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TOPOGRAFÍA GENERAL 2

Poblados prerromanos de la Península Ibérica 1

I. TOPOGRAFÍA GENERAL 2

No son numerosas las vías de comunicación que permiten alcanzar el litoral mediterráneo, dejando atrás la llanura de La Mancha y deslizán- dose entre las montañas cretáceas, jurásicas y triásicas que la bordean al Este y al Sureste. Una de ellas se extiende desde Chinchilla por Yecla hacia Alicante y Elche. A lo largo de esta vía natural se escalonan diversos oppida ibéricos, el más importante de los cuales es, sin duda, Meca, entre Alpera y Ayora, y los célebres cerros de los Santos y de la Consolación. Se pueden también citar el curioso asentamiento en El Amarejo, en Bonete, y El Arabi, cerca de Yecla.

Otra vía, igualmente jalonada de plazas fuertes ibéricas, desciende hacia Murcia por Hellín y Cieza, siguiendo poco más o menos el trazado del antiguo paso del mioceno y la red orográfica inferior del río Mundo y de su afluente, la Rambla del Moro o Río de Tobarra. A lo largo de esta vía, o cerca de ella, se encuentran localidades que han proporcionado importantes hallazgos ibéricos, como Jumilla, Moratalla y Calasparra.

Entre Hellín y Agramón, en Minateda, hacia el punto en el que la vía férrea describe una curva pronunciada y se dirige hacia el Sur, después de haber ido hacia el Este, los depósitos miocenos, tajados por la erosión, forman una serie de cerros de contornos escarpados de areniscas más o menos blandas que pasan, siguiendo las cumbres, a los niveles de con- glomerados de cantos de cuarcita y de cal endurecida, o a bancos de arenisca bastante compacta con el fondo de pequeños guijarros ferrugi- nosos. Generalmente, los bancos de cantos de roca dura se encuentran en la base de los cerros y casi al nivel de la llanura.

Esta vía, que se va alargando hacia el Norte por el lado de Hellín, se estrecha hacia el Sur, entre dos montañas cada vez más elevadas. Ha-

1 Véase R Lantier y H Breuil Poblados prerromanos de la Península Ibérica, I .La Villa, en

“Revue Archéologique”, 1930, 1. pp. 209-216.

2 Los levantamientos de (planos) y fotografías fueron realizados en el mes de octubre de 1916 durante nuestra estancia en Minateda.

* El presente trabajo está compuesto desde 1936 cuando se preparaba la publicación del segundo volumen del Anuario que sale ahora a la luz pública (en castellano en el original).

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bía allí, desde los tiempos más remotos, una especie de desfiladero que controlaba el acceso a la llanura de esta parte de La Mancha. Al Oeste3, la Sierra de Cabeza Llana limita el horizonte; a sus pies, se encuentran im- portantes asentamientos musterienses así como en los barrancos que re- cortan el borde oriental. Hay excavados numerosos abrigos bajo la roca, algunos de los cuales presentan interesantes pinturas paleolíticas y neolíti- cas, descubiertas y estudiadas por el señor Abad Breuil.

Hacia el Este, la llanura está limitada por la sierra del Cuchillo y los cerros en los que se excava la gran cueva Morena. Estas alturas se extien- den en dirección a la alta cadena montañosa de la Sierra de las Cabras.

De este lado de la llanura, los vestigios de las dos edades de piedra tam- poco son raros.

Bajando, hacia Agramón, la llanura, primero pantanosa, se ve pron- to reducida a la vaguada del río. En el centro del anfiteatro formado por las montañas que acabamos de mencionar, pero más cerca de la sierra de Cabeza Llana, se levanta el Tolmo, alta meseta que domina la llanura por todos sus lados. Su forma es alargada, y casi todas sus vertientes son inaccesibles. La parte superior está enteramente ocupada por una villa ibérica y romana.

Al Oeste4, al otro lado del río, actualmente canalizado y cuya agua no es potable aunque sí excelente para el riego, con tierra semejante a una albufera al Norte, un poco por detrás del Tolmo, hay otros dos peque- ños cerros satélites, igualmente cubiertos de ruinas y de vestigios.

En el extremo meridional del Tolmo, al borde de la llanura cultivada, se encuentran notables restos de hábitats romanos, columnas, sarcófagos de mármol, inscripciones. Un poco más al Oeste5, entre el Tolmo y el po- blado de Minateda, se encuentran numerosos silos antiguos y una necró- polis ibérica, en parte removida debido a inhumaciones de la baja época romana. Su descubrimiento se debe a los trabajos de construcción de la carretera en 1914 - 1915.

Desde la cumbre del Tolmo la vista se extiende al mediodía sobre una llanura al principio fértil e irrigada, después cubierta de vegetación pantanosa. Un poco más allá del poblado de Minateda se pueden ver al- gunas casas de la Horca, cerca de olivares que llegan hasta la vía férrea;

a la derecha y a la izquierda, sobre alturas muy poco pronunciadas, hay importantes vestigios de asentamientos ibéricos.

Los naturales de lugar nos han confirmado que allí se habían des- cubierto figurillas de animales en bronce y cerámica pintada ibérica, tan abundante ya en la vertiente oriental del Tolmo y en la necrópolis, y ha sido recogida en gran cantidad. Se observan incluso tierras negras que contienen secciones de algunos canales de irrigación. Un poco más al Sur todavía, al pie de las montañas que limitan el valle que mira al Este, los campos llamados Zama contienen millares de tejas romanas, análogas a

3 En el original Este, una errata sin duda.

4 Idem.

5 Idem.

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las que se pueden ver alrededor de casas en ruinas y sepulturas talladas en la roca de uno de los pequeños cerros vecinos al Tolmo.

II

DESCRIPCIÓN DEL TOLMO

El Tolmo, ya lo hemos dicho, es una meseta estrecha y alargada que termina en un promontorio agudo que mira al Sur y se redondea en el otro extremo en una prominencia de forma lobulada en sus contornos, igualmente inaccesible. (Pl. I, fig. 1).

Intentamos levantar un plano topográfico de él, con los medios ru- dimentarios de los que disponíamos, es decir, la brújula y el paso. No hay ni que decir que en esas condiciones los detalles de nuestro plano no son nada más que aproximativos. No obstante, su exactitud es suficiente para permitir apreciar en él de una manera aproximada las dimensiones reales y para que pueda ser reconocido sin ninguna dificultad en nuestro diseño gráfico y encontrar, gracias a él, los vestigios que hemos podido señalar allí.

La dimensión de la meseta, de un extremo al otro, es de 500 me- tros aproximadamente, pero la longitud real es superior, por el hecho de que la forma general está muy curvada, formando una concavidad en el lado Oeste.

LOS ACCESOS:- Por este lado sólo hay dos accesos posibles: uno, al Nordeste, es una escalera bastante empinada pero relativamente fácil, tallada entre dos masas rocosas (IV).6 Otro, mucho más difícil, se encuen- tra a unos 120 metros del espolón meridional, a lo largo del borde oriental (VII). Allí, numerosos bloques desgajados del borde de la escarpadura han retenido la tierra y permiten alcanzar gradualmente, por medio de una serie de escalones naturales y utilizando algunas cornisas, casi el nivel de la meseta. Algunos cortes verticales en la roca y dos o tres marcas exca- vadas permitían, aunque con dificultad, alcanzar la población.

Ni una ni otra vía eran practicables para un elevado número de per- sonas y, menos todavía, para carros o caballerías. (Pl. I, fig. 2).

Otra entrada (Pl. I, fig.3), la principal del oppidum seguramente, fa- cilitaría una entrada mucho más cómoda, con una pendiente bastante suave como para permitirle a los vehículos y jinetes alcanzar la superficie llana donde estaba construida la ciudad.

Hay un barranco orientado de Este a Oeste que corta profunda- mente el borde oriental del Tolmo en dos tercios de su longitud hacia el Norte (XII). Por este lado, el río era una primera defensa natural pocos metros por delante de la apertura del vallejo, el cual abre una brecha de aproximadamente 30 metros de largo en la cortada inaccesible que

6 Los números romanos reenvían a las secciones correspondientes del plano.

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queda a la derecha y a la izquierda y de un extremo a otro de esta vertiente. A una decena de metros por detrás del ángulo rocoso que forma la escarpadura, a la izquierda del barranco, si se desciende, una fuerte muralla, con dirección Norte Sur, lo impide. Tiene esta muralla alre- dedor de 5 metros de espesor y otros tantos de altura, como se puede deducir por la juntura que de ella subsiste sobre la pared vertical que limita el vallejo hacia el Norte. (Pl. I, fig. 4). La juntura meridional, peor conservada, es sin embargo todavía visible. En su parte central está com- pletamente en ruinas y se confunde en parte con las tierras del vallejo. Su labrado es irregular: estaba constituida por un núcleo central de grava de pequeño calibre, amalgamada en un magma de arcilla endurec- ida. Los revestimientos internos y externos estaban hechos con gruesos bloques labrados. No se distingue la antigua entrada debido al estado de ruina de la construcción.

Un poco más atrás de esta muralla de defensa se encuentra una segunda menos fuerte y peor conservada. Está casi enteramente derrum- bada.

Numerosas defensas accesorias rodean este punto débil del oppi- dum. Hay, en primer lugar, flanqueando la muralla por el lado sur, una especie de bastión natural de forma redondeada que domina una de- cena de metros al pie de la muralla delante de la cual se proyectaba. Su parte superior forma una especie de seta redondeada de cinco metros de anchura, cuyo reborde ha sido aplanado en todo su perímetro, con una anchura de 50 centímetros. Esta superficie parece haber servido de base a una muralla de piedra seca de grandes dimensiones, de la que no ha quedado en el lugar ningún bloque pero que es, probablemente, el origen de algunas piedras más o menos labradas que se encuentran caídas al pie de la escarpadura (XII del plano).

Muchos tramos de escaleras, separadas unas de otras por gradas naturales, permiten bajar del bastión que hay detrás de la muralla (XII).

Por encima de la primera de ellas, tallada en la roca, se encuentra una cornisa dominada por una pared vertical en la que se distingue una entalladura profunda en forma de cruz, de unos 90 centímetros de altura por unos 30 centímetros de anchura. El corte horizontal se excava en for- ma de arco o círculo, como si una pieza de madera móvil hubiese debido girar en esta ranura alrededor de un eje fijo en el hueco vertical. Es posible que sean vestigios de una puerta o un cerramiento. (XII).

A unos 60 metros por detrás de la muralla, sobre la plataforma que domina el vallejo por el Sur, muy cerca del fondo, se levanta un grupo muy sólido de edificios, compuesto de algunos cuerpos de construcciones, que llaman la atención por las entalladuras de vigas que han dejado por detrás, en la pared rocosa y en un muro de piedras muy gruesas, un corte transversal al vallejo. Se trata, probablemente, también allí de una con- strucción defensiva. (VIII, IX, X).

Frente a la escalera y la incisión cruciforme, a una cierta altura sobre el flanco rocoso, cinco profundas entalladuras estaban destinadas a alo-

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jar el extremo de unos maderos dispuestos en series horizontales. Sin duda, existía en este lugar un edificio de madera, hoy desaparecido. (XIII).

La escarpadura (Pl. II, fig. 1) que bordea el oppidum al Nordeste está ocupada en 15 a 20 metros, siguiendo los estrechamientos, por una pendiente bastante suave. Está excavada con numerosos abrigos, hoy día rellenos de tierra o utilizados de nuevo para adosar pequeñas casitas.

En el emplazamiento de la principal de ellas se ha descubierto un am- plio relleno arqueológico que contiene una inmensa cantidad de trozos de cerámica de diferentes edades. Había también restos de sepulturas visigodas, con baldosas esculpidas con una cruz griega. Justo al lado se encontraba el emplazamiento, hoy oculto, de un molino primitivo con ca- nales excavados en la roca para dejar deslizar el grano hasta las muelas, fragmentos de las cuales se pueden ver entre las piedras del muro con- struido en su emplazamiento. Más a la derecha, la excavación reciente de un depósito ha seccionado un talud de terraplenes arqueológicos, en el que son visibles algunos estratos. Este depósito se destinó a recoger el agua que desciende de las rocas cercanas y especialmente de la brecha abierta en la escarpadura por el ensanchamiento, debido a los agentes atmosféricos, de una hendidura de la masa rocosa.

Esta brecha permitía, sin demasiado esfuerzo, acceder a la meseta;

aunque los iberos mejoraron el paso en aquel lugar talando escalones, que se agrupan en escalinatas diferentes: una, hacia la parte baja, sube de izquierda a derecha, perpendicularmente al eje de la brecha. Su parte inferior, recientemente descubierta, no ha sido todavía liberada de la tier- ra (VI del plano).

En lo alto de esta primera escalinata, otra se dirige hacia la derecha y llega a una pequeña plataforma desde la que se accede, no sin esfu- erzo, a la mitad de la brecha. A la izquierda, tomando justo el trayecto de la fisura rocosa, en la que se encaja y se estrecha, hay una estrecha y larga escalera que hacia su mitad forma un codo y que tiene escalones muy irregulares.

Hemos ya descrito antes el difícil acceso que permite escalar la roca hacia su punto meridional, a unos 120 metros del flanco Este. Toda la pendiente de este lado está erizada de bloques hundidos o de asientos rocosos que sobresalen y permiten alcanzar el punto más alto. Numerosas grutas o abrigos se hallan excavados allí y se excavan todavía hoy. Las que están habitadas por trogloditas contemporáneos han sido, natural- mente, vaciadas. Estaban, como lo son todavía las que no han sufrido esta operación, literalmente rellenadas de cascotes ibéricos. Toda la pen- diente de este lado, hasta el nivel de la llanura, está alfombrada de el- los. Se ha recogido también un número pasable de cerámica de Samos.

Parece que los habitantes de la meseta hayan arrojado por este lado sus desechos. En efecto, en las otras vertientes se los encuentra en número mucho menor. No obstante, se encuentran también en el lado occidental aunque con un carácter un poco más alterado. Los cascotes se pueden rastrear en el lecho del río que los ha acarreado.

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DESCRIPCIÓN DE LA MESETA.- La meseta mide, ya lo hemos comen- tado, alrededor de 500 metros de largo de un extremo a otro. Está dividida en dos partes desiguales por el vallejo de acceso y el corredor que lo con- tinúa. La parte septentrional tiene 250 metros de largo con una anchura máxima de 900 metros, y está formada por una estrecha plataforma de alrededor de 20 a 30 metros de ancho, bordeando el lado Nordeste, y con una pendiente bastante rápida que baja hasta los picos que limitan el vallejo o hasta sus extremos.

Toda la vertiente de la que acabamos de hablar (XIII) está ates- tada de ruinas y de vestigios de murallas, en un estado tal de amonto- namiento que, sin practicar una excavación, es verdaderamente difícil levantar un croquis e intentar una descripción. Sin embargo, una edifi- cación de tamañas dimensiones y de forma rectangular es visible desde el punto más alto del extremo norte (XV). Estos muros, de un grosor de al menos un metro, estaban formados por un doble revestimiento de grandes bloques, con relleno interior de cascotes. Sólo permanece en pie una parte del recinto: se trata de un lado del ángulo septentrional, compuesto por siete grandes piedras levantadas en dos filas paralelas.

El conjunto tiene el aspecto casual de una pequeña galería dolménica.

Parece seguro que este edificio estuviese formado por varias salas. En pleno Sur, a 30 metros poco más o menos, justo sobre el borde del ángulo de la escarpadura que prolonga el lado Norte del vallejo, se encuentran importantes vestigios de gruesos muros cimentados de época verosímil- mente romana.

Al Norte, aproximadamente a unos 30 o 40 metros, se excava en la escarpadura rocosa una cavidad en forma de gruta elevada. La placa superior de la meseta constituye el techo, perforado por un agujero, lo que debía constituir un peligro para los habitantes. Por ello, lo obstruyeron con grandes bloques alargados elementalmente trabajados, que la cer- raban casi completamente (III).

Entre la escalera nordeste y esta fisura hay una distancia de alre- dedor de 155 metros. En todo este borde hay incrustados numerosos ves- tigios, principalmente de viviendas encajadas, cuyo croquis revela sumari- amente la forma y el emplazamiento (II, III, IV).

Más interesantes son una prensa formada por numerosas pequeñas cúpulas, una pila en un grueso bloque cúbico cuadrado y, en el suelo, una especie de canalizaciones excavadas que comunican una especie de depósitos y una escalera que permite pasar sin esfuerzo de un escalón natural a otro. Justo al lado, en un bloque se encuentra una muesca grabada en forma de arco, con dos protuberancias circulares yuxtapues- tas inscritas en ella: parece ser un dispositivo de molino comparable al conservado en dos pequeños cerros satélites.

Al otro lado de la escalera (entre IV y V del plano) continúa el borde rocoso. Se pueden observar allí, además de las excavaciones de las vivi- endas habituales, numerosos comederos cupuliformes, un grabado en la piedra con forma de arco, con dos agujeros de viga que parecen haber

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sido el punto de apoyo de un prensa de madera, y la apertura alargada de una cisterna profunda o aljibe, cuyos bordes presentan vestigios de cierres de madera y dejan ver los cortes donde se alojaban los extremos de las traviesas de madera descubiertas. En este punto nos encontramos en la parte superior de la pendiente del vallejo que baja al barranco de acceso y que, una vez alcanzada la parte oriental, forma una especie de asiento muy apreciable en el perfil de la escarpadura. Más allá se ex- tiende la segunda mitad de la meseta, que mide desde este punto al extremo alrededor de 300 metros. Desde el mismo lugar hasta el bastión que defiende la entrada del vallejo de acceso por el lado sur, hay unos 70 metros, y desde este punto hasta el extremo del promontorio, aproxi- madamente 330.

El borde oriental no es ya rectilíneo, sino que forma una gruesa protuberancia a 160 metros de la escalera nordeste. El límite occidental, por el contrario, traza una curva que se retrae en una fuerte concavidad simétrica a la protuberancia mencionada.

El plano dibujado de estos contornos supone la zona más llana del oppidum. Pero, al occidente, el llano cae en forma de escalones bastante empinados hasta el límite oriental de la escarpadura. Por el lado opues- to, la meseta se hace horizontal hasta los cortados. El vasto triángulo, un poco deformado, que dibuja esta segunda mitad del oppidum puede dividirse, por su longitud, en tres partes:

La primera, y la más vasta, está limitada al Norte por las pendientes y los escalones del vallejo; al Sur, por una línea destacable de estelas bastante regulares (VII y XIV), que provienen o de ángulos de casas orien- tadas manifiestamente al Sureste, o de marcos de puertas. (Pl. II, fig.3).

La segunda sección va de la línea que acabamos de mencionar hasta un fuerte muro en la misma orientación transversal Este-Oeste, que barre completamente el extremo del promontorio meridional (VIII) (Pl. II, fig.2). Las ruinas de casas se acumulan en un indescriptible revoltijo en estos dos primeros segmentos. Por todos lados, en medio de la multitud inmensa de bloques esparcidos, se pueden entrever trozos de muralla a flor de tierra, así como vemos la disposición de las estelas. En algunos lu- gares, sea por la disposición de estas líneas de estelas, sea por el amon- tonamiento regular de escombros justo en las proximidades de la muralla que cierra el espolón, se pueden constatar, por lo menos, algunas filas de casas que estaban orientadas de Este a Oeste.

En el centro de la meseta, y en el límite occidental de las estelas, se encuentran los restos de un edificio situado en el punto más alto. Excava- ciones practicadas en diversas épocas han sacado a la luz una parte. Se puede observar, gracias a estas excavaciones, que su aparejo es relativa- mente regular y hecho con piedras puestas en plano horizontal, reunidas y cimentadas entre ellas, con un espesor de 50 centímetros (XIV).

Al norte de esta edificación, y a poca distancia (XIV), están las ruinas de otro de la misma naturaleza, o de una parte de este, la conexión de los cuales actualmente no se puede captar.

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