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Determinante del rendimiento en el deporte: la experiencia

2. FUNDAMENTACIÓN TEÓRICA

2.3.2. Determinante del rendimiento en el deporte: la experiencia

- Son expertos en un deporte, no manifiestan una pericia universal en el deporte.

- Su pericia no se manifiesta en las medidas generales de sus aptitudes.

- Son más sensibles al reconocimiento de patrones de juego en su deporte y, solucionan antes y de manera más eficaz los problemas que surgen.

- Detectan y localizan mejor la información relevante de su deporte.

- Conocen mejor y anticipan mejor las acciones de sus oponentes, objetos, y situaciones.

- Poseen habilidades de autocontrol refinadas.

- Tienen un alto nivel de realización técnica y de condición física.

- Muestran una gama de comportamientos excelentes en la competición.

- Evalúan sus actuaciones automáticamente.

En definitiva, se intuye que el rendimiento deportivo, sobre todo en los componentes perceptivos y cognitivos, así como el aprendizaje de habilidades motrices, se debe a la exitosa interacción de múltiples factores: biológicos, psicológicos, contextuales, ambientales e incluso sociológicos (Renshaw et al., 2010; Tan et al., 2012). Este hecho permitiría a los deportistas más hábiles adquirir niveles elevados de desarrollo, en definitiva, a tomar decisiones y ejecutar habilidades con mayor éxito que sus compañeros de menor nivel (Baker, Horton, Wilson y Wall, 2006). Ahora bien, ¿cuál es la clave para desarrollar el rendimiento en estos componentes? Encontramos diferentes enfoques de estudio y explicación del rendimiento en el deporte, y todos ellos nos conducen a la misma cuestión. Es el desafío de hallar respuesta a qué variable es más determinante sobre el desarrollo y consolidación de la pericia el caso que nos ocupa.

solamente la experiencia en la realización de destrezas técnicas ejecutadas correctamente, sino el conjunto de habilidades cognitivas influyentes sobre el rendimiento de juego, la toma de decisiones y la conducta de juego resultante.

Desde la perspectiva cognitiva del rendimiento experto y el paradigma del conocimiento se afirma, que los jugadores con altos niveles de pericia difieren de los de menor nivel no solamente en la cantidad de conocimiento que poseen (Abernethy et al., 1993), sino también en el tipo y cantidad de práctica que han realizado, medida en términos de experiencia (Ericsson et al., 1993). Dejando a un lado la herencia y los factores genéticos en el desarrollo de la pericia la experiencia práctica ha cobrado con el tiempo mayor importancia en la explicación del rendimiento experto. Se dice que los factores ambientales desempeñan claramente un importante papel sobre las diferencias individuales de los deportistas (Baker et al., 2006), y es en estos factores sobre los que se han construido dos de las principales teorías explicativas del rendimiento experto en el deporte: la regla de las 10.000 horas o 10 años de práctica (Simon y Chase, 1973), y la ley exponencial de la práctica (Newell y Rosenbloom, 1981), teorías sobre las que hablamos a continuación.

De acuerdo a la primera teoría, se dice que es requerido un mínimo de 10 años de compromiso a altos niveles de rendimiento para alcanzar el nivel de experto en el deporte, es decir, que para que un deportista pudiese alcanzar la condición de experto, tendría que invertir horas y horas (supuestamente unas 10.000) en la práctica y competición de élite. Sin embargo, la segunda regla, la ley exponencial de la práctica, sostiene que no es la simple acumulación de horas lo que conlleva a niveles superiores de rendimiento, sino un entrenamiento adecuado, esto es, una práctica de calidad. En este sentido, siguen existiendo discrepancias sobre qué variable es más determinante sobre el rendimiento deportivo, cantidad o calidad del entrenamiento, aunque lo que está más que aceptado es que los componentes perceptivos y cognitivos del rendimiento poseen una importancia especial cuando se trata de la enseñanza y aprendizaje de estrategias de toma de decisión y ejecución de habilidades deportivas de cierta complejidad.

Al respecto, Ericsson (1996a) afirmó que el nivel de rendimiento en el deporte se puede determinar por la cantidad de tiempo dedicado a desarrollar:

“una tarea bien definida con un nivel apropiado de dificultad para un individuo en particular, con retroalimentación informativa, y con oportunidades para la repetición y la corrección de errores” (pp. 20-21).

Además, Ericsson et al. (1993) y Ericsson (1996a, 1996b), al analizar la práctica y la pericia en un conjunto de músicos, llegaron a la conclusión de que para que tal práctica fuese determinante sobre el rendimiento debía reunir los siguientes criterios:

- El entrenamiento no tenía por qué ser agradable, debía suponer esfuerzo y atención, es decir, debía ser una práctica deliberada, razonada.

- Se relacionaría con el tiempo invertido a entrenar.

- Podría ser cualquier práctica que contribuyese a mejorar el rendimiento en un momento concreto.

- Este entrenamiento, debería ofrecer una gran variedad de oportunidades de práctica, incluidas sus correspondientes correcciones.

- Debería ser tutelado por un entrenador.

Sin embargo, hoy en día existe la creencia de que el desarrollo de la pericia y la consecución de altos niveles de rendimiento pueden lograrse con un tipo de práctica agradable. Parece ser que un entrenamiento deportivo variado, divertido y con posibilidades de movimiento podría facilitar igualmente el desarrollo de la pericia en los componentes perceptivos y cognitivos del rendimiento. Esta idea ha sido discutida y apoyada con anterioridad por autores como Scalan, Ravizza y Stein (citados en Baker et al., 2006), aunque el requisito de esta característica que definieron como “divertimento deportivo” sobre el desarrollo del rendimiento experto todavía está por determinar. No obstante, existe una gran línea de investigación que justifica el aprendizaje de habilidades motrices y la consecución de altos niveles de pericia gracias a una práctica variada y abierta. Se trata de un entrenamiento, se dice, que facilita el desarrollo de patrones de movimiento gracias a la práctica de situaciones en las que los aprendices pueden explorar, descubrir y vencer sus limitaciones, interactuando constantemente con la tarea y el contexto. Es en esta corriente de estudio sobre la que profundizamos más adelante.