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LAS BARRACAS DE VIÑA EN CATALUÑA

La arquitectura popular o vernácula, anti- gua y moderna se hizo siempre sin la in- tervención de arquitectos. Esta especie hu- mana que, salvo honrosas y brillantes excepciones, se caracteriza por su exceso de teoría, su falta de práctica y una enor- me soberbia que hace que los arquitectos tengan, a veces, más ínfulas que un arzo- bispo. Decía el ceramista Llorens Artigas:

“Je suis contre la peine de mort, sauf pour les architectes”.

Eugene-Emanuelle Viollet-le-Duc, el prolífico estudioso de la arquitectura gó- tica publicó en 1875 «Histoire de 1’habi- tation humaine, depuis les temps préhis- toriques jusqu’à nos jours», donde, en forma de diálogo, dos personajes recorren la historia examinando los distintos tipos de viviendas que se sucedieron a lo largo de los siglos.

Los dos personajes se llaman Epergos y Doxis, recorren toda la historia, desde los arios, a los hindúes, pasando por los americanos precolombinos o los amarillos.

El libro está ilustrado con 103 plumillas del propio autor que dan una idea muy clara

de lo que Viollet entendía por arquitectura popular.

Es una visión y deformada de esta ar- quitectura pero sirve para comprender el genio y la inventiva de Viollet-le-Duc.

En otro orden de cosas están los estu- dios sistemáticos sobre arquitectura popu- lar que en España ha tenido dos grandes figuras en los arquitectos Carlos Flores, Luis Feduchi y Efrén y José Luis García Fernández.

En Cataluña resultan interesantes los estudios de las masías realizados por el arquitecto José Danés para la fundación Patxot, los de Luis Bonet Garí sobre las de la comarca del Maresme y otros de tipo monográfico.

Un caso particular de arquitectura po- pular elemental es el de las barracas de viña de las zonas pedregosas de Cataluña y otros tipos semejantes en otras regiones.

LAS BARRACAS DE VIÑA

El estudio de las construcciones de pie- dra rústica tales como muros, bancales y

Joan BASSEGODA i NONELL

barracas de viña tiene importantes antece- dentes.

Este tipo de construcciones, que en al- gunas comarcas catalanas continúan ha- ciéndose en el momento presente, tienen un origen que se remonta, indudablemen- te, a la prehistoria.

Los autores que se han ocupado de los monumentos megalíticos mediterráneos demuestran la continuidad existente entre las «nuragas» de Cerdeña1, los «empos»

malteses2 y los «talayots» y «navetas» de las Baleares3.

Los enterramientos en cuevas forman- do tolos, tanto en la prehistoria (cueva de Millares, Almería), como en los primeros albores históricos del levante mediterrá- neo (tumba PG/779 del cementerio real de Ur) y en la cultura heládica (tesoro de Atreo, en Micenas)4, entroncan con las formas populares de las modestas barra- cas de viña de Cataluña y del Rosellón.

Es interesante considerar otros núcleos de producción de construcciones ya que lo elemental de su tipo de fábrica hace que la única condición para ser levantada, sea la de disponer de abundante piedra extraí- da directamente de los campos cultivados en forma de viñas.

En el noroeste de la península ibérica se dan numerosos castros de épocas protohistórica y de tradición céltica.

En el estudio de Mario Cardozo, Ar- quitectura Citaniense5, se expone que este tipo de cabañas tenía tres formas posibles

de cobertura, con teja romana, con paja y con bóveda de piedra. Las primeras se dan en los castros romanizados especialmente cuando la planta es rectangular. El segun- do tipo aparece en casas circulares o rec- tangulares parecidas a las «pallazas» de Los Ancares (Lugo) y en El Bierzo (León)6. El tipo tercero, con falsa cúpula, es el que se da en las barracas catalanas de viña, en las «cabanas montesinhas» o

«fornos de pastor» en Portugal y en las cabañas irlandesas conocidas por el nom- bre céltico de «clochan”7.

Cardozo estudia este tipo de cabañas a raíz de las excavaciones de la Citânia de Briteiros, en 1937. Aun cuando las caba- ñas excavadas carecían de techo ya desde antiguo, se pensó que fueran cubiertas con falsa cúpula y así quedó sentado en la an- terior conferencia arqueológica de Citânia de Briteiros en 1877.

A diferente conclusión llegaron Julián López García al estudiar la Citania de Santa Tecla de Galicia8, y García Bellido con referencia al castro de Coaña9 mantenien- do la hipótesis de la cubierta vegetal por falta de espesor de los muros.

A pesar de ello y de las opiniones coin- cidentes de Hübner10 y Sarmento11, Cardozo mantiene que pudieron existir construcciones abovedadas deduciéndolo de los textos de Estrabón (Geografía, IV, 3) cuando dice de los galos: Domos et tabulis et cratibus magnas construit et ro- tundas.

El argumento básico utilizado por Cardozo es, sin embargo, el estudio de las construcciones populares supervivientes.

Refiere la abundancia de estos «fornos de pastor» en las regiones montañosas portu- guesas de Suajo, Gerês y Alentejo, estas últimas estudiadas por George Leisner12, por el barón Richthofen13, Krüger14, Bosch Gimpera15y Serra Ráfols16.

Otra aportación interesante al estudio de las barracas de viña es la que presenta- ron Mariano y M.L. Vilaseca al X Congre- so Nacional de Arqueología en Mahón, en 1967, con el título Las barracas de Mon- troig17 en el que analizan ciertos tipos del sudeste de Francia, Cataluña y Valencia y, concretamente, cuatro formas típicas situa- das en el término municipal de Montroig (Tarragona).

Los Vilaseca ofrecen una corta pero interesante bibliografía de la materia por lo que a Cataluña se refiere. Señalan la existencia de estas construcciones popu- lares el Dr. Agustín M.ª Gibert, de Tarra- gona18, y el etnólogo Ramon Violant i Simorra19, pero quien realmente se ocupó in extenso de la materia fue el arquitecto reusense Juan Rubio Bellver en su famoso artículoConstruccions de pedra en sec20. Trabajo a su vez comentado o reproduci- do parcialmente por Lampérez21, Torres Balbás22 y Caro Baroja23.

Los Vilaseca refieren que este tipo de barracas en el sudeste francés se conoce con el nombre dé «boris», en Cataluña

como «barraques» o «cocons» y en Valen- cia «mollons» o «catxerulets». Edificacio- nes parecidas existen en La Mancha, es- pecialmente en los alrededores de Daimiel y Manzanares, donde reciben el nombre de «bombos»24.

El particular estudio de los Vilaseca se refiere a cuatro barracas de Mont-roig si- tuadas en la carretera que va de este pue- blo a Pratdip, entre los barrancos de Por- querola y Pauma Negra. Las cuatro tienen planta circular, se cubren con falsa bóve- da y la puerta se forma con un arco para- bólico.

Los Vilaseca dan así mismo noticia de otras barracas situadas entre las sierras de Miramar y Montmell, en la Pla de Cabra y Santes Creus, otras en el término de la Riba, estudiadas por Josep Iglèsies25, en Vilabert y en el cabo de Salou. En la co- municación referida se publica la planta de las cuatro barracas además de numero- sas fotografías.

Por lo que se refiere a los «boris», lla- mados también «capitelles», franceses, existe el estudio de Desaulle26 donde se supone la existencia de más de 6.000 ejem- plares en aquel país, especialmente en Provenza.

Los «catxerulets» valencianos han sido estudiados por N.P. Gómez27que determi- nó la presencia de un importante grupo en el Maestrazgo.

En Baleares son frecuentes también estos edificios, en Manacor, Artà y Lluch-

major en Mallorca y en la Mola de Maó y Bini-Ati de Menorca donde se llaman tam- bién «cocons» los algibes protegidos con falsas cúpulas28, todos ellos fuertemente vinculados a los monumentos megalíticos del archipiélago.

Finalmente Vilaseca resume las opinio- nes de los diversos autores consultados sobre la cronología, aspecto que aparece muy difuso ya que estas barracas de viña tanto pueden incluirse dentro de monumen- tos de tiempo prehistórico como en otros mucho más recientes29, incluso contem- poráneos30.

El trabajo de Juan Rubio Bellver con- tiene importante documentación gráfica y constituye el intento coordinador más com- pleto sobre el estudio de las construccio- nes de piedra en seco.

Se inicia con las consideraciones acer- ca de los bancales y muros (marges i parets) y los distintos tipos de aparejos más o menos regulares. Sigue luego el estudio de las puertas, bien sean con arco above- dado o con simples dinteles monolíticos.

Por lo que se refiere a las barracas, Rubio las considera como elementos in- herentes a las viñas y cita el Evangelio de San Marcos31cuando refiere la parábola del hombre que plantó una viña, la cercó, hizo en ella un silo y edificó una torre. Explica la existencia de barracas de este tipo en la península de Sinaí, llamadas «nauâmis»

por los beduinos y estudiadas por Flinders Petrie32y por Ubach33. También hace refe-

rencia a los famosísimos «trulli» de Albe- robello, en la Apulia Petrosa34.

Sigue un estudio sobre las condiciones mecánicas y sobre los materiales utiliza- dos en la construcción de barracas, espe- cialmente en la mecánica de las falsas cú- pulas, así como las soluciones de pechinas para pasar de la planta cuadrada a la forma cónica del domo.

El área estudiada por Rubio quedó cla- ramente delimitada por las ciudades y pue- blos de Tarragona tales Montblanc, Santa Coloma de Queralt y El Vendrell y las de Barcelona como Calaf, Sallent, Monistrol, Collbató, Capellades y Vilafranca del Penedés.

Rubio opinó que un posible foco de producción de este tipo de construcciones puede ser la zona norte del campo de Ta- rragona, con núcleos secundarios entre Igualada y Capellades y otros al norte de Monistrol, al sur de Manresa, en Creixell, Roda de Berà y Sant Vicenç de Calders. A éstas debían añadirse las barracas baleáricas, muy importantes, y otras en el cabo de Creus.

En cuanto a las localizaciones precisas Rubio hace la descripción de varios ejem- plares en Molas de Maó, Lluchmajor, Por- to Cristo, Beni-Ati y Matxaní en las Ba- leares y Pla de Cabra, Alió, Santes Creus y Santa Coloma de Queralt, en Tarragona, así como Santpedor, Rodonyà, Montmell, Sant Jaume dels Domenys y Pobla de Claramunt, en la provincia de Barcelona.

El estudio de Rubio concluye con un intento de clasificación de barracas en diez tipos, denominados con las letras de la A mayúscula a la J, proporcionando las plan- tas y secciones de muchas de ellas.

La presencia de barracas de piedra en seco viene señalada también en las islas Canarias por Luiz Diego Cuscoy, Director del Museo Etnológico de Tenerife35. Re- ciben el nombre de «tagoras» y son intere- santes las de la cumbre de la Boca de Tauce y las de la montaña de La Esperanza. Se usan como refugio de pastores.

La Sala de Consejo de la Palma (pro- vincia de Las Palmas) tiene forma de ba- rraca de falsa cúpula y recibe genéricamen- te el nombre de «tagoror», según informa- ción facilitada por el arquitecto don Enri- que Crusat Vidal, de Las Palmas de Gran Canaria.

Es interesante constatar también los ele- mentos complementarios de la barraca cua- les son el «cocó» o «coveta», lugar a ras del suelo, dentro o fuera de la barraca, que sirve para guardar el botijo, el pozo, con su brocal protegido muchas veces con bóveda y los canales de recogida de aguas pluviales que la conducen al pozo, cisterna o aljibe, después de pasar por un filtro de piedras.

También puede existir el armario o

«calaix», especie de nicho de piedra para aperos u objetos diversos que se sitúa en- tre el dintel o «llinda» y la losa de descar- ga situada encima y que se denomina

«contraIlinda».

Las barracas se forman trazando pre- viamente en el suelo un círculo con un cordel o, si la barraca es pequeña, con un aro de barril de vino o con una llanta de carro.

No se remueve la tierra que ha de que- dar en el interior ya que, al hacer los ci- mientos, se forma como un canal circular de recogida de agua que permite evacuar las que pudieran penetrar por alguna gote- ra. Los cimientos se hacen de piedra en seco hasta profundidad variable que osci- la entre 60 cm y 1 m con la misma anchura que la base del muro, es decir entre uno y dos metros.

El muro es doble asta el arranque de la cúpula. Tanto el muro exterior como el interior se aparejan en seco rellenando los intersticios con piedras pequeñas llamadas

«reploms».

La única herramienta usada es la ma- ceta. El muro tiene forma troncocónica y llegando al arranque de la bóveda se em- pieza a aparejar ésta con losas planas vo- lando una por encima de la otra de uno a dos palmos según el tamaño de las mis- mas. Las losas se colocan formando pen- diente hacia el exterior con el fin de ex- pulsar las aguas.

Coincidiendo con el arranque de la cúpula se forma en la parte superior del muro externo una a modo de cornisa con losas horizontales formando un baquetón corrido.

El arranque de la bóveda coincide con el dintel de la puerta por encima del cual se colocan las losas en hiladas horizonta- les. En algunos casos se puede formar la bóveda con piedras irregulares pero enton- ces la dificultad es mucho mayor.

Una vez cerrada la bóveda con una losa plana, se rellena con zahorra toda la parte del extradós desde la clave hasta la corni- sa formando un cono sobre el cual se echa tierra.

En la parte alta se coloca una piedra vertical llamada «caramull» o «cimadal», en castellano «copete».

Estas explicaciones fueron facilitadas al autor de este texto por Antonio Muntadas Pascual, natural de Capellades, y vecino de Can Muntadas de Vilanova d’Espoia en Torre de Claramut (Anoia) el día 21 de agosto de 1975.

Antonio Muntadas, que contaba enton- ces 75 años de edad, había construido tam- bién muchos depósitos enterrados o alji- bes que tienen forma de ánfora con cuello de 1 m. de diámetro y máxima profundi- dad de tres metros.

La excavación se realiza con azadón corto o con una pequeña pala sin ayuda de otros instrumentos y una vez conseguida la forma hueca se logra su impermeabili- zación con revoco de mortero de arena y cemento rápido sobre el que se aplica un enlucido de cemento rápido y agua.

También explicó Antonio Muntadas que si se produce el fallo de una parte de la

barraca es necesario demolerla enteramen- te y reconstruirla desde los cimientos.

Manifestó que había construido su prime- ra barraca en 1910, un pequeño ejemplar en el que apenas cabía él mismo.

Una barraca pequeña se puede construir por dos hombres en un sólo día en tanto que para levantar una barraca de 12 m de diámetro se precisa una semana de tiempo y el esfuerzo de tres o cuatro hombres36.

ESTUDIO MONOGRÁFICO DE ALGUNAS BARRACAAS DE VIÑA

A partir de los trabajos de Rubio y Vilaseca se tenían ya buenos elementos para intentar un estudio más detenido de este tipo de construcciones pero queda aún por hacer el inventario sistemático de to- das las barracas subsistentes. Esta tarea lle- vará su tiempo ya que es muy grande el número de construcciones de piedra en seco hallándose además en lugares que a veces resultan de difícil localización y ac- ceso.

Avanzando en la idea de este catálogo, durante el curso académico 1971-1972, la Cátedra de Gaudí de Historia de la Arqui- tectura, encargó a un grupo de estudiantes de 5° año un trabajo sobre barracas de viña.

Dicho grupo lo formaron Juan José Martínez Cárceles, Salvador Pelfort Prat y Alberto Pujal Trulla, los dos primeros actualmente arquitectos colegiados en Barcelona y el tercero con ejercicio en el Principado de Andorra.

El excelente trabajo realizado por este equipo permitió el ingreso en el Archivo de la Cátedra de planos y fotografías de treinta construcciones de piedra en seco, distribuidas en las provincias de Barcelo- na y Tarragona, concretamente en los tér- minos barceloneses de Torre de Claramunt, Capellades y Mediona y en los tarraconen- ses de Rodonyá, Vila-rodona, Puigpelat, Pla de Cabra y Pont d’Armentera.

Con este estudio se consigue ampliar considerablemente el número de datos grá- ficos de este tipo de barracas así como la exacta situación sobre el plano de las mis- mas, todo ello con vistas a su catalogación y defensa.

Este último punto es muy importante, ya que el abandono de la agricultura y el crecimiento de las urbanizaciones ponen en serio peligro la supervivencia de mu- chas de estas barracas.

Cuando fueron estudiadas por Rubio en 1913 ya bastantes de ellas estaban en ruinas y en la actualidad otras muchas han desaparecido al trazarse nuevos caminos y urbanizaciones.

Sería por lo tanto muy interesante pre- parar el fichero de tales construcciones de tal manera que en cada ficha figurara su exacta ubicación además de las caracterís- ticas constructivas y catastrales. Sería de gran utilidad el uso de las fichas IPCE (In- ventario del Patrimonio Cultural Europeo), normalmente utilizadas por la Dirección General del Patrimonio Artístico para la

ordenada catalogación de monumentos.

En el caso presente la calidad de los planos de plantas y secciones realizados por los entonces (1971) estudiantes de ar- quitectura, junto con la nitidez de las foto- grafías, permiten profundizar en el estu- dio de la tectónica de las barracas.

El trabajo escolar de referencia termi- na con una fotografía del Asilo del Santo Cristo de Igualada, obra de Juan Rubio Bellver en 1929-30, edificio en el que está manifiesta la influencia de las construc- ciones de piedra en seco. En este Asilo hay una capilla con bóvedas de perfil para- bólico perfectamente acordada con los numerosos ejemplares que Rubio tan con- cienzudamente estudió en el Campo de Tarragona37.

Este tipo arquitectónico utilizado por Juan Rubio tiene su inmediato anteceden- te en su maestro Antonio Gaudí, especial- mente en los viaductos del Parque Güell y en la Quinta de Bellesguard.

Tanto Rubio como Gaudí al inclinarse a este tipo de arquitectura que podría clasificarse como expresionista tomaron de las barracas de viña el aspecto pero no la tectónica ya que tanto los viaductos del Parque Güell como Bellesguard o el Asilo del Santo Cristo están hechos a base de aplacados de piedra sobre muros o pilares de ladrillo38. Algo parecido sucede con algunas construcciones de Henry Hobson Richardson (1838-1886) como en la casa de F. L. Ames en North Eastone, Massa-

chussets, en los Estados Unidos, donde se intentó tomar modelo de las toscas cons- trucciones rurales de aquel estado39.

El artículo publicado en 1976 dio lu- gar, 25 años después, 1981, se constituye- ra en Vilanova d’Espoia el Centro Recrea- tivo y Cultural que desarrolló múltiples actividades partir de su establecimiento. En mayo de 1999 decidieron formular un pro- yecto de una pareja de gigantes para ani- mar las fiestas del pueblo y para ello pi- dieron ayuda a la Diputación de Barcelona.

El gigante varón tomó la figura de Antón Muntadas el campesino que construyó la barraca descrita en 1976. Para ello se re- quirió la información conservada en el ar- chivo de la Real Cátedra Gaudí. El pro- yecto se presentó al Ayuntamiento de Torre de Claramunt y fue aprobado el 3 de mayo de 2000. Se construyeron el gigante y la giganta que fueron presentados al pueblo el día de la Fiesta Mayor de Vilanova d’Espoia el domingo 6 de agosto de 2000, festividad de San Salvador o de la Transfi- guración. Hubo misa mayor en la iglesia románica de San Salvador y, seguidamen- te, delante del atrio del templo fueron ben- decidos los gigantes por el cura párroco después de lo cual iniciaron sus danzas con animación y jolgorio de todo el pueblo.

Pues bien, el celebrante de la Santa Misa leyó y comentó el Evangelio del día que correspondía a los versículos 1 –12 del Capítulo IX de San Marcos, referido a la Transfiguración del Señor.

Después de la misa comenté al mosén el versículo quinto donde se lee: “Tomó la palabra Pedro i dijo a Jesús: Rabbí, se está muy bien aquí. Podríamos construir tres pabellones, una para Ti, otro para Moisés y el tercero para Elías”. En ocasión de la Fiesta Mayor y de los 25 años de la cons- trucción de una barraca de viña, se podría pensar que los pabellones que San Pedro quería, fuesen precisamente barracas de viña, que las había en Palestina en tiempos de Cristo, y que estas barracas, jamás cons- truidas, en fecha tan señalada como la de hoy, se han transfigurado en gigantes”

Una interpretación libre del texto evan- gélico y de los símbolos de la Fiesta Ma- yor que, de alguna manera gustó al sacer- dote quien, con una media sonrisa, me dijo:

El año próximo hará Vd. el comentario del Evangelio.

Se da el caso que persiste el interés del Centro Cultural y Recreativo de Vilanova d’Espoia por las barracas de viña hasta el extremo que el gigante que representa a Ton Muntadas lleva en la mano un modelo de la barraca de viña que en su día levantó.

Circunstancia que hay que tener en cuenta pues la estima popular por estas rús- ticas construcciones es un buen elemento de cara a su catalogación y conservación.

De este modo se cierra esta historia de barracas de viña, gigantes de Fiesta Ma- yor junto a un pasaje evangélico realmen- te glorioso, como 40es la Transfiguración de Jesús.