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JOSÉ GARCÍA (ALGABEÑO)

Los buenos estoqueadores de toros han abundado poco en todo tiempo, y, por esta razón, cuando ha salido uno que ha llegado con más frecuencia que los demás con la mano al morrillo, á ese le ha otorga- do el público las ovaciones y las empresas le han dado el dinero.

El Algabeño, que hoy ya está con un pie en el estribo para abandonar la profesión, ha tenido la satisfacción de figurar unos cuantos años á la cabeza entre los tres ó cuatro que nutrían las primeras filas, y ño se colocó en tal sitio de mogollón, sino por méritos propios, pues para cobrar caro y torear m u - chas corridas anuales, dió antes gran número de estocadas en la suerte de volapié en una forma impe- cable, que se vieron obligados á aplaudir todos los que tuvieron ocasión de verle.

Por derecho propio, figurará entre los buenos estoqueadores de toros de la historia, aunque como torero no se pueda decir otro tanto, pues en esta parte fué siempre muy corto, y, á pesar de su gallarda figu- ra, no sacó partido de las diversas suertes de capa y muleta, en lo que muy rara vez oyó aplausos.

Su voluntad le llevó algunos días á realizar faenas con el trapo rojo que se aplaudieran; pero, en gene-

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ral, su fuerte estuvo siempre en el momento de herir, cosa que desde el primer momento hacía á la perfec- ción, y con la que llegó á ser la figura importante que ha sido en su época, ganando justas ovaciones, á pesar de que tuvo que alternar muchos días con Mazzantini, Guerra, Reverte, Fuentes, etc., etc,

Si al torear con el capote hubiera hecho más de lo que en general hizo, habría durado más su populari- dad, y, al retirarse Guerrita, la pareja que formaban entre él y Fuentes, hubiera resultado indestructible.

Cuando esté del todo retirado, será tratado con respeto por todos los que le vieron trabajar, ya que algunos cientos de toros murieron á sus manos de manera magistral.

Nació José García en La Algaba (Sevilla), el día 21 de Septiembre de 1875, y de su aprendizaje no se pueden contar detalles pintorescos, que tanto abundan en casi todos los toreros que empiezan.

Sin ruido, sin preparación, sin que su nombre se conociera en ninguna parte y sin más antecedentes que el haber matado un toro en la plaza de La Algaba, realizó toda clase de gestiones para que la empresa de Sevilla lo sacara en una corrida, y en los infinitos viajes que hizo de su pueblo á Sevilla nunca dejó de visitar las oficinas de la empresa, hasta que ésta re- solvió sacarle en la corrida que con novillos de Miura preparó para el 9 de Diciembre de 1894, acompañan- do al novel espada Francisco Carrillo y el Boticario.

La expectación por ver qué traía el desconocido era grande, y la creencia general era que habría hule.

Las dudas se convirtieron en fervorosa admira- ción cuando le vieron echar á rodar al primero suyo, de Miura, de media estocada superior, y poco más ó menos fué lo que hizo en el segundo suyo.

Contratado para el domingo siguiente con Parrao y Cerrajülas, mató de dos estocadas superiores á los dos toros de Castellones que le correspondieron, y qtiedó consagrado como un futuro matador de toros, aunque se le vió torpe con el capote.

Los dias 25 y 30 también toreó en la referida pla- za con ganado de Halcón y de Adalid, respectiva- mente, acompañado en la primera de Francisco Ber- nal (el Aseao) y Pulga de Triana, y en la segunda del Malagueño y Calderón. La del día 30 fué la primera corrida en que figuró como primer espada.

José García (Algabeño)

Estas fueron sus primeras novilladas, y no quiso volver á torear hasta que lo hizo en Madrid el día 10 de Marzo, acompañado de Gavira, con toros del Sal- tillo.

Su trabajo agradó, y lo mismo ocurrió en las si- guientes corridas, pues aquella temporada toreó en Madrid, además del citado día, el 19 de Marzo, 29

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y 30 de Junio, 4, 25 y 28 de Julio, y 8, 11, 15 y 29 de Agosto, corridas en las que alternó con Gavira, Cor- dón, Villita, Pepe-hillo, Mancheguito, Jerezano, Co- nejito y Padilla, estoqueando reses del Saltillo, Ve- ragua, Hernández, Miura, Pérez de la Concha, Iba- rra, Moreno Santamaría y Aleas.

F u é aquel verano contratado para todas las plazas importantes de España y tomó parte en corridas que se celebraron en Valencia, Barcelona, Sevilla, Huel- va, Zaragoza, Córdoba, Jerez y otras de menos i m - portancia.

Sufrió su primera cogida en Falencia, el i.0 de Septiembre, alternando con Emilio Torres, y fué al matar el cuarto, de D.a Carlota Sánchez, el cual le atravesó de un puntazo la muñeca izquierda. Por este percance no pudo torear en nueve corridas.

Como se ve, su vida de novillero fué breve, pero muy lucida, pues marchó de triunfo en triunfo, y aquel su primer año de novillero y único, fué más abundante en éxitos que en fracasos.

Si bien es verdad que tuvo algunas tardes de des- gracia, fueron las menos, y admiraba aquel mocetón sin pretensiones ni jactancias, lo bien que sabía dar muerte á las feses, en cuanto éstas se le cuadraban.

Era una época en la que había gente en activo;

pero era tan fácil su modo de estoquear, que no había más que rendirse y tocar las palmas con entusiasmo por la impresión final, que era muy agradable.

Por esto, aunque alguien censuró que tomase la alternativa, otros pasaron por alto la precipitación y se le dió entrada franca.

La última corrida que toreó antes de la alternati- va fué la primera después de esta lesión, en Ecija, el día 21 de Septiembre, con Bombita, matando ganado de Concha y Sierra.

A ¡uella noche alcanzó el expréss en Córdoba,y al siguí me día 22, cuando tenía de edad veinte años y un di*, tornó la alternativa en Madrid, según puede verse -or el siguiente cartel:

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P L A Z A DE T O R O S D E MADRID