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CONCLUSIONES

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UNA VISIÓN DE TEORÍA DE JUEGOS

IV. CONCLUSIONES

un determinado país y no el otro?

Conociendo este planteamiento,

¿EE.UU.no querría también actuar como la UE? Si los dos países ac- túan como líderes y piensan que

«el otro» país será seguidor, nun- ca conseguirán un equilibrio esta- ble en el sentido de Stackelberg.

Entrarán en una guerra de precios hasta que uno de ellos se rinda al liderazgo del otro (7). Para los paí- ses, la conducta estratégica gene- ralizada no conduce al mejor re- sultado posible.

Otra cuestión es que si ningu- no decide actuar como líder, nos encontraríamos de nuevo en el di- lema del prisionero, donde nadie tiene incentivos a reducir las emi- siones.

Finalmente, hay que tener en cuenta en todos los procesos des- critos la existencia de costes de transacción. El que las empresas o los países tengan que someter- se a disciplinas en las cuales no tengan experiencia (por ejemplo, la Bolsa del mercado de emisio- nes) implica un proceso de apren- dizaje muy costoso que puede ver- se agravado con el surgimiento de nueva normativa. Esto modifica la matriz de pagos a lo largo del tiempo y, en este caso, puede pre- sentar mejores resultados esperar y aprender de los errores de los primeros en ajustarse a los límites de emisión. Sin embargo, liderar el camino hacia un futuro bajo en emisiones emitirá una clara señal de preocupación por la equidad intra e intergeneracional que mo- tivará un cambio hacia la acepta- ción del establecimiento de medi- das que limiten las emisiones en los demás países, incluidos los paí- ses en desarrollo.

En esta línea de pensamiento, la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático asume que la transferencia de tec- nología entre países es un elemen-

to clave para lograr frenar el cam- bio climático. Los próximos 7-18 de diciembre de 2009 se celebra- rá en Copenhague una nueva cumbre de Naciones Unidas sobre Cambio Climático en la que se ne- gociará un nuevo protocolo que sustituya al de Kioto (el cual expi- ra en 2012) y que suponga un de- finitivo compromiso para evitar el cambio climático (8). La propia Convención Marco sobre Cambio Climático afirma que será necesa- ria una innovación tecnológica, así como una rápida y extendida transferencia y aplicación de tec- nologías, y en particular de los co- nocimientos técnicos necesarios para la mitigación de las emisio- nes de gases de efecto invernade- ro. Destaca que esta tecnología deberá ser respetuosa con el me- dio ambiente y permitir un desa- rrollo sostenible.

Por su parte, la Unión Europea parece dispuesta a asumir su pa- pel de líder en este cambio al anunciar que, independientemen- te del resultado de las negociacio- nes, se compromete a buscar una Europa altamente eficiente desde el punto de vista energético y con bajas emisiones, con la esperan- za de que sea un escenario gana- dor al hacerla más competitiva.

Además, el nuevo Gobierno esta- dounidense anuncia una apuesta fuerte por el uso de energías re- novables y el mayor respeto hacia el medio ambiente, lo que contri- buye a esperar una mejor predis- posición a cumplir los acuerdos que se adopten en Copenhague.

En definitiva, Copenhague supo- ne un reto y una oportunidad pa- ra el medio ambiente.

fique y el Protocolo sea efectiva- mente ratificado y cumplido.

En primer lugar, debemos tener en cuenta que estamos ante un problema de dimensión suprana- cional y que, dado el principio de soberanía nacional, las leyes inter- nacionales (o acuerdos vinculan- tes) son el instrumento fundamen- tal de cooperación. Sin embargo, en el tema medioambiental no hay ningún organismo supranacional que vigile y/o facilite el cumplimen- to por parte de los países firman- tes. Sólo en el caso de la Unión Eu- ropea hay cierta vigilancia, a través del establecimiento de multas si no se alcanzan los objetivos de reduc- ción en la contaminación previs- tos, y se impulsa su cumplimien- to generando el Comercio Europeo de Derechos de Emisión (ETS).

En segundo lugar, para que un tratado de este tipo tenga éxito en el cumplimiento por parte de los países participantes debe ser individualmente racional —es de- cir, ninguna parte del tratado de- be ganar retirándose de él o in- cumpliéndolo— y colectivamente racional, es decir, las partes no pueden ganar colectivamente mo- dificándolo. Además, el tratado debe ser percibido como legítimo y justo.

Por tanto, la cuestión es ser ca- paces de diseñar un tratado que haga que los países, para maximi- zar beneficios, se adhieran a sus reglas sin otra posibilidad (10). Pe- ro el Protocolo de Kioto no es un tratado de pleno alcance, ya que no tiene una participación com- pleta de países y está falto tanto de mecanismos concretos de cum- plimiento como de incentivos pa- ra dicho cumplimiento.

La solución a estas dificultades pasa, desde nuestro punto de vis- ta, por superar los problemas plan-

teados por los mecanismos pre- vistos hasta la fecha (fundamen- talmente, la imposición de multas o el comercio de derechos de emi- sión), pues tal como se han desa- rrollado se han mostrado inefi- caces para superar el dilema del prisionero. Es necesario aplicar otro tipo de incentivos. Creemos que estos incentivos deben ser fundamentalmente tecnológicos;

la inversión en I+D+iha de ser uno de los pilares de las acciones en la lucha contra el cambio climáti- co, y debe existir un cierto núme- ro de países que tomen la iniciati- va y asuman los costes iniciales de esa innovación para que el resto, animados por los beneficios de los primeros, también adopten dichos cambios, en este caso, a un coste mucho menor. Nos encontraría- mos en este caso ante un modelo de Stackelberg líder-seguidor.

En este caso, los países líderes, concienciados de la necesidad de luchar contra el cambio climático y conscientes de que con el mo- delo actual la estrategia de los paí- ses es «no cooperar», toman la iniciativa en esta lucha. Por ello, invierten para conseguir mejoras tecnológicas y productivas que asumimos, por un lado, sean más respetuosas con el medioambien- te y, por otro, consigan mejores rendimientos productivos, lo que repercutirá en mayores niveles de

PIBy PIBper cápita, esto es, con- tribuirá a largo plazo a potenciar el crecimiento económico. El res- to de países, los que no están dis- puestos a realizar el desembolso inicial —bien porque no creen en la necesidad de luchar contra el cambio climático o bien porque, por su menor nivel de desarrollo económico, no están capacitados para realizar dichas innovacio- nes—, terminarán usando los pro- ductos y las tecnologías de los más avanzados por un único mo- tivo fundamental: es más eficien-

te económica y energéticamente.

Aunque no tengan en cuenta los beneficios medioambientales, la cuestión es que, si cambian la tec- nología, estaremos consiguiendo también esa protección y lucha contra el cambio climático busca- da inicialmente. Será un efecto añadido, pero, al fin y al cabo, se- rá el objetivo buscado.

Por tanto, desde nuestro pun- to de vista, lo más probable es que la situación final sea un cambio en la matriz de pagos, en los be- neficios de la reducción de las emi- siones, generado por la conjun- ción de todas y cada una de las razones aquí descritas. Una ma- yor contaminación general, que se conjugará con el desarrollo de tecnologías limpias y el desarrollo de medidas económicas más efi- cientes y eficaces que las puestas en funcionamiento hasta el mo- mento.

NOTAS

(1) En este apartado se sigue el plantea- miento expuesto en RIERAet al.(2005: 225- 249).

(2) Si bien es cierto que hay organismos que supervisan la consecución de los objetivos establecidos en el acuerdo, no tienen poder para penalizar su incumplimiento. Al menos en el ámbito medioambiental, y mientras to- das las economías más influyentes no hayan firmado los acuerdos, es difícil que se intro- duzcan medidas penalizadoras. Es posible que en otros ámbitos sí podamos encontrar ca- sos de penalizaciones. Por ejemplo, en el ám- bito de acuerdos comerciales y económicos, como la UE, donde la adopción del euro co- mo moneda nacional sólo puede lograrse si el país integrante de la UE cumple una serie de requisitos. Podríamos encontrar más casos en el ámbito de acuerdos de comercio internacio- nal (como la OMC) o de seguridad nacional (co- mo la OTAN).

(3) Los datos parecen ratificar este avan- ce. La Administración Nacional Oceánica y At- mosférica de los Estados Unidos (NOAA), orga- nismo del Gobierno de EE.UU. dedicado, entre otras cuestiones, a la medición de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera, ha confirmado que este gas se está acumulando mucho más rápido de lo esperado. Desde 1970 hasta 2000 la concentración de CO2en la atmósfera alcan- zó 1,5 ppm por año, pero desde 2000 se in- crementa cada año una media de 2,01 ppm, el doble que hace cincuenta años.

ESTRATEGIAS ANTE KIOTO: UNA VISIÓN DE TEORÍA DE JUEGOS

PAPELES DE ECONOMÍA ESPAÑOLA, N.º 121, 2009. ISSN: 0210-9107. «ECONOMÍA Y CAMBIO CLIMÁTICO»

(4) De hecho, es una de las justificacio- nes con contenido económico, y no sólo éti- co y moral, que se esgrime como argumento del comportamiento reductor de emisiones por parte de muchos países, a pesar de encon- trarse inicialmente ante un dilema del prisio- nero.

(5) Si bien es cierto que el modelo de Stac- kelberg fue concebido como modelo referi- do a cantidades (como el de Cournot), es po- sible encontrar que el propio autor habla simplemente de estrategias. Así, STACKELBERG

(1961: 218) habla de que «Sólo cuando uno de los dos duopolistas trata de lograr su posi- ción independiente y el otro su posición de- pendiente… entonces sus planes económicos se sintonizan… A este tipo de duopolio le he- mos llamado duopolio asimétrico».

De forma similar, hemos encontrado lite- ratura de autores que, revisando a STACKELBERG, tampoco se ciñen exclusivamente a liderazgo en cantidad (o en precios, como se ha puesto de manifiesto en otras versiones del modelo líder – seguidor). Por ejemplo, DOWRICK(1986:

260) establece que no es esperable una solu- ción Cournot o Stackelberg si las empresas

—en nuestro caso países— tienen historias, costes y desarrollos similares, caso que, si ele- gimos la UE y países menos desarrollados, no sería el nuestro.

(6) Aunque los juegos consecutivos tam- bién pueden representarse a través de una ma- triz de pagos, suele hacerse a través de un ár- bol, que refleja más claramente que uno de los jugadores actúa primero y el otro elige su estrategia sabiendo lo que elige el primero.

(7) STACKELBERG(1961: 221) ya habla de la posibilidad de que uno de los duopolistas realice una política de expulsión, intentando que el otro no cubra costes y tenga siempre pérdidas, con lo que se vería obligado a aban- donar el mercado. Pero si el segundo también persigue el mismo intento, entonces, dice Stac- kelberg, tenemos la competencia ruinosa. Co- mo la política de expulsión es muy costosa pa- ra el duopolista que la emplea, la victoria corresponde al que la pueda resistir durante más tiempo.

(8) Esta cumbre supone la continuación de los trabajos de Bali (Hoja de Ruta). Se es- pera que acudan 170 países y quizá sea el mo- mento de dar el empuje definitivo para lograr que los países se impliquen verdaderamente

en esta lucha contra el cambio climático. En la Convención Marco de Cambio Climático, las partes del anexo II (países desarrollados) «to- marán las medidas necesarias para promover, facilitar y financiar, según proceda, la transfe- rencia de tecnologías y conocimientos prácti- cos ambientalmente sanos, o el acceso a ellos, a otras partes, especialmente a las que son paí- ses en desarrollo, a fin de que puedan aplicar las disposiciones de la Convención.»

(9) Dichas dificultades se darían incluso en el caso de que todos los países partiesen de una situación idéntica y diesen la suficiente im- portancia al futuro.

(10) Otros tratados relativos al medio am- biente que sí han tenido éxito, como el de Montreal, establecieron mecanismos para obli- gar a los países a reducir las emisiones de CFC (cloro-fluoro-carbonados), como por ejemplo limitación del comercio entre países firmantes y no firmantes, ayudas a países para introdu- cir tecnologías limpias de dichos elementos contaminantes, etcétera.

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I. INTRODUCCIÓN (*)

LL

A atmósfera permite la vida en nuestro planeta. Ciertos gases, denominados de efec- to invernadero (GEI), hacen que la temperatura sea superior a la que se daría en su ausencia. Este efec- to natural se ha visto reforzado en los dos últimos siglos debido a la quema de combustibles fósiles y a los cambios en el uso de la tierra, fenómenos ambos ligados a la re- volución industrial, que han pro- ducido un incremento de la con- centración de GEIen la atmósfera.

Desde finales del siglo XIX la tem- peratura media de la superficie de la Tierra ha aumentado 0,6 ºC. El Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC) de Nacio- nes Unidas concluye, en su cuar- to informe de evaluación (IPCC, 2007), que es muy probable que la mayor parte del aumento de temperatura desde mediados del siglo XX se deba a la mayor con- centración de GEIantropógenos.

Las proyecciones de emisiones pa- ra final de siglo indican que la tem- peratura puede aumentar de 1,1 a 6,4 ºC respecto a 1990.

Intentar solucionar el proble- ma del cambio climático es un re- to formidable por varias razones.

Así, la estabilización de la concen- tración de GEIen la atmósfera a niveles que permitan limitar el au- mento de temperatura a dos o tres grados respecto a los niveles preindustriales exige un cambio radical del sistema energético, da- do que el cambio climático está íntimamente relacionado con la transformación y el uso de la ener- gía en nuestras sociedades. La ac-

tual dependencia de los combus- tibles fósiles ha de desaparecer, pasando a instaurar un sistema energético con baja intensidad en gases de efecto invernadero.

En segundo lugar, el cambio cli- mático es un problema a escala mundial, ya que el efecto de las emisiones de GEIsobre la atmós- fera se produce con independen- cia del emplazamiento de la fuen- te de emisión. Ello hace necesario un acuerdo internacional volunta- rio que resuelva el problema típi- co de «usuario gratuito» (free ri- der), es decir, el incentivo de cada país a no hacer sacrificios de re- ducción de emisiones y, sin embar- go, beneficiarse de las reduccio- nes realizadas por otros países.

Hoy en día, por ejemplo, las emi- siones de GEIde China ya superan a las de los EE.UU., por lo que las políticas de lucha contra las cau- sas del cambio climático sólo se- rán efectivas a largo plazo si cuen- tan con la participación de las principales economías del mundo, incluyendo no sólo los miembros de la OCDE, sino también los gran- des países emergentes del Sud- este Asiático y de Latinoamérica.

En tercer lugar, el cambio cli- mático es un problema que afec- ta a varias generaciones, debido a la enorme inercia del proceso de cambio. Ello introduce no sólo una gran incertidumbre en la mo- delización y el estudio científico del cambio climático, permeando todas las disciplinas involucradas, sino también importantes dificul- tades ligadas al estudio económi- co de las distintas opciones con- sideradas. Una ilustración es el

Comisión Europea mentos de la política europea de cambio cli-

mático, incluyendo el paquete del clima y la energía de 2007 y el «Libro Blanco sobre adap- tación al cambio climático» de 2009. En el apartado III, se ilustra de qué forma se han uti- lizado diversos modelos tipo energía-econo- mía-medio ambiente (E3) para diseñar las po- líticas europeas; en concreto, se analiza la Comunicación donde se define la postura de la Comisión Europea ante la cumbre de Co- penhague que se celebrará en diciembre de 2009.

Palabras clave: política de cambio climá- tico, gases de efecto invernadero, mitigación, adaptación, modelos energía-economía-me- dio ambiente.

Abstract

The European Union is a global leader in policy for fighting climate change. Following an introduction, the second section of this paper gives an overview of the main components of European climate change policy, including the 2007 climate and energy package and «The 2009 White Paper: Adapting to climate change». In section three there is a review of how the different energy-economics-environment type models (E3) are used for the design of European policy, including an analysis of the Report discussing the definition of the European Commission's position regarding the Copenhagen summit which will take place in December 2009.

Key words: Climate change policy, green- house gas effect, mitigation, adaptation, energy- economics-environment models.

JEL classification: Q53, Q54.

papel que juega la tasa de des- cuento al estimar en valor presen- te los beneficios que tendrán lu- gar en el futuro lejano. Asimismo, la existencia de no-linealidades e irreversibilidades complica toda- vía más el estudio del cambio cli- mático.

Para afrontar el problema, se pueden llevar a cabo dos tipos de políticas: por una parte, la políti- ca de mitigacióno reducción de las emisiones de GEI, que preten- de atacar las causas del problema;

por otra, la política de adaptación al cambio climático trata de mini- mizar las consecuencias de éste, aprovechando además al máximo sus efectos positivos.

La Unión Europea (UE) es líder a escala mundial en la política de lucha contra el cambio climático.

La UEtiene el objetivo de limitar el aumento de temperatura medio mundial a 2 ºC, respecto a los ni- veles previos a la revolución indus- trial. Ello significa que la concen- tración de GEIen la atmósfera se debería estabilizar en un rango de 450 a 500 ppmv, en unidades de CO2-equivalente. A su vez, para lo- grar este objetivo de concentra- ción, es necesario que las emisio- nes mundiales de GEIse estabilicen hacia el año 2020, es decir, den- tro de una década aproximada- mente. Hay que notar que en el horizonte del año 2050 el objeti- vo de reducción de emisiones mundiales respecto a los niveles de 1990 es muy significativo, del orden del 50 al 80 por 100 (1).

La necesidad de evaluar de ma- nera cuantitativa, aunque con to- das las precauciones inherentes a la modelización de sistemas econó- micos, el impacto de las políticas climáticas ha renovado el interés por un grupo de métodos de eva- luación integrada conocido como modelos E3(energía-economía-am- biente) (Hidalgo, 2005). La meto-

dología se diseña con el propósito de intentar representar las relacio- nes que existen entre los sistemas energético, económico y medioam- biental, incluyendo muy frecuente- mente una doble vertiente técnico- económica. Los modelos así creados facilitan el análisis comparativo de escenarios alternativos. Aunque la componente predictiva de los mo- delos quede muy comprometida en el medio y largo plazo, la compa- ración entre escenarios homogé- neos e internamente coherentes en sus variables macroeconómicas y tecnológicas da una idea realista del impacto diferencial de las hipótesis introducidas sobre un escenario de referencia, y permite realizar estu- dios de sensibilidad sobre los pará- metros. Los modelos E3se utilizan para estudiar temas como los efec- tos medioambientales a largo pla- zo de los patrones actuales de pro- ducción y consumo de energía, las consecuencias del agotamiento de los recursos energéticos fósiles y la evolución futura de las tecnologías energéticas sobre el crecimiento económico, y para entender cómo pueden afectar las políticas energé- ticas y ambientales al sistema eco- nómico general.

El objetivo de este artículo es doble: por una parte, analizar los elementos centrales de la política europea de lucha contra el cam- bio climático y, asimismo, ilustrar el uso de modelos técnico-econó- micos para fundamentar dichas políticas.

El presente artículo recoge, en el apartado II, los elementos prin- cipales de la política europea de cambio climático, tanto en mate- ria de mitigación de emisiones como de adaptación; en el III, se presenta el análisis de impacto ex- antede distintas opciones para lo- grar el objetivo de los 2 ºC, con políticas mundiales que suponen objetivos de reducción ambicio- sos en el horizonte 2030.

II. LA POLÍTICA EUROPEA

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