¡Alma mía, con mil amores! Pero esto no es natural, quiero decir... está muy en orden, pero a estas alturas vamos... que... Y si hubiéramos reñido se explicaría mejor; pero así, sin más ni más... Yo te quiero infinito, ya lo sabes; pero tú estás mala y por eso te pones así; y yo vengo muerto; sí, hija mía, estos extremos...
LA REGENTA
.- (Sollozando.) No son extremos, Quintanar.DON VÍCTOR QUINTANAR
.- Bien, vida mía, no serán;pero tú estás mala. Ayer amagó el ataque, te pusiste nerviosilla...
hoy ya ves cómo estás. Tú tienes algo.
(ANA continúa abrazada a DON VÍCTOR y niega una y otra vez con la cabeza. DON VÍCTOR consigue separarse
del cerco de su mujer. Cae reventado en una silla. ANA vuelve al lecho, pero se queda incorporada sobre la
almohada.)
Precisamente hemos hablado de eso en el teatro, la Marquesa, Don Robustiano y yo. Y todos concuerdan conmigo en que tienes que cambiar de vida.
(ANA va a hablar, pero DON VÍCTOR no se lo permite.)
No me interrumpas. Ya sabes que riño pocas veces; pero ya que ha llegado la ocasión, he de decirlo todo; Frígilis me lo repite sin cesar: Anita no es feliz.
LA REGENTA
.- (Algo despectiva.) ¿Qué sabe él?DON VÍCTOR QUINTANAR
.- Bien sabes que él te quiere, que es nuestro mejor amigo, y que si no hubiera sido por él, no seríamos ahora tan dichosos.LA REGENTA
.- Pero, ¿por qué dice que no soy feliz? ¿En qué lo conoce?DON VÍCTOR QUINTANAR
.- No lo sé. Yo no lo había notado, lo confieso, pero ya me voy inclinando a su parecer.Estas escenas nocturnas...
LA REGENTA
.- Son los nervios, Quintanar...DON VÍCTOR QUINTANAR
.- ¡Pues guerra a los nervios! ¡Caracoles!(Al grito de «¡Caracoles!», DON VÍCTOR se ha levantado.
Se acerca a ANA, levanta el dedo índice y, en tono pomposo y grandilocuente, sentencia:)
Nada, fallo: que debo condenar y condeno esta vida que haces, y desde mañana mismo, empezamos otra nueva. Iremos a todas partes y, si me apuras, le mando a Paco o al mismísimo Mesía, el Tenorio, el simpático Tenorio, que te enamoren...
LA REGENTA
.- (Verdaderamente conmovida.) ¡Qué atrocidad!DON VÍCTOR QUINTANAR
.- Atrocidad, no.¡Programa!: Al teatro dos veces a la semana, por lo menos; a la tertulia de la Marquesa, cada cinco o seis días; al Espolón todas las tardes que haga bueno; a las reuniones de confianza del Casino, en cuanto se inauguren este año; a las meriendas de la Marquesa, a las excursiones de la high life, vetustense, y a la catedral cuando predique Don Fermín y repiquen gordo.
(ANA está asustada por la reacción de su marido, pero sonríe levemente ante el apretado plan de vida que se
presenta ante sus ojos. DON VÍCTOR continúa la enumeración.)
¡Ah!, y por el verano, a Palomares, a bañarse y a vestir batas anchas que dejan entrar el aire del mar hasta el cuerpo. ¡Ea!, ya sabes tu vida. Y esto no es un programa de gobierno, sino que se cumplirá en todas sus partes. La Marquesa, Don Robustiano y Paquito han prometido ayudarme. Y Visita me ha dicho textualmente que está decidida a sacarte de tus casillas. Sí, señora, saldremos de nuestras casillas. No quiero más nervios.
No quiero que tenga que venir Frígilis a decirme que no eres feliz...
LA REGENTA
.- (Insistiendo.) ¿Qué sabe él?(DON VÍCTOR no la oye siquiera. Sigue su retahíla, como si estuviera remedando a Perales en el monólogo de
Segismundo.)
DON VÍCTOR QUINTANAR
.- Ni quiero llantos que me quiten a mí el sueño. Cuando lloras sin saber por qué, hija mía, me entra una comezón, un miedo supersticioso... Se me figura que anuncia una desgracia.(ANA se levanta de nuevo y va a abrazarle.)
(Temiendo que aquello empiece otra vez.) Venga, venga...
(ANA tiembla como si le diera un escalofrío.)
¿Ves? Tiemblas. A la cama, a la cama, ángel mío; todos a la cama; yo me estoy cayendo.
(DON VÍCTOR bosteza. ANA vuelve a la cama. Él se acerca y deposita un casto beso en la frente de su mujer.)
Buenas noches, hija mía.
LA REGENTA
.- Buenas noches, Quintanar.(DON VÍCTOR sale de la alcoba.)
Secuencia 64
Caserón de los Ozores. Pasillos. Despacho de Quintanar.
Interior. Noche.
DON VÍCTOR atraviesa malhumorado los pasillos que llevan a su despacho. Entra en él. Va murmurando algo en voz casi imperceptible y tarda unos segundos en darse
cuenta del destrozo. Luego contempla con espanto los restos de su herbario, de sus tiestos, de su colección de mariposas, de una docena de aparatos delicados que le sirven en sus variadas industrias de fabricante de jaulas y
grilleras, artista, coleccionador, entomólogo y botánico.
DON VÍCTOR QUINTANAR
.- (Cuando recobra el habla.) ¡Dios mío! ¿Qué es esto? ¿Quién ha causado esta devastación?... ¡Petra!, ¡Anselmo!(DON VÍCTOR recoge del suelo pedazos de loza y contempla sus objetos destrozados a punto de saltársele las lágrimas. PETRA entra en el despacho sonriente y con
escasa ropa, como la noche anterior. DON VÍCTOR, a pesar de su enojo, aprecia los encantos de la criada.)
¿Qué ha sido esto?
PETRA
.- (Disculpándose, antes de recibir la tan temida bronca.) Señor, yo no he sido. Habrán entrado los gatos.DON VÍCTOR QUINTANAR
.- ¡Cómo los gatos! ¿Por quién se me toma a mí? (QUINTANAR se pone como un energúmeno y comienza a imitar al cómico Perales en su interpretación de Segismundo.) ¡A ver, Anselmo! ¡Que venga Anselmo, que le voy a tirar por un balcón si no me explica esto!(En ese momento entra ANSELMO, el criado de DON VÍCTOR.)
Tampoco tú sabrás qué es lo que ha pasado aquí, ¿no?
ANSELMO
.- Señor, yo no he sido. Dormía hace ya tiempo.PETRA
.- Es cierto, señor. Yo le oí roncar, como todas las noches.(En medio de su cólera, QUINTANAR ve en un rincón la trampa de los zorros, despedazada, inservible.)
DON VÍCTOR QUINTANAR
.- ¡Esto más! ¡Vive Dios!¡El disgusto que se va a llevar Frígilis! ¡Pero, Señor! ¿Quién anduvo aquí?
(El ruido del despacho ha llegado hasta las habitaciones de LA REGENTA. ANA comparece ante su indignado
marido.)