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Qué conocimiento se fomenta y valora? ¿Dónde queda la equidad? 49

In document CONOCIMIENTO PARA LA EQUIDAD SOCIAL (página 127-133)

¿Qué conocimiento se fomenta y valora? ¿Dónde queda la

En nuestro contexto se relaciona la equidad con dar a cada uno lo que se merece, sin exceder o disminuir, en función de sus méritos o condiciones. Con la justicia, con la imparcialidad y el respeto en el trato, teniendo en cuenta las diferencias. Se contrapone a la noción de desigualdad. Pero la experiencia y el estudio nos informan de que el reconocimiento de los méritos y el trato - incluso ante la justicia en países democráticos - están muy relacionados con las condiciones personales, sociales y culturales de partida.

Es decir, con el capital económico, social y cultural (Bourdieu, 1986), porque como argumenta el periodista Manuel Vicent52, el código postal es mucho más importante en nuestra sociedad (siempre lo ha sido, incluso antes de que existieran los códigos postales como tal), que el código genético.

De este modo, si en nuestras sociedades existe una profunda falta de equidad (igualdad, justicia) en los aspectos relacionados con lo que Handy (1997) denomina el hambre (necesidad) menor, que tiene que ver con las cosas que sustentan la vida, los bienes, los servicios y el dinero que se requiere para pagarlos. La brecha es todavía más profunda, de unas dimensione colosales, en lo que se refiere al hambre mayor, a la necesidad de contar con algún tipo de comprensión sobre el propósito de la vida.

Algo que ha motivado a un amplio grupo de poblaciones antes marginadas, como las mujeres, algunos grupos raciales y étnicos, los pobres, las personas con necesidades educativas especiales, a buscar lugares donde poder reescribir su historia. Es decir, donde poder producir información, reflexionar sobre ella, desarrollar la capacidad de discernimiento y discriminación respecto a la información, de jerarquizarla, de ordenarla, de maximizarla, en forma de discurso o de dispositivo tecnológico, social, político y económico, que favorezca a todas las poblaciones, no sólo a las mejores situadas.

Pero la satisfacción de esta hambre mayor, no se encuentra en la posibilidad de utilizar tecnologías producidas por otros, para sus propios propósitos y para mantener y aumentar su riqueza y poder53. Sino en la de contar con las condiciones para plantearse el conocimiento, en todas sus acepciones, que posibilite el bienestar de todos los seres humanos y el del hábitat que nos acoge.

Principales transformaciones académicas y científicas acaecidas en la sociedad de la información ante la creciente masificación de las tecnologías digitales

En los últimos 40 años el imparable desarrollo de las tecnologías digitales ha convertido el contexto social y cultural en general, y el ámbito científico y académico en particular, en paisajes irreconocibles. Si pienso en las primeras investigaciones que realicé - a finales de la década de 1970 - para las que sólo tuve acceso, a través de librerías y bibliotecas, a unos cuántos libros y artículos, y el volumen de información, en todas las lenguas y de todos los lugares, que puedo consultar hoy, estoy viviendo en otro mundo.

52 Códigos. Nuestro domicilio es más importante que nuestra herencia biológica. http://elpais.com/

elpais/2015/10/03/opinion/1443886174_898584.html

53 Ver el programa La Sexta Columna. Los nuevos amos del mundo http://www.atresplayer.com/television/

programas/lasexta-columna/temporada-1/capitulo-167-los-nuevos-amos-mundo_2016120200694.html

A mitad del siglo pasado, pesadores como Harold Innis (en Tedesco, 1995) ya preconizaban que las nuevas tecnologías (se refería las electrónicas), alteraban la estructura de nuestros intereses, las cosas en las que pensamos; cambiaban el carácter de los símbolos, las cosas con las que pensamos; y transformaban la naturaleza de la comunidad, el área en la que se desarrolla el pensamiento. En este sentido, las tecnologías digitales de la información y la comunicación han maximizado cada uno de estos cambios. Pero como en todo desarrollo tecnológico, han surgido posibilidades y mejoras, pero también problemas y perjuicios.

Por ejemplo, la noción de ciudadanía glocal (Harth, 2010; Robertson, 2003) ha adquirido un considerable impulso, pero no sólo no ha descendido el racismo y la xenofobia, sino que parece un fenómeno en aumento. Los distintos dispositivos móviles conectados a Internet han aumentado nuestra capacidad de comunicación, pero los individuos parecen cada vez más aislados centrados en su pantalla. Podemos acceder a cantidades masivas de información, casi al tiempo que se produce, pero nuestra capacidad para seleccionarla, analizarla, interpretarla y darle sentido no ha crecido a la misma velocidad, lo que aumenta nuestro nivel de ansiedad y sensación de “no llegar”.

Sin olvidar el amplificador que esta red, en la que se puede lograr un alto grado de anonimato, representa para los llamados “odiadores”. Situación que llevó la siguiente portada en revista Time: Why we’re loosing the Internet to the culture of hate54.

Todo ello, me lleva a preguntar sobre el papel de la educación en este nuevo contexto.

Y, sobre todo, teniendo en cuenta que la visión tradicional es que el docente ha de saber lo que enseña antes de enseñarlo, por lo que la cuestión que me inquieta es cómo podremos acompañar a nuestros estudiantes por caminos que no conocemos y que se están creando a medida que los recorremos.

Rol de las instituciones académicas ante la aparición de nuevas

oportunidades de acceso al conocimiento y a la información a lo largo de la trayectoria de aprendizaje de las personas

Aunque llevo años dedicada al campo de la educación, una actividad que se caracteriza por ser altamente prescriptiva, a mí me cuesta mucho utilizar el verbo “debe”, sobre todo de forma general y fuera de un contexto. En primer lugar, porque como aprendí de George Edward Moore55, en nuestro campo, a menudo caemos en la “falacia naturalista”, que, en síntesis, consiste en equiparar falazmente lo que consideramos que “es bueno” con “lo deseado”, con “lo que satisface un deseo” o “lo que existe necesariamente”. En mi experiencia, esta forma de encarar los problemas educativos, a

54 http://time.com/4457110/internet-trolls/

55 Moore la utiliza en su Principia ethica. Cambridge, University Press, 1951 (primera publicación en 1903), aunque inicialmente fue planteada por el filósofo inglés Henry Sidgwick, que fue su maestro.

la que yo también llamo “ilusionismo legislativo y/o académico”, nos lleva demasiado a menudo a decidir cómo “deben” ser las cosas, sin reparar en todas las dimensiones implicadas en cómo son, las posibilidades reales de poner en práctica lo que decidimos que hay que hacer y sin lograr vislumbrar, y a menudo evaluar, las consecuencias de esas prescripciones. Demasiado a menudo, para mí, a análisis más o menos profundos y complejos de las realidades educativas, le siguen prescripciones tecnicistas y simplistas que no sólo no las mejoran, sino que las empeoran.

En segundo lugar, y profundamente relacionado con lo anterior, porque las decisiones sobre lo que “debe ser” suelen estar demasiado alejadas de lo que es y tomadas por quienes no las llevarán a la práctica. En muchas ocasiones sin escuchar, ni explorar los verdaderos problemas que enfrentan las personas en los diferentes contextos.

Dicho esto, junto con otros estudiosos y educadores, considero que, así como la imprenta supuso una transformación fundamental en la forma de representar, almacenar, divulgar y acceder al conocimiento, y tuvo un papel crucial en la forma de organizar la educación formal y en las formas de aprender; las tecnologías digitales comenzaron hace tiempo una gran revolución en todas estas dimensiones, hoy por hoy, con consecuencias inexploradas (Mcclintock, 1993; Sancho, 2001).

La realidad es que hoy las instituciones académicas, en general, están ancladas en el pasado y parecen tener dificultades, no sólo para crear el presente y el futuro, sino para entenderlo. Hoy la investigación y el desarrollo que mueven el mundo, hacia lugares que parecen vedados para una grandísima parte de la población -la brecha entre la riqueza y la pobreza no parece disminuir sino aumentar-, no está en la Academia, sino en lugares como Silicon Valley56. Un lugar desde el que se lanza el mensaje de que “La mayoría de las universidades del mundo van a desaparecer”57. Y se emite porque las empresas han comenzado a decir, que lo que se valora no son los títulos que uno tiene, sino lo que uno sabe hacer. Para sus propios propósitos, desde luego, en los que no están incluidos un grandísimo porcentaje de la población.

De ahí que lo que yo le preguntaría a la Academia es ¿qué es lo que sabes hacer?

¿Sabes preservar el pasado? ¿Sabes comprender el presente? ¿Cuál es tu papel en la configuración del presente? ¿Cómo contribuyes a la invención del futuro? Seguramente, después de contestarnos estás preguntas llegaríamos a la conclusión de que su papel ha de ser totalmente diferente. Pero la decisión de cuál “debería” ser, depende de la visión del mundo hacia donde queramos ir.

56 Ver el documental de la Sexta al que me he referido anteriormente.

57 El País. Entrevista a David Roberts.

Acceso a los nuevos recursos, contextos y oportunidades de aprendizaje y conocimiento asociados a las nuevas tecnologías de la información

Todos, supone todos los desafíos. Si observamos la historia de la humanidad, los desarrollos tecnológicos en los que se invierte más fondos, energías de todo tipo y

“materia gris” están en relación con la guerra, el poder y la destrucción; no con la paz, el progreso y el bienestar de todos los seres humanos y su entorno. Por mucho que se repita en los superficiales discursos sobre las maravillas de la tecnología digital. Los posibles efectos beneficiosos, en este caso de las tecnologías digitales, tardan en llegar a la población civil. Y cuando llegan, introducen una nueva ola de desigualdad entre los que tienen y los que no tienen. Cuando en muchas naciones se había conseguido casi un 100% de alfabetización, aparecen los analfabetos funcionales y digitales. Cuando la televisión era una pieza casi obligada en los hogares de muchos países, hay que invertir en un ordenador, un móvil, etc. Esto sin contar con la destrucción de puestos de trabajo y la producción de residuos de todo tipo difíciles de reciclar.

Pero la mayor desigualdad, como he avanzado, no está en el acceso a los artefactos, ni siquiera en su uso, que también, sino en la capacidad de los diferentes grupos para poder decidir el sentido del desarrollo tecnológico. Millones de personas en el mundo preferirían mucho antes invertir en una tecnología que posibilitase el acceso a agua potable en sus casas, que en el penúltimo artilugio móvil que quedará obsoleto en poco tiempo.

Conclusiones

Para mí lo importante del tener acceso a las “nuevas tecnologías de la información”

sería que nos permitiesen plantearnos y respondernos preguntas muy diferentes y emprender acciones muy distintas. Sobre todo, aquellas que benefician a la mayoría y no sólo a los “inversores” y los siempre ricos y poderosos. Sí, sé que es una utopía, una línea de horizonte que nunca alcanzaré, pero como al escritor Eduardo Galeano, a mí me ayuda a caminar.

Referencias bibliográficas

Bourdieu, P. (1986). The forms of capital. En J. Richardson (ed.), Handbook of Theory and Research for the Sociology of Education (241–258). Nueva York: Greenwood Press.

Handy, C. (1998). The Hungry Spirit: Beyond Capitalism: A Quest for Purpose in the Modern World.

Nueva York: Broadway Books.

Harth, C. (2010). Going Glocal: Adaptive Education for Local and Global Citizenship. Independent School, 70(1), 69–73.

Moore, G. E. (1951). Principia ethica. Cambridge: Cambridge: University Press.

Mcclintock, R. O. (1993) El alcance de las posibilidades pedagógicas. En R. O. McClintock, G. Vázquez, M. J. Streibel (coord.). Comunicación, tecnología y diseños de instrucción: la construcción del conocimiento escolar y el uso de los ordenadores (pp. 104-125). Madrid: CIDE-MEC.

Robertson, R. (2003). Glocalización tiempo-espacio y homogeneidad-heterogeneidad. En J. C. Monedero (coord.), Cansancio del Leviatán: problemas políticos de la mundialización (pp. 261-284). Madrid:

Trotta.

Sancho, J. M. (2001). Repensando el significado y metas de la educación en la sociedad de la información.

El efecto fractal. En M. Area (Coord.), Educar en la Sociedad de la Información (pp. 37-80). Bilbao:

Desclée de Brouwer.

Savater, F. (1998). Potenciar la razón. El País, 8 de diciembre. http://elpais.com/diario/1998/12/08/

sociedad/913071627_850215.html (08/12/98).

Tedesco, J. C. (1995). El nuevo pacto educativo. Madrid: Anaya.

Wamberg, S. y Donaldson, D. (2003). El País de Pinocho: Como decir la verdad en medio de una cultura de mentira. El Paso, TX: Editorial Mundo Hispano.

In document CONOCIMIENTO PARA LA EQUIDAD SOCIAL (página 127-133)