• No se han encontrado resultados

Conclusiones

In document Un siglo de cambios (página 59-65)

A lo largo de este capítulo hemos realizado un pequeño recorrido por algunas de las características básicas de la población española durante la primera mitad del siglo xx, con el objeto de ponernos en antecedentes de los cambios que se producirán en la segunda mitad. Aun simplificando en exceso, podemos resumir estos ras- gos como sigue:

1. Población joven que prácticamente no ha iniciado la transi- ción demográfica y que se pondrá en marcha en estos años, sin que esté culminada medio siglo después.

2. La estructura de la población cuenta con un peso mayor de los jóvenes que en la actualidad y además se encuentra distribui- da de forma más uniforme sobre el territorio, especialmente si contemplamos esta característica desde los estándares actuales.

3. Analfabetismo muy elevado —dos terceras partes de la po- blación no sabían leer ni escribir en 1900— que irá redu- ciéndose de forma paulatina, pero con fuerte discrimina- ción por razón de sexo.

4. Comienzan a detectarse movimientos migratorios del cam- po a la ciudad, de la montaña al llano y del interior al li- toral, pero todavía muy reducidos en comparación con las décadas venideras.

5. Economía eminentemente agrícola. Todavía la mitad de los activos en 1950 eran agrarios, con escaso desarrollo indus- trial y servicios personalizados característicos de las econo- mías tradicionales. La estructura de la población activa es- taba muy alejada de la de los países industrializados a esas alturas del siglo.

maPa 1.9:Participación de la mujer en la población activa, 1900-1950

a) 1900 b) 1950

Porcentaje

Hasta el 5 ]5,0 - 10]

]10 - 25]

]25 - 50]

Más del 50

Porcentaje

Hasta el 5 ]5,0 - 10]

]10 - 25]

]25 - 50]

Más del 50

Fuente: INE y elaboración propia.

Cincuenta años es un período de tiempo relativamente largo, de forma que la evolución no fue en absoluto uniforme. Nues- tra evolución no sólo fue tardía, sino que además ni siquiera fue constante. Como señala Tortella (1999) nuestra modernidad no se inició hasta la segunda década del siglo xx y se truncó en la tercera. Desde mediados de los años treinta, la Guerra Civil pri- mero y la autarquía después afectaron a la práctica totalidad de factores que definen la población activa: a las tasas de natalidad y de mortalidad, a la composición por edades, a la capacidad de la economía para incorporar activos, etc. o sea que, apenas iniciada nuestra transición demográfica y cierto grado de modernización económica, quince años fatídicos, entre 1936 y 1950, truncaron el proceso. Hubo, pues, posibilidad de otra evolución, pero se que- bró por los avatares de nuestra historia política y social.

La dinámica de la población impuso, pese a todo, su inercia y provocó cambios de suficiente relevancia. El primero, el propio crecimiento que se produjo a partir de una suave pero permanen- te caída de la tasa de mortalidad, que se unió al mantenimiento de la tasa de natalidad en niveles más altos de lo que cualquier otra transición demográfica ha tenido. El resultado, una compo- sición de edades a mitad del siglo xx, más joven de lo habitual en esas fechas en el entorno internacional. El segundo, el avance de la urbanización. Si a principios de siglo apenas un tercio de la po- blación vivía en ciudades de más de 10.000 habitantes, a mediados lo hacía más de la mitad. Por el contrario, si en 1900 un 12,1% de la población residía en municipios de menos de 1.000 habitantes, en 1950 lo hacía solamente un 6,9%.

Naturalmente ello acentuó las diferencias regionales. La he- terogeneidad de situaciones a mediados de siglo es mayor que la de partida en todos los órdenes: composición por edades, grado de urbanización, niveles educativos, distribución de la población activa, etc. Aunque los movimientos migratorios interprovinciales que parecieron despertar con el siglo no llegaron a sostener el ritmo inicial, sí provocaron cambios como para situar el punto de partida de las transformaciones posteriores en un escenario distinto. Fueron las provincias castellanas del norte, las gallegas y las aragonesas, junto con otros casos aislados del este y del sur, las que lo sostuvieron, pero el campo andaluz mantuvo un peso

demográfico excesivo que lo convertiría en poco tiempo en un potencial humano de primer orden para los grandes cambios que se producirían en la segunda mitad del siglo. La transformación de España en un país urbanizado, industrial y moderno, que pudo haberse iniciado un cuarto de siglo antes, se pospuso hasta la se- gunda mitad de siglo para iniciarse en los sesenta y no culminar sus cambios hasta finales del siglo xx.

[ 63 ]

Los años de la fractura territorial.

España en los censos de 1960 y 1970

L

oS cambios más importantes en la distribución de la población sobre el territorio tuvieron lugar tras la aprobación, en 1959, del Plan de Estabilización. Fueron, pues, cambios derivados de la transformación económica. España no había superado todavía, o sólo marginalmente, los traumas derivados de la Guerra Civil y la Segunda Guerra Mundial, con sus secuelas de autarquía y margi- nación de los escenarios internacionales. Como hemos visto en el capítulo anterior, España era un país atrasado y eminentemente agrícola. La presencia de la mujer en la vida social y económica era prácticamente testimonial. Los niveles educativos de la pobla- ción eran todavía muy bajos. Pero, como corresponde a una socie- dad en la que el peso de las actividades agrícolas y ganaderas era importante, la distribución de la población sobre el territorio era relativamente homogénea en 1960, especialmente si lo miramos desde los parámetros actuales.

En este capítulo revisamos, a la luz de los censos de los años 1960 y 1970, la situación de la España de hace más de cuarenta años. Como ya indicamos en el capítulo 1, nos detendremos en cuatro grandes bloques. En el primero de ellos, esbozaremos las características demográficas de la población, atendiendo a dos parámetros clave, edad y sexo. En el segundo, el interés se detendrá en la cualificación de la población, tomando como referente no sólo los niveles elementales de instrucción sino también el otro extremo de la cualificación, los estudios supe- riores. El tercer bloque se destinará a proporcionar indicadores de movilidad geográfica de la población, ahora con un mayor nivel de detalle. El cuarto cerrará nuestro recorrido, conside- rando determinados rasgos clave del mercado de trabajo en esos años. Por último, al final del capítulo se proporcionan las principales conclusiones.

2.

In document Un siglo de cambios (página 59-65)