INCONCLUSA” EN MEXICO Y LA DEMOCRACIA
I. HACIA UNA RELACIÓN ESTRATEGICA CON ESTADOS UNIDOS
Se ha dicho que la geografía decide el destino de las naciones. Es más exacto afirmar que fija las condiciones de posibilidad para que cada nación construya su propio rumbo.
¿Cuáles son esas condiciones para México?
Somos los vecinos inmediatos de la potencia dominante de la segunda mitad del siglo XX y que, todo así lo indica, será también la mas importante en el amanecer de este nuevo siglo es un error generalizado pensar, sin embargo, que ante tal potencia, un país como México no tiene otra alternativa que
subordinarse o encerrarse en la inacción o en la defensa retórica. En el ámbito mundial, un país que quiere tener una mayor presencia e influencia internacional puede transformar condicionantes en ventajas. Un ejemplo de ello lo ofrece nuestra frontera común con los Estados Unidos que, lejos de acarrearnos sólo problemas, nos proporciona ventajas considerables, como ha quedado demostrado en ámbitos como el comercio, la inversión y el turismo.
Es justamente por esa razón que México esta promoviendo una nueva relación, a la vez más estrecha y más profunda, con los Estados unido. La relación estratégica que estamos construyendo depende básicamente de tres cambios esenciales: en primer lugar, la inclusión de nuevos temas en la agenda bilateral; en segundo lugar, la incorporación de nuevos interlocutores políticos; y, en tercer lugar, el establecimiento de un nuevo marco general para la relación a largo plazo.
El primer punto refleja un cambio tanto en las prioridades como en la actitud de ambos gobiernos tras el triunfo electoral de Vicente Fox. Hoy estamos discutiendo temas que no habían formado parte de la agenda bilateral de manera constante y sistemática, tales como migración, energía o cuestiones hemisféricas. Estos nuevos temas reflejan intereses que no son necesariamente los que fueron más prominentes en nuestra agenda con los Estados Unidos a lo largo de las pasadas décadas. Y ello no porque estos intereses carecieran de importancia para el país, sino por el contrario porque los sucesivos gobiernos de México habían sido incapaces de lograr que sus contrapartes estadounidenses accedieran a emprender una discusión integral y constructiva sobre estos asuntos cruciales.
El mas prominente y, por distintos motivos, el tema prioritario en la actual agenda bilateral de México y Estados Unidos, es, por supuesto, la negociación para atender en forma integral el fenómeno migratorio. Este tema siempre ha estado presente en relación entre los dos países pero nunca formó parte de la agenda negociadora de los dos gobiernos. Incluso el caso del “acuerdo bracero” de 1942, que algunos consideran un antecedente en esta materia, puede argumentarse que se trató más bien de un acuerdo diseñado por Estados
Unidos para obtener mano de obra barata durante la segunda guerra mundial, en el cual el papel negociador de México fue muy limitado. A diferencia de aquel efímero antecedente, en la actualidad ambos gobiernos han reconocido la necesidad de contar con un marco ordenado para la migración, que garantice un trato humano, protección legal adecuada y condiciones laborales dignas para los migrantes. Hoy ambos gobiernos conciben el tema migratorio como una fuente de desafíos y oportunidades, así como uno de los principales vínculos que unen nuestras naciones.
Hemos logrado ya importantes avances en las negociaciones en materia migratoria, particularmente respecto al reconocimiento de que los cinco rubros en que fueron divididas deben de atenderse de manera integral. Estos son la regulación de los migrantes indocumentados que ya se encuentran en los Estados Unidos; la ampliación del número de visas permanentes otorgadas cada año a mexicanos que desean radicar en aquel país;
el establecimiento de un programa de trabajadores huéspedes; el incremento de la seguridad fronteriza; y la promoción de desarrollo económico de México, especialmente en las regiones expulsoras de migrantes.
Es previsible que en los próximos meses las negociaciones se vean influidas por las repercusiones de los ataques terroristas realizados en contra de los Estados Unidos, pero ello de ninguna manera significa que se hayan cancelado los avances alcanzados hasta la fecha, ni que este proceso se haya detenido las razones de fondo que dieron origen a las negociaciones entre México y los Estados Unidos en esta materia son totalmente ajenas a dichos ataques y siguen vigentes. Es por ello que ambos gobiernos han reiterado claramente su voluntad de atender el fenómeno migratorio de manera integral y con visión de largo plazo.
Otro importante asunto bilateral que si bien no es un tema nuevo sí está siendo atendido con renovado vigor y dentro de nuevos parámetros, es el combate contra las drogas.
Hemos reconocido la necesidad de incrementar la cooperación de ambos lados de la frontera y, en consecuencia, hemos
adoptado medidas más eficaces. Hoy, la colaboración entre México y los Estados Unidos en esta área es más estrecha, más confiable y más franca de lo que había sido en el pasado. El intercambio de información e inteligencia entre funcionarios de ambos gobiernotes más frecuente y sistemático.
Estamos fortaleciendo la capacidad de ambos países para llevar a la justicia a aquellos individuos involucrados en este tipo de delitos.
Dentro de este clima de colaboración y corresponsabilidad, esperamos que la decisión de suspender el proceso anual de certificación sobre el combate a las drogas por un año en el hemisferio occidental, iniciativa aprobada recientemente por el Senado estadounidense, sea ratificada muy pronto por la cámara de representantes de aquel país. Ello no solo permitirá desarrollar instrumentos más eficaces para mejorar la cooperación en la lucha contra las drogas a lo largo y ancho de todo el hemisferio, tal como lo busca hacer el mecanismo de Evaluación Multilateral contra las drogas de la OEA si no que también puede contribuir a cortar los vasos comunicantes que existen entre el trafico de drogas y otras amenazas a la seguridad hemisférica.
Otro tema central que hay que incluir de manera más clara en la agenda bilateral es el de energía, junto con Canadá, México y los Estados Unidos han estado discutiendo una nueva estrategia en esta materia que responda a las necesidades de la región en su conjunto. México busca conciliar la oferta con la demanda en América del Norte, de manera que podamos utilizar óptimamente nuestros recursos energéticos y evitar la disfuncionalidad geográfica, estacional y de tipo de energía que afectan a la oferta y la demanda en esta tarea, como en cualquier otro aspecto de política exterior, debemos salvaguardar los intereses nacionales pero también debemos de ser capaces de adoptar una visión mas amplia que nos permita aprovechar las oportunidades que ofrece el mercado de América del Norte en su conjunto, tanto en materia de inversión como de consumo. Para ello es preciso tomar en cuenta las perspectivas de cada nación y utilizar en beneficio de México nuestros recursos energéticos, que son sin duda uno de los mayores activos del país.
Adicionalmente, dentro del conjunto de nuevos temas que estamos introduciendo en la relación bilateral se encuentra en la discusión con los Estados Unidos de temas globales y regionales de interés común, los que podríamos llamar temas relacionados con países terceros. Hay también en esta área antecedentes aislados, como Centro América en la década de los ochenta y la vigencia del régimen democrático en algunos países de la región en la década de los noventa, pero no un dialogo sostenido y constante. Esto ha empezado a cambiar a partir de gobierno del presidente Fox y es su intención profundizar este proceso para que se incorporen a la agenda importantes temas regionales, como la situación en Colombia, Cuba, Venezuela o incluso temas mundiales como el protocolo de Kioto sobre cambio Climático la conferencia mundial contra el rasismo, la discriminación racial, la Xenofobia y otras formas conexas de intolerancia celebrada en Durban, o la Cumbre Mundial sobre Desarrollo sustentable que habrá de realizarse en Johannesburgo.
Junto con la inclusión de los temas en la agenda bilateral, estamos promoviendo la incorporación de nuevos actores en el diálogo entre los dos países. El presidente fox se ha esforzado por desarrollar una relación mas estrecha con actores destacados de la vida pública de los Estados Unidos, con los cuales México debe mantener contactos sistemáticos y continuos. Entre ellos figuran el congreso de los Estados Unidos, los diversos gobiernos estatales, los medios de comunicación, los sindicatos, los principales grupos empresariales y las organizaciones no gubernamentales. Es cierto que en el pasado se hicieron esfuerzos aislados en este sentido, sobre todo para objetivos específicos particularmente en el caso de la negociación del TLCAN, y en menor medida durante la crisis centroamericana de los ochenta. No obstante, estrechar y mantener en forma permanente y generalizada estos vínculos resulta indispensable para cualquier país que pretenda construir una relación estratégica con Estados Unidos.
Otros gobiernos interesados en forjar una relación similar lo han hecho desde hace años, como los de Canadá y Japón, y, por supuesto, el de Reino Unido, si bien su situación es ciertamente especial. Ellos han comprendido
que un país como los Estados Unidos, donde el poder se halla tan disperso y fragmentado, no es posible entenderse únicamente con el poder ejecutivo. México tiene la ventaja de que existe una predisposición favorable para escuchar y trabajar en los temas de la agenda mexicana en otros niveles de gobierno. Las decisiones que diversas instancias estadounidenses han adoptado recientemente, como la resolución que permite a los hijos de los migrantes establecidos en California, sin importar su condición migratoria, el acceso al sistema de educación superior y de colegiaturas preferenciales del estado, como cualquier otro residente, así como la propia suspensión del proceso de certificación antidrogas o la suspensión en forma indefinida de la ejecución de Gerardo Valdés Maltos, reflejan en parte el dialogo que México ha logrado establecer con estos interlocutores.
En este punto conviene subrayar la importancia que tuvo la definición de nuestro apoyo hacia los Estados Unidos a consecuencia de los ataques terroristas realizados el 11 de septiembre. Si la postura oficial de México hubiese sido diferente, tal vez la relación con el ejecutivo estadounidense no se hubiera visto afectada de manera adversa, pero si la relación con los otros interlocutores de esa sociedad.
Afortunadamente logramos mantener la confianza y la fluidez que hemos construido paulatinamente, si bien es preciso admitir que algunas de las posiciones asumidas en el debate en México pusieron en riesgo este conjunto de relaciones, comprendido como se acaba de exponer.
El tercer elemento de la nueva relación que buscamos desarrollar con los Estados Unidos es la creación de un marco conceptual diferente que confiera a nuestros vínculos una perspectiva a largo aliento, algo que en México, Canadá y Estados Unidos se ha denominado la comunidad económica de América del Norte. El nuevo marco conceptual tiene que ver con el desarrollo de nuevas instituciones, y con temas como la libertad de movimiento de capitales, bienes, servicios y personas. En esencia, consiste en la visión de largo plazo para la región de América del Norte. Se trata de construir una convergencia gradual de nuestros indicadores macroeconómicos y una mayor coordinación
en otras áreas, en forma análoga pero no idéntica a la que se ha venido desarrollando en Europa Occidental. Los umbrales de la convergencia en América del Norte son, indudablemente diferentes a los de las naciones europeas, pero la dirección de este proceso es semejante. Definir si la construcción de las instituciones de América del Norte es en el interés de México constituye uno de los retos conceptuales más significativos en la agenda de política exterior mexicana.
Desde una visión estratégica los ataques terroristas perpetrados contra los Estados Unidos el 11 de septiembre obligan a replantear un tema que, si bien siempre estuvo presente, ahora revestirá una importancia aun mayor: la cooperación en la lucha contra el terrorismo. México esta decidido a colaborar más estrechamente con los Estados Unidos y Canadá para mejorar el control en nuestras fronteras, compartiendo información y estableciendo criterios y procedimientos comunes en materia aduanera y fronteriza. Es un hecho que la seguridad de las tres naciones es ahora interdependiente y que un perímetro de seguridad norteamericano puede ser instrumento útil para mejorar los mecanismos de verificación, control e inteligencia comunes aminorando los estragos que para México puedan causar las demoras del transporte de carga en la frontera, las dificultades para los cruces fronterizos y un ambiente de cerrazón. Este proceso podría conducir eventualmente a la creación de instituciones de control transfronterizo semejantes a las que han sido establecidas en Europa, tales como el “Área Schengen”, con el fin de promover al mismo tiempo un movimiento mas libre de personas y bienes, y una mayor seguridad en la región.
de manera complementaria, será indispensable revisar y renovar el sistema de seguridad hemisférico, tal como lo propuso el presidente Fox ante el consejo permanente de la OEA en septiembre pasado, con el fin de establecer nuevos mecanismos que respondan a las nuevas amenazas y a las necesidades reales de las naciones de América Latina: el terrorismo, el crimen organizado transnacional y sus delitos conexos, la proliferación y el trafico de armas, los desastres naturales recurrentes y el sida. Este es un objetivo de largo plazo cuya relevancia ha sido
confrontada por los atroces acontecimientos del 11 de septiembre.
Es por este conjunto de consideraciones que