APROXIMACIÓN AL ENTORNO GEOGRÁFICO
El característico clima mediterráneo de la isla de Menorca ha configurado un paisaje que el menorquín ha tenido que modificar a fin de satisfacer sus necesidades más ele- mentales. El paisaje isleño, aunque rico en diversidad y belleza, es, por norma gene- ral, pedregoso, árido y con vegetación baja y poco abundante, características que vie- nen determinadas principalmente por la sequía de los meses estivales y por los fuer- tes vientos de tramontana que azotan sus tierras a lo largo del año.
La escasez de arbolado y, por tanto, de madera para la construcción, y la abundan- cia de piedra en el terreno condicionó, ya desde la antigüedad, la utilización de di- cho material para adaptar el terreno a las necesidades de sus habitantes, hecho que ha desencadenado la construcción de todo tipo de edificaciones en piedra que han facilitado el aprovechamiento de los limi- tados recursos que el espacio insular ofre- ce.
Las construcciones que se encuentran diseminadas a lo largo y ancho del paisaje rural menorquín evidencian el aprovecha- miento íntegro de los recursos que el me- dio natural ofrece al hombre, una adapta- ción absoluta de los materiales que tiene a su alcance, y un evidente intento de equi- librio con este entorno puesto al servicio del payés, mediante una especial organi- zación y una concreta explotación del es- pacio insular. De este modo, hallamos una clara interrelación entre las características arquitectónicas y constructivas de los di- ferentes elementos del medio rural con las condiciones climatológicas, la topografía, la geología y los recursos hídricos que la isla posee.
Desde el punto de vista geológico la isla se divide en dos zonas claramente diferen- ciadas: la mitad norte y noroeste (Tramun- tana), árida y dura, y la mitad sur y parte del sector noroccidental (Migjorn), con te- rrenos calcáreos del mioplioceno, la llama- da piedra arenisca o marès tan utilizada en la arquitectura tradicional menorquina, y
Antonio CAMPS EXTREMERA
con abundante presencia de barrancos, te- rrenos resguardados y húmedos con una mayor diversidad de plantas y especies animales. Desde el punto de vista agrícola conocer la formación de los suelos es bási- co para saber los recursos hídricos que es- tos almacenan, y la geología también pone en evidencia los materiales que se utilizan para la construcción de los diferentes ele- mentos etnográficos, su color, el tipo de piedra utilizada, los recursos arquitectóni- cos y la ubicación, orientación y tipología de las diferentes construcciones.
El clima es marítimo mediterráneo, con las cuatro estaciones marcadas, tempera- turas suaves, heladas escasas y pocas ho- ras de frío, tan necesarias para el crecimien- to de cierto tipo de plantas. Las lluvias son moderadas y con un ambiente suficiente- mente húmedo para cultivos de secano. El impacto del viento en todas direcciones, principalmente el de tramontana, tiene una gran incidencia en la actividad producti- va, generando diversos problemas de tipo agrícola, ganadero y humano. Estos vien- tos, acompañados del salitre del mar, no encuentran ninguna barrera montañosa y azotan fuertemente la isla, impidiendo el crecimiento vertical de los árboles, espe- cialmente en la zona norte, siendo un gra- ve inconveniente en el buen funcionamien- to de la actividad agrícola.
Por lo que se refiere a los recursos hí- dricos, son poco abundantes en la zona norte, por la impermeabilidad del terreno,
y de mayor importancia en el sur, donde destacan también los recursos hídricos su- perficiales circunscritos especialmente en los barrancos. Desde el punto de vista de la topografía, la llanura del terreno y la falta de zonas montañosas permite un cultivo extensivo de la tierra.
Culturalmente Menorca se encuentra en el centro del Mediterráneo Occidental, y ha sido punto de mira de diversas cultu- ras a lo largo de su historia, cada una de las cuales han dejado patente su huella y de las que se han ido adquiriendo conoci- mientos adaptándolos a las características propias de la isla.
La confluencia de todos estos elemen- tos ha dado lugar a una serie de rasgos que caracterizan la cultura material construida del medio rural menorquín, que son bási- camente:
- La abundancia de elementos destina- dos a la recogida y almacenaje del agua ante la necesidad de aprovechar de mane- ra urgente la poca cantidad de agua de llu- via, utilizada para uso doméstico, agrícola y ganadero. Estos elementos dejan ver el ingenio del hombre del campo para satis- facer esta necesidad primaria, dando lugar a una variada e ingeniosa gama de siste- mas para la recogida y captación del agua de la lluvia y de los niveles freáticos del suelo, como son los diferentes procedi- mientos de desguace de los muros, y la gran profusión de cisternas, pozos, aljibes, ace- quias y canales.
- La orientación de los diferentes tipos de arquitectura. La estudiada colocación de las aperturas en las paredes y la anchu- ra y solidez de los muros, con el fin de protegerlos del frío invernal y de los vien- tos de tramontana, se evidencia tanto en la arquitectura destinada a vivienda como el resto de instalaciones agropecuarias de la explotación, las destinadas a usos agríco- las y ganaderos.
- El uso de la cal, obtenida de la coc- ción de la piedra del terreno, para proteger e impermeabilizar los muros. La aplica- ción de la cal se realiza sobre todo en las edificaciones de uso humano, donde la hi- giene de los espacios internos y externos tiene especial importancia para el menor- quín, dejando habitualmente los muros de las instalaciones destinadas al ganado sin encalar, aunque no siempre es así.
- Y, sobre todo, el uso casi exclusivo de la piedra como elemento básico para la construcción, en forma de sillares de pie- dra arenisca (marès) para la vivienda y construcciones complementarias, y la pie- dra y el pedregal del terreno en seco y sin desbastar para la parcelación y división del terreno y para la realización de construc- ciones de finalidad ganadera. Así, la utili- zación de la madera como elemento arqui- tectónico tiene una importancia secundaria, a la que sólo se recurre para la sustentación de tejados con vigas, que se cubre con la típica teja árabe de cerámica.
EL USO HUMANO DEL MEDIO RURAL MENORQUÍN
El aspecto que presenta el campo me- norquín en la actualidad es el resultado fi- nal, después de largos siglos de historia, de la lucha del hombre por aprovechar los recursos que el medio pone a su disposi- ción. Pero cabe decir que los rasgos que caracterizan el campo de hoy, es decir, los trazos y elementos que determinan el as- pecto “manipulado” que presenta el medio rural de Menorca en la actualidad, se de- ben básicamente a la necesidad de aprove- char los recursos que la isla ofrece a sus habitantes, en este caso la tierra, en un pe- riodo muy concreto de su historia. Eviden- temente, todo el medio rural menorquín se encuentra dividido en todo un grupo de explotaciones agrícolas y ganaderas que hacen que el paisaje insular dé un uso pro- ductivo al hombre en casi su totalidad. La mayoría de las explotaciones agrícolas menorquinas, denominadas popularmente llocs, que existen en la actualidad son las mismas que funcionaban durante el que podemos denominar como sistema produc- tivo tradicional menorquín, el cual se con- solidó a principios del siglo XIX, y perdu- ró casi inalterado hasta mediados del siglo XX y que en la segunda mitad del XIX y en las décadas posteriores a la Guerra Ci- vil experimentó sus momentos de máximo rendimiento. A partir de esa fecha los tra- bajos agrícolas se han ido mecanizando y la economía rural ha ido cediendo terreno
a la industria primero, y al turismo después.
El sistema tradicional de explotación del campo en Menorca es eminentemente cerealista, basado en el cultivo del trigo, y se complementa con los productos deriva- dos de la ganadería, una ganadería sin pas- tor. Este sistema, tal como es conocido hoy a partir de las fuentes orales y a partir de la cultura material que se conserva, es la con- secuencia final de la evolución del siste- ma productivo del campo a lo largo de épocas anteriores. Este sistema producti- vo evidencia un claro equilibrio entre la explotación y la conservación del entor- no, ya que la tierra ha sido el sustento de la mayor parte de la población menorquina, y un evidente equilibrio entre agricultura y ganadería. Los llocs que aún hoy se ha- llan en funcionamiento, en un momento de evidente retroceso de la actividad agrí- cola, lo hacen a partir de sistemas produc- tivos totalmente mecanizados y centrados en la cría de ganado vacuno y en la conse- cuente producción de leche para su trans- formación en queso. A pesar de todo, aun- que muchas parcelas se siguen cultivando y muchos predios se encuentran habitados y en funcionamiento, poco tiene que ver el sistema de vida del campesinado de tiem- po atrás con el de hoy, echo que ha provo- cado que gran parte de la cultura material construida que actualmente aún se conser- va sea considerada como el testimonio mudo de una forma de vivir pasada que, como tal, ha dejado de tener utilidad, echo
que ha desencadenado su progresivo aban- dono y, por lo tanto, el consecuente dete- rioro de este tipo de edificaciones rurales.
En rasgos generales, la explotación agrícola-ganadera tradicional menorquina funciona por el sistema de aparcería (amit- geria), contrato que se realiza entre el pro- pietario y el payés para repartir el produc- to resultante de la explotación en partes iguales. En Menorca el propietario de la explotación no es quien la trabajaba sino que de cierto número de terratenientes, descendientes de familias enriquecidas en el pasado, que han ido adquiriendo la ma- yor parte de las extensiones de tierra de la isla. Los contratos que rigen el funciona- miento de la aparcería y que firman el pro- pietario (es senyor) y el payés (l’amo des lloc), si las dos partes están de acuerdo con los puntos estipulados en este documento, una vez firmado tiene tanta fuerza como si estuviera rubricado por un notario. Los contratos y el funcionamiento de la apar- cería son tan apurados, que el día que se dan por finalizados, el payés saliente que- da siempre en desventaja con respecto al entrante, porque las condiciones están re- dactadas de tal manera que los benefi- ciados son siempre el propietario y el pa- yés que se incorpora.
Cuando se hace un cambio de payés en una explotación se tiene que aclarar y re- novar el contrato, y el payés entrante y el saliente tienen que pasar cuentas. Esto lo hacen en el estim, transacción durante la
cual el propietario no interviene para nada.
Una tercera persona, el tasador (s’estima- dor), mira el contrato y repasa la dotación (sa mota) que allí figura. La dotación o s’estim es la cantidad de cabezas de gana- do y utensilios en buen estado propiedad delsenyor que el payés saliente ha firma- do al entrar a trabajar en la explotación y que figura en el contrato. El tasador calcu- la las cantidades que hay en aquel momen- to, y la diferencia es s’extramota, es decir, lo que el payés saliente ha generado du- rante su estancia en el lloc. Como la mitad ya es del propietario, sólo paga al payés saliente la mitad de su valor, y así éste suele marchar del predio tal como ha llegado, con apenas nada.
El centro de la explotación rural menor- quina es la alquería, ses cases des lloc, con- junto de edificaciones que incluyen la vi- vienda del payés y el resto de instalaciones agropecuarias necesarias para el desarrollo de la actividad agrícola-ganadera. A este conjunto de edificaciones se han ido incor- porando progresivamente, a lo largo del mismo proceso de evolución de la propia explotación, toda una serie de pequeñas parcelas alrededor del mismo destinadas a usos específicos (para el cultivo de hortali- zas, verduras, forrajes, frutales, entre otros) y la extensión de tierra necesaria para el cultivo de cereales y el pasto del ganado, que funciona con el sistema de barbecho, es decir, la parcelación y rotación de usos de las parcelas para no agotar la tierra.
La alquería está dividida en la zona de vivienda, es casat des lloc, con todas sus dependencias interiores y las dependencias productivas anexas, intercomunicadas en- tre sí pero, a la vez, claramente separadas.
Elcasat es la edificación central del con- junto de edificaciones de la explotación y es la vivienda donde el payés (l’amo), su mujer (madona) y su familia, juntamente con los mozos (es missatges) que le ayu- dan en ciertos trabajos y aquellos que se incorporan para ciertos trabajos de tempo- rada (es temporers), desarrollan su vida doméstica. La casa rural tradicional me- norquina repite los mismos esquemas de distribución, pero que se aplican de mane- ra distinta en cada uno de los diferentes casats. El casat aglomera en un mismo edificio la vivienda del payés (con el patio -es pati des lloc-, un patio porticado -sa porxada-, la cocina -sa cuina-, la quesería -sa formatgeria-, el horno de pan -es forn de pa-, una salita de estar y de recibimien- to -sa sala-, los dormitorios -ets estudis-, la lavandería -sa bugaderia-, la cochera - sa cotxeria-, los servicios –s’escusat- y los almacenes de alimentos -es porxos), la parte destinada a los mozos (sa caseta des missatges), y la vivienda del propietario (sa casa des senyor), donde acude a pasar las temporadas climatológicamente favo- rables (anar a fer estada). El elemento dis- tribuidor de estos tres componentes es la porxada, orientada al sur y frente al patio de acceso al casat.
Las dependencias productivas que se encuentran en los alrededores de la vivien- da del payés son el conjunto de construc- ciones y otros elementos destinados al ga- nado y al resto de animales de la explota- ción, al almacenamiento de ciertos produc- tos de la tierra y a la recogida y obtención de agua para uso doméstico y ganadero, algunos de los cuales hallamos lejos de las construcciones propiamente dichas de la explotación, que tiene como fin satisfacer las necesidades del ganado y cuya presen- cia viene dada por el propio sistema rota- tivo del cultivo de la tierra. Las edificacio- nes cercanas al casat son las boyeras (es bouers) para el ganado vacuno, el aprisco (s’aprés), los gallineros (es galliners), las pocilgas (ses solls), el pajar (sa pallissa) y los establos (ets estables) para el ganado caballar, la mayor parte de las cuales se construyen mediante sillares de marès. Dentro de este grupo de construcciones destacan, por su función primordial den- tro de la explotación, las boyeras, edifica- ciones rectangulares cubiertas con techo a doble vertiente de vigas y tejas, con aber- turas en arcadas orientadas hacia el sur (siempre para resguardarlo de los fuertes vientos de tramontana), destinados al ga- nado bovino y vacuno, tan importante para la producción de leche y su transforma- ción en queso y para la realización de cier- tas tareas agrícolas. La boyera se encuen- tra orientada frente a un cercado de piedra en seco, denominado sa quintana des
bouer, donde se ubica un pozo conectado a un aljibe que suministra agua a los abre- vaderos (abeuradores). Es conveniente que laquintana se encuentre conectada con las diferentes porciones de tierra de la explo- tación para que, sea cual sea la parcela de pasto según el ciclo rotativo de la tierra, el ganado pueda ir directamente a la boyera al llegar la noche.
La extensión de tierra del llocmenor- quín va destinada al cultivo y al pastoreo, y es un mosaico de parcelas delimitadas por muros de piedra construidos en seco que suelen aumentar de tamaño a medida que se alejan del epicentro de la explota- ción. Cada pequeña porción de tierra está delimitada por muros de piedra levanta- dos en seco, la popularmente conocida comoparet seca, que recibe el nombre de tanca. Las pequeñas tanques más cerca- nas a la alquería están destinadas a usos específicos, como hemos dicho. Destacan las destinadas al crecimiento y a la proli- feración de la chumbera (es figueral) que proporciona la provisión necesaria de hi- gos chumbos para todo el año, las de uso hortícola (ses pletes o hortals), y aquella en donde se ubica la era, en la cual se rea- lizan diversos trabajos de limpieza del ce- real (sa tanca de s’era).
Como se ha dicho antes, es un rasgo muy característico en la arquitectura me- norquina la profusión de construcciones y elementos destinados a la recogida de agua para el consumo humano y del ganado.
Estos elementos, que satisfacen las necesi- dades de todos los seres vivientes de la explotación, se ubican tanto en zonas próxi- mas a ses cases des lloc como en medio de la extensión de tierra cultivable. La gama de métodos relacionados con la recogida, el almacenaje y la extracción de agua son muy variados; para la recaptación y alma- cenaje del agua destacan, en rasgos gene- rales, la cisterna (sa cisterna), el aljibe (s’aljub), y los pozos alimentados por ve- nas de agua subterránea o por aguas pluviales (es pous); para su extracción se usa la noria (sa sínia), el molino de agua (molí d’aigo) y otros sistemas propios de la isla como el pou de torn y el pou de tam- bor, además de las acequias (ses síquies) y otras canalizaciones para su conducción.
El resto de tanques que constituyen una explotación se destinan al cultivo, al bar- becho y al pastoreo. El terreno de una ex- plotación rural está dividido en tres por- ciones de tierra o sementeras (es tres sementers), en los que se basa el sistema rotativo de explotación de la tierra para no agotarla. Cada porción se encuentra divi- dida en diversas tanques, normalmente contiguas, de tal manera que con el con- trol de apertura y cierre de los correspon- dientes portillos las diferentes parcelas quedan incomunicadas, y pueden ir rotando de uso cada año. Así, las tanques destinadas al cultivo de trigo de ese año (es sementer des blat) quedan completa- mente protegidas de las incursiones del
ganado, mientras que las que están en bar- becho, el decir, en reposo (es sementer des goret yes sementer de s’herba), el payés dosifica al ganado el pasto para forrajes cultivados o naturales. Este sistema rotati- vo permite dejar descansar la tierra de un año para otro para no agotarla con culti- vos anuales de cereales, y permite un equi- librio total entre agricultura y ganadería.
La extensión de los sementersy el número de tanques que lo forman depende de la importancia y magnitud de la explotación.
Una parte de las tierras en barbecho, aquellas que se preparan y se labran para cultivar el trigo el invierno siguiente, se destina al cultivo de productos estivales (s’estivada), aquellos que se siembran du- rante la primavera y se recogen en verano (sandías, melones, tomates, patatas, boniatos, etc.). Son productos que durante todo su proceso de crecimiento no se rie- gan, por lo que tienen que estercolarse y abonarse continuamente muy bien antes de labrarlos. Como enriquecen mucho la tie- rra, los payeses intentan extender al máxi- mo este tipo de cultivo en el sementer des goret, por eso se alquilan pequeñas por- ciones de tierra para este fin; de esta ma- nera se va enriqueciendo para el otoño si- guiente, cuando la sementera pasa de estar en barbecho a ser utilizado para el cultivo de trigo. En cada uno de los tres sementers tiene que haber cierto número de instala- ciones agropecuarias en las cuales el ga- nado pueda permanecer cuando llegue el