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Perspectiva de Ciclo de Vida, una aproximación global para una mejora local

In document CONOCIMIENTO PARA LA EQUIDAD SOCIAL (página 181-191)

Perspectiva de Ciclo de Vida, una aproximación global para una

Figura 1.

Impactos ambientales de productos de consumo doméstico, adaptado a partir de EC-JRC (2006)

Figura 2.

Top 10 causas de enfermedad y muerte prematura en Chile Perspectiva de Ciclo de Vida

Fuente: IHME, 2016.

A día de hoy está plenamente aceptado que las políticas, actuaciones y cuantificaciones ambientales deben darse teniendo en cuenta la perspectiva de ciclo de vida, es decir de la cadena completa de producción. No es pertinente enfocarse en una parte de la cadena, ya que esta mirada puntual puede llevar a trasladar los problemas ambientales a otros puntos aguas arriba o abajo del procesos analizado. Un ejemplo claro es el olvido en que a menudo ha caído el tratamiento de los residuos. Otra gran ventaja de la cuantificación ambiental en el marco de los Análisis de Ciclo de Vida (ACV) es su múltiple respuesta a los diferentes problemas ambientales. No se centra simplemente en un cálculo de una huella de carbono o huella de agua, sino que pretende abordar la globalidad de problemas ambientales, evitando de esta manera, también, el traslado de problemas de una categoría de impacto a otra. Por último, cabe destacar que la herramienta de ACV pretende una objetividad y transparencia en el análisis que se ve respaldada por las normativas ISO. El hecho que haya una norma consensuada facilita dichos análisis y los hace más convincentes.

Análisis de Ciclo de Vida

De acuerdo a la norma ISO 14040 (2006), un ACV es un proceso objetivo que permite evaluar las cargas ambientales asociadas a un producto, proceso o actividad, identificando y cuantificando el uso de materia y energía y emisiones en el entorno; todo ello con el objetivo de determinar el impacto que produce la utilización de estos recursos y las emisiones en el medio ambiente y llevar a cabo estrategias de mejora ambiental. Un ACV está estructurado en cuatro fases (figura 3).

Figura 3.

Fases de un estudio de Análisis de Ciclo de Vida de acuerdo a ISO 14040 (2016)

1. Definición de objetivos y alcance del estudio: en esta fase se define el tema de estudio y se incluyen los motivos para hacerlo. También en esta fase se establece la unidad funcional. La unidad funcional describe la función principal del sistema analizado proporcionando una referencia en relación a la que las entradas y salidas del sistema pueden ser normalizadas en un sentido matemático. Especialmente cuando se realizan ACVs comparativos, es muy importante asegurar la misma unidad funcional para ambos sistemas y tener en cuenta que dependiendo de qué y cómo se definen se pueden obtener resultados diferentes. Un ejemplo clásico en el sector agrario es la comparación de sistemas intensivos y extensivos o ecológicos. Si la unidad funcional es la hectárea los resultados irán a favor de la producción menos intensiva, si la unidad funcional o unidad de análisis es la producción, probablemente, los sistemas intensivos con una más alta producción saldrán menos contaminantes.

Debido a su principio de globalidad, un ACV completo puede resultar extensísimo.

La selección de los elementos que se incluirán en el estudio dependen de los objetivos de éste. Se entiende por límites del sistema o alcance del estudio la definición clara de qué es lo que incluye dentro del sistema estudiado y qué es lo que queda fuera (figura 4). Debe quedar muy claro lo que se elimina y por qué para mantener la transparencia. Varios factores determinan los límites del sistema, incluyendo la aplicación prevista del estudio, las hipótesis planteadas, los criterios de exclusión, los datos y limitaciones económicas y el destinatario previsto.

Figura 4.

Ejemplo esquematizado de alcance en un estudio de ACV

2. Inventario: incluye la recogida de datos y los cálculos para cuantificar entradas y salidas de cada uno de los procesos que se incluyen. De una manera resumida se puede expresar como una contabilidad ambiental incorporando en último término todos los flujos materiales y energéticos que provengan o vayan directamente a la naturaleza. Es la fase más trabajosa y que debe realizarse cuidadosamente para evitar incorporar errores que después puedan afectar a los resultados finales.

Cuanto más buenos sean los datos incorporados en el inventario tanto mejores serán los resultados.

Para realizar el inventario se toman normalmente datos de campo para las etapas principales, que debe obtener y/o calcular el propio analista. Estos son conocidos como datos primarios (ej. dosis de fertilizantes, operaciones de cultivo, emisiones en campo). Como datos genéricos (de una base de datos) se denominan a los recogidos en las etapas secundarias (ej. fabricación fertilizantes, producción de gasóleo, fabricación plásticos, etc.).

3. Análisis del Impacto: en esta fase se trata de convertir la información obtenida en el inventario, emisiones y recursos consumidos en impactos ambientales.

Comprende una serie de acciones obligatorias:

• Selección de categorías de impacto, indicadores y modelos.

• Clasificación: las diferentes intervenciones ambientales se agrupan en las categorías de impacto ambiental a las que pueden afectar.

• Caracterización: se evalúa el efecto total de las diferentes emisiones/recursos sobre cada una de las categorías de impacto ambiental en base a un modelo científico de caracterización (Ej. Según IPCC 1 g CH4 equivalen a 25 g CO2) que permite agregar todas las emisiones en un valor común (ej. kg eq CO2) y propio de cada categoría de impacto (ej calentamiento global).

Y unas acciones opcionales con el objetivo de presentar los resultados de una manera más simplificada:

• Normalización: con el fin de ver la relevancia de cada categoría de impacto los resultados de la caracterización se contrastan con respecto a un valor de referencia (Ej.: efectos sobre cada categoría de impacto producidos por una persona durante un día).

• Valoración: se establece el valor relativo de cada categoría de impacto ambiental, para poder priorizar las acciones que reduzcan los impactos ambientales más problemáticos en un momento y lugar determinados. A menudo termina con un único valor o índice, resultado de hacer una suma ponderada entre las contribuciones a todos los impactos ambientales. Este elemento del ACV implica que se introduzcan valores subjetivos en la metodología, porque no existe actualmente unos valores científicos de valoración y ponderación.

4. Interpretación: la interpretación es la fase de un ACV en la que se combinan los resultados del análisis del inventario con la evaluación del impacto. Los resultados

de esta interpretación pueden adquirir la forma de conclusiones y recomendaciones para la toma de decisiones. Permite determinar en qué fase del ciclo de vida del producto se generan las principales cargas ambientales y, por tanto, qué puntos del sistema evaluado puede ser o debe ser mejorado. En los casos de comparación de diferentes productos se podrá determinar cuál presenta un mejor comportamiento.

El hecho de haber llevado a cabo una cuantificación rigurosa nos puede iluminar en muchos aspectos. Por ejemplo, no siempre los traslados de productos son situaciones ambientales más críticas que las producciones locales o las consumidas fuera de temporada. Por tanto, las decisiones pueden ir encaminadas a eliminar el consumo de ciertos productos en épocas de año determinadas (ej. manzanas en primavera en el hemisferio Norte, fruta en países nórdicos) o simplemente apostar por un perfil de producción de energías renovables que baje el impacto a todos los productos que dependientes de ella.

Retos pendientes

La propia ambición de proporcionar una respuesta tan completa, la necesidad de información rigurosa y la relativa juventud de la herramienta nos conducen a una serie de retos todavía pendientes o en vías de solución, mencionaremos en este artículo alguno de los más relevantes:

a) Impactos globales versus impactos locales

Es importante distinguir entre lo que entendemos por impacto globales e impactos locales. En el primer caso el efecto de la emisión será a nivel mundial, es decir, independiente del lugar donde se produce la emisión. El ejemplo más conocido es el que corresponde al impacto del calentamiento global, las consecuencias de las emisiones de gases de efecto invernadero se producen a escala planetaria. En el segundo caso, dependiendo de la localización de las emisiones tendremos consecuencias más o menos graves. Tenemos ejemplos para los casos de impactos de eutrofización, uso del suelo, pérdida de biodiversidad. Para los impactos globales los modelos utilizados disponen de factores de caracterización comunes para todo el planeta; para impactos locales nos interesan modelos que tengan en cuenta la regionalización, por tanto con factores de caracterización específicos por áreas geográficas. En este sentido el proyecto LC- IMPACT del año 201667 ha significado un gran avance en el desarrollo de dichos modelos.

Esta necesidad de regionalización nos conduce a otro de los grandes retos: la unidad de regionalización. A menudo, por la disponibilidad de información, las unidades

67 Ver el proyecto LC-Impact version 0.5. A spatially differentiated life cycle impact assessment Report en www.lc-impact.eu

administrativas y políticas, acostumbran a ser las unidades más fácilmente susceptibles de proporcionar factores de caracterización. Sin embargo, se hace cada vez más evidente que si lo que se precisa son factores acordes a la naturaleza, las unidades de estudio deberán ser homogéneas entre sí y dependientes del impacto a analizar. Por ejemplo, si se pretende calcular impactos del uso/consumo de agua, parece razonable pensar en cuencas hidrográficas como unidades de análisis convenientes (Boulay et al., 2016).

Si, por el contrario, nos vamos centrar en biodiversidad o ecosistemas terrestres, la ecoregión resultará una unidad más adecuada (Antón et al., 2016). Este es un aspecto que, tanto para Chile como España, resulta especialmente obvio debido a las diferencias geoclimáticas propias de ambos países.

b) Necesidad de consenso

Otro importante reto se encuentra en la necesidad de consenso, hemos comentado que el ACV es una herramienta relativamente joven, lo que ha hecho que se hayan ido desarrollando diferentes métodos y criterios. Esto nos puede conducir a diferentes resultados, en este sentido, es importante destacar los esfuerzos que se están haciendo a nivel internacional para conseguir homogeneizar métodos. Podemos destacar aquellos procedentes del mundo académico, por ejemplo para unificar métodos de impacto de toxicidad (Rossenbaum et al., 2008) o emisión de pesticidas (Rossenbaum et al., 2015), así como las iniciativas que son conducidas a nivel institucional. Entre ellas cabe señalar la llevado a cabo por la “Life Cycle Initiative” de la UNEP-SETAC (Frischknecht et al., 2016), que pretende proporcionar consenso en los indicadores ambientales a utilizar.

c) Estudios comparativos

Si por un lado hemos comentado los beneficios de la perspectiva holística en cuanto a la cadena de producción completa y al estudio de los diferentes impactos ambientales, no podemos olvidar la complejidad inherente al tratamiento de tanta información diversa.

Por tanto, una de las consecuencias más importantes se pueden dar en el momento de hacer comparaciones entre procesos o productos. Es necesario estar seguros que se están siguiendo los mismos criterios y que estamos incluyendo la incertidumbre asociada al estudio realizado. La misma normativa ISO 14044 (2006) nos recuerda la necesidad de incluir análisis de sensibilidad e incertidumbre en la comparación, siendo, sin embargo, bastantes los estudios comparativos que todavía hoy se presentan sin estos resultados.

d) Ecoetiquetajes

Un nuevo y trascendental reto, todavía no bien resuelto, se refiere a la manera de comunicar al consumidor la buena gestión ambiental. Aparece el eco etiquetaje como una opción que permitiría abordar este aspecto comunicativo. Sin embargo, la profusión de “ecoetiquetas”, organismos y criterios, parecen, en este momento, sembrar más

dudas que aclaraciones. Queda, por tanto, un largo camino por recorrer para poder hacer partícipe al consumidor de la buena gestión ambiental.

e) Inclusión de los aspectos socioeconómicos

Nos hemos centrado aquí en los aspectos ambientales. Ahora bien, se hace necesario destacar que las decisiones políticas finales deberán ser tomadas no tan sólo teniendo en cuenta la mejor perspectiva ambiental, sino considerando la conjugación de las mejores opciones ambientales, económicas y sociales. Esto es lo que actualmente se conoce como sostenibilidad. La búsqueda de la óptima opción ambiental a escala planetaria deberá ir siempre acompañada de las políticas socioeconómicas imprescindibles para el bienestar de las poblaciones locales.

Conclusiones

Se puede concluir que el gran beneficio de la cuantificación ambiental realizada con un ACV, es la posibilidad de un mejor conocimiento de nuestro sistema productivo.

Este mayor conocimiento nos proporciona también pautas de mejora que, sin duda, es todavía muy amplia. Por último, no podemos olvidar la responsabilidad de construir un mundo mejor a partir de dicho conocimiento.

Agradecimientos

La autora Asunción Antón agradece el soporte a su investigación por parte del Programa CERCA de la Generalitat de Catalunya y, asimismo, expresa su gratitud a la organización Encuentros Chile, Barcelona 2016 por su invitación a participar en dicha jornada.

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El cambio climático y las islas de calor urbanas. Cambios de

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