El perfeccionamiento de los métodos de valoración de la composición corporal ha hecho posible medir la grasa en sitios de tejido no adiposo como el músculo o el hígado, constituyendo la llamada grasa ectópica.
La grasa muscular comienza a considerarse como un “nuevo” compartimento graso (14) y se refiere a distintos depósitos de almacenamiento de lípidos en el tejido del músculo esquelético:
por un lado, los lípidos que están dentro de los adipocitos localizados entre las fibras musculares,
38 Nutrición, vida activa y deporte
los llamados lípidos extramiocelulares o extramiocitarios; por otro lado, los lípidos localizados dentro de las fibras musculares en forma de triacilgliceroles citosólicos, en el sarcoplasma, gene- ralmente en contacto directo con las mitocondrias, también llamados lípidos intramiocelulares o intramiocitarios. La grasa intermuscular, por su parte, se refiere a los depósitos localizados entre los distintos músculos, visibles mediante tomografía computarizada (TC) o resonancia magnética (RM), separados del TA subcutáneo por la fascia que envuelve a los distintos grupos musculares.
Desde el punto de vista fisiológico, se ha sugerido que los lípidos intramiocelulares son una fuente energética durante el ejercicio, puesto que este tipo de lípidos decrecen durante el ejercicio prolongado, y del mismo modo que el glucógeno, aumentan durante el entrenamiento. Además, los lípidos intramiocitarios son más abundantes en las fibras musculares tipo 1, lo que sugiere que aumentarían hasta alcanzar el punto óptimo de capacidad oxidativa de grasa, resultando un combustible ventajoso. Sin embargo, cuando se elevan los valores de ácidos grasos en el plasma o aumenta el contenido de grasa en la dieta, también aumentan los lípidos intramiocelulares, sugiriendo que las fibras del músculo esquelético sirven de almacén de ácidos grasos si la dispo- nibilidad es alta (15). Con el estilo de vida actual en los países occidentalizados, de baja actividad física y consumo excesivo de alimentos grasos, la capacidad de utilizar los lípidos almacenados como fuente de energía ha quedado reducida, teniendo efectos muy negativos sobre la sensibi- lidad a la insulina.
Los lípidos intramiocitarios pueden ser cuantificados mediante Resonancia Magnética Espectroscópica (RMS), de forma no invasiva y repetitiva en un determinado músculo a lo largo del tiempo, y en el mismo paciente, aportando datos de un volumen muscular proporcionalmente mayor que una biopsia. Dentro del músculo, las pequeñas gotas de lípidos están rodeadas por una fase acuosa (el sarcoplasma), diferente a la de los lípidos rodeados por otros lípidos (en el TA) y a la de los lípidos extramiocelulares (capas de lípidos entre fibras musculares), lo que proporciona distintas señales dentro de un campo magnético.
La mayoría de los estudios sobre lípidos intramiocitarios se limita a un número reducido de mús- culos. La pierna ha sido ampliamente analizada, debido al alineamiento paralelo de las fibras y de las capas de lípidos que las rodean respecto al campo magnético estático. El mayor contenido de grasa se encuentra en la parte interna del músculo sóleo, mientras que los tibiales anterior y posterior y los gemelos presentan valores dos o tres veces más reducidos (16, 17). Esta diferencia concuerda con los distintos tipos de fibras musculares y los sustratos que utilizan. El sóleo tiene un alto porcentaje de fibras tipo 1, caracterizadas por mayor contenido en grasa y mitocondrias, dependiendo más de la oxidación de los lípidos que los otros músculos.
La sarcopenia o disminución de la masa muscular es un tema de gran interés, por la pérdida de fuerza que puede implicar, limitación funcional y discapacidad, así como aumento del riesgo de caídas y fracturas óseas. La causa principal puede ser el envejecimiento, aunque también puede sumarse un nuevo factor que es el aumento de lípidos del músculo esquelético, tanto intramio-
39
Capítulo 2. Anatomía y composición corporal del ejercicio y el deporte
celular como total, y este contenido influye negativamente en la fuerza y la función muscular (18, 19).
Los cambios en el músculo esquelético dependientes de la edad están relacionados con cambios en otros componentes de la composición corporal. Forbes (20) observó que los cambios en MG y MLG están relacionados, y en general ocurren de forma proporcional y constante con el cambio de peso: 70% de grasa a 30% de la masa libre de grasa, pero la regulación de esta relación se pierde durante la senectud produciéndose cambios discordantes en los componentes de tejido magro y blando, lo que lleva a una composición corporal caracterizada por una masa muscular reducida en presencia de exceso de peso corporal, esta forma “desordenada” de composición corporal se ha denominado obesidad sarcopénica (20, 21).
La obesidad sarcopénica se desarrolla cada vez más en personas mayores a medida que aumenta su edad, y se considera una consecuencia tardía de la obesidad prolongada que puede acelerar la pérdida muscular en la vejez. Se ha estimado que la prevalencia de este nuevo tipo de composi- ción corporal puede aumentar del 2 al 10% de los 65 a los 85 años de edad, estando fuertemente asociada con limitaciones funcionales: trastornos del equilibrio/marcha, discapacidad, etc. (22).
Bibliografía
1. Heymsfield SB, Lhoman TG, Wang Z, Going SB. Composición corporal. Editorial McGraw Hill- Interamericana. 2ª ed. México. 2005.
2. Pérez Miguelsanz J. Composición corporal en obesidad: medición y técnicas de estudio.
Capítulo 3, pp. 41-51. Obesidad en el siglo xxi: ¿qué se puede y se debe hacer? Editado por Instituto Tomás Pascual Sanz. Universidad CEU-San Pablo. Universidad CEU-Cardenal Herrera, 2009. ISBN: 978-84-692-2055-9.
3. Ross WD, Kerr DA. Fraccionamiento de la masa corporal: un nuevo método para utilizar en nutrición clínica y medicina deportiva. Apuntes: Educación Física y Deportes, 1993; 18:175-87.
4. Ross WD, Drinkwater DT, Bailey DA, Marshall GW and Leía RM. Kinanthropometry Traditions and New Perspectivas. Kinanthropometry II. En: Ostyn M, Beunen G, Simons J (eds). Kinanthropometry II, University Park Press, Baltimore. pp. 3-27. 1980.
5. Carter JEL, Heath B. Somatotyping Development and Applications. Cambridge University Press.
1990.
6. Ross WD, Marfell-Jones M. Kinanthropometry. In: Physiological testing of the high-performance athlete. Eds: MacDougall J, Wenger J and Grenn H. Champaign IL: Human Kinetics Books. pp.
223-308. 1991.
7. Kerr DA, Ackland TR, Schreiner AB. The elite athlete – assesing body shape, size, proportion and composition. Asia Pac J Clin Nutr, 1995; 4(1):25-30.
8. Kweitel S. IMC: herramienta poco útil para determinar el peso útil de un deportista. Rev Int Med Cienc Act Fis, Deporte 2007; 7(28):274-89.
40 Nutrición, vida activa y deporte
9. Pérez Miguelsanz J, Cabrera-Parra W, Varela Moreiras G, Garaulet M. Distribución regional de la grasa corporal. Uso de técnicas de imagen como herramienta de diagnóstico nutricional. Nutr Hospital 4406, Aceptado para publicar el día 01/07/2009.
10. Boileau RA y Horswill CA. Body composition in sport: measurements and applications for weight loss and gain. Capítulo 22, pp. 319-38. Exercise and Sport Science. Edited by Garrett WE Jr and Kirkendall DT. Lippincott William & Wilkins, Philadelphia 2000.
11. Nedergaard J, Bengtsson T, Cannon B. Unexpected evidence for active brown adipose tissue in adult humans. Am J Physiol Endocrinol Metab, 2007; 293:E444-52.
12. Van Marken Lichtenbelt WD, Vanhommering JW, Smulders NM, Drossaerts JM, Kemerink GJ, Bouvy ND, Schrauwen P, Teule GJ. Cold-activated brown adipose tissue in healthy men. N Engl J Med, 2009; 360(15):1500-8.
13. Shen W, Wang ZM, Punyanita M, Lai J, Sinav A, Oral JG, Imielinska C, Ross R, Heymsfield SB.
Adipose tissue quantification by imaging methods: a proponed classification. Obesity Res, 2003;
11:5-16.
14. Gallagher D, Kuznia P, Heshka S, Albu J, Heymsfield SB, Goodpaster B, Visser M, Harris TB.
Adipose tissue in muscle: a novel depot similar in size to visceral adipose tissue. Am J Clin Nutr, 2005; 81(4):903-10.
15. Schrauwen-Hinderling VB, Hesselink M, Schrauwen P, Kooi ME. Intramyocellular lipid content in human skeletal muscle. Obesity, 2006; 14:357-67.
16. Vermathen P, Kreis R, Boesch C. Distribution of intramyocellular lipds in human calf muscles as determined by MR spectroscopic imaging. Magn Reson Med, 2004; 51:253-62.
17. Hwang JH, Pan JW, Heydari S, Hetherington HP, Stein DT. Regional differences in intramyocellu- lar lipids in humans observed by in vivo 1H-MR spectroscopic imaging. J Appl Physiol, 2001;
90:1267-74.
18. Goodpaster BH, Carlson CL, Visser M, Kelley DE, Scherzinger A, Harris TB, Stamm E, Newman AB.
Attenuation of skeletal muscle and strength in the elderly: the Health ABC Study. J Appl Physiol, 2001; 90:2157-65.
19. Visser M, Kritchevsky SB, Goodpaster BH, Newman AB, Nevit M, Stamm E, Harris TB. Leg muscle mass and composition in relation to lower extremity performance in men and women aged 70 to 79: the health, aging and body composition study. J Am Geriatric Soc, 2002; 50(5):897-904.
20. Forbes GB. Exercise and body composition. J Appl Physiol, 1991; 70(3):994-7.
21. Baumgartner RN. Body composition in healthy aging. Ann N Y Acad Sc, 2000; 904:437-48.
22. Roubenoff R. Sarcopenic obesity: does muscle loss cause fat gain? Lessons from rheumatoid arthritis and osteoarthritis. Ann N Y Acad Sc, 2000; 904:374-6.
23. Morley JE, Baumgartner RN, Roubenoff R, Nair KS. Sarcopenia. J Lab Clinic Med, 2001; 137:231- 43.
41 41
Javier González Gallego y Pilar Sánchez Collado
Investigadores del Instituto de Biomecánica, Universidad de León.
Resumen
Los radicales libres o especies reactivas de oxígeno y de nitrógeno (EROS/ENOS) producidos de forma habitual por el organismo, se encuentran en equilibrio con las defensas antioxidantes, que evitan la aparición de situaciones de estrés oxidativo. El ejercicio extenuante puede generar niveles elevados de radicales libres que sobrepasan las defensas antioxidantes, llegando a causar daño tisular. Diversos estudios han demostrado que el entrenamiento induce un incremento en la actividad de enzimas antioxidantes tales como la catalasa o la superóxido dismutasa, tanto en el tejido muscular del hombre como de animales de laboratorio, lo que conlleva una menor suscep- tibilidad del músculo al estrés oxidativo. Estos hechos han llevado a sugerir que los compuestos antioxidantes, tales como las vitaminas C y E o el beta caroteno, entre otros, podrían también proteger contra los efectos perjudiciales del ejercicio. No obstante, hay que ser cuidadosos cuando se plantean la necesidad y las ventajas de la utilización de antioxidantes en el ejercicio, pues pueden enmascarar las adaptaciones producidas por el entrenamiento.