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La lectura psicologista del PC y el concepto naturalizado de necesidad

In document UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO (página 126-130)

Capítulo 3. Una respuesta contextualista al problema de la inducción

4.2 Caracterización del concepto de AERI en el s. XVIII

4.2.1 La lectura psicologista del PC y el concepto naturalizado de necesidad

Hume parece argumentar con base en ACJURI∼PC que si el PC no es demostrable entonces su carácter normativo tenía que provenir, no de la razón, sino de la imaginación. La imaginación para Hume está conformada por principios psicológicos naturales y por algunos mecanismos automáticos que se desarrollan a partir de la experiencia. De modo que si no era posible dar cuenta de la justificación de nuestras inferencias causales a través de una lectura justificacionista del principio inductivo correspondiente debía tenerla a través de una lectura psicologista-naturalista del mismo. El argumento que Hume parece seguir implícitamente podría caracterizarse como sigue:

(PC1) Todas las inferencias causales implican el PC.

(PC2) Si no es posible establecer lógicamente el PC, entonces el PC no es un principio de la razón.

(PC3) Si el PC no es un principio de la razón, entonces es un principio psicológico y natural de la imaginación.

(PC4) No es posible establecer lógicamente el PC.

Por lo tanto, el PC es un principio psicológico y natural de la imaginación.

Las premisas (PC1), (PC2)y (PC4) han sido ampliamente abordadas en la sección 1.1.1. De modo que debemos concentrarnos en (PC3). Con base en la distinción entre las lecturas justificatoria y psicologista de (PC1) es posible entender lo que (PC2) afirma. La lectura del PC como principio psicológico y naturalista cobra fuerza en la medida en que la lectura justificatoria la pierde. Y si la pierde es porque, como hemos visto en las seccs. 1.2 y 1.3, (PC4) es correcta. De tal forma que si el principio sobre el que se fundan nuestras inferencias causales no es un principio argumentable, entonces es un principio natural, las hace posibles y en algún sentido las justifica.

La lectura psicologista del PC se deriva de la explicación de Hume acerca de cómo surge en nuestra mente la idea de conexión necesaria. En 1.1.1 examinamos porqué el origen de esta idea no estaba en la razón, y en 2.2.2 vimos cómo esto significó un ataque de parte de Hume al innatismo. La idea de conexión necesaria, de acuerdo con Hume, surge en nuestra mente con base en la observación de un amplio número de conjunciones constantes de objetos o sucesos de distinto tipo en relaciones de sucesión semejantes, pero no se genera directamente de la observación, sino que a partir de la conjunción constante casos similares se produce gradualmente en nuestra mente una nueva impresión, que él llama una impresión de reflexión; i.e., un sentimiento o una pasión “sentida por la mente” (Hume 1998, p. 165), respecto del carácter involuntario e inmediato de la inferencia misma. Hume se está refiriendo a la inevitabilidad de la inferencia en la mente. Al ver el vidrio roto y la piedra en el suelo, es inevitable que pensemos que la piedra rompió el vidrio; del mismo modo, al ver humo en la montaña es inevitable que pensemos que hay fuego; es inevitable, pues, en general pensar que todo suceso tiene que tener una causa. Pero no es que esta última proposición, el PC, explique y justifique las instancias particulares de inferencias causales, sino que más bien es al revés, el PC se deriva de las observaciones. Lo que hace inevitable pensar causalmente es la experiencia que hemos tenido sobre objetos reunidos en situaciones similares—y ningún razonamiento a priori sobre las propiedades de ambos objetos nos puede dar dicha conexión.

De acuerdo con Hume, nuestra idea de conexión necesaria se genera precisamente de la percepción de la “inevitabilidad inferencial” y no directamente de la conjunción constante.

La conjunción constante es neutra. Sólo percibimos objetos semejantes en situaciones semejantes. La necesidad, entonces, concluye Hume no está en el mundo observado, sino en

la mente del observador—esto explica por qué no puede encontrarse directamente en la experiencia una impresión sensible de la que se produzca nuestra idea de conexión necesaria.

El resultado de su investigación sobre la causalidad es que la conexión necesaria se da sólo a nivel de la mente, y, aunque es inevitable atribuirla a objetos, no es correcto pensar que tiene lugar entre ellos. Ahora bien, Hume está conciente de que comúnmente los seres humanos pensamos que las conexiones necesarias se dan en los objetos. Sin duda, tendemos a pensar que somos capaces de descubrir el “secreto poder” de su conexión en ellos mismos—

en alguna propiedad o en alguna relación. Pero según Hume no es así, a nivel de los objetos mismos no hay nada que podamos percibir en ellos dado lo cual podamos afirmar con total certeza que ambos objetos están necesariamente conectados, en un sentido fuerte. Pues, incluso al señalar una propiedad o una relación, en el fondo lo que nos conduce a su señalamiento es simplemente un cierto tipo de conjunción constante. Apoyada en la calidad y cantidad de la evidencia disponible del caso, cuando la mente se encuentra con objetos de distinto tipo que ha visto invariablemente unidos en condiciones similares en el pasado, termina por “proyectar” (como dirá más tarde Goodman) o por atribuir confiadamente esta conexión a alguna propiedad en los objetos y hacia el futuro. Como veremos, para Hume, esto es correcto y perfectamente razonable. Lo que resulta erróneo, de acuerdo con Hume, es pensar que dicha conexión ocurre y seguirá ocurriendo en los objetos con total independencia de la mente (Kail 2007, pp. 105 y ss.). Erróneamente, parece decir, porque no se cuenta con base alguna para poder afirmarlo legítimamente.

¿Por qué Hume hace esta crítica a la lectura fuerte del PC?Desde el inicio de su investigación sobre la causalidad, Hume parece intuir que no se habla del mismo tipo de necesidad cuando se dice que “es necesario que todo triángulo tenga tres lados” que cuando se dice que “es necesario que mañana salga el sol”. El tipo de “necesidad” referido en la primera proposición tiene un carácter analítico y a priori, derivado de una “evidencia surgida de la comparación de ideas” (Hume 1998, p. 69 y ss.; y p. 124). Este concepto analítico de necesidad no le resulta problemático a Hume. En cambio, sí se lo parece el tipo de

“necesidad” de la segunda proposición, de carácter sintético a posteriori. La idea de “necesidad”

aludida en esta proposición es problemática porque pretende relacionar sucesos, o más bien, conceptos de sucesos en una relación que no es de implicitud semántica. La conexión

necesaria entre ideas difiere esencialmente de la conexión necesaria que supuestamente se da entre sucesos. ¿Qué clase de “necesidad” es ésta última? Evidentemente no se trata de una conexión inherente a los sucesos mismos, que los obligaría a ocurrir de la misma forma siempre, sino, para Hume, como hemos visto, es un rasgo psicológico en el aparato cognitivo del agente: “Es la conjunción constante de objetos, junto con la determinación de la mente, lo que constituye una necesidad física; y cuando se quita esto no queda otra cosa que el azar”

(Hume, 1998, 171).

La crítica de Hume al concepto duro del PC parece generar una distinción entre dos sentidos de “conexión necesaria”: uno aplicable a conceptos y otro atribuido—proyectado falsamente—a hechos. El ámbito legítimo de la “necesidad” concierne, para Hume, exclusivamente a las ciencias formales, las matemáticas y el álgebra (hasta la Investigación decide incluir también la geometría); estas ciencias conforman, para el filósofo, el cuerpo total de las ciencias universales y necesarias o del conocimiento propiamente dicho (Cf.

Hume, 1998, 71). En cambio, la mayoría de las proposiciones empíricas de las disciplinas experimentales y de la vida cotidiana son sólo probables y algunas, como las leyes de la física, son altamente probables. A estas proposiciones altamente probables Hume las llama

“pruebas”. Dado que lo que determina la alta o baja probabilidad de una proposición empírica, para Hume, es la alta o baja estabilidad de la evidencia disponible del caso (Cf. T.

L. III, sec. XII), cuando se afirma que “es necesario que el sol salga mañana”, lo que implícitamente se dice es que, “con base en la alta regularidad de la evidencia disponible del caso, es altamente probable que el sol salga mañana”. Pero nada más. Más que “necesidad” a lo que implícitamente nos referimos en realidad sin saberlo es a una alta probabilidad. El uso de la categoría de “necesidad” en esta proposición parece ser solamente un eufemismo. En realidad, como podemos observar se trata de una extensión—apresurada e ilegítima—del uso del primer sentido hacia objetos de la naturaleza motivado por nuestra inevitable tendencia a buscar seguridad en el conocimiento. Con base en esta crítica al concepto duro del PC es posible sostener que el concepto de “necesidad” que se atribuye a ciertas proposiciones empíricas de la vida cotidiana y de las ciencias naturales y sociales, no sólo no es del mismo tipo que el que se atribuía en el XVIII a ciertas proposiciones matemáticas, analíticas y a priori, sino que además no puede serlo. El uso del término “necesidad” es y será, para Hume, un uso

ilegítimo cuando dicho concepto es atribuido a los juicios de experiencia, por más apoyo empírico que haya para ellos.

La tradición filosófica anterior a Hume, en general, parecía no distinguir entre estas dos nociones de necesidad a las que nos acabamos de referir, o si lo hace, parece arreglárselas a toda costa para que haya una dimensión en que la segunda noción se asemeje lo más posible a la primera, apoyándose, por ejemplo, en otro supuesto común en el s. XVIII, de acuerdo con el cual era posible demostrar argumentativamente que debía existir una estructura causal metafísica, determinante, inteligible y lógica con la que el mundo natural había sido articulado. Este supuesto, como hemos visto en el capítulo 1, fue ampliamente criticado por Hume con sus argumentos en contra de que fuese posible justificar lógicamente el Principio de uniformidad de la naturaleza.

4.2.2 La lectura psicologista del PU y el concepto naturalizado de

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