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Los efectos de la “Gran Depresión” en Uruguay y la reacción conservadora

El movimiento sindical uruguayo durante el Gobierno de Terra

3. Los efectos de la “Gran Depresión” en Uruguay y la reacción conservadora

Durante las tres primeras décadas del siglo XX el país asistió a un proceso de democratización política, de modernización social y de afirmación institucional cobijado en las ventajas comparativas obtenidas por un modelo económico “agro-exportador

favorecido por un contexto internacional propicio.

En el Uruguay el impacto de la crisis mundial se hará sentir hacia 1930 y pondrá al desnudo las debilidades del modelo político y social imperante. La caída de los precios internacionales de las materias primas, la reducción drástica de los volúmenes de exportación, la desaparición de capitales externos disponible para la inversión, las barreras proteccionistas de los mercados europeos (esencialmente del mercado británico principal destino de las exportaciones uruguayas de carne y lana), 120 la desocupación, la carestía y la depreciación monetaria, sumado a constantes incidentes políticos, van a ser la tónica de un tiempo de crisis y polarización social.

Los precios de la carne y la lana (productos básicos de exportación) rápidamente se desvalorizaron: un 15% en 1930 y un 60% en 1931. El costo de vida subió como consecuencia de la caída del salario real, incrementándose la desocupación en forma alarmante.

El Censo Industrial de 1930 registró 94.000 trabajadores, estimándose en esa oportunidad que un tercio se encontraba desocupado; en 1933 la desocupación alcanzaría una cifra superior a las 40.000 personas.

Mondadori, Barcelona, 1ª edición, octubre 1995, p, 112-113.

119 En Brasil el pronunciamiento de Getulio Vargas pone fin a la “República Velha” y da inicio a un período populista.

120 En función de los acuerdos de Ottawa, celebrados en 1931 entre Gran Bretaña y sus dominios (Australia, Nueva Zelandia, Canadá, Irlanda , Unión Sudafricana, Rhodesia del Sur, India y Birmania), aquella congeló la cantidad de productos a comprar a Argentina y Uruguay de acuerdo a los volúmenes de importación que ya habían menguado sensiblemente como consecuencia de la crisis desatada.

La desvalorización monetaria y la caída del comercio internacional disminuyeron los ingresos del Estado generando un grave desequilibrio presupuestal. Para compensar el déficit se crearon numerosos impuestos y se aumentaron otros, entre los cuales, el más impopular fue el “impuesto a los sueldos” de los funcionarios públicos.

En ese contexto, signado por una preocupante situación económica, social y política, en noviembre de 1930 se llevan a cabo las elecciones nacionales de las cuales emerge triunfante el Partido Colorado, siendo el candidato más votado dentro del coloradismo Gabriel Terra.

Terra asume el cargo el primero de marzo de 1931. Desde el principio mismo de su gestión, al igual que anteriormente Feliciano Viera, adopta una postura de independencia en el ejercicio de la función gubernativa con relación a las decisiones partidarias. Talante que se expresará en su negativa a concurrir a las reuniones de la Agrupación Colorada de Gobierno (órgano de coordinación de la acción gubernamental de los distintos sectores del Partido) y en la designación de Ministros de todas las fracciones coloradas desconociendo así el peso que el batllismo había tenido en los comicios de noviembre.

En lo institucional el nuevo gobierno asume en una situación compleja dada la composición de los órganos de Gobierno tras el resultado de las elecciones. El Presidente de la República, elegido mayoritariamente por el Batllismo se aparta de él y forma a su alrededor un grupo hostil a los batllistas “netos” o “puros”; en el Consejo Nacional de Administración había mayoría colorada, donde cuatro de los seis colorados pertenecían a los batllistas “puros”; en la Cámara de Senadores los nacionalistas tenían una fuerte mayoría; y, en Diputados, la representación proporcional integral no le daba mayoría a ningún grupo político.

El fraccionamiento partidista, sumado a un panorama institucional complicado

“…con órganos que se neutralizaban unos a otros, la efectividad gubernativa se vio muy disminuida…”, conspirará, desde el inicio mismo de la nueva administración, contra la posibilidad de llevar adelante un plan de gobierno que pudiera contar con los respaldos políticos necesarios. 121

121 Tanto el Partido Colorado como el Partido Nacional se encontraban fuertemente fraccionados. En el Partido colorado coexistían los llamados “riveristas” (el Partido Colorado Gral. Rivera, conservador y anticolegialista), el Partido Colorado “Por la tradición” contrario al reformismo batllista, El Partido Colorado Batllista y el Grupo Avanzar con fuertes influencia del socialismo marxista. En el Partido Nacional el sector “caudillista”, con base en el medio rural y el sector agroexportador, liderado por el Dr. Luis A. de Herrera, el sector “doctoral” contrario al herrerismo, el radicalismo blanco de los Dres. Lorenzo Carnelli y Ricardo Paseyro, y la Agrupación Demócrata Social

Nuevamente se pondrán en tensión dos visiones de país: la del “reformismo

batllista y la de la “reacción” conservadora.

El modelo liberal social implantado por el Batllismo había generado fuertes desigualdades entre el sector urbano y rural. El proletariado incipiente y las clases populares urbanas (principalmente motevideanas) habían sido las beneficiadas por el reformismo batllista y la legislación social avanzada, frente al recelo y la oposición de los sectores conservadores quienes no dudarán a la hora de la crisis en cuestionar esa política. Por otra parte, la política de estatización o intervención del Estado en actividades económicas emprendida por el batllismo era objeto de permanentes cuestionamientos por aquellos sectores.122

Es así que a medida que se agrava la situación económica los sectores políticos y sociales conservadores (críticos del Colegiado y de la estatización) incrementarán sus cuestionamientos, clamando por un “gobierno fuerte” y una reforma constitucional rápida que “salvara” al país, tensando la atmósfera política.

Cabe destacar aquí el papel que tuvo en este período el Comité Nacional de Vigilancia Económica. Creado en 1929 a impulso de la Federación Rural aglutinaba a las gremiales empresariales del agro, el comercio y la industria.

Este Comité, denominado con ironía el “Comité del Vintén”, expresión de los sectores económicos dominantes (clase alta rural, banqueros, la burguesía vinculada al comercio exterior, empresas extranjeras, etc.), funcionó como un poderoso grupo de expresión extra partidario. A su entorno se articularon un conjunto de medidas para enfrentar al Consejo Nacional de Administración, donde el sector batllista mayoritario impulsaba nuevas reformas; y, sobre todo, para hacer valer sus reclamos contra “la política socializante”, las iniciativas de carácter social, la política impositiva que afectaba directamente los intereses patronales y la necesidad de restringir e impedir el ingreso de extranjeros “indeseables” (negros, asiáticos y agitadores) a los cuales se hacía responsable de la introducción de peligrosas “ideas disolventes”.

del Dr. Carlos Quijano. Respecto de los partidos no tradicionales o “de ideas” (Unión Cívica, Partido Socialista y Partido Comunista) no tuvieron en este período, dado su caudal electoral, una gran incidencia. Vide. Nahúm, B., Manual de Historia del Uruguay, T. II 1903 -2000, Ediciones Banda Oriental, Montevideo 2004, p.140.

122 Un acuerdo entre batllista y nacionalistas independientes permitió en 1931 crear la Administración Nacional de Combustibles, Alcohol y Portland (ANCAP), fuertemente denostado por los herreristas que lo llamaron el “pacto del chinchulín” en alusión al reparto de puestos públicos que implicó. Y en 1931 la Administración General de las Usinas Eléctricas del Estado paso a denominarse Usinas y Teléfonos del Estado (UTE), integrando así los servicios telefónicos que antes pertenecían a compañías privadas a la órbita estatal.

Corolario de la crisis económica y política desatada fue el golpe de Estado del 31 de marzo de 1933. Tras una serie de rumores e incidentes políticos, cuyo punto culminante será la decisión de la Asamblea General de dejar sin efecto las medidas adoptadas por el Poder Ejecutivo, el Presidente Terra instalado en el cuartel de Bomberos con sus partidarios dispone la disolución del Consejo Nacional de Administración, de las Cámaras Legislativas y decreta la prisión de dirigentes políticos opositores. 123

En un escenario en que la oposición política había sido desarticulada, sus dirigentes encarcelados o desterrados,124 la naciente dictadura, que contó con la aquiescencia de las gremiales empresariales y los sectores más conservadores de los partidos tradicionales, no tuvo tropiezos serios para afianzarse en el Poder. 125