Capítulo 4: Enfoques de economía de las organizaciones en la
4.5. Conclusiones
Figura 4.3. Formas de gobierno
Basado en Salas (1996)
En las tres formas de empresa, los subsistemas administrativo y técnico los conforman los directivos y trabajadores respectivamente, mientras que lo más re- levante de la comparación, que destaca las diferencias en cuanto a derechos de propiedad y control, corresponde al subsistema de carácter institucional.
De todo lo anterior se desprende que podemos considerar a las CTAs formas organizativas híbridas, que se ubican en soluciones próximas a las soluciones jerar- quizantes desde el punto de vista del ejercicio de la autoridad y de las decisiones de la dirección. Sin embargo, el tipo de relaciones contractuales que caracteriza a este tipo de organizaciones marca una importante diferencia institucional que las inclina hacia las soluciones negociadas. Cuál sea el aspecto que domina en las CTAs, el jerárquico o el negociado, dependerá, en términos generales, de la trayectoria y la cultura de cada empresa de trabajo asociado. En nuestra investigación empírica, tal y como veremos en las conclusiones, las dos posiciones extremas señaladas aparecen representadas por grupos estadísticamente significativos en los clústeres respectivos, lo que debe interpretarse en el sentido de que, en el colectivo exami- nado, tanto las soluciones basadas fundamentalmente en el uso de la jerarquía, como las basadas en el consenso, son importantes.
nales; hacen viable el remoloneo, lo que a su vez da lugar a determinados costes
—que se agrupan en los denominados costes de la acción colectiva—, y dan lugar a los conflictos de intereses entre los miembros.
La producción en equipo plantea también necesidades de gobierno y gestión del trabajo y de comunicación para la coordinación y ejecución de las tareas.
El gobierno eficiente del trabajo, a su vez, requiere que se tenga en cuenta la especificidad de los activos humanos, y el grado de interdependencia de las tareas.
En esta línea, hemos utilizado como referencia el esquema de Williamson de go- bierno eficiente del trabajo, que clasifica las estructuras de gobierno en mercado instantáneo interno, equipo primitivo, mercado de obligación y equipo de relación.
Y basándonos en ellas establecemos las relaciones contractuales.
Asimismo, el gobierno eficiente del trabajo en las CTAs (figura 4.2) requiere estructuras de los tipos mercado de obligación y equipo de relación, ya que, en el primer caso, la relación contractual propia de la CTA es suficiente para gobernar estas relaciones, y en el segundo, las actividades se coordinan teniendo muy en cuenta la necesidad de adoctrinamiento y valores comunes de los miembros.
En lo concerniente a la necesaria comunicación entre los distintos puestos de trabajo, ésta debe atenderse asegurando la distribución y el intercambio de infor- mación entre los miembros del equipo de producción, lo que implica la necesidad de estructurar las organizaciones de forma que la información fluya y se distribuya de manera eficiente según la Teoría de Equipos.
Como posibles soluciones adicionales a los problemas estudiados y a sus deri- vaciones, se estudian distintas alternativas o soluciones organizativas que pueden resumirse en las siguientes: a) soluciones jerarquizantes; b) soluciones no jerarqui- zantes, en las que se agrupan mecanismos de coordinación como los sistemas de fianzas, la inducción de comportamientos solidarios, y la inducción de interdepen- dencias estratégicas; c) soluciones negociadas; y d) soluciones mixtas.
Junto a estas soluciones, también puede diseñarse un sistema adecuado de in- centivos que puede dar solución a los problemas de eficiencia de una organización asegurando una coordinación efectiva sin recurrir a la figura del supervisor.
Las soluciones jerarquizantes son las que mejor se ajustan a la forma de propie- dad de la empresa capitalista típica.
Las soluciones de relación cooperativa (figura 4.3) corresponden a un modelo hipotético de empresa en que los niveles institucional, administrativo y operati- vo, están formados por trabajadores propietarios, lo que hace que estas empresas puedan inclinarse por soluciones jerarquizantes o negociadas. Las soluciones nego- ciadas corresponden a sistemas de vigilancia mutua, en función de unos objetivos establecidos previamente y son apropiadas para las CTAs.
Las soluciones mixtas corresponden a la empresa en que los trabajadores parti- cipan en su dirección mediante comités u otros órganos de representación (empre- sa cogestionada), aunque la propiedad les es ajena.
Con respecto a las CTAs, concluimos que desde un punto de vista contractual (capítulo dos), las CTAs corresponden a formas organizativas no jerárquicas, al estar compuesto su sistema institucional, su sistema administrativo, y su sistema de operaciones, básicamente por trabajadores-propietarios. En las CTAs se crean las bases para la aplicación de soluciones no jerarquizantes, como la inducción de conductas estratégicas, la inducción de comportamientos solidarios, y las solucio- nes negociadas, si bien estas empresas pueden también inclinarse por soluciones jerarquizantes. Como hemos dicho al final del presente capítulo, en nuestra inves- tigación empírica las dos posiciones extremas señaladas aparecen representadas por grupos estadísticamente significativos.
la empresa. Implicaciones para el gobierno y la dirección de las CTAs
5.1. Introducción
El presente capítulo examina, como tema central, el problema de agencia. Se revisan aquí las diferentes formas organizativas desde el punto de vista de su competitividad económica, centrando el análisis en los problemas de agencia que comporta cada forma de organización, y en las ventajas o inconvenientes que pue- den derivarse de su mayor o menor tamaño, o de la diferente forma institucional.
El epígrafe 5.2, en el sentido expresado en el párrafo anterior, revisa, siguiendo a Fama y Jensen, las diferentes formas competitivas de organización económica, distinguiendo aquellas en las que las decisiones están restringidas a quienes son titulares del residual, y aquellas en las que no existe tal restricción.
En el epígrafe 5.3 realizamos algunas consideraciones adicionales sobre el pro- blema de agencia en la sociedad anónima y en las pequeñas empresas por acciones.
Pasando posteriormente a examinar las CTAs, sus mecanismos de control internos y externos, el desequilibrio jerárquico que las caracteriza, y sus consecuencias en los problemas de agencia.
5.2. Marco teórico del presente capítulo. Las formas competitivas de organización económica
Una de las razones que se pueden esgrimir para explicar la variedad de orga- nizaciones empresariales existentes en las modernas economías de mercado, es el desigual tratamiento que el estado da a las empresas, a las industrias y a los
sectores de la economía, por ejemplo, con respecto a los impuestos y a las subven- ciones. Un ejemplo de ello es el fuerte crecimiento en España del número de orga- nizaciones de prestación de servicios sociales y de cooperación con países menos desarrollados, al producirse un notable incremente de los fondos de los organismos públicos destinados a subvencionar dichas actividades (Harbour, 1994; Carpintero, 1998; Sajardo, 1998).
Aunque ésta es una importante razón, también existen razones de tipo eco- nómico, ya que organizar el sistema económico y social de una empresa en una economía de libre mercado tiene un coste, por lo que la elección de la forma orga- nizativa está limitada por el criterio de rentabilidad.
Si las razones de carácter general para que existan empresas hay que buscarlas en los costes de organización del sistema económico o en los costes de transacción (Coase, 1937, Williamson, 1985), deberíamos ser capaces de investigar las razones por las que una determinada forma organizativa se ajusta mejor a la naturaleza de las transacciones —y por tanto a los costes de transacción— que aparecen en un determinado nivel de la producción, explicando al mismo tiempo los costes financieros que son inherentes a diferentes formas de empresa, y que contribuyen a sostener o desalentar dichas formas organizativas (Fama y Jensen, 1985), y los costes de acción colectiva, que como una manifestación especial de los costes de transacción internos, también explican el tamaño y la forma de las organizaciones y los equipos (Alchian y Demsetz, 1972).
Sin embargo, puede darse el caso de factores contingentes exógenos —como pueden ser determinadas disposiciones legales o medidas de política económica—, y/o endógenos —como es el caso de empresas familiares en las cuales sus propie- tarios están dispuestos a asumir ineficiencias a cambio de no perder el control de la empresa—, que pueden contribuir a que una organización sobreviva, aunque la forma organizativa no sea la más eficiente.
Por ello, hemos optado por describir los aspectos esenciales de las formas eco- nómico-jurídicas tradicionales de organizar la actividad empresarial que aparecen en las economías avanzadas, con el fin de explicar las ventajas comparativas de algunas de ellas en términos de costes de coordinación internos y de ejecución de contratos.
A partir de esta descripción, explicaremos la forma CTA y sus diferencias con otras formas organizativas, prestando especial atención a la manera en que resuel- ve el problema de agencia.
Las formas que describiremos, y dentro de las cuales situaremos las CTAs, deben considerarse modelos teóricos que representan tendencias generales y no descrip- ciones precisas de la realidad.
Fama y Jensen (1985), atendiendo fundamentalmente al problema de agencia, clasifican las formas alternativas de organización según la titularidad del residual esté, o no, restringida de manera implícita o explícita a quienes toman las decisio-
nes administrativas; es decir, cuando coinciden, o no, en las mismas personas la administración y el control de las decisiones.
Distinguen las siguientes modalidades organizativas:
5.2.1. Formas en que las decisiones empresariales están restringidas a quienes son titulares del residual
1) Propiedad individual
Se trata de una organización empresarial en la que la propiedad está constitui- da por una sola persona, que es al mismo tiempo el acreedor residual y quien toma las decisiones en la empresa.
El propietario-gerente es quien asume todas las consecuencias que tienen sus decisiones sobre su riqueza, de modo que en este tipo de organización económica no existe el problema de los activos comunes a varios propietarios, y además se evitan los problemas de agencia que surgen de la separación de la propiedad y el control.
Las desventajas que presentan este tipo de organizaciones está en que pueden ir en contra del principio del horizonte temporal que surge cuando existe conflicto de distribución en el tiempo entre los flujos de renta correspondientes a las inver- siones que realiza el propietario de la empresa y la distribución de sus pautas de- seadas de consumo25; y son además organizaciones que afrontan mal el denomina- do problema de la diversificación, que surge porque el propietario tiene que invertir generalmente una gran proporción de su capital humano y de su capital físico y financiero en sus empresas y, por tanto, asume un alto riesgo comparado con el nivel de riesgo que tienen que asumir los inversores con carteras más diversifica- das. Lo que llevará a que el propietario tenga que evitar inversiones de alto riesgo que, de acuerdo con las reglas del mercado, aumentarían el valor de la empresa.
Las propiedades individuales de empresas, además, tienden a estar limitadas por la propia situación económica del dueño, puesto que el recurso a la financia- ción externa implica afrontar costes y, además, existen límites a las posibles líneas de crédito.
La ventaja relativa que tienen las propiedades individuales es que se adaptan muy bien a actividades a pequeña escala que requieren una atención especial, y donde una supervisión cuidadosa produce altos rendimientos para el propietario- gerente, siendo especialmente elevado el coste de la supervisión realizada por personas ajenas a la empresa. De ahí que existan situaciones en las cuales esta forma de empresa es la más eficiente, a pesar de los inconvenientes mencionados.
25. Lo que puede desembocar en que el propietario no realice ciertas inversiones que según los criterios del mercado serían rentables para la empresa, y este problema se hace más agudo cuando los beneficios se extienden más allá de la jubilación del empresario.
2) Sociedades
En términos generales el análisis de las empresas individuales también es apli- cable a las sociedades. Aquí, con los recursos de varias personas que pasan a ostentar la condición de socios, se compensan las limitaciones financieras de la propiedad individual. También pueden proporcionar la oportunidad de disminuir los costes de asumir riesgos, puesto que cada propietario puede invertir una pro- porción menor de su riqueza en la empresa.
Como contrapartida, en las sociedades surgen los problemas de la propiedad co- mún, ya que por lo general los socios son al mismo tiempo los acreedores residuales de la empresa y los que toman las decisiones, pero las desventajas de la combina- ción de estas dos funciones aumentan a medida que es mayor el número de socios.
Por el principio que se da en la producción en equipo, y que fue examinado en el capítulo cinco, las consecuencias que tienen las acciones de los socios sobre la riqueza de la empresa recaen sobre los socios como equipo, más que sobre cada uno de ellos individualmente.
Por esta razón no es frecuente que las sociedades sean organizaciones grandes, con un número elevado de socios, salvo en el caso de las sociedades profesionales que se caracterizan porque el activo más importante que los socios aportan a la empresa es su propio capital humano, más que capital financiero.
Fama y Jensen (1985) resaltan, como un caso particular de las sociedades, a las organizaciones de servicios profesionales en las que sus miembros son propie- tarios y trabajadores. Estas sociedades presentan algunas singularidades como es el hecho de que el capital no humano llega a ser poco importante en cuanto a su participación en el conjunto del total de activos de la empresa, correspondiendo los recursos físicos en su mayoría a recursos generales, y no a recursos específicos de la empresa, como puede ser el caso de una clínica, un gabinete de economistas o un despacho de abogados.
Generalmente la supervisión de las tareas no plantea aquí problemas, porque el trabajo se suele desarrollar en equipo y la reputación profesional de los miembros supone un fuerte incentivo para prevenir las malas prácticas. Además, en estos casos, estas empresas cuentan con la participación de los profesionales-socios para establecer los objetivos, de tal manera que esto facilita el nivel de compromiso indispensable entre miembros de la organización y objetivos que deben ser alcan- zados.
Estas singularidades permiten que las sociedades profesionales de gran tama- ño presenten indudables ventajas con respecto a sus similares de tamaño bajo o medio, por las economías de escala que generan y por la seguridad que aportan a sus miembros.
No obstante, lo anterior, los costes de agencia que aparecen en las sociedades de profesionales están directamente relacionados con el número de socios y la
ubicación de la sociedad en diferentes lugares geográficos. Algunas medidas de corrección son aquí: 1) establecer un período de prueba antes de incorporarse al grupo como socio de pleno derecho; 2) por medio de una comisión compuesta por socios de la empresa, supervisar los resultados y la renegociación periódica de la participación de todos los profesionales.
En resumen, las sociedades (incluidas las profesionales cuando son grandes) de- ben enfrentarse a problemas de agencia relativamente costosos que en las empresas competentes se compensan con los beneficios derivados de operaciones a gran esca- la. Si bien las economías de escala pueden variar según el tipo de empresa.
3) Corporación cerrada
En esta forma organizativa los contratos que especifican la titularidad son más restrictivos. Los accionistas o propietarios suelen ser personas que tienen una relación especial con los propietarios-gerentes, como es el caso de amigos o de parientes, mientras que en las sociedades “individuales” la titularidad está gene- ralmente restringida al propietario.
En estas empresas, los problemas de agencia derivados de la separación entre la propiedad y el control no surgen con demasiada fuerza, puesto que la elección de los accionistas se limita a personas que convienen a la sociedad, y que además están relacionadas con ella.
Los acreedores residuales de una corporación cerrada tienen una responsabili- dad limitada que hace disminuir el coste del riesgo que tienen que soportar.
Este tipo de organización presenta el inconveniente de que no puede benefi- ciarse completamente de la posibilidad de que los individuos se especialicen en asumir riesgos o en la gestión. Y a medida que aumenta el número de propietarios gestores aumenta el problema de la propiedad común.
Las acciones de una corporación cerrada ni se valoran ni se intercambian en los mercados financieros, puesto que los contratos residuales limitan la transferencia de acciones. Como la empresa no tiene valor en el mercado bursátil, cuando uno de los socios quiere desprenderse de la propiedad que le corresponde en la corpora- ción, vendiendo sus acciones, los costes de transacción derivados de esta operación pueden ser altos. Esto puede influir en las decisiones de inversión, como ya seña- lamos antes, y desanimar a los propietarios a realizar inversiones que elevarían el valor de mercado de la empresa.
Según Fama y Jensen (1985: 118) “las propiedades individuales, las (pequeñas) sociedades y las corporaciones cerradas, así como las empresas de servicios, cons- tituyen el método más directo para controlar los problemas de agencia que surgen en el proceso de toma de decisiones”.
La titularidad residual de este tipo de organizaciones está implícita o explí- citamente restringida a los agentes que toman las decisiones empresariales. Esta
restricción evita los costes de control de los problemas de agencia que surgen entre los agentes que toman las decisiones y los que ostentan la condición de principal o acreedores residuales; si bien, como contrapartida, en la organización se pro- ducen algunas ineficiencias al asumir el riesgo residual, y surge la tendencia a la subinversión. Como resultado de ello, las propiedades individuales, las pequeñas sociedades y las corporaciones cerradas, no seguirán, por lo general, las reglas y las indicaciones del mercado en su toma de decisiones, en la misma medida en la que lo harán las grandes sociedades anónimas, que, si bien tendrán mayores problemas de agencia, ganarán en los demás aspectos aquí revisados.
“El tipo de organizaciones examinado sobrevive a pesar de sus ineficiencias cuando los costes de agencia que se ahorran al restringir los títulos residuales a los agentes que toman las decisiones, son superiores a los costes correspondientes a las inversiones no realizadas y a las ineficiencias para soportar el riesgo residual.”
(Fama y Jensen, 1985: 118)
5.2.2. Formas en que las decisiones empresariales no están restringidas a quienes son titulares del residual
1) Corporación abierta o sociedad anónima
Este tipo de corporación domina la producción a gran escala en los países de economía industrial avanzada. La ventaja relativa de esta forma empresarial es consecuencia de la estructura de los títulos que fomentan las inversiones arries- gadas a gran escala.
El paquete de acciones de una sociedad anónima, que es la que tiene menos restricciones en cuanto a titularidad residual, minimiza los posibles conflictos que pudieran surgir entre la maximización de la utilidad por parte de los accionistas- propietarios y la maximización del valor de mercado de la empresa.
Cuando las acciones se valoran de manera no sesgada y se negocian a un bajo coste en el mercado de valores, los propietarios de la corporación pueden comprar y vender sus acciones intercambiándolas por otros títulos financieros para hacer coincidir la distribución en el tiempo de su flujo de caja con sus pautas preferidas de consumo. Lo que hará que la preocupación de los propietarios se centre en la maximización de su utilidad o del valor de sus acciones.
Siguiendo a Alchian (1984: 117), tenemos que: “Cuando los precios de las ac- ciones reflejan que la información está disponible y es relevante, cuando estas acciones se compran y venden en el mercado sin incurrir en costes de transac- ción, y cuando el mercado de capitales es perfectamente competitivo, los flujos de consumo que un accionista puede realizar en períodos futuros están sometidos únicamente a la restricción de su riqueza total, presente y futura. Los intereses de