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Críticas y recelos ante el uso de estándares en educación

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SUS IMPLICACIONES EN LA BIBLIOTECOLOGÍA

Gráfica 5 El Círculo de Deming

3.5 Críticas y recelos ante el uso de estándares en educación

Como todo gran movimiento, y más aún por tratarse de un tema tan sensible como es el de la educación, la implementación de un sistema de evaluación educativa basada en estándares ha sido objeto de una fuerte polémica. Muchos analistas aprueban el movimiento, pero también existen detractores. Marzano y Kendall,163 en un documento publicado en 1997, señalaban que el programa había recibido críticas principalmente por cinco motivos:

1. Por la enorme cantidad de recursos que se estaban invirtiendo

2. Porque la implementación de un modelo de estándares produce que les vaya más mal a los estudiantes que regularmente obtienen las peores calificaciones

3. Porque algunos expertos consideraron que en realidad no era una propuesta nueva, sino una versión modificada de otras reformas que no habían funcionado, entre ellas la de la Educación por objetivos conductuales

4. Por los contenidos, que para muchos autores no eran los más convenientes

163 Marzano and Kendall.The Fall and Rise of Standards-Based Education, [4].

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5. Por la sobrecarga de estándares. Las diferentes agencias que redactaron estándares fueron demasiado optimistas y generaron tantos, que para muchos maestros resultó abrumador tratar de trabajar con todos.

Otros críticos importantes han sido Baines y Stanley164 quienes aseguran que en los últimos 20 años la educación basada en estándares se ha constituido en la verdad única para abordar temas de calidad en la educación pública en los EUA;

no hay otro paradigma, ni siquiera en el horizonte. Sin embargo, la solución de los estándares trae consigo efectos colaterales indeseables, como los siguientes:

1. La propagación de un currículum inflexible 2. La pérdida del énfasis en la individualización 3. El deterioro de las fortalezas del profesorado 4. La concentración en resultados medibles

5. El desarrollo de una burocracia cara y creciente que en realidad no tiene relación estrecha con la educación.

En contrapartida, Carabell,165 en un artículo de lectura muy accesible reconoce la utilidad del uso de estándares, tras 16 años de trabajo educativo con adulto y de involucrarse más en el estudio de los procesos de evaluación. Después de haber mantenido inicialmente una actitud crítica y negativa ante la implantación de conjuntos de estándares para evaluar los resultados de aprendizaje, Carabell reconoce al final que siempre habrá tensión cuando se implementen estándares:

entre los valores que se quieren generalizar y la búsqueda de mantener la individualidad; entre los objetivos que buscan los programas financiados por el gobierno y la misión de cada institución y hasta entre el presente y el futuro. Los estándares funcionarán en los lugares en los que pueda establecerse un diálogo

164 Lawrence A. Baines and Gregory Kent Stanley. “The Iatrogenic Consequences of Standards- based Education”. The clearing House, Vol. 79, No. 3, Jan-Feb 2006. p. 119-123, 119.

165 Jim Carabell: “Confessions of a Reluctant Standard-Bearer”. Focus on Basics: Connecting Research and Practice, Vol. 3, Issue C, Sept. 1999.

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conciliador sobre estos temas. Finalmente, continuando con Carabell, dice que:

“Mis estudiantes y yo frecuentemente miramos sus metas iniciales y comparamos.

Miramos hacia adelante hacia sus ideales y comparamos. Una Buena enseñanza y un buen aprendizaje no solamente implica, sino que requiere de estas comparaciones”.

Zemelman, Daniels y Hyde,166 en una obra publicada en el 2005, consideraban que la mayoría de los maestros ya no simpatizan con el movimiento de los estándares. Lamentan que con el paso del tiempo el concepto de la enseñanza basada en estándares ha sufrido deformaciones en un plazo relativamente corto:

en 1993 se sentían orgullosos de participar en esta iniciativa, la cual surgió como un intento sincero para proveer a los niños información de calidad. Con el paso del tiempo, dicen estos autores, 49 de los 50 estados de la Unión Americana han construido sus propios esquemas, objetivos, puntos de referencia, reglas, etc., -y sobre todo exámenes- dejando a todo mundo: niños, padres, maestros, administradores y a los contribuyentes, magullados y confundidos ante tanta información y tantos nuevos procesos con los que han debido familiarizarse.

En forma gradual, continúan estos mismos autores, a los estándares generados originalmente por profesores, desarrollados dentro de su profesión y con los cuales ellos se identificaban, se fueron agregando otros que reflejaban los intereses de empresarios y otros grupos conservadores. Los legisladores y autoridades estatales también se embarcaron en sus propios proyectos de estándares, algunas veces apegándose a los lineamientos de los estándares nacionales, pero en otras ocasiones partiendo de cero. De esta forma, se fueron generando cientos de estándares, metas y procedimientos. Los profesores sintieron que su autonomía se iba minando, porque los estándares no solamente les indicaban qué enseñar, sino también cómo y cuándo hacerlo, en algunas

166 Steven Zemelman, Harvey Daniels and Arthur Hyde. Best Practice: Today´s Standards for Teaching and Learning in America´s Schools, 3rd. Ed. Portsmouth, NH: Heinemann, 2005. 336 p., vii-viii.

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ocasiones con instrucciones tan precisas que no dejaban ningún espacio para la creatividad.

Algunas de las críticas más fuertes con respecto a la educación apoyada en el uso de estándares tienen que ver con los exámenes estandarizados, los cuales brindan una importante utilidad para evaluar las competencias que se espera que sean comunes en los estudiantes, pero es necesario reconocer que su alcance tiene un límite, pues existen competencias como la comunicación, el pensamiento crítico, el trabajo en equipo o el razonamiento ético que toman muy diferentes formas en campos diversos. Los biólogos usan métodos de investigación diferentes a los historiadores, los ingenieros usan distintas formas de trabajo en equipo y de comunicarse con respecto a los educadores.167 La mayor evidencia acerca del nivel de aprovechamiento en los resultados del proceso educativo debe venir idealmente de evaluaciones del desempeño auténtico y complejo de los estudiantes, en el contexto de sus estudios más avanzados, tales como proyectos de investigación, proyectos de servicio a la comunidad y estancias supervisadas.

A través del desarrollo de esta investigación fue posible percibir que algunos educadores rechazan a priori la idea de establecer normas y estándares para evaluar el desempeño de sus estudiantes, considerando que existe el riesgo de que se pretenda uniformar la forma de actuar y de ser de los estudiantes; es decir, limitar o anular su individualidad. Ciertamente, se relacionan los estándares con la preparación de los estudiantes para participar exitosamente en contextos cada vez más globales; se acepta generalmente que la globalización es un proceso inevitable, pero al mismo tiempo se considera que las sociedades locales deben actuar para protegerse de efectos indeseables.

En México, al igual que en otros países, se ha buscado siempre mantener una identidad propia, ante el avasallador efecto de la globalización y de la educación

167 Association of American Colleges and Universities. Liberal Education Outcomes: A Preliminary Report on Student Achievement, Washington: AACU, 2005. 2O p., 10.

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que favorece la producción de profesionales de acuerdo a las necesidades de los mercados, necesidades que no siempre son compatibles con el desarrollo integral de las personas, ni con los mejores ideales de la sociedad, en un momento en que se pretende rescatar las aspiraciones humanistas.

Por otra parte, es natural que de primera instancia se suscite un recelo a aceptar como propias una serie de normas, estándares e indicadores que se basan en un modelo generado originalmente en un país que puede tener una historia, un desarrollo, una cultura, una idiosincrasia, una economía -y muchos aspectos más- que lo hacen diferente.

Los riesgos, sin embargo, no son necesariamente ciertos: un conjunto de estándares sobre alfabetización informativa se constituye en una herramienta solamente, un instrumento que permite representar a través de indicadores objetivos una visión de las transformaciones que se espera deberán alcanzar los individuos en cuanto a sus competencias para aprovechar la información, proponiendo parámetros más claros para medir el avance y la evolución en la búsqueda de alcanzarlas. Los contenidos de esos estándares pueden ser modificados o adaptados por los países, las organizaciones y las instituciones.

Al reunir esta serie de conocimientos, habilidades y aptitudes, el estudiante se constituirá en un usuario crítico y efectivo de la información, lo que lo convertirá también en una persona más libre, pues podrá tomar mejores decisiones y más difícilmente podrá ser engañado y conducido; podrá tener incluso mayores posibilidades de proyectar su individualidad. Por otra parte, quizá lo más importante es lo que el estudiante y cualquier individuo podrán hacer con la información, lo cual dependerá de muchos factores que van más allá del alcance de estos modelos de estándares.

Por esta última razón es que desde que se plantearon conjuntos de estándares sobre competencias informativas, los autores han explicado que solamente presentan algunos indicadores generales, suponiendo que podrán desarrollarse

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otros más afinados y específicos para responder a situaciones particulares de las instituciones y desde la perspectiva de las diferentes disciplinas.

La elaboración o adopción de normas por parte de una comunidad debe tomar en cuenta, como dice Calva,168 las características de los usuarios: sus necesidades, su comportamiento, así como los factores internos y externos que condicionan o ejercen una influencia en ellos.

Como se puede observar, en algunos casos las críticas que se han hecho al uso de estándares no están propiamente dirigidas a su uso, sino que más bien condenan una aplicación inadecuada de estos instrumentos, o una serie de prácticas que se han generado, pero que igualmente podrían haberse producido con otro tipo de paradigmas y estrategias.

Un prestigiado educador mexicano, Pablo Latapí, quien difícilmente podría identificarse como alguien que acepta o promueve la pérdida de la individualidad de los estudiantes a través de los procesos educativos, expresa lo siguiente, para su propio caso:

Muchas veces me he preguntado: ¿Qué fue lo que hubo en mi educación que yo considero que la hizo, al menos en ciertos momentos, buena o muy buena? ¿Qué hicieron mis educadores —mis padres, maestros, hermanos mayores y compañeros de clase— para que esa educación fuese buena? Si tuviera yo que resumir en una frase mi respuesta, diría que mis educadores me aportaron calidad cuando lograron transmitirme estándares que me invitaban a superarme. Progresivamente, de muchas maneras, en diversas áreas de mi desarrollo humano —en los conocimientos, en las habilidades, en la formación de mis valores— mis educadores me transmitieron estándares y, además, me incitaron a compararme con esos estándares, a comprender que había algo más

168 Juan José Calva. “El conocimiento de las necesidades de información del usuario como base para el desarrollo de normas de alfabetización informativa”. En: Lau, Jesús y Jesús Cortés, Comps.

Normas de alfabetización informativa para el aprendizaje. Ciudad Juárez, Chih: UACJ, 2004. p.

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arriba, que yo podía dar más, o sea, me ayudaron a formarme un hábito razonable de autoexigencia.169

Esta frase de Latapí explica muy bien cuál es la utilidad que pueden brindar los estándares en el mejoramiento de los niveles educativos. De cualquier manera, no está dentro del propósito de este libro discutir si la educación basada en estándares ha sido la mejor decisión que se tomó en los EUA hace más de dos décadas y ha sido emulada en otras latitudes, se intenta solamente mostrar que es un fenómeno real que ha influido más allá de ese país en la conceptualización de la forma en que puede evaluarse la educación, incluyendo las competencias

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