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JUAN JOSÉ JIMÉNEZ RAMÍREZ

CAPELLÁN DE LA CASA DE MISERICORDIA DE ALBACETE

Junto a profesoresyalumnas de Magisterio.

Promoción de 193 l . Fot. tomada del Catálogo de CL Aniversario de la E. de Magisterio.

En 1908 se le designó capellán de la Casa de Misericordia de Albacete, cargo que ya no abandonó hasta su muerte. en efecto, cuando, al advenimiento de la República hubo de cesar como capellán de la Beneficiencia Oficial pero continuó prestando sus servicios espirituales en

el mismo benéfico establecimiento como capellán de las religiosas. Desde el 1921 al 1931 fue profesor de religión del Instituto de Enseñanza Media.

Era don Juan José Jiménez hombre de carácter abierto, de trato jovial, muy amigo de servir a todo el mundo y caritativo. Todo el que se veía en apuro o necesidad acudía a él. Lo que, unido a una posición económica desahogada, le convertía en una de las figuras más populares de Albacete.

Mientras, por una parte, alternaba con lo más selecto de la ciudad, por otra, los pobres le asediaban a toda hora, en demanda de limosnas, que él les daba siempre generosamente; y a los sin trabajo, los recomendaba para que pudieran trabajar, especialmente en el felTocarriJ por mediación de su hermano.

Pero por ser rico, y por ser sacerdote, fue desde el primer momento señalado por las gentes más radicales de izquierdas como una de sus víctimas.

Se comenzó por desacreditarle ante la gente con calumnias: Que todas las limosnas que daba y toda la protección que había dispensado a los obreros, no habían sido más que añagazas para sobornarlosy arrancarles el voto.

Que en su casa guardaba una silla eléctrica para dar muerte en ella a todos los obreros y a sus mujeres e hijos. Que se le habían cogido unas listas negras, en las que figuraban los nombres de todos sus futuras víctimas.

Nacido en Albacete el 14 de abril de 1877, ingresó en el Seminario de San Fulgencio en el curso de 1894 a 1895;

en septiembre de 1900 celebraba su primera misa, siendo nombrado cura ecónomo de Fuentealbilla, al frente de cuya palToquia permaneció poco más de tres años.

Que, en los días de la sublevación en Albacete, se le había visto hacerfuego de pistola desde la torre del Colegio de Donúnicas sobre los aparatos de aviación republicana, que bombardeaban a los sublevados...

Las calumnias no podían ser más inverosímiles pero determinadas gentes las creía a piejuntillas. Así fue que apenas las milicias republicanos entraron en Albacete una de las primeras reacciones de la gente fue asaltar la casa de don Juan José. Se hizo una hoguera con los libros; fue saqueada la despensa;

los asaltantes se distribuyeron muebles y ropas ... ; la silla giratoria del piano fue paseada por las calles como trofeo y cuerpo innegable del delito. ¡Se había encontrado la silla eléctrica! ...

A quien no se encontró fue a don Juan José, a pesar de que algunos vecinos aseguraban haberle visto llegar unos momentos antes.

Al día siguiente se dijo que le habían dado muerte los milicianos, cuando trataba de huir. Dos días más tarde se aseguraba que había sido detenido en la carretera de Valdeganga. Después se rumoreó que perseguido por los soldados del pueblo se había suicidado en un paraje denominado los Yesares.

Los dirigentes del Frente Popular en Albacete, sin embargo, sospechaban que la verdad podría ser que estuviese escondido en la casa de una sobrina suya, casada con un maquinista del ferrocan-il. En consecuencia, ordenaron hacer en dicha casa varios minuciosos registros; primeramente por milicianos y después por soldados de Infantería de Marina. Tampoco estos registros obtuvieron resultado alguno. Hasta llegaron a colocar por las noches, en los tejados próximos, guardias para que vigilasen todas las entradas y salidas de la casa. Todo inútil. Por ninguna parte se descubrían restos de don Juan José.

Hasta que el marido de la sobrina, atemorizado sin duda por tan insistente persecución y por las amenazas, que seguramente escucharía, tuvo una noche la debilidad de comunicar a su madre (esposa también de un ferroviario) sus temores; así como el hecho de que efectivamente tenían a don Juan José en su casa; y el lugar donde se escondía.

Era éste una habitación interior, sin más comunicación ni entrada que una puerta practicada en una de las alcobas, pero que fácilmente pasaba inadvertida, por estar pintada del mismo color que las paredes de la alcoba y además disimulada por la cama y un gran cuadro colgado sobre ella.

Al saber todo esto por su hijo, que en aquel momento se dirigía a la Estación a realizar su servicio cotidiano, le dijo: vete tranquilo, que cuando regreses de tu viaje, ya no estará don Juan José en tu casa.

Al día siguiente, 1 de agosto de 1936, aquella mujer se apresuró a dar cuenta en el Gobierno Civil de cuanto sabía. La noticia COITió como reguero de pólvora, comenzando a congregarse gente en las inmediaciones de la casa, en actitud aireada y amenazante...

Un testigo presencial comparaba el espectáculo que aquella tarde ofrecían las calles de Martínez Villena y el Muelle, en cuyo cruce está enclavada la casa que servía de refugio a don Juan José, con la que ofrece todos los años el Paseo de la Feria en la tarde del 7 de septiembre...

En vista de ello las autoridades decidieron enviar para detener a don Juan José no a unos cuantos agentes de policía, sino una compañía entera de Infantería de Marina para que, al mismo tiempo que llevaban a cabo la detención, pudiesen mantener el orden.

Pero la actitud de la muchedumbre alarma a los soldados, cuyos jefes comunican telefónicamente al Gobernador lo que ocurre, pidiendo instrucciones. La respuesta de la primera autoridad civil de la provincia no puede ser más definitiva: cuando el pueblo se manifiesta con tan unánime decisión, hay que acatar su voluntad.

Los marinos se cruzan de brazos, en espera de que alguien tome la iniciativa en la ejecución de la ira popular. Son los ferroviarios, los que fueron precisamente compañeros del padre de don Juan José y lo eran actualmente de su hermano, de sus primos, de sus sobrinos, los ferroviarios, tantos de los cuales debían su empleo a una recomendación de don Juan José, los que se adelantaron reclamando el triste honor de ser sus verdugos.

Penetran en la casa; y apoderándose del sacerdote le conducen al patio, en el que se abre una puerta de aparador, que da a la calle del Muelle. Allí le dicen que se adelante hacia la puerta, porque en ella espera un coche, que le ha de llevar a un centro oficial para prestar cierta declaración.

Pero cuando se adelanta, conforme se ha dicho y antes de llegar a la puerta, recibe por la espalda unos disparos que le hacen desplomarse sin vida.

El primero que ha disparado sale a la calle enarbolando su pistola humeante y gritando: ¡He sido yo! ¡He sido yo!, la multitud le recibe como un héroe, y, levantándole en hombros, le lleva en tliunfo hasta el edificio del Gobierno Civil.

La gente contempla el cadáver ensangrentado, y bajo la dirección de los soldados se organiza un desfile macabro que, penetrando por la puerta principal de la casa y pasando por delante del cadáver va a salir por la puerta

de parador de la calle del Muelle. La gente gritaba a coro: A don Juan José, cura, lo mataron la otra tarde, para subir a la gloria.

Aseguran que las últimas palabras de don Juan José fueron éstas: No creía tener tantos enemigos en mi pueblol

En la Causa General de la Provincia se reseña únicamente que fue fusilado en su casa al ser delatado por una 111ujerl,y el historiador Joaquín Arrarás Iribarren en la Historia de la Cruzada Española indica que entre los sacerdotes asesinados de la capital se encuentra don Juan José Jiménez Ramírez, capellán de la MaternidatP.

En la Sección de la Audiencia de 10 Criminal se encuentra parte del sumario n° 147 de 1936, sobre la detenciónymuerte violenta de don Juan José Jiménez Ramírez, incoado por el Juez Especial don Juan José González de la Calle, Presidente de la Audiencia de Temel, nombrado para intervenir en las causas por delitos cometidos en Albacete y su provincia con motivo de la represión de la rebelión.

Lo más importante de este sumario son las declaraciones de algunos familiares yconocidos de don Juan José. En el folio 115 de este sumario se recoge la declaración de doña Josefa Jiménez Ramírez, quien dice: que es hermana de don Juan José Jiménez Ramírez, natural de esta capital, de 59 alias de edad, hijo de Santos y Juana, sacerdote y de esta vecindad... y preguntada concretamente respecto a laforma en que ocurrió la muerte de su citado hermano, man~fiesta: Que el1 de los corrientes (agosto de 1936) por la mañana se presentaron varias veces en el domicilio de la que declara lo tenía con su difunto hermano, grupos de personas armadas que decían ser milicias a buscar a su indicado hermano el cual se había ido a casa de la sobrina de la declarante, llamada María Sánchez Jiménez, casada con José Martínez Gómez, Fogonero, con domicilio en San Agustín, 47.

Que la declarante a dichas milicias les manifestó que su hermano no estaba en casa y que deseaba presentarse a las Autoridades, pero como en el corral de la misma hay un sótano con agua empezaron a decir que allí habría bombas o que tal vez hubiese algún refugio en el que se encontrase su hermanoyno dejaron de vigilar la casa.

Que por la tarde poco antes de las cinco se presentaron unos marineros, para practicar un registro y vaciar el agua del aludido sótano y la declarante

1LEANDRO, ob. cit., ps. 245-249.

2 AHN (SCGC), leg. 10 16, pieza 10.

3 ARRARÁS, ob. cit., p. 220.

por consejo de varias personas se marchó del don1.icilio con idea de ver a su hermano para que con las debidas garantías se presentarse en el Gobierno Civil.

Que no había hecho nada más que marcharse cuando oyó unos disparos y le dijeron que en el mOlnento en que su hermano iba a entregarse había sido detenido por los que se decían milicianos y disparando sobre él lo habían matado...4

En el folio 117 declara doña María Sánchez Jiménez, quien dice: Que es sobrina casual de don Juan José Jiménez Ramírez, el cual por su condición de sacerdote tenía en éstos últimos días algún temor a represalias por parte de la Inuchedumbre especialmente después de la rendición de los rebeldes en esta capital, aunque siempre se portó bien con todo el mundo y no tenía enemigos.

Que al declararse el estado de guerra por más que tenía casa propia su referido tío, en la calle de la Cruz, n°21 de esta capital, que por cierto se la han asaltado el25de julio último, momentos después de entrar las tropas en Albacete, al empezar el bOlnbardeo antes de este hecho, fue a refugiarse a casa de la declarante, en Martínez Villena n°47, permaneciendo con'lO todos los familiares ... pennaneciendo todos los días posteriores hasta el

r

del actual.

Que en la mañana de este día fueron preguntando por su tío unos milicianos y aunque estaba en casa de la dicente, negó fuera cierto por temor a que le sucediera algo, pero por la tarde se presentaron unos marineros a los que en principio dijo la declarante que no estaba en casa su tío, pero temiendo que registraran como no tenía ninguna preocupación ya que ningún delito había cometido, terminó por confesarles que estaba en la casa, saliendo en este momento su tío y entregándose a los marinos, ... después oyó a poco siete u ocho disparos que partían al parecer del corral, en el cual dejaron muerto a su mencionado tío...s.

En el folio 182 se recoge la declaración de don Eleazar Huerta Valcárcel, abogado, Presidente de la Comisión Gestora Provincial y vecino de esta capital, quien dice que, en cuanto al presbítero don Juan José Jiménez Ramírez, el que declara sabe que han circulado por Albacete versiones extrañas pero que prendieron en la parte más ignorante de la población que las creía ciertas.

, AHPA (SAC), leg. 167

5 Ibídem.

Según ellas, este Sr. participante en el movimiento, había preparado unas sillas eléctricas para ejecutar en las núsnws a toda persona de significación izquierdista. Esto explica la fobia que existía contra este Sr.

sacerdote. Por ello parece ser que al tenerse noticia de que estaba escondido en una casa de la calle de San Agustín, esquina a la del Muelle, y que habían ido a detenerlo, se congregó m.ucho público, en particular mujeres, a la puerta con el propósito de lincharlo. Para evitar esto tiene entendido el que declara que se le quiso sacar por otra puerta distinta que da a la calle del Muelle, yen este mom.ento, bien porque huyera enloquecido y le dieran el alto; o bien por algún acto impulsivo de algún elem.ento que allí estuviera, se disparó sobre él y resultó muerto6

6 Ibíd.