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L a explicación de las reformas europeas

In document Pensiones y prestaciones por desempleo (página 69-73)

Es evidente que en t o d a la Europa comunitaria se manifiestan una serie de tendencias reformistas respecto a los planteamien- tos tradicionales habidos en las diversas políticas nacionales de protección de la vejez. Cinco motivos pueden contribuir a esta tendencia tan general.

El primero de éstos enlaza con las profundas transformaciones que experimentan ios mercados laborales como consecuencia de un doble impacto. Por un lado, a causa de una situación de paro muy alto y persistente en toda la Comunidad. En los diez países más importantes de la misma, c o m o se observa en el Cuadro 4.1 de este apartado, es evidente que el mantenimiento de un altísimo nivel de paro, plantea problemas que repercuten en la financiación de las prestaciones, bien porque se considera que el gasto público necesita algún correctivo, bien porque cuando se logra aumentar la ocupación, el empleo es precario y, por ello, intermitente.

C U A D R O 4.1

T a s a s d e p a r o e n 1995 y 199^

País y fecha T a s a de 1995 T a s a de 1994 Alemania, septiembre . . . .

Austria, septiembre Bélgica, septiembre Dinamarca, agosto España, segundo trimestre Francia, agosto

Gran Bretaña, septiembre . Holanda, septiembre Italia, agosto Suecia, septiembre

9,2 6,6 14,8 10,3 22,7 I 1,4

8,1 7,0 I 1,6

7,9

9,1 6,6 14,6 12,1 24,3 12,2 9,1 7,5 I 1,6

8,1

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Simultáneamente, la cara actual de la Revolución Industrial, en estos momentos, ha alterado de m o d o profundo, a causa de la aparición de nuevas tecnologías y de la globalización financiera y comercial de los mercados, las relaciones laborales tradicio- nales. Queda explicado p o r un conjunto de causas: la diversidad de situaciones que ahora mismo se presentan ante cada per- sona; la expansión del empleo femenino, que coexiste con una demanda de mano de obra muchas veces decreciente, y que r o m p e una serie de situaciones asistenciales que antaño existían en el seno de las familias; un impulso muy fuerte hacia el trabajo a u t ó n o m o y a domicilio; la apertura internacional, cada vez mayor de los mercados de empleo, congruente con los fenó- menos de globalización indicados; finalmente, la aparición de modalidades contractuales excluidas total o parcialmente de aseguramiento, c o m o sucede, p o r ejemplo, en los contratos de formación en prácticas o de jornada reducida. Agréguese el papel que tiene la extensión de la economía sumergida en t o d o el mundo occidental.

El segundo m o t i v o puede venir provocado p o r un choque de- mográfico vinculado al envejecimiento de la población europea.

Es posible que, en buena medida, surjan duras críticas p o r parte de grupos importantes de ciudadanos que protestan al creer descubrir que el llamado Estado del Bienestar está hecho a la sola medida de las necesidades de los ancianos - m á s del 50%

del gasto de protección social beneficia a las personas de 65 años y más-, hasta llegar a constituir una carga que se considera insoportable para la población más joven y ocupada. Estos grupos pueden buscar que los gobiernos les permitan financiar de o t r o m o d o sus futuras pensiones. Puede llegar a irritarles también, si llegan a pensar que esta transformación se encuentra trabada p o r los problemas financieros derivados del actual sis- tema de jubilación.

Estos planteamientos tienen especial importancia si observamos el fuerte r i t m o de envejecimiento de Europa. En los primeros años del siglo x x i , los europeos mayores de 60 años habrán superado, p o r primera vez en la historia, a los niños y jóvenes menores de 20 años. En el año 2020, supondrá la población de más edad más del 25% de la población total, frente al 23,6%

que en el m e j o r de los casos alcanzarán los más jóvenes. En ese mismo año, la población pasiva o potencialmente pasiva - n i ñ o s , jóvenes y ancianos- alcanzará casi el 50% de la población europea, lo que representa ratios de dependencia demográfica sobre la población potencialmente activa cercanos al 90%.

T o d o vendría a complicarse aún más si se pretendiese agregar la necesidad de instituir unos derechos de pensión propios e independientes para las mujeres, haciéndolo además sin reparar

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en la más que probable ausencia de cotizaciones de la mayoría de ellas.

Problemas adicionales importantes surgen del aislamiento en el medio rural de un buen contingente de la población de edad, con lo que se encarece el atender a los jubilados con los servicios sanitarios y sociales complementarios. También p o r las alteraciones en el núcleo familiar básico, que abandona la antigua configuración patriarcal, en la que se mezclaban las generaciones, a lo que se añade la inestabilidad de los matri- monios, el descenso de la nupcialidad y el paralelo incremento de las uniones de hecho, t o d o lo cual confluye, desde un punto de vista sociológico, a reducir, en t o d o el ámbito comunitario, el papel de la familia c o m o un complemento invisible y poderoso de las políticas de protección social públicas, con lo que se pueden agravar los costes de la Seguridad Social de m o d o insoportable.

El tercer m o t i v o se vincula con ios defectos intrínsecos de ios actuaies regímenes de pensiones. Es cada vez más importante en Europa la existencia de una conciencia crítica, que abarca a los expertos, a los beneficiarios y sus representantes y, de f o r m a creciente, a todos los ciudadanos, preocupados porque estos defectos repercuten en f o r m a de desequilibrios que precipitan la crisis fiscal del Estado. Las haciendas públicas comunitarias con graves déficit presupuestarios y niveles excesivos de en- deudamiento, c o m o muestra el Cuadro 4.2, consideran que en grandísima parte t o d o ello es debido a las consecuencias de la financiación de los sistemas de pensiones.

C U A D R O 4.2

S i t u a c i ó n d e las f i n a n z a s públicas e n l a U n i ó n E u r o p e a ( 1 9 9 4 )

Países

Déficit Público 1994 (en porcentaje del

PIB)

Deuda pública bruta 1994 (en porcentaje del

PIB) A l e m a n i a . . . .

Bélgica Dinamarca . . España Francia Gran Bretaña Grecia Holanda . . . . Irlanda Italia Luxemburgo . Portugal . . . .

3,1 5,4 4,6 6,7 5,6 6,0 17,9 3,6 2,5 9,5 0,4 6,2

54 143 82 63 48 51 154 82 93 123 8 70

C o m o señala Guy Perrin, existe una creciente t o m a de con- ciencia de que existe una relación inadecuada entre las funciones

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que cumple la Seguridad Social y sus tradicionales fuentes de recursos. D e ahí que se busque el establecimiento de cone- xiones lógicas entre las diversas funciones protectoras, la so- lidaridad que de ellas se deriva, y las fuentes de recursos que en cada caso son más apropiadas. N o puede haber incoheren- cias entre los recursos obtenidos y los gastos que se financian con estos recursos. Y a este respecto, debe recordarse que es criterio generalmente admitido p o r la doctrina que las pres- taciones contributivas deben ser financiadas p o r cotizaciones sociales, en t a n t o que las asistenciales se deben financiar, p o r tratarse de una redistribución de renta, con ingresos generales del Estado.

El cuarto m o t i v o e u r o p e o es, sencillamente, ¡a onda larga de- presiva, iniciada en 1973 y que aún no se ha liquidado. Su persistencia e intensidad han favorecido una serie de a r m o n i - zaciones espontáneas de las diversas políticas nacionales, al buscar todas una mayor competitividad, en buena parte a través de la reducción de los costes laborales unitarios.

Además, desde 1977, la conciencia, cada vez más general, de que la solución de la crisis debe venir p o r el lado de la oferta, y no p o r el de la demanda, ha provocado un r e t r o c e s o casi general de viejas políticas de raíz keynesiana. Los intentos ais- lados de r e t o r n o al impulso p o r el lado de la demanda - e n Suecia, en Francia, en España, en Italia, en G r e c i a - , se saldaron, sistemáticamente, con fracasos. D e ahí que las decisiones des- reguladoras, reprivatizadoras, de ampliación del mercado ex- t e r i o r , de equilibrio presupuestario y de freno al gasto público, se hayan constituido en los ejes directivos, en todas partes de Europa, de la política económica. Los Acuerdos de Maastricht han sido decisivos en este sentido.

El quinto y último m o t i v o es, sin embargo, el más débil, a pesar de su exhibición en f o r m a de espacio social europeo. En Verbatim, el diario político que redactó el consejero de M i t t e r r a n d , Jac- ques Attali, se señala en su anotación del 29 de junio de 1981 sobre la C u m b r e Europea de Luxemburgo: «Fran^ois M i t t e - rrand p r o p o n e la creación de un Espacio Social Europeo, el impulso p o r el consumo y p o r grandes empréstitos europeos destinados a financiar grandes obras públicas. Es mal recibido».

Los esfuerzos del Consejo de Europa, de la O I T o del Parla- mento Europeo, se han tenido que plegar ante la alternativa germana de búsqueda de un modelo europeo c o m p e t i t i v o y eficaz, que exige abandonar esos planteamientos del lado de la demanda. D a d o que las ideas de armonización programada de los diversos aspectos de los proyectos de protección social en general, y de protección específica a la vejez más concreta- mente, se encuentran ligadas a los planteamientos que tenían

Sistemas públicos y privados de pensiones en la U n i ó n E u r o p e a 7 I

su raíz en las ideas periclitadas, respecto a la construcción de Europa, de M i t t e r r a n d , no cabe esperar gran cosa de esas propuestas homogeneizadoras.

Evolución reciente de los regímenes legales

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