INTRODUCCION
5.1.1 El eslabón primario, la producción de maíz antes de 1970
La especialización en el cultivo del maíz, se atribuye a los elementos territoriales, recursos naturales derivados de su ubicación geográfica, condiciones climáticas y disponibilidad de tierras fértiles, aptas para la agricultura; la herencia ancestral en el cultivo del maíz, se generó en el transcurso del tiempo; es un saber hacer intergeneracional, habilidades, conocimientos, arraigo, aprecio y respeto por el cultivo; como afirman los entrevistados.
140
El productor empresarial (PE1) dice ―hasta antes de 1970, las condiciones climatológicas eran bastante predecibles, permitían la ‗siembra en seco‘; es cuando se prepara la tierra y se siembra la semilla un mes antes de la temporada de lluvia, generalmente en el mes de abril, en espera de la lluvia de mayo‖.
A los elementos anteriores, se suma la disponibilidad de recursos naturales en relación con la densidad de población y las condiciones ambientales, para explicar la bonanza de la época. Como afirma un trabajador agrícola, de origen campesino, quien actualmente tiene 50 años, ―antes de 1970, era bonito, había mucho terreno dónde sembrar, se daba bien el maíz, no había tantas plagas, todo era natural, ahora hay más familias, más hijos, ya no hay tierras que repartir‖.
La herencia ancestral en el cultivo del maíz, generó en el transcurso del tiempo habilidades, conocimientos, arraigo, especialización productiva, aprecio y respeto por el cultivo del grano. Es un saber hacer intergeneracional, aprendido de padres, abuelos, tíos, como afirma María José (PE1), quien actualmente tiene 43 años, señala que su gran arraigo, amor y pasión por las actividades agrícolas y ganaderas, provienen de las enseñanzas de sus padres y abuelos, maternos y paternos, particularmente; recuerda con un poco de nostalgia, pero con gran emoción:
―mi familia viene del campo, mi abuela me enseñó a querer el campo; en mi infancia, todas las tardes platicaba con mi abuela, ella era muy trabajadora, se levantaba muy temprano y con sus jornaleros trabajaba el campo; en muchas ocasiones por su alta productividad fue premiada con “la mazorca de oro”.
Incluso le ganaba en la producción a mi abuelo. Toda su vida fue muy trabajadora, se sentía orgullosa de sus logros, ella aprendió de su mamá; es decir, mi bisabuela, que vivió en la época de la Revolución, no podía ver un grano de maíz tirado, lo levantaba con mucho amor‖.
El entrevistado (PE2), recuerda al respecto ―mi abuela se guiaba por los ciclos de la luna y las estrellas, observaba el clima y las nubes para determinar la época precisa de siembra. Los productores de la colonia, seguían su intuición para decidir el momento de sembrar y le atinaban‖.
Por su parte, Kennedy (PPE3) narra el origen de sus conocimientos en la actividad agrícola ―me quedé huérfano y mi tío que no tuvo hijos, me enseñó a cosechar‖. Así también, Armando (PPE2) cuenta ―mis abuelos y mi papá vivían en un rancho, ellos me
141
enseñaron a cosechar, he trasmitido los conocimientos a mis cuatro hijos varones; ahora ya crecieron, son grandes, se dedican a la siembra en terreno propio‖.
Un trabajador agrícola, nos cuenta, en cuanto a la organización de la producción, al interior de la unidad productiva, se realizaba todo el proceso de siembra, cosecha, conservación y comercialización del grano. Con abundante mano de obra, la productividad agrícola se sustentaba en el núcleo familiar extenso, integrado por abuelos, padres, hijos, tíos, sobrinos, habitantes de la comunidad y todos contribuían a la cosecha de maíz.
El proceso iniciaba con labores culturales de roza y tumba para eliminar la maleza;
se empleaban técnicas tradicionales de cultivo y herramientas de mano machetes, coas y barretas de fierro (con forma de media luna y largo rectangular, respectivamente). Para mayor comodidad el campesino ajustaba a su estatura el tamaño del mango de palo de la herramienta; en la cintura se ataba el sembrador, un ‗bochi‘, -recipiente natural, fruto del árbol del morro, utilizado para llevar las semillas- (PPE1).
Los terrenos planos permitían la siembra semi-mecanizada, con sembradoras y cosechadoras jaladas por animales de carga; por el contrario, en las terrazas con pendientes y laderas, todo el proceso era manual, llamado de ‗espeque‘ (palo sembrador); la separación entre los puntos de siembra marcados con la barreta, se medían con zancadas, dos pasos un punto y se depositaban dos semillas, un paso y se depositaba una semilla (PPE1, PE1).
Las estrategias de los productores, se sustentaban en el aprovechamiento y buen uso de los recursos territoriales; mediante técnicas tradicionales seleccionaban las semillas, para utilizarlas en el próximo ciclo de cultivo; desde épocas remotas los habitantes de la región han desarrollado una tecnología apropiada para cultivar con sistemas de producción, basados en el trabajo humano y la selección de variedades adaptadas a las condiciones climáticas regionales, dando origen a lo que se denomina semillas criollas o nativas.
―Se cultivaban variedades criollas, como el Napalú, el Joloche morado, Olotillo amarillo, Rocamey‖; aunque el preferido era el blanco para la alimentación, principalmente para elaborar las tortillas; el campesino seleccionaba las mazorcas de mayor tamaño y calidad del grano, para asegurar la semilla del próximo ciclo de cultivo; se desgranaba manualmente frotando la mazorca con un olote (corazón de la mazorca una vez desgranada) o utilizando el arnero hecho de cuero o de ixtle; era un proceso cuidadoso para no dañar el corazón del grano; se guardaba en redes colgadas al techo para evitar la humedad, plagas
142
como el gorgojo y roedores; las mazorcas con granos chiquitos, llamados molcates, se utilizaban para alimento de los animales (PPE1).
Las plagas se combatían con métodos tradicionales efectivos, nos comenta un pequeño productor de autoconsumo (PPA,5)
“Desde siempre el gusano cogollero, la mariposa blanca, el picudo y el chamusco, han afectado a las milpas. Antes [de 1970] la plaga se presentó en mi parcela y la combatí con los sabios consejos del fallecido don Crescencio, un señor muy reconocido en la colonia, me dijo vas a prender un sahumerio con copal y vas a recorrer tu parcela rezando los cantos que te enseñan en la iglesia, detrás de ti va ir caminando tu mujer contestando los cantos y peinándose el cabello hacia afuera, para que se vaya el mal. Así lo hice y después a la semana siguiente volví a la parcela, porque está en la montería y ya no había plaga”.
Las relaciones de cooperación era una práctica bastante arraigada, un valor muy apreciado entre los miembros de la comunidad, como relata el entrevistado, productor 3 del estrato I (PPA3)
―Se acostumbraba el intercambio de mano, era un acuerdo de ayuda mutua para sacar adelante la siembra, principalmente entre familiares y vecinos. Un día se trabajaba en una parcela y después en otra, o bien, se reunían para el desgrane y llenado de costales; en agradecimiento el dueño del terreno compartía el pozol al medio día y la comida al término de la faena”.