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El comportamiento estratégico y su relación con la empresa zombi

2.3. Estrategia empresarial

2.4.2 El comportamiento estratégico y su relación con la empresa zombi

69 recursos; se presenta en empresas con una falta de liderazgo administrativo o con fuertes deficiencias en sus operaciones. Suele referirse como No estrategia, por lo tanto no suele considerarse como un modelo preferible para competir (Higgins et al., 2015).

Como consecuencia, este planteamiento sostiene que cualquiera de las primeras tres categorías de estrategias (defensora, analizadora y proactiva) tiene la posibilidad de redituar buenos resultados en el largo plazo, siempre que las actividades diseñadas y los procesos establecidos sean acorde a la definición emprendedora de los productos. Sin embargo, en el caso que la organización no sea capaz de alinear los distintos elementos, estará obligada a realizar cambios de forma reactiva a lo que sucede en el mercado, dificultando su supervivencia en el mismo (Blackmore & Nesbitt, 2013; Evans & Green, 2000).

Como resultado de la turbulencia de los mercados, las organizaciones deben desarrollar e implementar acciones mediante las cuales puedan asegurar, como mínimo, su permanencia en el mercado (Lin, Tsai, & Wu, 2014). Esto, se refiere a la estrategia empresarial que es el resultado de un proceso en donde se toman una amplia variedad de decisiones consistentes con un plan a corto, mediano y largo plazo (Casadesus-Masanell & Enric Ricart, 2010; Caves, 1980); en su conjunto transforman a éste elemento como una característica diferenciadora entre las empresas (Miller, 1986; Nelson, 1991).

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De forma puntual, Nakamura y Fukuda (2013), atribuyeron la condición zombi a una conducta estratégica innovadora, mientras que Urionabarrenetxea, et al.

(2018) previeron que las empresas que basan sus operaciones sobre activos intangibles tienen mayor probabilidad de ser zombis; lo que se refiere al tipo de comportamiento proactivo descrito en la sección anterior.

En contraposición, Shen y Chen (2017) sostuvieron que el uso de las tecnologías como elemento fundamental en su comportamiento estratégico desfavorece a la condición zombi. En lo referente al tipo de comportamiento defensivo, Nakamura y Fukuda (2013) y, Shen y Chen (2017) evidenciaron empíricamente que, estas empresas tienen menor probabilidad de ser empresas zombis. Mientras que Nakamura y Fukuda (2013) estudió empresas en reestructuración, Shen y Chen (2017) se enfocó en estudiar empresas industriales, por lo que la eficiencia operativa es parte fundamental para ellas. Por el contrario, Lee (2017) argumenta que las inversiones relacionadas con I+D ayudan a una organización a recuperarse de la condición zombi.

Puesto que los estudios empíricos que relacionan este elemento con las empresas zombi son limitados y, a razón de tener mayores fundamentos empíricos que ayuden a proponer una relación, se toman factores que forman parte de su definición, particularmente la cantidad de deuda contratada y la probabilidad de fracasar como variables similares.

La relación entre las características particulares de una empresa y el tipo de deuda (Barton & Gordon, 1988; Brander & Lewis, 1986; Jensen & Meckling, 1976;

Jordan, Lowe, & Taylor, 2003; Sandberg, Lewellen, & Stanley, 1987), así como la probabilidad de fracaso (Li & Liu, 2009; Pereira, 2013) está registrada en la literatura; esto se debe a que las distintas posturas estratégicas demandan diferentes tipos de financiamiento y otorgan distintos resultados (O’Brien, 2003); sin embargo, la forma de la relación entre éstas variables resulta ambigua.

Existen investigaciones empíricas que evidencia que las características particulares de una empresa (representada por el tipo de estrategia) determina el

71 grado de endeudamiento que contrata (Almendra, Vasconcelos, Aragão, & Cysne, 2017; Barton & Gordon, 1988; Chai & Gu, 2015; Elkemali, Ben Rejeb, & MatoussiI, 2013; Jermias, 2008; Jordan et al., 2003; O’Brien, 2003; Simerly & Li, 2000; Vicente‐

Lorente, 2001).

Particularmente, Almendra et al. (2017); Jermias (2008) y Rahimi (2016) aportan evidencia empírica que sostiene que las empresas caracterizadas por tener un comportamiento cauteloso y que presentan una estrategia defensiva tienen mayores niveles de deuda, lo cual se debe a que el reclamo sobre la deuda obliga a tener una eficiencia en costos para poder cumplir con la misma.

Mientras que Giovannetti, Ricchiuti y Velucchi (2011) encontraron que las empresas que explotan mercados pequeños (estrategia defensiva) tienen mayor probabilidad de insolvencia, fracaso o bancarrota, lo que explica la búsqueda de la eficiencia en sus operaciones para mejorar su situación. Por otro lado, Bentley- Goode, Newton y Thompson (2016) argumentaron empíricamente que éste tipo de empresas tiene un mejor control en sus finanzas por lo que la probabilidad de bancarrota es menor.

En cuanto a las empresas con estrategias intensivas o prospectoras, autores como Elkemali et al. (2013); Goshen y Squire (2017); Jordan et al. (2003); O’Brien (2003), mostraron que tienden a contratar una menor cantidad de deuda, al basar sus actividades en la generación de activos intangibles (I+D, mercadotecnia, posicionamiento en mercados, satisfacción al cliente, por mencionar algunos) que difícilmente pueden ser usados como garantías, además que sus inversiones suelen ser focalizadas en actividades muy específicas.

En lo concerniente a las empresas con características proactivas, la literatura respalda que éstas organizaciones presentan una menor probabilidad de riesgo de insolvencia (Cefis & Marsili, 2005; Helmers & Rogers, 2010; Maietta & Mazzotta, 2018; Nogueira, Fernández-López, Calvo, & Rodeiro-Pazos, 2018; Ortiz-Villajos &

Sotoca, 2018; Vicente‐Lorente, 2001).

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En ésta línea, Vicente‐Lorente (2001) explicaron que las inversiones en éste tipo de empresas son más específicas, por lo que una adecuada implementación facilitará el cumplimiento de la deuda. Nogueira, Fernández-López, Calvo y Rodeiro- Pazos (2018) agregaron que las empresas con estrategia proactiva mantienen una menor cantidad de activos ociosos y la mayor parte de los recursos financieros, son destinados a producir.

En contraposición, Jermias (2008) y, Simerly y Li (2000) hallaron evidencia empírica contraria, es decir, que las empresas proactivas tienen una mayor propensión a no cumplir con las obligaciones financieras; el primer estudio justifica que las actividades de esta empresa tienen mayor incertidumbre, el segundo encuentra que las empresas tienen un mayor nivel de apalancamiento con estrategias prospectivas; por ello, tienen mayores dificultades para cubrir las obligaciones adquiridas.

Apoyando el argumento de los autores anteriores, Ortiz-Villajos y Sotoca (2018) encontraron que existe una relación positiva entre la estrategia innovadora o prospectora con el riesgo de bancarrota, además compara dicha asociación entre empresas manufactureras y de servicio, resultando que en éstas últimas la relación es más fuerte, por lo tanto, las empresas de servicio con este tipo de estrategia tienen mayor propensión a fracasar.

Sin embargo, no todos los autores encuentran que existe una relación entre estos elementos. Puntualmente, Chai y Gu (2015) y Ozkan (2018) no descubrieron una diferencia entre la deuda contratada por empresas con características diferentes, lo que concuerda con la propuesta de Modigliani y Miller (1958) de irrelevancia del nivel de contratación de deuda para las empresas.

Tascón y Castaño (2012) dieron poca relevancia a las características de la empresa como predictora de la insolvencia o bancarrota de la organización, en concordancia con esta aseveración, Löfsten (2016), Salgado, López, Búa y Gómez (2012) y Wang (2017) no localizaron evidencia que respalde la existencia de una

73 relación entre las características de la organización con la supervivencia de la misma.

En cuanto a estudios en contextos similares a la de ésta investigación, Ghosh (2012), Krismiaji (2017), Ozkan (2018) y Rahimi (2016) , investigaron la relación entre la estrategia empresarial y la cantidad de deuda en empresas que cotizan en la bolsa de valores india, indonesia, turca e iraní, respectivamente, mientras que Ghosh (2012) no encontró evidencia que respalde la relación, el resto de autores si confirmaron empíricamente la existencia de dicha asociación.

Relacionado con investigaciones desarrolladas en Latinoamérica, Albarracín y Lema (2012) encontraron evidencia que las organizaciones que se distinguen por ser innovadoras tienen una menor propensión a tener problema financieros.

Mientras que Caro, Arias y Ortiz (2017) identificaron que las características de las organizaciones (empresas que cotizan en bolsas de valores de Argentina, Chile y Perú) tienen una incidencia en la probabilidad de fracaso o bancarrota.

Con la finalidad de contribuir al cumplimiento del objetivo específico de:

“Analizar el efecto que tienen, el comportamiento estratégico de la de la organización y las características de la industria donde operan las empresas zombis que cotizan en la Bolsa Mexicana de Valores”, se establece la siguiente hipótesis de investigación:

H1: La estrategia proactiva afecta positivamente el comportamiento zombi.