¿La tecnología puede transformar la educación? Nuestra experiencia
Es evidente que Internet ha revolucionado el acceso a la información. Nuestros alumnos hoy ya no pueden aprender a partir de una única fuente de conocimiento, sea un libro o un maestro. Hay que repensar la escuela para que nuestros alumnos aprendan contextualizadamente, de manera relevante, con sentido, a partir de situaciones reales y de forma transdisciplinaria y colaborativa. La escuela debe ser un lugar para aprender juntos a partir de las habilidades y los conocimientos de cada uno de sus integrantes, con autonomía y creatividad y donde aprender sea una emoción, un reto que empuje a los alumnos a mantener una actitud constante de ilusión por aprender. En este sentido la tecnología ha sido el interruptor que ha posibilitado esta nueva manera de aprender y que ha cuestionado el rol del profesor. Pero el cambio educativo no puede venir únicamente de la tecnología sino que debe surgir de una verdadera reflexión y convencimiento por parte de todo el profesorado
En nuestra escuela, partiendo de este espíritu innovador y abierto, incorporamos la tecnología informática a principios de los años ochenta. Su uso se generalizó con la irrupción masiva de Internet a partir del año 2000. Ya en el curso 2009-2010 participamos en los programas 1x1 de la Generalidad de Catalunya, incorporando ordenadores personales para todos los alumnos de Secundaria y Bachillerato. La experiencia fue muy positiva y a partir del curso 2013-2014 se generalizó esta práctica a los dos últimos cursos de primaria y con materiales comunitarios compartidos por todas las etapas educativas.
¿Podemos asumir tal como se planteó en el debate, que la irrupción de la tecnología ha sido un elemento clave y determinante para el cambio de modelo educativo? En este sentido haciendo referencia a Cristóbal Cobo (2016) respecto a la pregunta de si la tecnología puede transformar las formas más tradicionales de enseñar y si ésta puede mejorar la forma de aprender, también emergen el cuestionamiento respecto a si las experiencias de innovación en educación son realmente escalables para poder extraer conclusiones significativas.
Para Neil Selwyn (2016) debemos ser más críticos con la tecnología. El autor plantea que podemos mejorar las escuelas con la tecnología, pero siendo muy conscientes de qué cosas se pueden hacer y qué cosas no se pueden hacer con ella. Los problemas en educación son muy complejos (sociales, económicos, etc.) y la tecnología no puede resolverlos todos. Además, concretaba Selwyn que los cambios en tecnología son lentos y se requiere tiempo para introducirlos y saber si estos cambios han sido o no exitosos. No se trata, por tanto, de una revolución, sino de pequeños cambios que deben llegar a ser sistémicos. No hay duda de que necesitamos la tecnología en las escuelas,
dijo Selwyn (2016), pero ésta no conlleva soluciones mágicas.
A partir del análisis de nuestra propia experiencia y también de otros centros del entorno, pensamos que la tecnología es un desencadenante del cambio pero no asegura el cambio educativo.
¿Cuál ha sido entonces el papel de la tecnología? Ella ha abierto la puerta al cambio pero no es el cambio. La tecnología y, especialmente Internet, han provocado un cambio en la educación, porque han desencadenado una transformación en el rol de la figura del profesor. La información ya no la tiene de forma exclusiva del profesor o del libro de texto. La información está más allá de las paredes del aula y mediante el proceso de aprendizaje se transforma en conocimiento del alumno. La figura del profesor como transmisor de la información se modifica y se pasa del protagonismo del profesor al del alumno. De esta forma, la misión de la escuela evoluciona desde el concepto de aulas para enseñar a aulas para aprender. Nuestras aulas han de ser espacios abiertos y receptivos, no solo a las informaciones que podemos encontrar en la nube, sino abiertas al entorno, para asegurar este aprendizaje continuo, invisible, del que habla Cristóbal Cobo y John Moravec (2011).
¿Cuál debe ser el nuevo rol del profesor?
Para Cobo (2016) el educador más que un facilitador debe ser un travel maker, que plantee al alumno nuevos problemas o situaciones. No debe ser un proveedor de contenidos, ni dar respuestas a preguntas que los estudiantes no se han planteado. El profesor debe provocar que los alumnos se planteen sus propias preguntas; debe generar confianza y aprender con ellos en un proceso de co-construcción.
En este sentido para Selwyn (2016) el profesor debe de ser un arquitecto, un diseñador que planifique y organice, decidiendo conjuntamente con los alumnos y con la ayuda de la tecnología.
Desde nuestra experiencia en Virolai, estamos convencidos de que la clave del cambio educativo está en la transformación del rol del profesor mediante la reflexión, el propio convencimiento y la formación aplicada que provoque cambios reales en las aulas. Necesitamos profesores que aprendan con los alumnos, que sean provocadores y motivadores del aprendizaje.
Estamos plenamente de acuerdo con Selwyn que dotar de recursos tecnológicos no es una política educativa que genere transformación y mejora educativa real y prueba de ello, son los recursos no utilizados o peor aún mal utilizados en muchos centros educativos que en realidad pueden provocar un retroceso en el proceso de mejora educativa. La clave del cambio educativo está en la transformación del rol del profesor mediante la reflexión y la formación aplicada que provoca cambios reales en las aulas. Necesitamos profesores, maestros que aprendan con los alumnos, que sean provocadores y motivadores de aprendizaje. Pero también creemos que la tecnología es
hoy imprescindible en el aula porque forma parte de nuestra vida y la escuela, el aula, han de ser parte de esa continuidad, parte de la vida. La clave del cambio educativo no es la tecnología en sí pero, en las aulas actuales es imprescindible como elemento transversal, como recurso casi invisible.
La tecnología favorece otros cambios educativos como un recurso, un medio más eficaz que otros recursos tradicionales. La utilización de recursos de gamificación nos permite utilizar los beneficios del feedback inmediato, plantear retos personalizados y reconocimientos que favorezcan la continuidad y la mejora del aprendizaje. También nos permite la autorregulación del aprendizaje por parte del alumno, aprender a distintos ritmos y, por supuesto, el probable uso educativo del Big Data como un elemento que favorezca la personalización del aprendizaje y ayude al profesor en resolver la atención a la diversidad en el contexto de una escuela inclusiva en la que todos aprenden y mejoren con distintos recursos y con distintos ritmos.
El verdadero cambio en la educación ha de centrarse en la formación de personas sólidas, de ciudadanos implicados. La educación debe asumir su capacidad de transformar el futuro y esto implica reforzar el rol del educador como acompañante del alumno en su proceso de crecimiento personal desde la ejemplaridad y desde el afecto y la emoción en la relación. Un educador que potencie valores como la creatividad, son vitales para los alumnos de hoy y para los ciudadanos del futuro. Ya no hay respuestas correctas, hay preguntas que provocan aprendizaje. El trabajo del educador se tendría que centrar en provocar que el alumno aprenda a gestionar la información con criterio para provocar la creación del lenguaje y pensamiento propio y así, provocar aprendizaje Hay que potenciar las actividades de aprendizaje social, en grupos cooperativos, el aprendizaje entre iguales, el aprendizaje en red. Y en el ámbito tecnológico tenemos que educar a los alumnos para que no sean simples usuarios digitales, sino consumidores críticos y creadores digitales que conozcan programación y tengan una actitud proactiva y critica frente la tecnología.
Como decía Dewey (1980) “la escuela no es la preparación para la vida, es la vida misma” (n.p.). La escuela es una escuela de vida y hay que fomentar el compromiso social frente al individualismo. Debemos asegurar que el alumno aprenda en un contexto, que el aprendizaje sea real, vinculado a la vida, más allá de los libros y las aulas cerradas. Un aprendizaje continuo, es aprendizaje real.
¿Y la evaluación? O como cerrar correctamente el proceso
Uno de los problemas que nos estamos planteando en los centros educativos es cómo garantizar la coherencia del cambio educativo generando un cambio real y sistémico del proceso de evaluación. Estamos en un momento de cambio de paradigma educativo en la escuela, pero esto no se traduce fácilmente en un cambio del sistema de evaluación.
En muchas situaciones, la pedagogía de la evaluación condiciona la pedagogía del aprendizaje. ¿Cómo avanzar en este ámbito? ¿Cómo pasar del Teach for test a un sistema de evaluación coherente con una nueva pedagogía del aprendizaje?
Como plantea Cristóbal Cobo (2016), necesitamos pasar de la evaluación vinculada a la cualificación a la evaluación del proceso de aprendizaje, menos invasiva y más integradora y formativa. Un sistema de evaluación que le proporcione al alumno, al profesor y al propio sistema, información de cómo mejorar. Por tanto la función de la evaluación no puede ser un elemento sancionador, sino que debe darnos información para poder mejorar el proceso de aprendizaje. Una información que, ante todo, sirva al alumno para hacerse responsable de su propio proceso de aprendizaje, para saber dónde está y por dónde debe avanzar. Y, además, una información que muestre a los educadores si las estrategias de aprendizaje elegidas tienen el resultado esperado o debe modificarlas y permita mejorar tanto a los alumnos, a los maestros y a la propia escuela. En este sentido la tecnología es una herramienta que puede ayudar a conseguir estos objetivos.
Selwyn (2016) añade que una evaluación 360º permite una evaluación más real, que pasa de tener únicamente datos a evaluar competencias, estableciendo que la educación es un proceso humano y no un proceso de datos.
En la escuela Virolai se apuesta por la idea de que la evaluación debe dar una imagen poliédrica, contextualizada, que aporte información para mejorar el proceso de aprendizaje. Nos debe aportar información sobre la capacidad del alumno para seguir aprendiendo. La evaluación debe ser un elemento motivador, de acompañamiento y de mejora. En contraste con la evaluación sancionadora que no motiva, ni favorece los vínculos emocionales que necesitan los niños y jóvenes para crecer mejor.
La evaluación juega un papel muy importante en nuestro sistema educativo y es una herramienta que permite medir hasta qué punto hemos logrado las metas de aprendizaje que nos habíamos planteado. A diferencia del enfoque que históricamente se ha utilizado –de una evaluación sumativa-, que evalúa al alumno a través de un examen final o bien mediante la presentación de un documento o trabajo, teórico o práctico, finalista, en forma de foto finish, que simplemente da información sobre la situación del momento y castiga los errores, en nuestra escuela hemos incorporado, desde hace cuatro cursos, la gestión del error como un elemento de fortalecimiento de la persona y también como un elemento de aprendizaje: el fracaso inteligente es la capacidad de aprender del error.
En este sentido la tecnología ha aportado recursos que facilitan un enfoque nuevo de la evaluación. Sin embargo, el cambio real en el sistema de evaluación tiene que venir de un verdadero proceso de reflexión y de un replanteamiento radical de la finalidad de la evaluación. En la escuela que la sociedad necesita hoy, se ha de aprender de manera diferente y también es necesario que se evalúe de manera diferente. Hay que incorporar nuevas formas de valoración y reconocimiento del alumno, que además de dar información sean motivadoras y favorezcan la propia implicación del alumno.
La evaluación debe incluir elementos cognitivos y no cognitivos y debe proporcionar una información poliédrica de las competencias del alumno. Porque los mecanismos de reconocimiento competencial se basan en valorar, en contexto real, no sólo los contenidos de las diferentes materias, sino, también el saber aprender y deben valorar las competencias intrapersonales e interpersonales que además son claves para favorecer el aprendizaje. La evaluación deberá incorporar pruebas personalizadas y no estandarizadas y, para ello, la tecnología es una gran ayuda.
Esta evaluación holística y global, debe incorporar como elemento clave la valoración del alumno y también la de todos los agentes educadores incluyendo la familia.
Conclusiones
Tal como hemos explicado, el verdadero cambio en la educación va más allá de la tecnología para centrarse en el rol del educador y en la formación de personas sólidas y ciudadanos comprometidos. En Virolai somos conscientes de la capacidad que tiene la educación para transformar el futuro y esto implica comprometernos para reforzar el rol del educador como acompañante del alumno en su proceso de crecimiento personal –desde la ejemplaridad y desde el afecto en la relación. El trabajo del educador se ha de centrar en provocar que el alumno aprenda a gestionar la información con criterio para provocar la creación del lenguaje y pensamiento propio, en definitiva la creación de aprendizaje.
Hay que potenciar las actividades de aprendizaje social, en grupos cooperativos, el aprendizaje entre iguales, el aprendizaje en red. Y en el ámbito tecnológico, tenemos que educar a los alumnos para que no sean simples usuarios digitales, sino consumidores críticos y creadores digitales que conozcan la programación y tengan una actitud proactiva y critica frente la tecnología.
La tecnología es una herramienta imprescindible en la escuela de hoy, aunque sus efectos son lentos, a largo plazo, y por sí solos no provocan el cambio educativo que debe venir del propio convencimiento de toda la comunidad educativa. Asimismo, no resuelve los grandes problemas de la educación como los problemas de desigualdad.
Debemos afrontar las problemáticas en educación antes que las soluciones tecnológicas, para que las escuelas sean mejores lugares de inclusión social.
Referencias bibliográficas
Cobo, C. (2016) Digital inclusión: can we transform education through technology. Presentación en la X Conferencia Internacional Encuentros Barcelona 2016. 27 de octubre de 2016. Libro de presentaciones en prensa
Cobo, C., y Moravec, J. (2011). Aprendizaje invisible. Hacia una nueva ecología de la educación.
Barcelona: UBe.
Dewey, J. (1980). The school and society (Vol. 151). USA: SIU Press.
Selwyn, N. (2016). Digital inclusion: can we transform education through technology. Presentación en la X Conferencia Internacional Encuentros Barcelona 2016. 27 de octubre de 2016. Libro de presentaciones en prensa