País pobre y montañoso el do Alava, impri- me á sus hijos costumbres de sobriedad y de trabajo. El alavés es labrador activo, incansa- ble, y en Jas labores del campo trabaja con su familia entera, con su esposa, con su madre, con sus ancianos padres y con sus hijos jóvenes, en cuanto pueden levantar la azada ó voltear- ei suelo con la laya. Es económico en grado su- mo, porque la poca extension de las propieda- des, aun con incesante trabajo no da sino re- g-ulares ganancias. En el hogar doméstico rei- rían el amor y el respeto mas naturales y pro- fundos, el órden mas sencillo, y la mas cum- plida y benéfica limpieza. Las mujeres y las jóvenes aldeanas tienen â grande honra el os-
tentar sus casas, y sus enseres «limpios como la plata.» Todos los niños alaveses van á la escuela, todas las escuelas, por humildes que sean, pudieran pasar por modelos en otras pro- vincias, y todos los maestros están bien paga- dos. Los labradores viejos son un tanto refrac- tarios â las reformas agrícolas, pero los jo've- venes han demostrado en las exposiciones pro- vinciales, habidas en la Granja modelo, que
están dispuestos á admitir y que admiten y practican todas las mejoras que Ja prudencia, las condiciones del país, y el consejo de los in- teligentes les brinden á realizar. La juventud agrícola alavesa educada en la Granja modelo ha dado al resto de España los mejores, mas prácticos, mas sumisos y mas leales encarga- dos de las explotaciones rurales en las dehesas y propiedades de alguna importancia.
Los alaveses idolatran á su país; practican desde hace veinte siglos sus independientes y populares costumbres forales, cuya constitu- ción jamas escrita, pero jamas alterada, han aprendido, como aprenden los preceptos agrí- colas, oyéndola de boca de sus padres y ejerci- tándola desde la juventud. Veneran, mas que respetan, á las autoridades forales, y tienen á su administración particular y general, como lo es en efecto, como la mas sábia, la mas sen- cilla, la mas equitativa y la mas noble de to- das las administraciones.
En Alava no se conoce el tipo del colono ó inquilino temporero y errante, origen de la miseria rural, tan numeroso en otras provin- cias, porque los inquilinos agrícolas vinculan de generación en generación los arrendamien- tos con gran provecho de los propietarios y de ellos mismos que de este modo consideran y estiman como suya la tierra que labran. Tra-
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bajando en el campo las mujeres, llevan al matrimonio, por pobres que sean, la valiosa dote de duplicar desde el primer dia los brazos útiles de la casa, así es que en cada puñado de tierra alavesa vive un matrimonio sin llegar nunca á la miseria. Y con el saludable ejem- plo del trabajo del padre y de la madre, toman los niños como una necesidad esa virtud hon- rosa, y son por necesidad trabajadores, y es claro, por necesidad ahuyenta la holganza y con ella los vicios. No dan casi nunca las al- deas ni villas alavesas el tipo del jdven perdi- do. La misma humildad de la casa y 1-a peque- ñez de la labranza les salva.
Que son fieles creyentes y religiosos, no hay para qué decirlo, porque todos los labradores y campesinos del mundo lo son, cada uno en su creencia. Lástima horrible que esta natural sencillez religiosa se explote para criminales fines fratricidas entre todos los campesinos y labradores de España y del mundo entero.
Tan asiduos como son en el trabajo, lo son también en la celebración de sus alegres fies- tas. En los dias llamados de precepto, después de cumplir los deberes de vecinos en sus de- mocráticas asambleas ó concejos, después de cumplir con Dios en el templo, el corto vecin- dario de las villa* y pueblos se divide en dos porciones; los vecinos casados juegan á los bo-
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los en todo los pueblos del llano de Alava y valles circunvecinos, y los jóvenes bailan al son de la pandera; hay entre las aldeanas es- celentes cantadoras. En la Rioja se baila al son de la gaita y del tambor; y en Villareal, Aramayona y demás villas del N. usan el agradable y armonioso taviborü vascongado, y bailan el zortzico, con el aurrescu y el alckesco y demás variaciones de la danza eús- kara. Las fiestas anuales de los pueblos, las cofradías, y las Jimias forales se celebran ruidosamente con convites, músicas, novillos, fogatas, fuegos artificiales y bailes públicos y particulares. Contribuyen siempre muchísimo á animar estos espectáculos los vitorianos, cu- yo buen humor y especial genio son prover- biales, donde quiera que estén.
Fuera de su país es tal el cariño que conser- van á Alava, que por irresistible simpatía se reúnen y se comunican todos los dias, y en sus habituales distracciones, cuantos alaveses haya en las respestivas localidades, no siendo estas muy populosas. Esta elocuente y espe- cial costumbre es también propia de los demás vascongados.
El traje de los alaveses es bastante parecido en todas las hermandades. Sin embargo, los riojanos gastan en la cabeza gorra redonda de paño con una borlita, 6 si no pañuelo; los al-
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deanos de la llanada sombrero hongo de fieltro y en las labores del campo calzan abarcas; y los del N. limítrofes de Vizcaya y Alava usan boina y fuman en pipa de barro. Los rayanos de Navarra usan un pañuelo recogido al re- dedor de la cabeza. Las mujeres casadas lle- van pañuelo en la cabeza, blanco por fuerza en el límite vizcaíno, y de muchos colores y flores en el:llano.
Al describir á Vitoria van descritas también sus costumbres.
XI.