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Introducción y características del modelo biomédico

1. INTRODUCCIÓN

1.2. MODELO BIOMÉDICO

1.2.1. Introducción y características del modelo biomédico

La antropología médica es una especialidad que ha tenido un crecimiento exponencial durante los últimos 30 años (Martínez-Hernáez, Perdiguero Gil, &

Comelles, 2015) con un interés en primera estancia por la medicina popular, sobretodo de etnias indígenas, existiendo en la actualidad un auge por estudiar las nuevas tecnologías, enfermedades o técnicas existentes en nuestro modelo biomédico.

De esta manera, esta disciplina ha puesto de relieve las características del paradigma médico occidental, y al someterlo al estudio científico, ha hecho una descripción del sistema haciendo hincapié en los defectos. Tradicionalmente las instituciones médicas antes sólo se analizaban desde un prisma médico, lo que ayudaba a su opacidad. Las principales características de este modelo son su biologismo, individualismo, a-historicidad, a-sociabilidad, mercantilismo y eficacia pragmática (Menéndez, 1998).

Históricamente fue durante la época de la revolución industrial del siglo XIX, después de que Europa sufriera varias plagas y pandemias, cuando se apreció la “supuesta” eficacia que tuvieron diversos tratamientos médicos y fármacos en la resolución de éstas. Ivan Illich en su libro “Némesis médica”

aporta datos y razonamientos contrarios, aseverando que la verdadera razón de la mayoría de la supervivencia poblacional se hallaba en la disponibilidad de agua potable, vivienda y comida (Illich, 1975). La noticia de que este modelo médico en Europa servía para erradicar ciertas enfermedades hizo aumentar su prestigio y ayudó en su implementación, pero fue después de la segunda guerra mundial cuando se asentó definitivamente.

En España como en toda Europa, se ha convertido en el único sistema sanitario posible al cual puede recurrir la población, el único válido y legítimo socialmente, es difícil discutirlo y criticarlo, mostrándose reacio y opaco al estudio científico. Eduardo Menéndez ha descrito brillantemente lo que caracteriza este modelo, lo que denomina como Modelo médico hegemónico (MMH). Este autor defiende que el modelo médico se cree en propiedad del saber relacionado con el

proceso salud-enfermedad-atención, ayudado y fundamentado gracias al aparataje jurídico del Estado (Menéndez, 1998).

Este proceso de hegemonía no sólo es impulsado por las organizaciones médicas y el Estado sino por otros estamentos y sectores debido a la significación social e ideológica que tiene el proceso salud-enfermedad. La sociedad dominante confía en que la medicina es parte del llamado estado de bienestar, siendo parte fundamental en la reducción de la mortalidad y el aumento de la esperanza de vida.

Lo paradójico es que, a pesar de estas características, significancia e importancia para la población, desde el modelo médico se realiza una exclusión de lo social, o al menos se secundariza.

Varios antropólogos médicos defienden el relativismo en los sistemas de salud. De hecho, lo más natural y beneficioso es que coexistieran, ya que cada uno aporta un distinto prisma, conformando cada uno un paradigma distinto con diferentes limitaciones, un problema de salud visto con distintos enfoques sería mejor analizado y se podría buscar el mejor tratamiento para este. Es la concepción de la ciencia que ya estableció Kuhn. Pero la medicina europea se valió de la educación y la política como instrumento para desprestigiar cualquier otro agente de salud (Gálvez-Toro, 2002).

El problema no es sólo tener una vara de medir es que además pretenda adaptar otros procesos, además de controlarlos y dirigirlos. Esta readaptación hace que la respuesta no sea seguramente la adecuada y produce otros efectos secundarios. El parto medicalizado sería un buen ejemplo de problema creado tras la asunción que debe tratarse bajo control médico. A partir de los años 70 las mujeres de la sociedad española ya no podían elegir parir en casa, si lo hacían eran tildadas de retrógradas, incivilizadas o locas. En esta decisión política sobre la sociedad podrían descansar además otros intereses, de justificación ante la población e incluso de control (Gálvez-Toro, 2002).

La biomedicina reconstruye una serie de problemas humanos en términos de patologías que deben ser tratadas. Esto refleja un interés monofocal de la enfermedad centrado en el concepto disease (Fabrega, 1972) el cual vendría a centrarse en la patología, en los mecanismos biológicos involucrados en el proceso de la enfermedad.

Sirve de contrapunto el concepto illness también definido por Fábrega (Fabrega, 1972), el cual abarca los factores culturales y sociales de la enfermedad.

En la práctica el modelo biomédico excluye lo social con el razonamiento de ser un componente subjetivo y no científico, un juicio dudoso sin duda, como veremos en el ejemplo que sigue.

Es inherente a un paradigma es el hecho de poseer límites. Como exposición de una respuesta inadecuada por pretender ser totipotente tenemos la historia relatada en el trabajo etnográfico de Scheper-Hughes, “La muerte sin llanto”

(Scheper-Hughes, 1997). Aquí se describe a una sociedad brasileña que tenían definido un diagnóstico médico: Nervoso. Los médicos locales lo habían definido con una serie de síntomas como temblores, astenia, anemia y malestar general entre otros. El mensaje había calado en la población, estar Nervoso era una enfermedad, que como casi todas se tratan con fármacos. La causa de este mal, como se demostró, radicaba casi únicamente en el hambre, ya que estas personas sufrían las consecuencias de una desnutrición severa. De esta forma podemos concluir que un sistema de salud que haga una exclusión de lo social genera tratamientos inadecuados y muchas veces costosos.

La peor consecuencia potencial todavía no se ha comentado: a raíz del proceso de legitimización del modelo biomédico occidental, han surgido voces discrepantes de diversos autores (Foucault, 1977; Gálvez-Toro, 2002; Illich, 1975;

Menéndez, 1998) que sostienen que la biomedicina no solamente es ineficaz, costosa y está magnificada, sino que además es dañina y nociva para la sociedad.

Por ejemplo, según algunos datos que proporciona Andrew Moore sobre el NHS británico (Sistema Nacional de Salud o National Health System), las reacciones adversas de los medicamentos matan a 40000 personas al año, las infecciones nosocomiales producen la muerte de 5000 pacientes al año y producen un coste aproximado de 1 billón de libras anuales (Moore, 2000). Llegado a un nivel alto de consumo de servicios médicos se puede llegar al punto en que los perjuicios sean superiores a los beneficios (Gálvez-Toro, 2002).

El Dr. Michel Foucault en varias conferencias discernió y puso de relieve que el hospital actual es ejemplo perfecto del paradigma médico, siendo costoso y poco eficaz, diseñado en general más para la comodidad de los profesionales sanitarios, sobretodo del médico, que para tratar y recibir a los pacientes, hacer

que estos se encuentran cómodos o se puedan recuperar mejor y más eficientemente (Foucault, 1977).