un pueblo de misión, avecindado casi desde su origen en colindancia con el pueblo tlaxcalteca de San Francisco de Nueva Tlaxcala. Es evidente que estos tres casos a los que hacía referencia el guardián como los “capaces de formarse y erigirse en curatos” eran los que habían sido acompañados por un pueblo tlaxcalteca, mismo que había terminado por absorberlos. Las otras cuatro misiones restantes eran las que no se habían convertido en villas ni tampoco habían sido apoyadas con un pueblo tlax- calteca. Estaban muy próximas unas de otras y el guardián las señalaba como “conver- siones vivas”.
33 Autos de fundación de la Población del Lugar de Ntra. Sra. de la Concepción de Gualeguas y Bucareli por Don Juan José Gómez de Castro, Alcalde Mayor y Capitán de Guerra de la Villa de San Gregorio de Cerralvo, 6 de mayo de 1773. Documento transcrito en Gómez de Castro, Juan José. «Población del lugar de Ntra. Sra. de la Concepción de Gualeguas y Bucareli.» En Nuevo León: textos de su historia, tomo I, de Celso Garza Guajardo, 152-163. México:
Gobierno del Estado de Nuevo León, Instituto Mora, 1989. P. 153
34 Fray Isidoro de Puerto Llano, guardián del colegio apostólico de propaganda Fide de San Francisco de Pachuca, presenta ante Pedro Nava, renuncia de las siete misiones de la provincia de Coahuila y Nuevo Reino de León, que desde el año de 1782, administraban los misioneros de la provincia de Jalisco. San Francisco de Pachuca, , San Francisco de Pachuca, junio de 1793, AGEC, FC, C16, E12.