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Características de la interacción turista - residente

In document UNIVERSIDAD PRIVADA DE TACNA (página 33-36)

B. Antecedentes internacionales

2.2.1. Características de la interacción turista - residente

Según Nash (1989, citado por Fuller, 2008), considera que las relaciones entre turistas y residentes se definen principalmente por la condición en que el turista es un forastero y por consiguiente se caracterizaría por no compartir los aspectos esenciales de los residentes. Esto provoca que la interacción tenga lugar a un nivel más general e impersonal, que a su vez origina en ambas partes una tendencia a la generalización y la categorización. Al mismo tiempo esa interacción está mediando pocas consideraciones de aspecto personal y por tanto eso fomenta cada vez más que ambas partes actúen según sus propios intereses.

Para Jurdao Arrones (1994), el turista es, ante los ojos del residente, una fuente de ingresos; mientras que el turista lo percibe como un muñeco exótico; cosa que lleva a un mutuo desprecio. Puede haber contactos pero nunca comunicación.

Según Sutton (1967, citado por Gutiérrez, 2010), los encuentros entre turistas y residentes se caracterizarían por tres tipos de relaciones:

Asimétrica: Hace referencia a que los turistas son más ricos pero se enfrentan a situaciones nuevas para ellos, existiendo normalmente una gran distancia cultural que separa a ambos participantes; por otra parte los residentes son más pobres, pero tienen ese conocimiento que les falta. La asimetría considera el significado que tiene para cada una de las partes el ocio y el trabajo. También se produce un desequilibrio cultural entre ambas partes, pues representa un choque de dos culturas distintas,

siendo además un elemento añadido por parte de los anfitriones los que deben adaptarse al turismo, incluso en la lengua.

Transitoriedad: Los visitantes están por poco tiempo, por lo que cualquier interacción entre ambos no va a sobrepasar del límite superficial y casual.

No repetitivas: Así son las visitas, además de no ser estacionales. Eso provoca que los turistas deseen el máximo número de actividades en poco tiempo. Por eso, la interacción es explotadora por ambas partes.

Esto es algo muy común. Todas estas características producen que tanto unos como otros estén orientados hacia el logro de una gratificación inmediata que hacia el mantenimiento de una relación continua y duradera.

Sutton (1967) llega a la conclusión de que el contrato tendrá resultados positivos en aquellos casos en que las partes estén abiertas a la tolerancia; los visitantes presenten un gran entusiasmo y que los residentes sean competentes a la hora de proveer los servicios necesarios. Las consecuencias serán negativas cuando turistas y residentes busquen la gratificación inmediata y aparezcan sentimientos de desconfianza generados por una mera comprensión cultural.

En este mismo sentido Evans considera que la calidad de la comunicación intercultural entre turistas y residentes depende de tres factores:

Tipo Turista: El grupo de los turistas que coinciden en un mismo viaje desempeña un importante papel a la hora de configurar la relación turista - residente. En los grupos turísticos; según Gorman (1979); Sentimientos de camaradería, resaltándose el “Nosotros” frente a “Ellos”. Este proceso de categorización lleva a comportamientos solidarios y la asociación, provocando que en la mayoría de las ocasiones el turista no tiene por qué afrontar en solitario los múltiples problemas que pueden aparecer; ya que tiene el respaldo y el apoyo del grupo.

Mediadores culturales: Su presencia se realiza casi siempre en viajes organizados a través del guía. Es muy importante en su papel, ya que su finalidad es introducir a los turistas en la comunidad visitada. Uno de los efectos que provoca el guía al turista es que lo coloca en un estado pasivo y de dependencia casi infantil. La gran popularidad de viajes con guía se debe a que ofrecen al turista una solución rápida a cualquier tipo de percance. Con respecto a los aspectos educativos del guía, Pearce comprobó que esa figura no produjo efectos en el aumento del saber, aunque sí que originó cambios significativos en las reacciones emocionales de los sujetos.

Schmidt (2000) indica que los beneficios de la figura del guía dependen del contexto ambiental en el que desarrolla su tarea. Los guías serán muy funcionales, siempre y cuando se presenten en escenarios con una estructura interna alta y con propósitos diferentes al turismo (una catedral, un castillo.) No serán útiles en aquellos escenarios que carezcan de dicha estructura (la playa, un parque temático).

Influencia de las características propias de los viajes organizados: Este tipo de viajes, debido al diseño, concibe un contacto intercultural limitado;

en el que existen pocas oportunidades de aprender sobre el lugar; lo que suele llevar a la perpetuación y nacimiento de nuevos prejuicios y estereotipos. Se caracterizan por:

Aislamiento: Los turistas son apartados del ambiente exterior.

Dirección: Este tipo de viajes ejerce un gran control sobre los turistas, ya que se dirige tanto espacial como temporalmente según su propio interés, de forma que no muestra una imagen real de la comunidad visitada.

Superficialidad: A pesar de esas dos características, estos viajes permiten al turista ser un observador, pero sin llegar a formar parte de la experiencia, lo que fomenta su situación de intruso.

Debido a estas tres características, las posibilidades para el autodescubrimiento y el contacto intercultural van a ser muy limitadas; ya que estos límites permiten que los residentes vean al turista como un extranjero (si es lo que son).

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