16. La administración universitaria
17.1 Certificación y acreditación
La enseñanza universitaria es una actividad de interés nacional para todos los países, en la que está en juego mucho más que la ca- lidad de la enseñanza, pues no se puede dejar fuera de control, como una actividad económica más (por muy importante que ésta sea), una función que va más allá de la simple enseñanza, como es la conserva- ción y desarrollo de los valores culturales, además de la formación de quienes van a desempeñar una actividad profesional por la que van a obtener ingresos y que debe ser realizada con un mínimo de calidad.
El control de la calidad académica se lleva a cabo por diversos procedimientos. En unos casos es el Estado el que asume esa fun- ción, que puede extenderse a la autorización de las carreras que se ofrecen, a la validación de los estudios y en general a una supervisión constante de las actividades académicas. En otros casos, esa función la asumen instituciones privadas, ya sean consorcios universitarios o
58 Michael Heffernan y Heike Jöns, Degrees of Influence: the politics of honorary degrees in the Universities of Oxford and Cambridge, 1900-2000, en Journal Minerva, , Vol. 45, Num. 4, 4 de Diciembre del 2007, Springer, Holanda.
empresas o asociaciones civiles creadas al efecto. Hay lugares, como México, en donde ese control de calidad académica se realiza tanto por el Estado como por asociaciones civiles, reservándose el nombre de certificación para la actuación del Estado y la acreditación cuando se trata de asociaciones civiles creadas al efecto o asociaciones profe- sionales que deciden ejercer esa función como un medio de conseguir ingresos adicionales.
La experiencia en el funcionamiento de estos sistemas nos lleva a defender la necesidad de que el Estado asuma la función regula- dora esencial: no solo para vigilar y garantizar la calidad universi- taria sino incluso para autorizar o no la creación de universidades y decretar su clausura cuando no reúnen los mínimos necesarios.
Evidentemente se puede argumentar que esa facultad dejaría en manos de los gobiernos la posibilidad de interferir gravemente con una actividad que representa una garantía importante de libertad;
pero también es cierto que al dejar sin reglamentación adecuada la creación y funcionamiento de las universidades se abre la puerta a la proliferación de empresas que toman a la enseñanza universitaria como un simple negocio, sin infraestructura adecuada ni equipa- miento y con personal académico improvisado. Eso es una burla a los estudiantes y a la sociedad en general.
Debe quedar claro que no está en juego la existencia de universi- dades privadas, que pueden representar, y de hecho lo representan, un papel muy importante en la enseñanza y también en la investiga- ción y la difusión de la cultura, aunque en estos dos últimos puntos ese nivel y calidad de participación es de valor muy diferente según los países. No se debe reducir la enseñanza universitaria a una sim- ple actividad económica, en la que cualquiera puede intervenir en ejercicio del derecho de libertad de empresa o de profesión. La preo- cupación por una indebida interferencia del Estado no debe darse si el Estado está organizado democráticamente, pues en él se dispone
de los controles adecuados para impedir el abuso de los órganos de gobierno y si el Estado no fuera democrático, no tendría caso discutir acerca de la libertad de las universidades, pues en inconcebible que en una dictadura haya tal libertad.
En México hay dos sistemas de control de calidad académi- ca, que de hecho son realmente paralelos: la certificación, reali- zada por los Comités Interinstitucionales para la Evaluación de la Educación Superior (CIEES) que incluye un diagnóstico y las correspondientes recomendaciones; el otro sistema es la acredi- tación, por un organismos acreditador que pertenezca al Consejo para la Acreditación de la Educación Superior (COPAES), vienen a ser lo mismo que los CIEES.
Este procedimiento es redundante, ya que ambas funciones po- drían ser desempeñadas por los CIEES59, lo que eliminaría lo que se ha convertido en un negocio privado que arroja una onerosa carga sobre las universidades, pues la acreditación es de carácter tempo- ral y hay que revalidarla periódicamente.
La crítica principal a los sistemas de evaluación y acreditación (México en particular) sería que, en el mejor de los casos se orienta a los procedimientos y se olvida de los resultados. En efecto, los contro- les de calidad son relevantes si llevan a conseguir buenos resultados y si no es así no sirven de nada. Poco importa tener muchos cuerpos académicos, muchos profesores de perfil PROMEP y demás requisi- tos, si a fin de cuentas los estudiantes que egresan no son de calidad.
En sentido inverso, qué importa que no se cumplan esos requisitos procesales si los estudiantes que egresan son de buena calidad. Lo
59 También se han hecho críticas a los CIEES, aunque sea en materia agropecuaria, pero nuestra experiencia, ha sido positiva, excepto en un solo caso. Hugo Aboites, El lado oscuro de los CIEES: Una crítica a los Comités Interinstitucionales para la Evaluación de la Educación Superior, Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco, México, http://cenedic.ucol.mx/ccmc-construccion/recursos/3294.pdf
que queremos señalar con esto es que la medida de la calidad de las universidades la debe de dar la calidad de los egresados, en el aspec- to de la enseñanza; y las investigaciones realizadas, trabajos publica- dos y patentes registradas en el caso de la investigación. Para medir la calidad relativa de la enseñanza hay un sistema ya establecido, que compara la calidad de los estudiantes y ese indicador debería de ser el indicador básico para juzgar sobre la calidad universitaria. Ese procedimiento es el de los Exámenes Generales de Conocimientos (EGEL) del Centro Nacional de Evaluación para la Educación Superior (CENEVAL) que somete a los alumnos de las diversas universidades a exámenes simultáneos, con las mismas preguntas. Terminado el año y realizados los diversos exámenes que se realizan en todo el terri- torio nacional, el CENEVAL elabora un ranking de las universidades en función precisamente de los resultados de sus alumnos en los exámenes generales de conocimientos de CENEVAL, como se puede comprobar en las gráficas que se ofrecen. Las universidades no apa- rece con sus nombres sino con un número de identificación que solo es comunicado a cada una de ellas60, lo cual impide que se conozca públicamente la posición relativa de cada una ellas. Es una lástima, porque de otro modo se neutralizarían un poco las falsas clasificacio- nes que hacen algunos medios de comunicación.
Concentrarse en la supuesta calidad de los procedimientos tiene una seria consecuencia y es la de llevar a la uniformiza- ción del sistema universitario, imponiendo un proceso artificial de convergencia en los modelos universitarios e impidiendo la ex- perimentación con nuevos modelos que pueden llevar a mejores resultados.
60 Así en la gráfica adjunta CENEVAL realiza la clasificación institucional, para el año 2017, de la carrera de Licenciatura en Enfermería. Los resultados se entregaron en septiembre 2018 y como puede observarse, la Universidad número uno en México es la que tiene la clave 2326, que se le otorgó a la Universidad de la Sierra Sur.
ST=Sin testimonio TDS=Desempeño Satisfactorio TDSS=Desempeño Sobresaliente.
CENEVAL: Informe Anual de Resultados de los EGEL 2017 (Clasificación 2018). La Universidad de la Sierra Sur, número 1 en la Licenciatura en Enfermería Participaron 114 universidades de todo el país.
Estas observaciones no implican que no sea conveniente tener procedimientos que ayuden a las universidades a mejorar su fun- cionamiento. En ese sentido, las acreditaciones, certificaciones, así como las figuras de cuerpos académicos, perfiles PROMEP, etc., son positivos en la medida en que no se presenten como lo que no son; y no son medidas reales de calidad, que solo pueden encontrarse en la calidad de los resultados. De ahí nuestra postura en relación con la definición de conceptos que solo tienen sentido si se definen correcta- mente. Otro concepto confuso, es el de pertinencia social, en cuanto a la determinación de las carreras que se deben ofrecer. Cuando pre- gunto qué se entiende por ello, me responden con lo que consideran evidente: que se responda a la demanda de personal, por parte de los empresarios. Puede que ésa sea una interpretación aceptable en el caso de las universidades privadas (empresas ellas mismas), pero olvidan la función esencial de la universidad (pública) que es el desa- rrollo de la sociedad, y al escoger las carreras se debe tener en cuenta el proyecto de sociedad, para determinar qué profesionistas se nece- sitan para ello. Puede ser que no haya ofertas de empleo para cientí- ficos, o ingenieros, y eso no quiere decir que no debamos formarlos, para que ellos ayuden en la transformación social y nos den la base humana para la creación y desarrollo del sector industrial.
Otra medida de calidad universitaria, en lo que a los alumnos se refiere, es el de los promedios da calificaciones, que es la medida normalmente utilizada para el otorgamiento de becas. Cuando se trata de instituciones diferentes, el promedio no significa gran cosa y es evidente que los alumnos de las universidades selectivas, de alta calidad, van a otorgar calificaciones más bajas (pero de más va- lor) que la multitud de universidades de baja calidad que tanto han proliferado. La consecuencia, lamentable y perversa, es que cuando se otorgan becas en función del promedio, no van a los mejores alumnos, sino a los peores.
Resumiendo lo expuesto, debe de haber un control estricto para el otorgamiento de permisos de apertura de una universidad (públi- ca o privada), que permitan al Estado controlar que la infraestructu- ra, equipamiento, personal académico y administrativo así como el modelo académico, respondan a los estándares de calidad exigibles en la época en que vivimos y esa vigilancia debe ejercerse perma- nentemente. No se debe olvidar que la educación no es una simple mercancía sujeta a las leyes del mercado y que cualquier empresa que se dedique a la enseñanza, debe ajustarse a estrictas reglas de control de calidad, sin que ello implique control ideológico, político o religioso, pero tratando también de evitar que las instituciones de enseñanza se conviertan ellas mismas en instrumentos de control ideológico, político o religioso. Es consubstancial, a la universidad, el mantenimiento de la libertad en todas sus manifestaciones, sin permitir que la cátedra se convierta en tribuna de los profesores para imponer sus ideologías a los alumnos.
La calidad en el funcionamiento de una universidad debe de ve- nir dada por sus resultados, más que por cualquier otra cosa. Al hablar de resultados se entiende la calidad de los egresados y el nú- mero y calidad de las investigaciones realizadas. También se deben valorar otras cuestiones, como el impacto de la universidad en su entorno social y su proyección nacional e internacional.
Un problema que frecuentemente se presenta en estas evalua- ciones es que los profesores evaluadores no son objetivos y tratan de imponer el modelo de su propia universidad, haciendo recomen- daciones que si se aceptaran pondrían en peligro los resultados po- sitivos del modelo que juzgan. Por ejemplo, en el caso de las uni- versidades del SUNEO, se suelen elogiar sus resultados, pero con frecuencia añaden recomendaciones, en el sentido de crear órganos adicionales, que inflarían la administración y la volverían menos eficiente. También se llama la atención sobre, la eficiencia termi-
nal, que no significa nada, si no se combina con la calidad, pues una universidad que solo se preocupa por incrementar el número de los estudiantes que concluyen su carrera, sin tomar en cuenta la calidad con la que egresan, podría estar cometiendo una esta- fa al país y a los jóvenes. Además, hay que considerar el contexto social, en el caso de universidades que tienen probablemente a los alumnos que provienen de familias con el más bajo ingreso del país, dado que se encuentran en las zonas rurales del Estado de Oaxaca.
Pero, al margen del caso concreto de las universidades estatales de Oaxaca, la eficiencia terminal, sin consideración a la calidad de los egresados, no tiene sentido alguno, excepto para los funcionarios que están solo interesados en las estadísticas, como sucedía en la extinguida Unión Soviética.