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Discusión de los resultados

5.1.1. La Hipótesis específica 1:

Los riesgos sociales a nivel personal, que interfiere en el tratamiento oncológico de pacientes del Hospital Regional Docente Clínico Quirúrgico “Daniel Alcides Carrión”

de Huancayo – 2018 son el irregular cumplimiento del tratamiento médico, y la precaria situación económica del paciente.

El cumplimiento con el tratamiento médico es esencial, para lograr la recuperación, por lo tanto, es imprescindible que el paciente asista a sus tratamientos y chequeos médicos, confíe en su médico, consuman una dieta especial y controle sus emociones para evitar la depresión.

En el caso de nuestro estudio, se muestra que más de la mitad de los pacientes no cumplen de manera regular con el tratamiento médico, manifiestan reiteradamente que se olvidan, pero sobre todo es el miedo a la letalidad de la enfermedad, y el temor de no poder resistir al tratamiento, esto los induce a no concurrir a sus consultas y no tener un tratamiento continuado, aunque se esfuerzan por tener una alimentación óptima, señalan que los efectos del tratamiento les reduce el deseo de comer, algunos aducen, además, que no sienten el apoyo de sus familiares. La depresión es una constante en los pacientes. A esto se suma la precaria situación económica en la que viven, como veremos más adelante.

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Nuestros resultados se contraponen con lo que sostienen Palacios-Espinosa (2014) quienes en su investigación “Representaciones sociales del cáncer y de la quimioterapia en pacientes oncológicos”, señalan que luchar contra la enfermedad, es la estrategia de afrontamiento más representativa entre los pacientes oncológicos, y es con todos los recursos que puedan disponer el paciente; luchar es una acción que ha sido aprendida y consolidada en la historia de su vida y ahora reconocida y esperada por su grupo social.

También se utilizan otras estrategias como la calma, paciencia, resignación y obediencia a las instrucciones del médico tratante.

Es por ello que el médico cumple una labor esencial en el tratamiento oncológico debido a que este será el que encaminé y guie al paciente para sobrellevar la enfermedad y cumplir de manera eficaz el tratamiento médico oncológico, según estas autoras. El médico, el ser dotado de un conocimiento capaz de combatir al cáncer, aparece como el salvador, en quien se cree ciegamente, a quien se obedece y se respeta y se legitima su poder para realizar procedimientos invasivos, dolorosos, de alta complejidad y el único con el estatus de dar o de quitar permisos relacionados con la enfermedad. La representación que el paciente tiene del médico es la de obedecer sus indicaciones porque es la manera de recuperarse y que este proceso será muy doloroso puesto que produce efectos secundarios temidos e incomodos. Es por ello que el médico tratante cumple un rol importante en el proceso de afrontamiento del paciente con cáncer, ya que un tratamiento oncológico efectivo dependerá de la asistencia del paciente a sus tratamientos, la confianza en el tratamiento y receta que le proporciona este, la adecuada alimentación y estado emocional que tiene el paciente. Sin embargo, en los resultados de nuestro estudio, se aprecia poco contacto con el médico tratante, y pacientes sumidos en la resignación frente a la enfermedad,

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impactados en su vida cotidiana, lo mismo que sus familias, pues el propio tratamiento produce efectos físicos difíciles de soportar, alterando también la emocionalidad del paciente y de la familia en general

Al respecto López (2017) quien en su investigación “el impacto socio- afectivo en las familias de pacientes oncológicas de cáncer de mama, del instituto regional de enfermedades neoplásicas – Trujillo. 2017”, señala que cuando el familiar y el paciente oncológico recibieron el diagnóstico de la enfermedad se llegó a observar un sentimiento de tristeza que surge en consecuencia de los numerosos cambios en los hábitos diarios que varían durante la enfermedad, así como la creación de un futuro incierto. También nos menciona que el paciente en el tratamiento, experimenta cambios en su estado emocional como desazón, dificultad para conciliar el sueño, pérdida de apetito, ansiedad y miedo.

Como el paciente está asimilando estos cambios le resulta difícil poder acostumbrarse y adaptarse, también se presenta resistencia para poder acudir a su tratamiento médico generándose así el irregular cumplimiento del tratamiento médico. Lo óptimo esperado sería que el paciente debería llevar una mejor calidad de vida, gozar de un buen estado emocional y colaborar de forma activa en su tratamiento.

El cáncer es una enfermedad cruel, García y Conde (2014) en su estudio de investigación:

“Dimensiones básicas en la personalidad, afrontamiento y adaptación en pacientes oncológicos” afirman que los pacientes que están recibiendo tratamiento tienen una peor calidad de vida en su dimensión de bienestar físico, así mismo la radioterapia es un tratamiento muy prolongado que puede ir desde 5 a 45 sesiones y que exige que el paciente acuda diario al hospital durante ese periodo determinado de tiempo. Otro tratamiento oncológico es la quimioterapia que es uno de los tratamientos más temidos, su

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administración se puede prolongar desde 3 a 4 meses. Los autores señalan que los pacientes que no están en tratamiento activo tienden a buscar más apoyo social como estrategia de afrontamiento, que los que sí están en tratamiento.

Por otro lado, la situación económica es determinante para lograr un tratamiento de calidad, en el caso de nuestros resultados, los pacientes oncológicos presentan una situación económica precaria, pues sus ingresos mensuales entre 250.00 a 900.00 nuevos soles, están por debajo de la canasta básica familiar, lo cual no les permite acceder a un tratamiento adecuado y completo. Con esos ingresos solo se logra cubrir ajustadamente con los gastos básicos dentro del hogar, por tanto, el cuidado de la salud queda en un segundo plano.

Debido a que la mayoría de pacientes dejaron de laborar y se encuentran en casa o internados, dependen económicamente de sus cónyuges o hijos (generalmente con carga familiar), quienes asumen el sustento económico del hogar. Estos pacientes se encuentran afiliados al SIS Gratuito, pero esto no es suficiente para asumir los gastos de un tratamiento costoso fuera del hospital, como es obvio, no pueden acceder a otros seguros oncológicos privados.

Nuestros resultados guardan relación con lo que sostiene Jareca (2017) quien en su investigación “Influencia de los factores socioeconómicos en el tratamiento de pacientes oncológicos - hospital regional Manuel Núñez butrón puno 2016”, encontró que su población de estudio mostraban ingresos económicos que oscilaban entre 401 a 800 soles y que además presentaban una limitada relación con sus familiares, estos hechos no permitían al paciente, acceder a un tratamiento adecuado, ni al familiar poder costear el tratamiento

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Afirmamos que los ingresos económicos de los pacientes oncológicos de nuestro estudio presentan precariedad, al respecto el INEI (2015) indica que la canasta básica familiar es la que permite medir la pobreza monetaria, en base a la capacidad de consumo de productos alimenticios y no alimenticios; para el 2015 los estudios realizados según esta institución señalan que la canasta familiar para 4 miembros de familia era de S/ 1,260 soles para los pobres no extremos, considerando que por miembro el consumo es de S/ 169 soles; por lo tanto nuestra población de estudio está considerada dentro de esta variable, pues sus ingresos son menores a S/ 1260 soles, por lo cual no logran satisfacer adecuadamente sus necesidades básicas, siendo la salud una de ellas.

Esta precariedad económica está relacionada con la actitud y comportamiento observada en los pacientes respecto al incumplimiento en su tratamiento y abandono emocional de la que son presos, situación que se ve extendida a los familiares. Entendemos que la salud se refiere a una integralidad física, emocional y social que deriva de varios factores, siendo uno de ellos el económico, al respecto, hacemos referencia a la Teoría Biosicosocial, que propone el equilibrio entre estos tres aspectos para que el individuo logre la salud y bienestar integral que asegure su calidad de vida.

A partir del análisis de nuestros hallazgos, corroboramos la Hipótesis Específica 1.

88 5.1.2. Hipótesis Específica 2

Los riesgos sociales a nivel familiar, que interfiere en el tratamiento oncológico de pacientes del Hospital Regional Docente Clínico Quirúrgico “Daniel Alcides Carrión”

de Huancayo – 2018, son el desconocimiento de los procesos adecuados en el tratamiento oncológico, la limitada disponibilidad de tiempo para acompañar al paciente oncológico a su tratamiento, y la desatención emocional del paciente

El apoyo familiar es un aspecto muy importante en el tratamiento del paciente oncológico, dado que esta enfermedad debilita rápidamente al enfermo. El acompañamiento de la familia puede hacer más llevadero el impacto físico y emocional que causa la enfermedad, por ello es necesario que la familia se encuentre preparada para el afrontamiento.

Es vital que el familiar tenga conocimiento de los procesos adecuados en el tratamiento oncológico del paciente. De acuerdo a los resultados obtenidos, la mayoría de los familiares responsables del paciente desconoce o conoce muy poco sobre el tratamiento, no reconocen términos como quimioterapia y una radioterapia, y esto los lleva a olvidarse de hacer el seguimiento para que el enfermo cumpla con las disposiciones médicas, algunos afirmaron que no llegaron a entrevistarse con el médico y solo a veces ayudan a cumplir con las recetas médicas e indicaciones otorgados por el médico. Es una situación que no logran enfrentar con eficacia.

Al respecto, Abad (2016) en su estudio denominado “Influencia del cáncer en el estado emocional del paciente y su familia”, buscó determinar el nivel de participación de la familia en el tratamiento oncológico de las personas con cáncer del IESS, a través de la aplicación de instrumentos que permitieron conocer que el 97% de familiares de pacientes afirmaban que sí conocían el tipo de cáncer que padece su paciente oncológico, este

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conocimiento permite que los familiares pudiesen involucrase en el proceso de la enfermedad- tratamiento y así estar más pendientes de su evolución y cambio.

Encontramos cierta relación con los resultados de López (2017) en su investigación “El impacto socio- afectivo en las familias de pacientes oncológicas de cáncer de mama, del Instituto Regional de Enfermedades Neoplásicas – Trujillo. 2017”, quien explica el impacto socio-afectivo en las familias de pacientes oncológicas de cáncer. Menciona en el sexto indicador sobre el “conocimiento del cuidado de pacientes oncológicos”, que el 60%

de familiares mostraron conocimientos medianamente aceptables del cuidado físico, el 30% conocimientos aceptables del cuidado físico y el 10% conocimientos no aceptables del cuidado físico; el séptimo indicador fue el “apoyo familiar” cuyos resultados señalaron que el 50% de pacientes tuvieron regular apoyo familiar, el 30% buen apoyo familiar y el 20% deficiente apoyo familiar, esto se relaciona directamente con el impacto que ocasiona el cáncer en el entorno familiar.

El tiempo del cual disponen los familiares para acompañar al tratamiento del paciente oncológico, también es un aspecto importante considerado en nuestra investigación. De acuerdo a nuestros hallazgos, la mayoría de los familiares no acompaña continuamente a los pacientes a sus quimioterapias o radioterapias. Aducen poca disponibilidad de tiempo porque tienen que trabajar pues son el soporte económico del hogar, además señalan que los pacientes pueden hacerlo solos o acompañados de otros familiares. También existe el caso de pacientes que viven en otras provincias o lugares alejados. Un hecho coincidente es que afirman que la enfermedad ha cambiado o interferido en su vida cotidiana, respecto a sus horarios, a sus actividades laborales, a su economía, señalando además que saben cómo ayudar a sus enfermos, y les da tristeza verlos de esa manera.

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Nuestros resultados coinciden con los hallazgos de Abad (2016) quien en su investigación

“Influencia del cáncer en el estado emocional del paciente y su familia”, ante la pregunta sobre si el familiar asistía con el paciente a sus consultas médicas para el debido tratamiento, el 69% respondió que siempre acompañaban al paciente oncológico. Según esta autora, el acompañamiento familiar en los pacientes que padecen de cáncer, es importante durante el diagnóstico y el tratamiento; en situaciones donde la salud se ve afectada poniendo en riesgo su estado emocional. En la siguiente pregunta sobre las razones para la poca participación de la familia en el tratamiento del paciente de cáncer, el 65%

respondió que se debe al trabajo – ocupación, el cual imposibilitaba el acompañamiento al paciente y el involucramiento en su tratamiento y muchos de estos pacientes provenían de lugares externos de la ciudad donde reciben el tratamiento el cual era dificultoso para la familia, solventar gastos de transporte y alimentación.

En el mismo sentido, Jareca (2017) en su investigación “Influencia de los factores socioeconómicos en el tratamiento de pacientes oncológicos - Hospital Regional Manuel Núñez Butrón Puno 2016”, pone de manifiesto la relación familiar y el control del tratamiento. En sus resultados, el 38% de los pacientes encuestados en su mayoría tienen una relación familiar distante y no acuden a sus controles en su centro de salud, por lo cual el paciente oncológico manifiesta que no cuenta con el apoyo de sus familiares para el acompañamiento a sus tratamientos. Así mismo muestra los resultados de la relación familiar y estadio de la enfermedad. El 26% de los pacientes encuestados indican que tienen una relación familiar distante lo cual provoca en el paciente oncológico inestabilidad emocional y alteraciones en su organismo.

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Por ello consideramos que las relaciones familiares son importantes para que el enfermo pueda tener una mejor convivencia con su enfermedad, el paciente oncológico requiere del cuidado de los miembros de su familia, esta enfermedad estigmatiza a la persona que lo sufre, y si esto se da en el interior de la familia, no se logrará la recuperación, o esta será lenta.

En el estudio “Clima familiar y afrontamiento al estrés en pacientes oncológico” (Diaz y Yaringaño, 2010) se afirma que la dimensión familiar se ve afectada significativamente debido a la disminución de actividades sociales por la dedicación al cuidado del paciente.

Por otro lado, señalan que, la disponibilidad de tiempo que emplea el familiar al cuidado del paciente es una estrategia positiva para enfrentar el estrés, la tristeza y se pueda producir una mayor estabilidad en el clima familiar,

Respecto a la atención emocional del paciente nuestros resultados señalan que los familiares brindan palabras de aliento a su paciente oncológico, para motivarlo a seguir adelante, sin embargo, señalan sentir impotencia, frustración y tristeza ante la enfermedad y los efectos que produce en el paciente (dolor intenso, náuseas, depresión, tristeza, ansiedad). Se evidencia que también ellos sufren los efectos emocionales que derivan de tener un enfermo oncológico en la familia, y hacen lo que su intuición les indica, no se encuentran preparados para el afrontamiento médico ni emocional. Se podría afirmar que tratan de huir de la realidad que representa el cáncer en un familiar querido, por ello evitan preguntar al médico, aduciendo falta de tiempo para el acompañamiento.

Coincidimos con Abad (2016) quien afirma que el cáncer es una enfermedad considerada catastrófica, pues genera un gran impacto en la sociedad, lo que provoca inestabilidad emocional en los familiares y pacientes. Los familiares del paciente oncológico no están

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preparados psicológicamente ni emocionalmente para ayudar en el tratamiento por el desconocimiento de la enfermedad. La falta de apoyo de los familiares en el proceso oncológico se debe principalmente a sus ocupaciones laborales.

En ese sentido, la familia juega un rol importante en el tratamiento del paciente oncológico, si consideramos que esta se convierte en el espacio protector que necesita el enfermo para aceptar la enfermedad, y establecer mecanismos de afrontamiento positivos. Entendemos esto desde la Teoría Ecológica (Bronfenbrenner, 1979) en donde la familia corresponde a un microsistema y se constituye en el entorno de protección más pegado a la persona (que padece cáncer), es el espacio de interrelación más cercana y activa del paciente, en este nivel se incluyen aspectos cotidianos como las relaciones y comportamientos. Es muy interesante destacar que de las cualidades que presentan las personas más cercanas al paciente, dependerán mayormente la posición y las estrategias de lucha que adopte este frente a la enfermedad.

Después del análisis realizado, podemos afirmar que se corrobora nuestra Hipótesis Específica 2.

5.1.3. Hipótesis General:

Los riesgos sociales que interfieren en el tratamiento de pacientes oncológicos del Hospital Regional Clínico Quirúrgico “Daniel Alcides Carrión” de Huancayo –2018 son de nivel personal, y nivel familiar.

Podemos afirmar que existen riesgos sociales, que, si no son manejados con preparación y de manera adecuada, van a interferir en el tratamiento efectivo de los pacientes oncológicos.

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Los riesgos sociales a nivel personal, derivan del propio paciente y su actitud y comportamiento frente al tratamiento, además de la situación económica que tiene y que le puede permitir costear con la medicación indicada. Los resultados de nuestra investigación señalan que los pacientes no logran cumplir regularmente con el tratamiento sobre todo por temor a la enfermedad, y a los efectos del tratamiento, que lo sumen en la depresión; a ello se suma la precariedad de su economía que los lleva a dejar de lado la salud para cubrir otras necesidades básicas familiares. Se convierten en personas dependientes de su familia en todos los sentidos, y les cuesta aceptar y adaptarse a esta nueva situación.

Esto guarda relación con lo que sostiene Alvares & Valdivieso (2013) al afirmar que en el transcurso de la enfermedad oncológica, el paciente vive un proceso de duelo inevitable, entendiendo el duelo como el proceso de adaptación ante una serie de pérdidas, no sólo referentes a la salud, sino también, relacionadas con la pérdida de la estabilidad y seguridad, pérdida de la rutina y de lo cotidiano, pérdida del rol que solía tener dentro de la familia, el mundo laboral o social, pérdida del control, entre otras.

Los otros riesgos sociales se encuentran en el nivel de la familia, quienes constituyen el entorno de apoyo emocional del paciente, y por tanto deben estar preparados para el afrontamiento. Los resultados de nuestro estudio muestran que las familias de nuestra población de pacientes conocen poco o desconocen procesos adecuados en el tratamiento oncológico, no disponen de suficiente tiempo para acompañar al paciente tanto a su tratamiento como emocionalmente. Los cambios ocurridos por la presencia de la enfermedad en el paciente se dan en la rutina diaria de la familia, que asume la economía, y les resulta difícil adaptarse al ritmo que se necesita para sobrellevar la enfermedad. Ellos

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no se encuentran preparados para tratar al paciente y caen en procesos de tristeza y ansiedad.

Al respecto, Engels (1977) sustenta en la Teoría Biopsicosocial que es imprescindible considerar estos tres aspectos (biológico-psicológico-social) para inspeccionar como la enfermedad es experimentada, como se expresa, y como afecta no solo al paciente sino a su familia, es por ello que la relación médico paciente influye mucho en el tratamiento, a partir de esto se establecen efectos psicológicos que pueden modificar el desarrollo de la enfermedad o afectar procesos bioquímicos implicados en la enfermedad. El médico participa junto con el paciente en la definición del problema, aporta sus ideas o conocimientos acerca de la enfermedad, a la vez que interactúa con el paciente y juntos determinan una patología. En este método el medico tiene en cuenta la familia de su paciente, esta relación puede ponerse en términos triangulares (médico-paciente-familia).

Así mismo un diagnóstico puede ser bien recibido o no por la familia del paciente, según los conocimientos o las creencias que posean. Brindar apoyo familiar, al paciente en su proceso de recuperación y aconsejado para el mejoramiento de su estilo de vida, le permite al médico tener una perspectiva más amplia de la vida del paciente y en otras ocasiones es útil para que el médico ayude a mejorar la relación del paciente con su familia.

Se hace imprescindible que, en el tratamiento del paciente, tanto los aspectos personales como familiares, funcionen de manera integral para lograr la aceptación y en lo posible la recuperación del enfermo de cáncer. No se puede pensar en separar estos aspectos pues funcionan como un sistema que va a repercutir en la salud del paciente. Nos remitimos en este sentido al Modelo Ecológico de Bronfenbrenner. (1979). Estos se fundamentan básicamente en las interacciones entre el desarrollo del ser humano y el medio ambiente.

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