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De los costos y beneficios de seguir perteneciendo a la comunidad

CAPÍTULO IV. NEGOCIANDO LA PERTENENCIA: EXPERIENCIA Y

4.5 De los costos y beneficios de seguir perteneciendo a la comunidad

Como lo hemos analizado a lo largo de los capítulos, continuar perteneciendo implica responder a las obligaciones que se tienen como ciudadano, con las cooperaciones, el tequio y por supuesto, podemos asegurar que el cumplir con el servicio comunitario es de

las cuestiones más importantes que aseguran la continuidad como miembro activo de la comunidad. Ahora damos paso a algunas opiniones de los migrantes en relación al costo y beneficio que para ellos representa seguir siendo “santanero”:

4.5.1 La topofilia: amor al terruño

Hemos visto que la migración de “santaneros” pasa de ser mayoritariamente temporal a permanente, no obstante el amor a la tierra desde lejos parece mantenerse y hasta crecer.

Topofilia viene del griego topos, lugar o territorio, y philos, amor; es decir, “amor al lugar o al territorio”. Un sentido de pertenencia que alude a sentimientos que experimentan individuos por el lugar que los vio nacer y que simboliza el pasado, experiencias compartidas. “Topofilia es el lazo afectivo entre las personas y el lugar o el ambiente circundante” (Tuan, 2007: 13)

En relación a migrantes indígenas es común encontrar organizaciones en EEUU donde se concentran paisanos del mismo pueblo que trabajan en las mismas industrias y que viven en los mismos barrios, quienes al alcanzar una masa crítica, afirma Bada, es factible alcanzar la posibilidad de organizarse por identidad topofílica (Bada, 2013: 46). Es lo que comúnmente encontramos con comunidades oaxaqueñas y el caso de Santa Ana del Valle. En relación a ello, uno de nuestros entrevistados manifiesta:

“El nombramiento no es algo malo, es algo bueno, porque yo lo veo aquí con los americanos, donde tú naces es el lugar que tú quieres, tú quieres tu tierra. Yo creo que por el simple hecho de haber nacido allá tiene uno esa voluntad de dar algo por haber nacido allá, y eso es lo que yo digo, ese es mi pueblo, aunque no tuviera dinero tengo que dar algo por haber nacido en ese lugar, porque es un pedacito del corazón que está allá en el pueblo.

Entonces yo no miro que sea una carga, sino yo de corazón doy el servicio, desgraciadamente me hubiera gustado ir a darlo personalmente, pero por estar trabajando, la familia, los hijos no era posible […] y aquí en el trabajo si tú sales pierdes el trabajo, ya cuando regresas, otra vez a empezar desde abajo. Cada vez que voy a mi pueblo a visitar, miro las cosas que se han hecho, los cambios, y son buenos, me alegro, me da gusto porque se mira bonito, inclusive tengo a mi suegro por allá, cuando hablo con él le pregunto ¿cómo está?, ¿qué hay?, ¿qué está pasando?, ¿qué han hecho?, me gusta estar informado y a la vez estoy preguntando a las autoridades qué proyecto están haciendo”. (Entrevista Romualdo, 08 de febrero de 2014, Los Ángeles, CA).

Como Romualdo hay muchos migrantes que se vinculan con sus comunidades de

una fuerte referencia en la creación de una identidad colectiva entre migrantes. Es así que Jaime Luna señala que la comunalidad puede ser vivida y experimentada por cualquier persona que demuestre compromiso con la vida comunitaria y sus instituciones (asamblea, tequio y sistema de cargos). Como lo podemos ver en muchos migrantes “santaneros”.

El actual secretario municipal es ciudadano americano pero es la primera vez que regresa a cumplir con su servicio, ya que por el tipo de servicio tiene la obligación de ejecutarlo personalmente, anteriormente pagó todos sus cargos. Respecto a su situación familiar, tiene hijos mayores de edad con familias y ocupaciones diversas, así que asegura que aunque extraña a sus hijos, ya tienen una vida independiente, por lo cual no le costó mucho trabajo dejarlos, junto con él regresaron su hija pequeña de cuatro años, su esposa y su madre.

Su situación económica es estable, logró estudiar para chef y ascendió a un buen puesto de trabajo, mismo que le permitió regresar, pidiendo permiso por tres años. Ha comprado propiedades en Estados Unidos como casa y autos, la casa la rentó en un contrato por tres años y también alquiló una bodega donde resguarda sus pertenencias mientras vuelve. Estar en la comunidad para él significa tomarse unas vacaciones en su pueblo, al cual no iba hace años, así como disfrutar de la tranquilidad del mismo y dejar de lado su vida rutinaria de trabajo desde las 4 am a las 11 p.m.

Regresar al pueblo también le da la oportunidad de realizar y aprender cosas nuevas en el deber que tiene como secretario municipal, aunque se le dificulta la escritura y el idioma, él es quien tiene que hacer todo tipo de actas. No obstante, le emociona el reto y servir a su pueblo, piensa hacerlo lo mejor posible porque dice que le molesta mucho la burocracia, por ello piensa ser lo más eficiente y accesible para su pueblo. Aún y con las buenas intenciones y el compromiso que el secretario trae para con su pueblo, la gobernanza se dificulta “puesto que el cumplimiento de los cargos ya no es un proceso gradual, lo que podría implicar que se represente a la comunidad con poca o nula experiencia”. (Martínez, 2006: 227)

Por otro lado estar en su pueblo le otorga tomarse un respiro, pues la agitada vida que lleva en Estados Unidos no le ha concedido descansar por muchos años. Además, le

permite arreglar la casa que tiene en el pueblo pues, como la mayoría de casas de migrantes, solo están terminadas en obra negra. También le ha permitido reencontrarse con amigos y familiares y ver que los servicios que muchas veces pagó no equivalen a lo que costeaba, pues sólo los cargos del ayuntamiento requieren de tiempo completo en el municipio y el resto sólo es por unas horas y ciertos días, lo que le ha llevado a proponer que de ahora en adelante los servicios se paguen por hora.

Gabriel hace referencia a los beneficios que él encuentra al seguir colaborando con los servicios de la comunidad:

“Del noventa para acá me han tocado cuatro servicios, la primera vez, de vocal del alumbrado público, luego del comité de museo comunitario, el tercero en la capilla del rancho en el 2002 y en 2007 encargado de la casa turística, de los cuales sólo uno he cubierto personalmente, el primero lo hizo mi papá, el segundo lo hice yo, después un tío los cubrió por mí y le pagué 1500 dólares… Me beneficia porque, digo, no es solamente mi familia que vive allá, sino que la gente que son mis gentes, es de donde yo soy, donde yo nací, entonces me da gusto ayudar, porque yo lo veo de dos maneras, si yo no puedo cumplir, pago a alguien y le estoy dando trabajo a alguien. Ayudas en dos maneras, ayudando a cubrir ese cargo y estás ayudando a una familia, la única diferencia es que no es como si tú estuvieras allá… porque tú en el servicio puedes hacer más por tu pueblo, por ejemplo se presentan oportunidades de mejorar, como para cambiar algo que ves que no está bien, mientras que la persona que cubre el cargo sólo está haciendo su trabajo, no está dando su servicio, entonces no tiene mucha voz y voto para opinar, sin embargo cuando tú estás allá tienes más derecho, porque tú ves cómo mejorar todo”. (Entrevista Gabriel, 13 de febrero de 2104, Los Ángeles, California).

Podemos observar que la importancia que tiene el realizar personalmente los servicios radica, por una parte, en el aprendizaje que puedas obtener del cargo, y por otra los cambios que pueden implementar desde ese espacio, pero además que los migrantes tratan de realizar cambios en los servicios con base en lo que ellos han vivido y que les parece lo más adecuado para la comunidad.

Durante el trabajo de campo hemos podido apreciar el regreso de algunas familias que salieron de la comunidad a finales de los años setenta y principios de los ochenta.

Como el caso de Don Isaías, quien volvió en 2009 a cumplir con su servicio y decidió retornar con su esposa a vivir en la comunidad y establecerse. Como ellos, diversas familias aprovechan el nombramiento para volver de una vez por todas al pueblo. Si bien al

permiten un flujo constante de información, fotos, videos y videollamadas que hacen menos difícil la separación.

“¿Planes de volver?, sí, quizá haría un nombramiento para desde ahí poder y buscar maneras de hacer ese cambio. Ver realizados a mis hijos, que ya tengan un trabajito y ya puedan irse solos, hasta que ya estén bien ya me voy, me gustaría pasar mis últimos años allá”. (Entrevista a Jaime, 06 de febrero de 2014, Los Ángeles, CA).

Estás son generalmente las expectativas que la mayoría de los entrevistados y los migrantes añoran para sus vidas, volver al pueblo al cual muchas veces recuerdan como hace 20 años o más, cuando lo vieron por última vez. Al platicar con algunos de los informantes, se mostraban muy interesados en lo que les decía de Santa Ana e incluso muchas veces me pidieron les mostrara fotos de su comunidad y de las obras municipales, para ver cómo había cambiado el pueblo en su ausencia, cambio del cual forman parte.