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Lo que nos enseña la pandemia sobre la formación para la innovación

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Lo que nos enseña la pandemia sobre la formación

desarrollar soluciones inmediatas a un fenómeno de contagio que crece sin dar tregua ni consideración alguna.

El confinamiento, casi tan viejo como la humanidad ha sido perfeccionado con los mecanismos tecnológicos y de control social de los que hoy disponemos haciéndolo cada vez más eficaz: Los elementos de detección febril, las medidas sobre la circulación de ciudadanos, las políticas para la mitigación del paro de la economía e incluso las que en el futuro cercano se deberán tomar para normalizar la vida, son innovaciones ensayadas tiempo atrás pero que hoy se potencian de forma adaptativa con el uso de los nuevos recursos existentes.

Las empresas también le han salido rápidamente al paso a la pandemia y han utilizado su músculo económico y sus ecosistemas de innovación para abrir convocatorias de financiación a innovadores y empresas que proporcionen soluciones para el tratamiento del virus o para la mitigación de sus efectos sociales.

Muchas de ellas, incluso han hecho cambios en sus líneas de trabajo o en sus productos adecuándose rápidamente para responder a la urgencia de producir elementos de bioseguridad, equipos médicos o insumos para el cuidado de los infectados. Pronto veremos las innovaciones que derivarán del desafío de soportar la cotidianidad personal y laboral del mundo global a partir de sus plataformas electrónicas.

Ante la necesidad de aportar soluciones la academia apertrechada en las universidades y centros de investigación ha enfilado sus baterías en diferentes frentes como: el desarrollo de una vacuna (que llegará cuando la pandemia haya hecho sus estragos), el perfeccionamiento o desarrollo de nuevos medicamentos que permitan reducir las tasas de mortalidad, la creación de pruebas más baratas, rápidas y confiables para la detección temprana y el desarrollo de modelos predictivos fiables.

En estos escenarios el aparato científico ha mostrado una capacidad de respuesta relativamente lenta frente a la vertiginosa expansión del virus, pero sigue trabajando de manera comprometida.

Los jóvenes han hecho gala de sus habilidades innovadoras al punto que por cientos se registran las aplicaciones que proponen soluciones a asuntos tan diversos como detectar a partir de los síntomas la posible presencia del virus, generar espacios de ayuda entre vecinos para mitigar los efectos psicológicos del encierro, abrir espacios alternativos de formación a los formales y presenciales, entre muchos otros.

La sociedad atribulada también ha comenzado a crear iniciativas desde sus hogares para expresar la solidaridad con los vecinos y para mitigar los efectos económicos y psicológicos del confinamiento. Las canastas con mercado en donde ponen los que tienen y toman los que necesitan, las serenatas desde el balcón para los vecinos se han hecho comunes en un primer mundo que desde la

segunda guerra mundial no se sentía preso del miedo, el hambre y la muerte.

Aprendizajes para la formación de innovadores

Aunque como dije antes, aún es muy temprano para hacer cualquier balance definitivo, este panorama nos permite extraer algunas conclusiones que pueden utilizarse para mejorar la educación que impartimos a nuestros jóvenes universitarios y hacer de ella una herramienta para enfrentar los grandes desafíos a los que como humanidad nos seguiremos enfrentando.

Primero, es indiscutible que la innovación juega hoy un rol muy importante en todos los niveles de nuestra sociedad y constituye uno de los mejores recursos de los que disponemos para darle solución a los problemas que enfrentamos. Por esta razón, innovar es una competencia que no puede estar ausente en los currículos de formación de nuestros programas profesionales, pues como hemos visto, no hay disciplina ni saber desde el que no se pueda aportar.

Segundo, la innovación se muestra hoy como una vía ágil para resolver los problemas sociales. Las diferentes formas que adquiere (adaptativa, radical o disruptiva) o los resultados que genera (productos, procesos, organizaciones) deben contemplarse

como válidas, legítimas y de alto valor. La diversidad de formas que adquiere la innovación nos invita a pensar en una formación flexible con múltiples entradas, soportada diversos medios y metodologías para que por ende sea prolija en resultados.

Tercero, es posible innovar de forma aislada, pero hemos visto que las sinergias son las que producen mejores resultados.

Asociarse para resolver retos permite que lo mejor de la diversidad y pluralidad emerja y que las ideas, talentos y recursos se combinen provechosamente. Por ello, tenemos que capacitar a nuestros jóvenes para el trabajo en equipo, para participar en las redes de conocimiento y para desenvolverse fácilmente en los ecosistemas de innovación.

Cuarto, el liderazgo ha sido el factor decisivo para proponer proyectos, hackatones, comunidades de innovación, y toda clase de iniciativas para mitigar los efectos de la pandemia. Reunir las voluntades, convencer a los financiadores, orientar a los pares, persistir frente a las dificultades son acciones propias de un liderazgo comprometido, transformador y distribuido sin el cual es imposible una exitosa gestión de la innovación.

Quinto, pero tal vez el más importante, los valores de la vida y la humanidad son los que han movilizado a miles de innovadores:

la valoración de la vida y el amor por los seres humanos; la solidaridad con otros a quienes ni siquiera se conoce; la

esperanza de que unidos saldremos de esta. Formar en el valor de la vida y la humanidad será sin duda el sustrato básico para la construcción de una nueva generación de innovadores.

Hoy estamos en medio de la pandemia. El costo en vidas humanas es muy alto y aún desconocemos cuál será su magnitud final, las consecuencias económicas de la pandemia sin duda serán devastadoras, los efectos psicosociales también nos demandarán un enorme esfuerzo. No obstante, también de este episodio saldremos fortalecidos con nuevas visiones y actitudes que deberemos adoptar y sobretodo interiorizar. Todo esto dependerá en gran medida de la capacidad de aprendizaje que tengamos para hacer de esta crisis una fuente de nuevas oportunidades.

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