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El debate conceptual

In document de economía española (página 152-161)

PRECIOS, COMPETENCIA Y MEDIO AMBIENTE

II. RESULTADOS DE LA LIBERALIZACIÓN

1. El debate conceptual

1.2. Eficiencia asignativa

La eficiencia asignativa se refiere a que los pro- ductos se destinen a aquellos usos en los cuales su valor sea el mayor. De ese modo, se maximiza el va- lor de los recursos disponibles de forma coherente con la maximización del bienestar social.

La clave para alcanzar la eficiencia asignativa se encuentra en que los precios reflejen los costes mar- ginales de los productos y recursos. De ese modo, solamente se consumirán productos ahí donde su valor exceda su coste. Esto no se aplica exclusiva- mente sobre los consumidores finales, sino también sobre los consumidores industriales.

En un sistema regulado, el regulador no dispone de información sobre el nivel de los costes margina- les, sino solamente sobre el nivel de los costes to- tales. Evidentemente, el regulador puede desarrollar estudios sobre el nivel de los costes marginales de cada actividad, pero no es una cuestión prioritaria, y la credibilidad de las respuestas que obtiene se ve disminuida por el amplio margen de incertidum- bre que acompaña a dichas estimaciones.

El que las tarifas reflejen los costes medios o los costes marginales de suministro no tiene implicación alguna sobre el nivel de recaudación. Las tarifas siem- pre deben ser suficientes, y es posible diseñar tari- fas que reflejan los costes marginales de suminis- tro y que recuperan cualquier nivel de recaudación que se desee. Por lo tanto, el pasar de unas tarifas basadas en costes medios a unas tarifas basadas en costes marginales no tiene por qué tener impacto alguno sobre el nivel de recaudación.

En contraste, en un sistema eléctrico organizado alrededor de un mercado liberalizado, es mucho más probable que los precios que ven los consumidores reflejen los costes marginales de suministro.

— El precio del mercado mayorista revela, de for- ma natural y directa, el coste marginal asociado con la producción de electricidad. No son precisos mo- delos técnicos de despacho ni supuestos más o me- nos valerosos sobre el coste de producción que pu- dieran poner en duda la precisión o el valor de la estimación. El coste marginal de producción se pue- de trasladar, de forma objetiva y matemática, a las tarifas integrales o de suministro de último recurso, si el regulador lo desea.

— En un mercado completamente liberalizado, la presión por conseguir clientes implica que los co- mercializadores se esforzarán por adaptar su ofer- ta a las necesidades y patrones de consumo de sus clientes, buscando formas de permitirles optimizar su consumo para así poder atraerles con promesas de descuentos. El resultado es una oferta comer- cial donde, por ejemplo, los periodos horarios refle- jan con mayor precisión las pautas de consumo de cada consumidor, y con ello el coste incremental del consumo de cada consumidor.

— En un sistema de mercado liberalizado, los comercializadores tendrán incentivos a adaptar su oferta comercial a las condiciones de mercado en cada momento. Si el precio del mercado mayorista se reduce, reducirán sus propios precios para evitar perder consumidores, mientras que si el precio del mercado mayorista se incrementa, incrementarán sus propios precios para evitar incurrir en pérdidas.

RESULTADOS DE LA LIBERALIZACIÓN DE LA GENERACIÓN ELÉCTRICA

PAPELES DE ECONOMÍA ESPAÑOLA, N.º 121, 2009. ISSN: 0210-9107. «ECONOMÍA Y CAMBIO CLIMÁTICO»

CUADRO N.º 11

EFICIENCIAS OBTENIDAS EN EMPRESAS DESREGULADAS VS. EMPRESAS REGULADAS

Concepto Evolución Impacto económico diferencial en

Costes laborales

Costes de operación, excluyendo combustibles

La evolución de estos costes muestra una mayor eficiencia en las jurisdicciones desreguladas que en las reguladas, especialmente en las reguladas con propiedad municipal/fede- ral/cooperativa.

La evolución de estos costes muestra una mayor eficiencia en las jurisdicciones desreguladas que en las reguladas, especialmente en las reguladas con propiedad municipal/fede- ral/cooperativa.

Coste en las jurisdicciones desreguladas:

— un 3-5% inferior que en las reguladas con propiedad privada.

— un 6% inferior que en las reguladas con propiedad municipal/federal/cooperativa.

Coste en las jurisdicciones desreguladas:

— un 3-5% inferior que en las reguladas con propiedad privada.

— un 12% inferior que en las reguladas con propiedad municipal/federal/cooperativa.

Fuente: K.R. Fabrizio et al.(2007: 1250-1277).

En contraste, en un sistema regulado, la revisión de las tarifas es un proceso altamente politizado, y los distintos gobiernos buscan formas de evitar incre- mentar las tarifas, aunque los costes de suministro se hayan incrementado, ante el temor cierto de que el partido de la oposición lo utilice para atacar al par- tido en el gobierno.

Por lo tanto, en un sistema eléctrico organizado alrededor de un mercado liberalizado, es mucho más probable que los precios que ven los consumidores reflejen los costes marginales de suministro que en un sistema en el cual las actividades estén todas ellas reguladas.

La configuración del mercado también tiene un impacto desde el punto de vista medioambiental.

Por norma general, los costes medios son muy infe- riores a los costes marginales en horas punta, por lo que las tarifas basadas en costes medios tienden a subestimar el coste de suministro real, especialmen- te en horas punta. A esto se añade el hecho de que, mientras que en un sistema regulado las empresas no tienen incentivos a fomentar la interrumpibilidad (se reduce el consumo, y con ello su compensación), en un sistema liberalizado las empresas comerciali- zadoras investigarán y promoverán todos aquellos esquemas que lleven a una reducción del coste de suministro, incluyendo la interrumpibilidad, y no so- lamente de grandes consumidores industriales.

El resultado es que en un sistema regulado se pro- duce un exceso de consumo en las horas punta, en comparación con un sistema de mercado liberaliza- do. Esto tiene dos implicaciones relevantes para es- ta discusión.

— En un sistema regulado es necesario disponer de una mayor capacidad de generación en el siste- ma para atender esa mayor demanda, lo cual supo- ne un despilfarro de recursos.

— Las centrales utilizadas para atender el consu- mo en punta tienden a tener un nivel de eficiencia energética inferior al de las centrales de llano por va- rias razones. Al funcionar pocas horas, no suelen ser objeto de grandes inversiones, y su flexibilidad en la puesta en marcha y la parada implica consumos de combustibles asociados que reducen su eficiencia.

Por todo ello, las centrales que funcionan para atender la demanda en punta tienen un consumo de combustible mayor, y con ello, generalmente, un mayor impacto medioambiental, que el de las cen- trales de valle o base.

Por lo tanto, en un sistema liberalizado los pre- cios que perciben los consumidores tenderán a re- flejar mejor los costes marginales de suministro, lo que implica una mayor eficiencia asignativa (10).

1.3. Riesgo moral (11)

En un mercado, las empresas toman sus decisio- nes de inversión en función de sus expectativas del precio de mercado –equilibrio futuro entre oferta y demanda. Obviamente, esta expectativa está suje- ta a multitud de riesgos (p.ej., demanda, costes, ob- solescencia tecnológica, etc.), los cuales son ampli- ficados por la larga vida útil de los activos.

A pesar de este entorno de riesgo, la dinámica competitiva en un mercado correctamente diseña- do crea los incentivos para que las inversiones de las empresas sean eficientes, tendiendo a crear un par- que de generación que se adecue a las preferen- cias de los consumidores, y minimizando el precio del mercado y, por tanto, el coste para los consumi- dores. Efectivamente:

— Una expectativa de déficit de capacidad (p.ej., por crecimiento de la demanda o fin de la vida de centrales) implica precios elevados. Con éstos, la ren- tabilidad esperada de una inversión aumenta, ha- ciendo ésta viable. Así, habrá inversiones hasta el punto en el que desaparezca la expectativa de dé- ficit de capacidad y, con ella, la de precios elevados (hasta el punto en que el precio esperado iguale el coste de entrada). Esta contención de precios, pro- pia de la dinámica del mercado, es claramente efi- ciente.

— Una situación de exceso de capacidad sería igualmente ineficiente, ya que supondría utilizar re- cursos por encima de la valoración de los consumi- dores. ¿La respuesta del mercado? La expectativa de exceso de capacidad implica precios bajos. Con és- tos, la rentabilidad esperada de una inversión se re- duce, haciendo ésta inviable. Así, es muy improba- ble que haya inversión hasta que la expectativa de exceso de capacidad y, con ella, de precios bajos ha- ya desaparecido (nuevamente, hasta el punto en que el precio esperado iguale el coste de entrada). La contención de la inversión ante una expectativa de exceso de capacidad, propia de la dinámica del mer- cado, es claramente eficiente.

Por tanto, un mercado crea los incentivos para que las inversiones sean eficientes. Esto no significa que a lo largo del tiempo no se produzcan episodios

de excesos/déficit de capacidad (la inversión se de- cide con base en expectativas, las cuales no siempre se cumplen), pero sí que las empresas tengan fuer- tes incentivos a minimizar estas situaciones, de lo que resulta un parque de generación y un precio en media optimizado a lo largo del tiempo.

Otro incentivo creado por el mercado es la rápi- da adopción de nuevas tecnologías, independiente- mente de que sean o no necesarias adiciones de ca- pacidad. Efectivamente, en la medida en que una nueva tecnología tenga una estructura de costes tal que resulte eficiente invertir en ella, habrá empresas que la desarrollen aunque su entrada signifique el des- plazamiento de centrales existentes, la pérdida de in- versiones aún no recuperadas o incluso la creación de un exceso de capacidad. Esto también es eficiente.

En contraposición, un entorno regulado no pue- de crear señales a la inversión tan fuertes: las deci- siones de inversión de las empresas se basan en los criterios del regulador (imbuidos en las reglas de re- conocimiento de inversiones, en la planificación ad- ministrativa de la generación, etc.), los cuales son inevitablemente imperfectos.

a) Los criterios del regulador no necesariamente reflejan adecuadamente la valoración de los consu- midores. Cómo determinar con criterios de eficiencia (coste vs.valoración del consumidor) cuál debería ser el margen de reserva o qué valor dar a la seguridad de suministro. En este sentido, es de destacar que en los últimos años del MLEel margen de reserva llegó al 35 por 100 (en 1996), un valor difícilmente justifica- ble. En el caso de EE.UU., a mitad de los años setenta y en un entorno totalmente regulado, el margen de reserva se situó por encima del 30 por 100 y la utili- zación media de las centrales de carbón por debajo del 50 por 100, valores igualmente injustificables (The NorthBridge Group, 2008: 23).

b) El regulador puede tener incentivos que le ha- gan desviarse del mejor resultado posible para los consumidores. En este sentido, los siguientes son ca- sos bien conocidos:

— Incentivo a la sobreinversión para evitar ser culpabilizado en caso de problemas de suministro.

Como evidencia empírica, considerar en España el caso de la moratoria nuclear o, en EE.UU., los casos de exceso de inversión en nucleares de los años 70 (coste de la ineficiencia estimado de 150.000 M$

a valor 2007). Este sobrecoste se tradujo en un in- cremento innecesario en las tarifas de los consumi- dores (The NorthBridge Group, 2008: 17-18).

— Incentivo a asumir objetivos de corto plazo a costa de objetivos de medio/largo plazo. Como evidencia empírica, cabe considerar nuevamente el caso de EE.UU., donde se observa una tendencia en las jurisdicciones reguladas a invertir en centra- les de carbón, frente a las desreguladas, en las que la tendencia es invertir en ciclos combinados de gas natural (The North Bridge Group, 2008: 39).

Así, mientras que los mercados estarían conside- rando los costes futuros asociados al cambio cli- mático (visión de más largo plazo), las jurisdiccio- nes reguladas estarían considerando tan sólo la contención de tarifas (visión cortoplacista —emi- ten un 30 por 100 más de CO2— y riesgo de que en el futuro la inversión en centrales de carbón sea irrecuperable).

Que sean las empresas quienes decidan y asuman el riesgo es preferible a que sea el regulador quien decida y los consumidores quienes asuman el ries- go, ya que las empresas en un mercado tienen los incentivos para una mejor toma de decisiones. Es- to resulta especialmente relevante en situaciones co- mo la actual, caracterizada por:

— una significativa incertidumbre (evolución de la demanda, combustibles, etc.), y

— una significativa necesidad de inversión selec- tiva (objetivos de renovables vs.capacidad hidráu- lica / térmica de respaldo, y cambio en los criterios tradicionales de selección de tecnologías).

1.4. El mercado maximiza la flexibilidad de las decisiones, reduciéndose el coste de errores

Otro factor diferencial en cuanto a eficiencia entre un mercado y un entorno regulado es la flexibilidad y rapidez en adaptarse ante cambios del entorno eco- nómico (p.ej., demanda, costes de inversión, de com- bustibles, etc.). Efectivamente, en un entorno regula- do las decisiones de inversión tienen un importante componente administrativo y burocrático (permisos, reconocimientos, elaboración de planificaciones, etc.);

el regulador tiene una cierta «lejanía» respecto a las condiciones económicas reales, y la remuneración de las actividades y la fijación de las tarifas a consumido- res finales corren el riesgo de guiarse por un conjun- to de objetivos diferentes de los de la propia eficiencia.

Esto, combinado con el problema de incentivos antes descrito, hace que la flexibilidad/rapidez en adaptar inversiones en un entorno regulado sea me-

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PAPELES DE ECONOMÍA ESPAÑOLA, N.º 121, 2009. ISSN: 0210-9107. «ECONOMÍA Y CAMBIO CLIMÁTICO»

nor que en un mercado. En este sentido, la eviden- cia empírica resulta reveladora. En EE.UU., entre 1998 y 2001 las condiciones eran muy favorables para la entrada de ciclos combinados y se produjo de he- cho una fuerte inversión. A partir de 2001 estas con- diciones cambiaron: el spreadgas-electricidad se re- dujo hasta hacer ineficiente nueva entrada. Mientras que la respuesta a este cambio en las jurisdicciones desreguladas fue cancelar el 78 por 100 de la capa- cidad con entrada planificada para 2003, en las ju- risdicciones reguladas dicha cancelación fue de só- lo el 37 por 100 (The North Bridge Group, 2008:

51). Claramente, dado que el regulador garantiza la recuperación de costes de las inversiones en los es- quemas regulados, eso implica que el exceso de in- versión se repercute en los consumidores, quienes no tienen otra opción que financiar de inversión, a pesar de tratarse de centrales innecesarias.

2. ¿Es distinto el sector eléctrico?

Como se ha visto a lo largo de los epígrafes an- teriores, tanto la teoría como la evidencia desacon- sejan un retorno a un sistema regulado o interve- nido. La superior eficiencia productiva y asignativa, junto a la transferencia de las mismas a los consu- midores forzada por la dinámica competitiva, hace que los precios que finalmente llegan a los consu- midores sean a lo largo del tiempo menores en el caso de un mercado que en el caso de un entorno regulado, siempre que no existan elementos distor- sionadores tales como el déficit de tarifas.

Desde los sectores defensores de la intervención del Estado en el funcionamiento del mercado eléctri- co se presentan los siguientes argumentos que inten- tan ofrecer una visión particular del sector eléctrico:

la electricidad no es almacenable, todas las tecnolo- gías reciben el mismo precio y existen tecnologías ago- tadas. Sin embargo, como se demuestra a continua- ción, estos argumentos o bien son falsos o bien no son característicos sólo del sector eléctrico.

2.1. La electricidad no es almacenable

Uno de los argumentos que más recurrentemen- te se utilizan para justificar que el sector eléctrico es especial es que la electricidad no es almacenable. Es- ta afirmación no es cierta, ya que la electricidad se pue- de almacenar directamente en pilas y baterías de ma- yor o menor tamaño. Así, por ejemplo, la electricidad se puede almacenar en los sistemas de acumulación de calor; de forma transformada, en centrales de bom-

beo, o en multitud de sistemas similares (p.ej. de aire a presión), aunque en estos casos sea necesario trans- formar de nuevo esa energía en electricidad.

Pero es que, en realidad, no solamente sí es po- sible almacenar la electricidad, y bajo diversas for- mas, sino que existen muchos otros sectores de ac- tividad en los cuales el producto realmente no es almacenable, y no por ello se pone en duda la razo- nabilidad de apoyarse en un modelo de mercado pa- ra atender las necesidades de los consumidores. És- te es el caso de cualquier sector de actividad, por ejemplo, en el cual es necesaria la presencia física del consumidor para proporcionar el servicio. Por ejemplo, no se pueden almacenar y acumular viajes de trenes o aviones vacíos para que los consumi- dores los puedan consumir cuando deseen, y no por ello se considera que sea necesaria la intervención del Estado en la provisión de estos servicios.

2.2. Deben coexistir distintas tecnologías

En ocasiones se aduce que el mercado eléctrico es especial porque en dicho mercado deben coexis- tir diversas tecnologías con estructuras de costes muy distintas. En efecto, coexisten centrales con funcio- nes de costes muy dispares, desde centrales nuclea- res o hidroeléctricas, con costes fijos elevados pero costes variables bajos, hasta centrales de fuel o tur- binas de gas, con costes fijos bajos pero costes va- riables elevados.

Sin embargo, la coexistencia de distintas tecno- logías no es específica del sector eléctrico. En el sec- tor de los hidrocarburos (petróleo, gas natural, etc.) también coexisten diferentes tecnologías para ob- tener el producto. El sector agrario y el del trans- porte se constituyen también como ejemplos muy claros.

Los escépticos con el mercado eléctrico señalan también, como característica especial de éste, que supuestamente evidenciaría un fallo de mercado que justificaría la intervención: el hecho de que todas las tecnologías que compiten en el mercado reciben el mismo precio del mercado, a pesar de que las dis- tintas tecnologías tienen costes potencialmente muy distintos.

En este sentido, es necesario resaltar que cual- quier mercado es marginalista. Así, en los mercados mayoristas de naranjas, el gas o el petróleo, también todas las unidades negociadas en un mismo mo- mento obtienen el mismo precio. Esto, de hecho, in-

duce a los agentes a escoger aquella tecnología que tenga el mínimo coste, y el proceso competitivo ha- ce que ese mínimo coste se traslade al consumidor como un menor precio.

En efecto, si se retribuye a todas las centrales so- bre la base del mismo precio (el precio marginal), cada tecnología tenderá a recuperar única y exclu- sivamente sus propios costes (12). Esto ocurre por- que aunque las distintas tecnologías tienen distin- tos costes de inversión, también obtienen márgenes totales distintos, tanto porque funcionan un núme- ro diferente de horas como porque sus costes varia- bles son distintos y el precio del mercado es diferen- te en diferentes momentos. La demostración formal es tediosa, motivo por el cual no se reproduce aquí, pero el resultado es intuitivo, ya que al remunerar a todas las centrales según el producto (el kWh) que proporcionan en cada hora, los inversores tienen in- centivos a suministrar el producto con la tecnología de mínimo coste, para así maximizar sus beneficios.

Asimismo, la presión competitiva hace que el esfuer- zo de los generadores por maximizar sus beneficios se traduzca en menores costes de suministro y me- nores precios para los consumidores.

Por el contrario, intervenir los ingresos de los ge- neradores, discriminando entre tecnologías, distor- siona los incentivos y las decisiones de los genera- dores con respecto al óptimo social que se alcanza con un precio horario uniforme para todas las tec- nologías. Por lo tanto, si la solución no interven- cionista es la solución de mínimo coste, intervenir en los ingresos de los generadores discriminando los

pagos según las tecnologías llevará necesariamente a una solución ineficiente y a mayores costes para los consumidores.

2.3. Hay tecnologías «agotadas»

Finalmente, también se critica al sector eléctrico bajo la premisa de que hay tecnologías «agotadas»

que no ejercen presión competitiva, y que ello per- mite que las centrales existentes obtengan benefi- cios excesivos que el regulador debería supuesta- mente expropiar. Estas tecnologías serían la hidráulica y la nuclear; la primera, por no existir emplazamien- tos disponibles para nuevas centrales, y la segunda, por no estar actualmente permitida la construcción de nuevas centrales nucleares.

Con respecto a la alegación de que la tecnología hidroeléctrica está agotada, se trata claramente de una falsa premisa. La muestra de ello es que los da- tos del Plan de Energías Renovables 2005-2010 de España (PER2005-2010), elaborado por el IDAE, in- dican que la mitad del potencial hidroeléctrico en España sigue sin aprovechar, por lo que difícilmen- te se puede clasificar como una tecnología «agota- da». Así, en su apartado de análisis de los recursos hidroeléctricos, se mostraba un potencial técnica- mente desarrollable de 65.600 GWh/año, frente a los 31.600 GWh/año desarrollados en la actualidad (cuadro n.º 12). También es destacable la realización de algunos proyectos nuevos en el mercado ibéri- co entre los que destaca la construcción por Iberdro- la en Portugal del complejo hidroeléctrico del Alto

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CUADRO N.º 12

POTENCIAL HIDROELÉCTRICO EN ESPAÑA (GWh/AÑO)

CUENCA POTENCIAL

ACTUALMENTE DESARROLLADO

POTENCIAL DE FUTURA UTILIZACIÓN

TOTAL POTENCIAL TÉCNICAMENTE DESARROLLABLE

POTENCIAL FLUVIAL

BRUTO Aprovechamientos

medianos y grandes Aprovechamientos

pequeños Total

Norte...

Duero ...

Tajo...

Guadiana...

Guadalquivir ...

Sur de España ...

Segura ...

Júcar...

Ebro ...

Pirineo oriental...

Total cuencas...

10.600 6.700 3.900 300400 200100 1.200 7.600 31.600600

9.300 4.200 4.200 300500 100600 1.000 7.000 27.300100

2.700 600600

—300 300100 1.400400 6.700300

12.000 4.800 4.800 300800 400700 1.400 8.400 34.000400

22.600 11.500 8.700 1.200600 600800 2.600 16.000 1.000 65.600

31.280 29.400 16.540 3.830 10.410 2.740 2.090

7.490 40.060 3.520 150.360

Fuente: IDAE (2005).

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