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La Comunicación social en Bolivia. Mapa de Tendencias

En los últimos años, pero sobre todo desde la recuperación de la estabilidad democrática, ocurrida en 1982, hasta nuestros días, se han desarrollado en Bolivia importantes tendencias en el campo de la comunicación social. Sin más preámbulo podrían mencionarse seis:

1. Una ofensiva de los medios de comunicación privados. Desde la proliferación de canales de televisión comerciales hasta la concentración de la propiedad.

2. Una articulación cada vez más estrecha entre la comunicación social como actividad con la labor política electoral.

3. Una especialización descentralizadora y creciente de los medios de comunicación institucionales, católicos y provinciales, con excepciones que confirman la regla.

4. Una inserción vigorosa de las iglesias evangélicas en los procesos de comunicación masiva.

5. El desarrollo y ampliación de un periodismo “clásico” o “tradicional”, vinculado a los grupos de decisión.

6. El papel periférico, pero sostenido de los medios de comunicación del Estado.

Cada uno de estos procesos ha tenido consecuencias directas sobre el ejercicio del periodismo, el desarrollo de la cultura, la irradiación de las pautas de consumo y la transformación del sistema democrático representativo. En cada caso, los efectos más visibles tienen siempre un sentido paradójico. Eso significa que por un lado plantean avances democratizadores y enmancipatorios, mientras por el otro y de forma simultánea, engendran renovadas exclusiones y discriminaciones.

Describamos cada una de las tendencias citadas.

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a. La Ofensiva privada

Entre 1969 y 1984, una de las principales fuentes de emisión del discurso estatal en Bolivia fue la televisión. Nacido y equipado en el periodo de auge de los gobiernos militares, el canal 7 se desarrolló como un monopolio, ligeramente matizado por la existencia de una red universitaria, iniciada en 1973 (Tarija) y consolidada hasta 1980 (La Paz) a través de ocho estaciones. Es conocida la labor de reparto de televisores en los centros mineros por parte de las dictaduras como una forma de ampliar la llegada de la ideología oficial a los círculos más resistentes de aquel entonces.

Sin embargo cuando se restableció la democracia, el monopolio audiovisual del Estado ya destacaba como un contrasentido evidente. Fue en el epílogo del gobierno de la UDP, cuando por primera vez comenzó a plantearse un cambio.

El inicio del fin de esta poderosa exclusividad estatal se produjo tras la salida al aire, en condiciones de rebeldía, de “Paceña de Televisión”, punta de lanza de la actual red ATB y del canal 13 de Santa Cruz. A partir de ese momento, los canales privados se multiplicaron en todas las regiones del país. Así se abre espacio una multiplicidad de voces que en poco tiempo marginan al canal estatal, hasta hoy incapaz de reformarse y recuperar su credibilidad alcanzando un carácter más público que estatal. En 1990, se calculó que ya había en Bolivia un total de 42 estaciones televisivas, captadas por 400 mil receptores (SNPP, MDH,

1997). En abril de 1992, Adalid Contreras registró 78, de los cuales 24 eran provinciales y se encontraban en poblaciones tan distintas como Tipuani, Montero, San Javier, Okinawa, Bermejo, San Borja o Tupiza.

Esta apertura tan radical a la iniciativa privada conecta de inmediato con las elecciones nacionales y municipales que adquieren su regularidad. Las campañas electorales comienzan a transcurrir entonces a través de los canales privados y la televisión se transforma en un actor político de primera línea.

La acumulación de capitales en el terreno televisivo tiene efectos directos sobre los otros medios de comunicación. No sólo el Estado pierde acceso a las audiencias y la publicidad, sino que la radio y los periódicos reducen su impacto notablemente. Esto permite que la televisión privada se transforme en un sector próspero de la economía y exhiba una notable capacidad de expansión financiera.

Este proceso tiene un desemboque claro en la concentración de la propiedad de los medios de comunicación iniciada a fines de esta década. El punto de viraje, en este caso, fue la compra de totas las acciones de los periódicos “La Razón” y el “Nuevo Día” por los dueños de la red ATB en marzo de 1997. En ese momento se constituye un consorcio privado multimedia que controla más de la mitad del rating televisivo (14 canales), tiene en sus manos tres diarios de gran influencia en el eje central del país, publica un periódico de crónica roja de alta circulación (“Extra”), posee un distribuidor de televisión por cable, una sala cinematográfica, una de las imprentas más modernas del país, gestiona una de las dos Administradoras de Fondos de Pensiones y una red de 16 empresas mineras, que es el origen de la fortuna familiar (Cajías, 1999). Tras la publicación de estos datos, el consorcio adquirió además el 50 por ciento de las acciones del Sistema de Radio y Televisión Popular (RTP), conformado por canal 4 y radio

“Metropolitana”. Semanas más tarde, el consorcio cerró la adquisición del “Bolivian Times”, el único semanario en idioma inglés del país. El grupo empresarial edita además la revista de variedades “Cosas”.

De forma paralela y casi reactiva, se ha creado otra red multimedia privada de menor influencia competitiva, aunque inspirada en los mismos principios concentradores. Se trata de una alianza de “familias periodísticas” (Cajías, 1999) constituida por los diarios “La Prensa” (La Paz), “Los Tiempos” (Cochabamba), “El Deber” (Santa Cruz), “Correo del Sur” (Sucre) y “Ahora” (Tarija). A ellos se suman el periódico de crónica roja “Gente” y nueve canales, entre los que está la red

“Periodistas Asociados en Televisión” (PAT), dirigida por Carlos Mesa.

Los otros espacios de concentración son las iglesias evangélicas, de las que hablaremos más adelante; la Iglesia Católica, que a pesar de ser el “consorcio”

más grande, no funciona de forma integrada, y el grupo Kuljis de menor impacto público.

El “pulpo” con fe, como denomina Lupe Cajías a la estructura comunicacional católica, posee 42 radioemisoras, diez canales de televisión, siete

medios impresos, diez productoras de video, dos agencias de noticias, dos imprentas, cuatro librerías, una sala de cine, tres centros de formación en comunicación social y dos productoras de radio.

El grupo Kuljis, dirigido por el ex candidato presidencial de UCS en 1997, tiene en su poder nueve canales de televisión, una imprenta, una agencia de publicidad, una estación de radio, un diario, una productora de video y cinco empresas de diversa índole (cuero, papel y comercio).

La concentración de propiedad de los medios tiene un sentido paradójico.

Por un lado trae indudables beneficios, pero también está dotada de peligros potenciales. Si bien este fenómeno ya es una realidad de larga data en los países europeos o en los Estados Unidos, y allí se ha teorizado en abundancia en torno a sus consecuencias, es importante observarlo a la luz de las vivencias bolivianas.

Entre los aspectos elogiados de la concentración de la propiedad mediática en nuestro país está el hecho de que los consorcios tienen la posibilidad de manejar mejor sus recursos humanos, técnicos y de infraestructura. Por ejemplo, en vez de tener un solo corresponsal en una ciudad, tienen ahora todo un periódico. De igual forma, los intercambios de servicios y personal entre medios de comunicación de un solo propietario, mejoran la calidad del conjunto y benefician al público.

Siguiendo con esa visión paradojal, mas no maniquea, podemos deducir que la ventaja señalada también tiene efectos negativos. Al controlar un espectro mediático ampliado, los consorcios adquieren un dominio claro sobre un segmento bastante grande del mercado laboral. Esto les permite aislar a los profesionales considerados “conflictivos” y de esa manera, docilizar al conjunto. Actualmente, un periodista que ha tenido enfrentamientos con los dos grupos empresariales dominantes, tiene pocas posibilidades de conseguir empleo.

Otro elemento positivo de la concentración de la propiedad mediática es la adquisición de una mayor autonomía económica en favor de las estructuras comunicacionales. Gracias a la coalición de medios, aquellos que son más rentables, como los diarios sensacionalistas, subvencionan a los que aún arrojan pérdidas. A medida que los consorcios conquistan una mayor independencia económica de cara a los anunciadores, se hacen menos vulnerables a las presiones de los poderes políticos y empresariales ajenos al sector. La comunicación social se ha hecho muy rentable en Bolivia, y gracias a ello, se ha constituido en un campo más autónomo.

Las derivaciones de este último hecho también son paradojales. La autonomización de los consorcios ha convertido a los medios en herramientas poderosas de deslegitimación de las estructuras políticas. Por ejemplo, desde hace más o menos dos años, los periódicos han comenzado a ser actores políticos directos al denunciar casos de corrupción oficial y decidir, con ello, la caída de varias autoridades. El poder descontrolado de los medios puede generar una

suerte de “matonaje” periodístico, por el cual, las primeras planas se convierten en lugares de “linchamiento” simbólico, con toda su estela de imprecisiones y equívocos. A ello se suma la reducida aplicación práctica de determinadas normas autoregulatorias de parte de los medios y la esporádica aplicación de la Ley de Imprenta, que tiene poca incidencia en la práctica cotidiana de los periodistas.

Finalmente es importante señalar un criterio universal referido a la concentración de propiedad de los medios. Su vigencia es especialmente peligrosa cuando existe colisión de intereses, es decir, cuando el dueño de diarios, radios o canales es, al mismo tiempo, empresario de otros rubros, en especial si éstos tienen relaciones contractuales con el Estado. En ese momento, es frecuente que el poder simbólico de los medios de comunicación sea mal utilizado para llevar adelante otros negocios. De acuerdo a la información disponible, este hecho está potencialmente presente en el caso de los grupos Garafulic y Kuljis.

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b. La Articulación entre Medios y Elecciones

La segunda tendencia importante tiene que ver con el funcionamiento de la democracia representativa. Ya desde la recuperación de las libertades constitucionales, empezaron a sucederse diversos fenómenos que vinculaban la actividad comunicacional con las elecciones. Quizás el momento inicial haya sido la participación de Raúl Salmón de la Barra como candidato a la alcaldía de La Paz, y de Omar Montalvo, a la municipalidad de Sucre el año 1987. Ambos postulantes ganaron en las urnas y abrieron el camino para los comunicadores en la papeleta electoral.

Desde entonces se han lanzado las candidaturas de Carlos Palenque, Rodolfo Galvez, Mario "Cucho" Vargas y Cristina Corrales en La Paz, Jorge Barrientos en Oruro, Magín Roque y Pedro Rubin de Celis en Oruro, Bismark Kreidler en Santa Cruz y Johnny Plata en Potosí. Mauricio “Patato” Méndez y Mario Cortés han seguido la misma ruta en Cochabamba. Todos ellos deben su poder de convocatoria al uso de los micrófonos, sea en televisión o en radio.

Este hecho ha impulsado también a que algunos políticos pasen a adquirir medios de comunicación o conduzcan programas. Es el caso del concejal paceño Julio Mantilla, en poder de una radio, o Johnny Fernández, jefe de UCS; dedicado a situar a algunos medios de comunicación bajo su control. Un reciente debate en el Parlamento derivó en la inclusión del artículo 124 del nuevo Código Electoral, por el cual los candidatos a algún cargo electivo están impedidos de realizar, alquilar, conducir o producir programas periodísticos en tiempos pre electorales.

Es innegable que esta tendencia acompaña a la llegada de los medios de comunicación electrónicos a Bolivia. De hecho existe una larga tradición de

“caudillismo” a través de la radio, a la que más tarde se incorpora la televisión. El antecedente más completo en esta dirección es el liderazgo construido por Raúl Salmón de La Barra en La Paz. De él sabemos, por ejemplo, que como director de radio “Altiplano”, fue el primero en propiciar el ingreso a las ondas de uno de los primeros locutores en idioma nativo, el profesor Elías Ticona, contratado por dicha emisora en 1957.

Además, Salmón ya había incorporado narrativas de corte popular a la radiodifusión gracias a su labor como dramaturgo. El estilo de quien llegó a ser después alcalde de La Paz, coincidía perfectamente con la atmósfera ideológica predominante después de 1952. Mario Carrasco, el propietario de “Altiplano”, fundó la emisora el 2 de agosto de 1954, en homenaje al “Día del Indio”, lo cual ya muestra la influencia de la ideología nacionalista en la nueva emisora (Vladimir Rojas, 1997).

En 1961, Salmón fundó su propia radio, “Nueva América”, en la que integró los elementos más competitivos de “Altiplano” y agregó el humor político plasmado en el programa “Trapitos al Sol”.

Rosa Antequera, locutora del equipo de “Nueva América”, entrevistada por Vladimir Rojas (1997), destaca que desde los primeros años de la emisora se fomentaba la participación de los oyentes. En “El Informal”, espacio dirigido por el propio Salmón, Antequera cuenta que “se pedía con anticipación la participación y se daba la cobertura de tres minutos por cada participante. No se hacía uso del teléfono, el oyente tenía que venir personalmente, o sea que la gente tenía que desfilar por la cabina durante la hora de emisión". Esta experiencia precursora duró hasta 1986, cuando la “Tribuna Libre del Pueblo”, conducida por Carlos Palenque cumplía seis años de vigencia y tomaba el relevo del éxito. Aún antes del fallecimiento de Salmón, el partido y los medios de comunicación de Palenque ya habían copado ese territorio, abonado 30 años antes por muchos radialistas aymaras y la propia radio “Nueva América”.

Rojas complementa que en los años 80 se incorporaron las unidades móviles y “Nueva América” empezó a transmitir los actos de aniversario de los barrios de la ciudad. El 6 de junio de 1982, Salmón transmite por primera vez la Entrada Folklórica de Señor Jesús del Gran Poder. En aquella ocasión, el periodista radial realizó la monografía de 46 comparsas folklóricas. Años antes, Palenque había luchado para que la festividad transite por el centro de la ciudad. Y es que los dos seducían al mismo público.

Vemos aquí que la radio comenzaba a impregnarse de otros contenidos y hacía cada vez más pública la diversidad cultural de la ciudad. No es casual entonces que el 26 de noviembre de 1986, la Asociación de Locutores en Idioma Nativo, creada el 6 de mayo de 1978, le haya rendido un homenaje a Salmón:

"por buscar la integración social de aymaras, quechuas y tupiguaraníes con todos los derechos y obligaciones de acuerdo sus valores culturales “.

Estos hechos nos muestran algo más que un proceso exitoso de exploración y descubrimiento de un nuevo mercado y audiencia. Para la investigadora peruana Rosa María Alfaro (1985), estas experiencias se sustentan en el empuje de "circuitos económicos residuales del capitalismo", los cuales, además de tener una pertenencia cultural andina, han establecido negocios estrechamente relacionados con la reproducción de la fuerza de trabajo de los propios migrantes.

Vale decir que detrás de este uso novedoso de la radio, y de la televisión, existe un poder económico emergente, que tiene por rasgo fundamental una adscripción cultural distinta a la dominante en los otros medios de comunicación.

Rosa María Alfaro agrega que, por encima o por debajo de la función comercial, dichas radios recogen "formas fonéticas, sintaxis, enunciaciones propias y vocabulario" de las clases populares.

No es extraño entonces que toda esa tradición de apropiación pacífica de los medios de comunicación por segmentos del público culturalmente segregados del poder formal haya tenido derivaciones políticas. Antes y más aún después del fallecimiento de Carlos Palenque en 1997, las radios y algunas estaciones de televisión se impregnaron de su estilo participativo. Actualmente casi todas las emisoras radiales paceñas tienen un programa similar a la “Tribuna Libre del Pueblo”

y hasta las iglesias evangélicas organizan este tipo de rituales participativos aderezados de campañas de ayuda social.

¿Cuáles son los efectos de esta tendencia? Al igual que en el caso de la concentración de la propiedad mediática, contamos aquí con derivaciones paradojales. La incursión de los comunicadores sociales como candidatos ha provocado que las autoridades electas emergentes de estos procesos estén en mayor cercanía con sus electores. Gestiones como las de Raúl Salmón u Omar Montalvo se han caracterizado por la aproximación cotidiana del alcalde a los ciudadanos, facilitada por las destrezas mediáticas de estas autoridades. Así, los comunicadores en el Congreso o el Concejo municipal habrían robustecido la legitimidad de la representación democrática.

Sin embargo, también han surgido quejas desde el sistema político con respecto a este fenómeno. Se ha dicho que los comunicadores tienen en sus manos injustas ventajas competitivas frente a los políticos profesionales a la hora de solicitar el voto ciudadano. El mencionado artículo 124 del Código Electoral busca precisamente anular esta aparente desigualdad. El politólogo René Antonio Mayorga (1995) es quien más críticas ha lanzado a este proceso caracterizado por la

“informalización” de la política. Según su criterio, la crisis de representación de los partidos bolivianos intenta ser resuelta de una manera equivocada, cuando éstos incluyen en su lista de candidatos a figuras “antipolíticas”, entre las que están, con frecuencia, los comunicadores sociales. Mayorga afirma que el problema central de la democracia boliviana no es la falta de representatividad, sino su poca eficacia para resolver los problemas de sus ciudadanos. Pese a ello se parte de la idea de que los políticos de carrera están desprestigiados y que por eso hacen falta nuevos rostros. Sin embargo, la manera de enfrentar el problema de fondo es, recomienda

Mayorga, mostrando eficacia desde la gestión de gobierno. La gente está desilusionada de los partidos, porque gobiernan mal, y no porque no la representan adecuadamente, afirma este autor.

Una consecuencia negativa que podría derivarse de estas constataciones, es que al pasar a manos de radialistas y conductores de programas televisivos, la política acentúa sus rasgos espectaculares y abandona conscientemente el debate de las ideas y las propuestas. Surgen así los llamados líderes electrónicos, tan comunes en las democracias desarrolladas, y tan integrados, sobre todo, a los códigos televisivos, desde donde proyectan su influencia entre una población, que más que electorado deviene en un público. Así, los gustos predominan sobre las ideas y la política comienza a asemejarse más a la actividad comercial.

Al margen de que estas observaciones tienen validez cuando abordan críticamente la realidad, también es evidente que ya no hay acción política exitosa que renuncie a transcurrir por los medios masivos. Como salir en las pantallas es un requisito de visibilidad e irradiación electoral, los políticos de carrera están obligados a preocuparse mucho por su acceso a los oídos de la gente y no sólo por la coherencia de sus programas. La presencia de los medios permite recordar entonces que las depuradas técnicas de gobierno no sirven de nada si no actúan bajo criterios estratégicos. Le hemos prestado especial atención a esta tendencia, porque en ella se inscribe el programa “Sábados Populares” que analizaremos más adelante.

Un detalle más. Junto al fenómeno de la participación de propuestas mediáticas en reemplazo de, o en alianza, con los partidos políticos, es importante mencionar que el debate de los asuntos públicos se ha trasladado fundamentalmente a los medios de comunicación. El Parlamento ha dejado de ser el escenario de la discusión, y quienes debaten más son los políticos con acceso a los flujos informativos. De la misma manera, los funcionarios públicos suelen ser fiscalizados y juzgados desde los medios de comunicación. Quizás por ello, la mayoría de los titulares hace referencia a casos de corrupción mediante los cuales, los medios escenifican una autoatribuída función fiscalizadora, que los ha colocado en los primeros lugares de las encuestas sobre credibilidad de las instituciones.

Aquí es importante anotar un hecho que puede llegar a ser muy importante en el futuro cercano. Los periódicos de crónica roja han comenzado a abarcar un espacio cada vez más importante del mercado. Si hasta aquí habíamos hecho un seguimiento de una tradición radial y televisiva muy apegada a los públicos suburbanos y campesinos, de origen indígena, parece que la palabra escrita también se ha sumado a este contexto. Por primera vez, funciona en Bolivia una prensa popular. Hasta el momento ésta se ha restringido a abordar temas policiales y del campo de la sexualidad. La política o el deporte se han mantenido lejos de este tipo de periodismo de gran tiraje. Sin embargo, no sería extraño que los tabloides llamados sensacionalistas como "Gente" y "Extra", empiecen a usar su irradiación popular para transformarse en un actor político importante. Nos imaginamos un esquema similar al del diario "Bild" en Alemania, el de mayor tiraje