L a obra temporaL : compLejos misionaLes
5.6 Espacios para la producción
La obra temporal: complejos misionales
por los religiosos del Colegio de Querétaro para serlo por los provinciales de Jalisco, en , se hizo un inventario de cada una. Por ello sabemos que en la misión de San Bernardo, ahora en una nueva ubicación, se estaba formando un buen pueblo con casas de piedra y lodo con sus puertas, ventanas, techos y huertas, las que forman dos calles cerrando el cuadro por un lado de la iglesia 67. De la de San Juan Bautista se dice en el in- ventario “consta de dos ordenes de casas, al rumbo del poniente desde la fuente del convento, con el intermedio de setenta y una varas, que incluye treinta y una viviendas de paredes de piedras y azoteas, con puertas, chapas, y llaves, algunas”68. En este caso se trataba de galeras sub- divididas en habitaciones, cada uno de ellos una casa, un modelo similar al de las casas de las misiones texanas, Los trabajos arqueológicos realizados en , en la segunda posición que ocupó la misión de San Bernardo, concluyen una disposición diferente a las cuarenta casas que señala el inventario de . Se trata de dos filas de casas, de tres bloques cada una, paralelas entre sí formando una calle intermedia, ubicadas al norte de la nueva iglesia. Las cuarenta casas eran departamentos dentro de estos blo- ques, tres o cuatro en cada uno; la destrucción del sitio impidió determinar arqueológi- camente mas detalles sobre el tamaño y disposición de estas casas pero confirmó que estas no eran construcciones independientes colocadas sobre una traza y un reparto siguiendo el modelo de pueblo tradicional.
congregados, también para sostener y atraer a estos grupos itinerantes. Aún pasadas varias generaciones, el trabajo no se había convertido en un mecanismo de sustento para varios grupos que seguían beneficiándose de la misión como proveedora de alimento y seguridad. Es el caso documentado de la misión de San Miguel de Aguayo, vecina al pueblo tlaxcalteca de San Francisco de Tlaxcala, en Monclova:
“No se cuenta costumbre buena en ellos, y lo mismo en los agregados que, por estar vi- viendo en la compañía de los indios, se llaman hijos de la Misión. Todos igualmente son dados a los vicios de embriaguez, juego y lasciva, a lo que se agrega su innata lojera, la que es tanta que aún estando sobre ellos sus gobernadores y alcaldes, no pueden conseguir se dediquen al cultivo de sus tierras, teniéndolas sembradas y aguas competentes para su regadío”
La producción de excedentes se dio en aquellas misiones que consiguieron cier- ta estabilidad y que congregaron a grupos indios que aprendieron y aceptaron traba- jar; los tlaxcaltecas fueron un importante apoyo para el trabajo, aunque se sabe que su mayor interés estuvo en cuidar sus intereses como corporativo; en , en una )ns- trucción para averiguar la razón por la que los indios chichimecas habían abandonado las misiones de Purificación y Concepción, en el Nuevo Reino de León, se dejaba en evidencia a los indios tlaxcaltecas: el motivo de haberse retirado de ellas [de las misiones]
a la tierra de Tamaulipas y a los montes ha sido porque los indios tlaxcaltecos especialmente de Concepción y puriicación los hacían repetidas vejaciones y por querer que los indios chichimecos de ellas fuesen los del trabajo y dichos tlaxcaltecos solo atendían su propia conveniencia
Además de los ingresos que las misiones podían obtener por concepto de la ven- ta de sus productos, existían otras dos fuentes: las limosnas de donantes caritativos y los sínodos del misionero; ambos ayudaban a sostener a la misión pero el verdadero gran ingreso era el que se conseguía al insertar a la misión en la economía regional y comercializar las producciones agrícola y pecuaria y también los derivados que estas dieran, como podían ser sebos, pieles, jabones, lácteos y harinas entre otros. El dinero que obtenía la misión por concepto de la comercialización de sus productos entraban al fondo para la empresa misional:
Todos los instrumentos de la labor, de que está bien proveída esta misión, son del común, y se compraron con los efectos que produce dicha misión.
No tiene mas ramo de industria que un obraje aviado de todo lo necesario [telares, tornos, donde trabajan los indios con la lana que sale de las ovejas de la misión sus fresadas que se reparten anualmente a todos. El algodón es para calzones blancos, camisas y faldillas
El tamaño de la producción dependía de la disposición de la mano de obra y,
71 Estado actual de las misiones de la Provincia del Coahuila y Río Grande de la misma jurisdicción. Año de 1786.
Documento transcrito en Gómez Canedo, Lino. “Evangelización, cultura ...”, pp. 666-681, Op. Cit.
72 “Carta de Fray Antonio Rizo...”, Op. Cit.
73 “Estado actual de las misiones de la Provincia del Coahuila...” Op. Cit.
La obra temporal: complejos misionales
como ya se ha dicho, de la calidad de las tierras y aguas. En el último cuarto de siglo, en las misiones coahuiltecas de Peyotes y de Vizarrón, donde la siembra de temporal, apenas y existía; según el franciscano fray Rodríguez, la falta de bueyes se había su- mado a la enfermedad de los indios y la cosecha era bastante corta, pues apenas y se habían recogido fanegas por cada una sembrada. (ay un gran contraste entre la capacidad productiva de estas misiones, que eran de los provinciales de Jalisco, y las del Río Grande que, como sabemos, eran de los colegiales de Querétaro; no hay duda de que estos últimos impulsaron el trabajo y la producción como una de las vocaciones de la misión, así se lee en los inventarios que registran trojes, trapiches, acequias, ranchos y grandes labores cruzadas por sendas acequias. Por ejemplo, en la de San Bernardo había una labor de doce fanegas de maiz se sembradura, cercada para frijol, algodón, sandias, calabazas y maíz que el presente año esta para piscar y promete al menos ochocientas fanegas que con doscientas y veinticinco tiene el pueblo sobradamente para su abasto
La producción agrícola se hacía en las labores que las misiones tenían general- mente a corta distancia del complejo misional; también tenían ranchos para la cría de ganado mayor y menor. La infraestructura de los ranchos consistía, en algunas paliza- das de madera a manera de corrales y rústicos cuartos de adobe para alojar a los va- queros: a distancia de una legua de la mision hay una casa de piedra y lodo con tres aposentos con buen techo, puertas y ventanas, para los vaqueros: un corral grande para el ganado mayor y un horno de cal ; mientras que en las labores podía haber pequeñas construcciones en las que se guardaba la herramienta como arados y azadones, y que servían además para el resguardo de los indios en caso de un ataque, como en la misión de San Juan Bautista: hase hecho una casita de terrado en la labor donde llega el agua de esa acequia de los nogales, para que tengan resguardo los indios que trabajen en caso que les den los apaches o los tobosos que son los que hostilizan estas misiones.
Los obrajes fueron la industria más común en las misiones coahuiltecas; la pre- sencia tlaxcalteca en la región puede ser una de las razones que expliquen tal abunda- cia aunque las misiones del Río Grande no tuvieron población tlaxcalteca pero si varios obrajes o trapiches. En el caso de la misión de San Juan Bautisa, se encontraba al sur del templo y convento, en él se fabricaban vestuarios de indios; su tamaño, en proporción a igual que los templos: varas de largo por de ancho . (abía en este obraje tres telares, devanaderas, un arrollador y sus pies, docenas de malacates usados, cajones de repuesto, tornos de hilar corrientes , pares de cardas de emborrar, una balanza, lizos sayaleros y otros tres frazaderos . La de San Bernardo también tenía obraje que aunque en una construcción mas pequeña superaba a la de San Juan
74 “Testimonio de la entrega de los bienes de la misión de San Bernardo del Río Grande...” diciembre de 1772, Op. Cit.
75 Ibid
76 Autos de visita e inventarios de las misiones del Río Grande del Norte, formados por Miguel Sevillano Paredes, 1727, Op. Cit.
77 Ibid
en instrumentos: telares con dos peines de sayal, cuatro de frazadas y cinco de manta, diecinueve tornos y nueve lanzaderas entre otros bienes .
Además del obraje de textiles, en el caso de esta misión de San Bernardo, la fra- gua constituía otra industria importante, tenía fuelles con cañones de fierro, además de tornillos, brocas, martillos, limas, bancos y punzones en caliente y frío; esta fragua debió resultar importante para la fabricación de tantas rejas para ventanas, aldabones y chapas, las cuales había hasta en las modestas casas de los indios .
Las trojes o almacenes fueron los otros edificios relacionados con la producción;
eran muy importantes porque de esta manera los religiosos podían cuantificar y con- trolar la cosecha de granos que se hacía de común; hablan del éxito que se consiguió en términos de producción; eran estructuras independientes, de piedra o de adobe, próxi- mas al conjunto misional, siempre con puerta y llave. Podían ser tan modestas como la de Peyotes que era una antigua y casi arruinada galera para las semillas de pared de adobe techada de morrillos como de veinte varas de larga y siete de ancha[…] en la que estan tres vigas de marca, cuatro cuartoncitos, un tablón 81 ; siempre estos edificios estaban custodiados con puertas y llaves. En el caso de la misión de San Juan Bautista, la troje se ubicaba entre el convento y el obraje; también era una estructura independiente, de varas de largo por de ancho, con paredes de piedra, techo de tableta y azotea de mezcla.
Las trojes, fraguas y obrajes fueron sumamente importantes para que las misio- nes pudieran subisitir; mientras los templos y los conventos daban sentido a la misión para que cumpliera su papel evangelizador, los espacios para la producción sirvieron para arraigar a las misiones en cada una de las regiones. Ninguno de esos edificios ha sobrevivido a la fecha.
78 “Testimonio sobre bienes de la misión de San Juan Bautista del Río Grande del Norte...” noviembre de 1772, Op.
Cit.
79 Ibid
80 “Inventario de la misión del Dulce Nombre de Jesús de los Peyotes”, año de 1778, AGN, Ramo Historia, Vol. 29, exp. 15
81 “Inventario de los bienes de la misión del Dulce Nombre de Jesús de Peyotes...” noviembre de 1781, Op. Cit.