HENRI BREUIL Y RAYMOND LANTIER
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En mayo de 1914 se descubren las pinturas del Abrigo Grande de Mi- nateda (Hellín, Albacete) y las de los abrigos menores que se encuentran a su alrededor. El equipo dirigido por Henri Breuil, con Federico de Motos y Juan Jiménez Llamas como prospector abre la puerta a uno de los ha- llazgos más importantes de la arqueología y del arte rupestre de principios del siglo XX en la Península Ibérica y en Europa.
En el primer caso estamos ante un especialista francés de prestigio internacional, que trabaja por todo el sureste español y da lugar a diver- sos descubrimientos y estudios entre los que destacan en 1910 los de la Cueva de la Vieja en Alpera, descubierta por Pascual Serrano; el abrigo de Tortosilla en 1911, descubierto por los hermanos Serrano, que Breuil vi- sita en 1911, o en 1912 con el descubrimiento del Abrigo de Mediodia y Cantos de la Visera en Yecla por parte de J. Zuazo y Palacios.
Este descubrimiento de Minateda dio como resultado asociado el redescubrimiento del Tolmo de Minateda, un yacimiento arqueológico casi olvidado del que se tenían algunas referencias por diversos hallazgos que se habían realizado en el final del siglo XVIII y el siglo XIX. Consta especialmente la aparición de un excepcional sarcófago de mármol en la zona que es uno de los grandes referentes de la arqueología paleocris- tiana, y cuya documentación está en los archivos de la Real Academia de la Historia.
Así, Juan Lozano Santa en 1794 describe en su libro “Bastitania y Con- testania del Reyno de Murcia con los vestigios de sus ciudades subterráneas”
un sarcófago que es el que está en la Real Academia y que este erudito sitúa en Vilches, un paraje de Hellín. Dicho sarcófago lo colocamos, siguien- do a Sotomayor Muro y a Domínguez Monedero, en el Tolmo de Minateda Juan Francisco Jordán Montes y el que esto escribe en un trabajo de 1982 sobre la zona de Vilches y su yacimiento romano ya que nos pareció más fundamentado y acorde con la importancia de nuestro yacimiento.
En 1829 Sebastian Miñano refiere diversos datos aportados por parte de José Rodríguez Carcelén, un personaje primordial a la hora de estudiar diversos hallazgos arqueológicos y documentación geográfica e histórica de Alicante, Albacete y Murcia, en relación a las antigüedades apareci-
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das en Minateda, así como una vía romana que va a Tobarra y los hallaz- gos arqueológicos de la hacienda de El Pardo.
De nuestro sarcófago se tiene otra vez noticia en 1834 y en 1863 a través de documentos que recopiló Herbert González Zymla para el Ins- tituto de Estudios Albacetenses. Hace poco Lorenzo Abad Casal y Juan Manuel Abascal Palazón sacaron a la luz en 2013 todo el expediente y el proceso de traslado del sarcófago a Madrid, estudio donde se encuentra sintetizada toda la documentación.
En 1844 se ofrece alguna información a través de la encuesta lleva- da a cabo por la Comisión Provincial de Monumentos donde se relacio- nan ruinas y antigüedades. Carlos María Perder, un ilustrado local, da tam- bién información sobre el Tolmo en 1861, con una abundante descripción de materiales de la propia ciudadela y sus alrededores. Después todo parece quedar olvidado.
Ahora bien, a mediados de 1914 y si seguimos el rastro de datos de las cartas de Federico de Motos a Henri Breuil sobre el Abrigo Grande, se corrobora que se intenta trabajar sobre las pinturas rupestres desde el primer momento (Breuil está en Yecla con M. Burkitt en junio de 1914, tal y como el primero afirma), Federico de Motos está en el abrigo a principios de Junio, y Breuil piensa que en septiembre puede estar en Minateda.
Otra noticia aparece en un breve trabajo de Breuil y Motos sobre arte rupestre naturalista en Velez Blanco fechado en 1915, donde afirman que dentro de poco tiempo darán testimonio sobre un nuevo descubri- miento que no es otro que Minateda.
Creo que será en torno mediados de 1915 cuando se comience con la documentación gráfica del abrigo. Es en ese momento cuando se excava por parte de Motos la necrópolis del Bancal del Estanco Viejo a la entrada de Minateda, aparecida con motivo de la construcción de una carretera local. En este texto sobre el Tolmo se afirma que en 1915 están sobre el terreno y descubren un lote de cerámicas medievales. Pa- rece posible que se alojen en Agramón o en la propia Venta de Minateda al pie de la carretera nacional, muy cerca del Molino, y se realizan las reproducciones del Abrigo Grande, presumiblemente las de los abrigos menores y se localizan diversos yacimientos arqueológicos en el valle cir- cundante que también señalarán y describirán.
Es también el momento en el que otros investigadores vienen a ver el abrigo de Minateda como ocurre con Eduardo Hernández Pacheco y Francisco Benitez Mellado, pertenecientes a la Comisión de Investigacio- nes Paleontológicas y Prehistóricas, de los que se tiene atestiguada una vi- sita a la zona en 1916 en la que realizan un amplio reportaje fotográfico. El propio Hernández Pacheco deja constancia de otras expediciones entre 1920 y 1924 para realizar calcos de las pictografías. En ese momento de- bieron conocer el propio Tolmo de Minateda, que es citado en las obras posteriores de Hernández Pacheco.
En 1918 se publica un primer artículo sobre cerámicas del Tolmo de Minateda por parte de Enrique Varela Hervías, se trata de un pequeño
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trabajo redactado a mediados de 1917 para la Revista de archivos, bi- bliotecas y museos, donde se da noticia de una visita a Minateda por parte del joven autor, Hugo Obermaier, Paul Wernert, dos arqueólogos de intenso prestigio, y Francisco Benitez Mellado, el dibujante de la Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas.
También en 1918 Fidel Fita, gracias a Federico de Motos, hace re- ferencia a una inscripción aparecida en una finca de Minateda, perte- neciente a José Serra, donde aparece el nombre de Fabio Isas y su hijo Fabio Fusco.
Por otro lado Louis Siret, ingeniero y arqueólogo belga, radicado en Almería, que dedica parte de su tiempo a investigar en el sureste, llega hasta el Tolmo, posiblemente por informaciones de Federico de Motos, donde realiza una detenida visita y levanta diversos croquis hoy en el Mu- seo Arqueológico Nacional. Después pasarán otros diez años de silencio.
Entre 1929 y 1942 será Joaquín Sánchez Jiménez, director del Museo Provincial de Albacete, el que dé noticias sobre nuestro yacimiento. Así, en 1929 se localiza una cabeza esculpida y en 1942 se inicia una campa- ña de excavaciones arqueológicas donde están presentes Antonio Gar- cía y Bellido y Blas Taracena, otros dos investigadores de prestigio que excavan en el Tolmo y en el Bancal de Estanco Viejo. Desde entonces y hasta finales de 1987 no se tiene constancia de nada relevante.
Es al final de 1987 cuando empieza la última fase de esta historia, se descubren las inscripciones monumentales del Reguerón gracias a unas lluvias torrenciales. Dos personas de Hellín (Vicente Lozano Montemayor y Diego Esparcia Hermosa) avisan a los arqueólogos que están excavan- do en Zama y se visita por mi parte el hallazgo y aquí empieza la parte
“homérica” de la historia. Aviso de lo que hay y la directora del Museo de Albacete, me dice que haga una excavación de urgencia, le digo que primero lo vea ya que creo que el hallazgo es de mucha magnitud y que esto no es para una excavación pequeña, visitamos el Reguerón y se aprecia que lo que hay es muy importante, tremendamente importante.
En noviembre de 1987 las tapamos contra viento y agua, subiendo cien- tos de kilos de zahorra y se protegen como mejor se puede para iniciar un ambicioso proyecto que ha llegado hasta nuestros días que se dirige desde la Universidad de Alicante.
El trabajo de Breuil y Lantier sobre el Tolmo de Minateda es el objeto principal de este texto introductorio. Está compuesto hacia 1936 y se pu- blica en 1945 en el número 2 del Archivo de Prehistoria Levantina. Entra dentro de una línea de investigación del propio H. Breuil con Raymond Lantier, un arqueólogo francés especializado en arqueología de la Penín- sula Ibérica, sobre yacimientos prerromanos. Sabemos que documentan el yacimiento en octubre de 1916, en plena Primera Guerra Mundial en un periodo de tiempo donde Lantier, herido de guerra, se había recuperado o estaba en convalecencia en España.
Cuando se decidió publicar en versión facsímil los dos trabajos bá- sicos de Breuil en Minateda (existen otros dos, uno sobre el Canalizo del
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Rayo y otro sobre las pinturas esquemáticas de la zona, éste último englo- bado en una preciosa publicación sobre el arte esquemático en cuatro tomos con el título de “Les peintures rupestres schématiques de la Pénin- sule iberique”) nos propusimos en el Instituto de Estudios Albacetenses que fuera una obra de calidad, traducida y con un breve trabajo sobre cada uno de ellos. Juan Francisco Ruiz López se hizo cargo del estudio sobre las pinturas y yo he hecho lo propio con el Tolmo, en este caso como un homenaje a los arqueólogos que han llevado a cabo trabajos de campo en el valle de Minateda y sus alrededores para el descubrimiento del po- blamiento en una zona estratégica de Albacete y Murcia.
Y aquí está el porqué: se trata de centrarnos en el paisaje circun- dante, no tanto de la descripción y comparación actual de las estructuras del yacimiento arqueológico, algo que ya se ha hecho en otras ocasiones por parte del equipo que investiga el lugar.
Breuil y Lantier comienzan con la localización del enclave en una vía de comunicación que va a Murcia, es decir dejan constancia de nuestra íntima relación con el territorio murciano, con Cieza, Jumilla, Calasparra y Moratalla. Centran la red hídrica con el río Mundo y el río de Tabarra (Rambla del Moro le llaman). Describen la orografía y los componentes geológicos. Describen sus flancos y hablan de Cabeza Llana al oeste, donde localizan un yacimiento musteriense y los abrigos de arte rupestre, citan además Cueva Morena al este, lugar que hemos visitado sin resulta- do arqueológico alguno. Por otra parte citan hallazgos dispersos hacia la Sierra de las Cabras y el Cuchillo, lugar donde descubrimos el abrigo de Cueva Blanca en 2006.
Más adelante describen la llanura pantanosa, tanto hacia el norte como hacia el sur, que luego se convierte en cauce de río donde colocan el propio Tolmo de Minateda y citan por primera vez los cerros satélites.
Al sur del cerro apuntan la existencia de restos romanos con inscrip- ciones, columnas y sarcófagos. Hacia Minateda señalan la existencia de una necrópolis ibérica, es decir la del Bancal de Estanco Viejo y numero- sos silos. También señalan la existencia de yacimientos ibéricos sobre pe- queñas alturas a la altura de la Horca con restos materiales abundantes.
Señalan, por fin, la zona de Zama con “millares de tejas romanas”.
En la tercera parte del trabajo nuestros autores describen un lugar con una “casa ibérica” con “cascotes de alfarería antigua” cerca de una
“casita” sobre una loma. Después describen lo que nosotros hoy cono- cemos como “Cerro del Lagarto” y que ellos llaman “pequeño Tolmo”, una colina con escalones naturales. Describen allí un molino, una cubeta, una prensa y sepulturas, además de lo que ellos identifican como “vivien- das”. Se refieren también a la “Torrecita” con sepulturas, un pilón y regue- ros, es decir, canalizaciones excavadas superficialmente en la roca, así como evidencias de una antigua cantera. Describen con claridad una
“masa formada por un conglomerado de arcilla y cascotes apretados”, sin duda los restos de una torre medieval islámica a la vez que hacen valer la aparición de fragmentos de cerámica medieval con decoración
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e inscripciones que tiene que ver con un yacimiento medieval situado al oeste y limitado por la carretera actual. Entre los dos últimos yacimientos señalan la aparición de muros antiguos y cavidades excavadas, además de volver a hablar de tejas romanas.
Siguiendo su descripción destacan la necrópolis del Bancal del Es- tanco Viejo. Señalan que presenta una “abombamiento” y que se exca- vó con los resultados que conocemos. Cabe destacar que sus materiales forman parte de las colecciones del Museo de Albacete desde hace mu- chos años.
Cerca de la capilla de la casa de Tesifonte Gallego, que todavía existe hoy a la entrada del pueblo de Minateda destacan la existencia de un edificio de 36 metros cuadrados de planta rectangular de grueso muros formados por argamasa y guijarros y una gran concentración de tejas romanas.
Siguen con su descripción y cabe señalar que al pie de las pinturas del Abrigo Grande se localizó el fondo de una “urna ibérica” rodeada de tieras oscuras.
Constatan de la existencia de una estructura rectangular excava- da en la roca en la parte alta del Barranco de la Mortaja que determi- nan tiene que ver con el nombre del barranco y que sirve para recoger agua. Es muy interesante destacar que Breuil y Lantier dejan constancia de los antiguos caminos que se localizan entre esta zona y el Canalizo del Rayo con características propias como los surcos muy profundos que ellos comparan con Meca. También describen la existencia de canteras de no fácil adscripción cultural, tanto es así de indican que acaso pertenezcan a una época mucho más moderna, posiblemente medieval dicen ellos.
Lo cierto es que estas canteras suministraron piedra para la población en época moderna desde el Renacimiento.
Todavía siguen y escriben sobre La Horca y algo más allá descri- biendo una zona con tierras negras, cascotes y tejas. Afirman que puede ser una tejera y creo que más bien están ante las estratigrafías de lo que conocemos hoy como villa romana de La Horca, otro lugar más en este valle tan intenso en poblamiento.
Entran en la descripción detallada del Tolmo y sus estructuras y quie- ro destacar el esfuerzo que realizan para levantar el plano “topográfico”
gracias a una brújula y a la medición a “pasos”. Mucho después y gracias a la colaboración del Instituto Geográfico Nacional se llevó a cabo, se- tenta y dos años después, la topografía más avanzada de esos momentos y allí estuvimos con dos topógrafos excepcionales, subiendo y bajando, localizando, marcando y señalando.
Nuestros protagonistas describen restos, cuales son los puntos débiles de la ciudad, fijan etapas, donde señalan lo visigodo, destacan las casas troglodíticas habitadas por “contemporáneos” pero destacan que otras ca- sas cueva tiene restos mucho más antiguos. Hacen hincapié en la cerámica de Samos, es decir posiblemente sigillatas, en “número pasable”. También dejan constancia de que aparecen restos cerámicos en el lecho del río.
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Mucho más adelante refuerzan el carácter curioso del Tolmo, su posición estratégica como un lugar de vigilancia, una población fija con otros lugares de ocupación en los alrededores hasta La Horca “sobre pe- queñas alturas” con restos de “caseríos”.
Al halar de materiales arqueológicos señalan la presencia de cerá- micas ibéricas en la necrópolis del Bancal del Estanco Viejo, así como ce- rámicas griegas y romanas, además de una “cabeza de cabra de ónix”.
En la casa al pie del Tolmo señalan la presencia de una inscripción romana y restos de sarcófago decorado que pudimos llegar a ver en los años ochenta del pasado siglo, hoy desaparecido.
Concluyen que el Tolmo queda como un lugar central en lo econó- mico con un papel de vigilancia y “guardián de paso” sobre la llanura de Minateda donde parecen agruparse las diversas poblaciones dispersas por el valle utilizándolo como un refugio. Sobre su final dejan constancia de la aparición de restos visigodos y árabes.
Como vemos estamos ante una radiografía precisa del entorno, donde dejan constancia de su esfuerzo por conocer los alrededores y situar los puntos arqueológicos principales. Desde el último tercio del siglo XX se ha estado trabajando en todo el valle del Arroyo de Tobarra, desde la Venta del Vidrio hasta la parte meridional de Agramón y son otros mu- chos los lugares que se han localizado hasta tiempos recientes. De todas formas el trabajo de Henri Breuil y Raymond Lantier es esencial y por eso merece la pena este recuerdo.
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