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LA ESTRATIGRAFÍA. GENERALIDADES

CAPÍTULO III EL MOMENTO PREIBÉRICO

V.2) LA ESTRATIGRAFÍA. GENERALIDADES

La necrópolis presenta un inmejorable estado de conservación que ha permitido documentar una detallada estratigrafía arqueológica, algo inusual en los yacimientos de la cultura ibérica. Su cronología, grosso modo va desde la se- gunda mitad del siglo VI a.C., hasta los inicios del IV, también a.C. Con las tres campañas de excavación realizadas hasta el momento (1986) son 80 las áreas abiertas, 15 las estructuras tumulares localizadas y cerca de 70 cremaciones en hoyo (fig. 12). Todo ello ha proporcionado un rico material arqueológico, en contexto estratigráfico, lo que bajo nuestro punto de vista es un hito funda- mental en la investigación de la cultura ibérica en el Sureste de la Meseta.

Su importancia justifica, pues, la necesidad de un estudio exhaustivo, al menos en dos aspectos básicos: su estratigrafía y las tumbas con cubrición tu- mular. Veámoslo con detalle.

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cuadrículas 7 y 8, numerándose en dos sentidos diferentes. Del centro hacia el oeste correspondían las cuadrículas 15 a la 20, excavadas sólo hasta la 18 incluida. Del centro al este se alinearon las cuadrículas 21 a 23 excavándose, sólo, la n.° 21 y n.° 22.

Esta primera hilada (S-N) ha proporcionado una doble secuencia estrati- gráfica comparable, los lados este y oeste respectivamente, en la que los niveles arqueológicos aparecieron embutidos en la estratigrafía geológica del terreno.

Fenómeno parecido ofreció la segunda hilada, orientada este-oeste.

Aquí, como más adelante veremos, la acumulación de estructuras tumulares, en particular entre el punto central y hacia el oeste, ha imposibilitado docu- mentar una secuencia estratigráfica continuada. No obstante, tanto las cuadrí- culas 18, como la 22, a marcar los límites de la necrópolis.

Se puede decir, en lo que a estratigrafía arqueológica se refiere, que la zona arqueológica fértil se circunscribe a la alineación de las cuadrículas C-5/C-9 y de la C-22/C-18. No obstante, tendríamos que prolongarla en sus extremos si quisiéramos entroncarla con la geología propia del terreno.

Un total de 56 tumbas de cremación en hoyo y 15 más con estructuras tumulares son los elementos, hasta el momento, incluidos en la estratigrafía.

Las primeras se han asociado a sus respectivos "suelos de uso", es decir, al suelo de utilización de cuando se realizó la tumba. Los segundos aparecen in- variablemente asociados a lo que hemos llamado "niveles de realización", es decir, aquellos niveles locales producidos a raíz de la construcción de la es- tructura tumular y, por ello, localmente sobre el verdadero suelo de uso del momento.

Todos los perfiles Este de la hilada C-5/C-9, en unión a los Norte y Sur de las cuadrículas C-21 y C-22, constituyen la base fundamental del estudio estratigráfico. Ello es lógico. Basta con efectuar una rápida mirada a la plani- metría general del yacimiento para observar que son los perfiles menos afec- tados por las estructuras tumulares.

En particular las cuadrículas C-6, C-7, C-8, C-21 y C-22 presentan la ma- yor potencia arqueológica y, por tanto, estratigráfica. En algunos casos, co- mo apuntamos anteriormente, sus perfiles han documentado las 3 fases cultu- rales de la necrópolis. Ocurre en las cuadrículas C-7 y C-21, por ejemplo.

Posteriormente, a modo de resumen, resaltaremos la importancia de la hilada S-N al testimoniar la estratigrafía total del yacimiento, tanto en lo ar- queológico, como en lo geológico; la hilada ha [cuadrículas C-15/C-8] por lo que significa en cuanto a superposición y desarrollo de las estructuras tumu- lares, y la hilada lib [cuadrículas C-21 y C-221 que vienen a corroborar con abundancia de detalles la secuencia arqueológica ya vista en la primera de las hiladas (ver Fig. 13).

tierra removida por el arado

relleno del túmulo

II

ceniza

E

greda

tierra clara y decantada

tierra más clara del nivel de colmatación -aplanamiento

LIII

tierra de relleno natural arenisca

tierra rojo vinosa

tierra oscura

chinarro esteril

tierra arcillosa esteril

adobe

tapial

Figura 13

Leyenda estratigráfica de Los Villares.

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V.2.a) ESTRATIGRAFÍA DE LA HILADA 1 (EJE S-N)

La metodología de excavación seguida durante la 1. a Campaña de traba- jos de campo, nos permitió disponer de una hilada continuada de cuadrículas excavadas. Y, así, obtener una secuencia estratigráfica ininterrumpida que atraviesa el yacimiento de dirección sur-norte.

Corresponde con el trazado de las cuadrículas de la C- 1 a la C- 14 y su es- tudio, por sí mismo, es verdadero reflejo de la secuencia cultural de la necró- polis. Antes de entrar en su detallado estudio creemos conveniente anotar una serie de consideraciones:

- La excavación de estas cuadrículas rebasa, con creces, la exten- sión del yacimiento en sí. De hecho, la necrópolis queda enmarcada entre las cuadrículas C-5 y C-9.

- Derivado de lo anterior y aún consciente de la necesidad de efec- tuar una visión lo más de conjunto posible, podemos diferenciar tres subzo- nas a la hora de su estudio:

ZONA A. Comprende las cuadrículas C-2, C-3 y C-4. Documentan, por el sur, la unión de la estratigrafía geológica del lugar con la arqueología. Su excavación ha dado luz a determi- nados aspectos de las construcciones tumulares: las

"canteras" de arcilla.

ZONA B. Son las cuadrículas que van de la C-5 a la C-9, ambas in- cluidas. Equivalen a la necrópolis propiamente. Sus per- files reflejan las 3 fases culturales que testimonia la ne- crópolis.

ZONA C. Incluimos aquí las cuadrículas C- 10, C-1 1 y C-12. De nuevo aparecen los estratos geológicos propios del lu- gar, sin superposiciones arqueológicas. Limitan a la ne- crópolis por su lado norte.

- Las cuadrículas C- 1, C- 13 y C- 14 no se excavaron al considerarse innecesario.

CUADRICULAS C-2, C-3 Y C-4 (Ver Fig. 14).

Su excavación proporcionó escasísimos materiales arqueológicos. En estas cuadrículas es donde se ha llegado a una mayor cota de profundidad, cercana a los 2 m. (Ver cuadrícula C-2, perfiles este y oeste).

En los niveles más profundos aparecieron potentes estratos de tierra arcillosa, uniformes, de fuerte coloración rojiza. Todo este conjunto de

cuadrículas presenta una pequeña pendiente, hacia el sur, de carácter natural.

Sus perfiles presentan claras interrupciones que suponemos en relación con las construcciones tumulares de la Fase II. (Ver perfiles este y oeste de la C-2; o el este de la C-4).

Se superponen a éstos una serie de rellenos, intencionados, encamina- dos a obtener un aplanamiento generalizado que cubrió las alteraciones ante- riores y palió la pequeña pendiente del terreno.

Los niveles de relleno, a veces, quedan reducidos a dos sucesivas coIma- taciones (ver perfil Este de la C-2); o, por el contrario, alcanzan una gran com- plejidad (ver perfiles Oeste y Norte de la C-3). No obstantes, unos y otros, obedecen a la misma finalidad de aplanamiento.

A continuación, en un estrato superior, encontramos el humus vegetal que llega hasta los 70-80 cm de potencia, en ocasiones. Sus diferencias tona- les obedecen a que estén afectados, o no, por los discos y arados de los tracto- res. Estos últimos han llegado a profundizar un máximo de 37 cm en aquellas zonas donde, la ausencia de estructuras tumulares y por tanto de piedras, per- miten aplicar al máximo sus posibilidades de penetración en el terreno. (Ver perfil Este de la C-2, Fig. 14).

De la zona que ahora tratamos hay que destacar la presencia de una gran acumulación de piedras, de pequeño y mediano tamaño, cuyo epicentro se corresponde con el testigo entre las cuadrículas C-2 y C-3. No se ha podido determinar si es algo natural, o intencionado. Sólo anotar la ausencia de mate- rial arqueológico en sus proximidades. Queda reflejado en el perfil Este de las cuadrículas C-2 y C-3.

Los estratos geológicos en esta zona presentan una pequeña pendiente hacia el sur que se interrumpe, o es detenida, por la citada acumulación de piedras. A partir de ellas todos los estratos, naturales y de relleno, mantienen la horizontalidad. Basta observar los perfiles Este y Oeste de las cuadrículas C-4 y C-2 respectivamente, para comprobarlo.

De hecho, la relativa complejidad de los niveles de aplanamiento se da sólo en la zona de mayor pendiente, mientras que pasado el amontonamiento de piedras está simplificada al mínimo. Los niveles artificiales situados al nor- te, en cierta manera, están apoyados en la acumulación de piedras (ver perfil Este de la C-3, Fig. 14). Se determina, así, la posterioridad de los primeros con respecto a los segundos.

RESUMEN ESTRATIGRÁFICO

Como resumen únicamente hemos de destacar el interés de las cuadrí- culas C-2, C-3 y C-4 como testimonios estratigráficos de la zona circundante

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al yacimiento, por el lado sur. Son un reflejo de la geomorfología del terreno y del aprovechamiento, intencionado, de las arcillas propias del lugar para la realización de las estructuras tumulares. Inmediato a ello fue el aplanamiento que rellenó los huecos provocados y dejó una superficie relativamente hori- zontal, fenómeno también buscado en la cuadrícula C-6.

Por lo demás, las restantes observaciones detectadas no son sino un re- flejo de lo anterior: la potencia del nivel de humus-tierra de labor, ayudado por el desmonte constante de la elevación arqueológica; la profundización de los arados durante las tareas agrícolas, debido a la ausencia de túmulos que es- torbaran a los aperos; así como la existencia de gruesos niveles de relleno arti- ficial destinados a paliar los huecos dejados por la extracción de las tierras ar- cillosas y la pendiente natural del terreno, fenómeno éste detectable a partir de la cuadrícula C-6.

CUADRÍCULA 5 (Ver Fig. 15).

Con la excavación de la cuadrícula C-5 se han documentado cinco tum- bas de cremación en hoyo: T-1; T-3; T-4; T-6 y T-1 1, no habiéndose identifi- cado ninguna estructura tumular definida. Sólo al norte una alineación inten- cionada define una posible hilada de piedras de mediano tamaño. Su significa- do con los datos disponibles se nos escapa. Habría que excavar a ambos lados si quisiéramos explicarla.

Nos encontramos aquí ante el arranque de los estratos arqueológicos, lo cual se expresa con claridad en sus perfiles, en particular Este y Oeste. Sobre un potente estrato excavado de tierra arcillosa, testimoniado en todos los perfiles, encontramos un nivel de "piedrecillas" igualmente estéril. Su poten- cia es escasa y presenta una clara alteración en la esquina suroeste (ver perfil Oeste), Ello debe ponerse en relación con pequeñas explotaciones de la tierra arcillosa. Así, la gran mancha de cenizas con algunos fragmentos de cerámica, allí encontrados, no sería sino una respuesta estratigráfica a esta exploración local (ver parte central del perfil Oeste).

A continuación aparece un potente estrato de tierra oscura, definitoria de la Fase 1, en la que se incluyen las cinco tumbas de cremación aparecidas.

Menos la T- 11, que tiene un claro reflejo en el perfil Oeste, el resto de las tum- bas se asocian a este estrato arqueológico por sus cotas de aparición: T-1 a

—1,02 m; T-3 a-1,09m; T-4 a-1,11 my T-6a-1,05 m.

Por lo que respecta a la T-4, que por sus coordenadas hay que relacio- narla con el perfil Oeste. Aunque su cota es de —1,11 m, no debe extrañar- nos, pues el estrato presenta una pendiente natural este-oeste, que justifica su inclusión estratigráfica.

Esta tierra oscura, de la Fase 1 es el único estrato arqueológico de la zo- na. A continuación se superpone la tierra de relleno —humus—, con una po- tencia media de casi 80 cm.

RESUMEN ESTRATIGRÁFICO

La cuadrícula marca el inicio de la necrópolis por el lado sur. Su mate- rial arqueológico es escaso, pero interesante al asociarse al momento más an- tiguo de la necrópolis. No hay ninguna estructura tumular, lo cual es lógico al no haber estratos pertenecientes a la Fase II o III.

La estratigrafía general (ver perfiles Este y Oeste) muestra claramente la tímida intrusión de los niveles arqueológicos en la secuencia geológica. A par- tir de ahora los estratos y niveles arqueológicos se irán multiplicando hasta adquirir mayor complejidad, con una potencia artificial de 1,20 m y 1,30 m (ver perfiles de las cuadrículas C-7 y C-2 1, respectivamente). Más adelante, tenderá a recuperar esta simplicidad, a partir de la cuadrícula n.° 10.

El material arqueológico se distribuye de la siguiente manera:

T-1 1 T-4 FASE 1 T-3 T-6 T-1

FASE II No se documenta FASE III No se documenta

CUADRÍCULA 6 (Ver Figs. 16 y 17). (Ver Láms. 19a y 22).

Con la excavación de la cuadrícula C-6 se obtuvo una estratigrafía su- mamente interesante. Nos encontramos en el inicio de la zona nuclear del ya- cimiento y los materiales documentan las Fases 1 y II. Hay que llegar a la C-7 para obtener los primeros pertenecientes a la Fase III. Son 14 las tumbas de cremación en hoyo aquí estudiadas y una sola estructura tumular. Esta cuadrí- cula es uno de los mejores ejemplos de concentración de enterramientos en una pequeña superficie-espacio.

Sobre un nivel supuestamente generalizado de tierras arcillosas, puesto al descubierto en el perfil Este, se desarrolla un estrato de "piedrecillas".

Tanto un estrato como otro muestran una pequeña pendiente natural hacia el suroeste y oeste, que los posteriores tenderán a paliar.

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El primer nivel arqueológico, invariablemente asociado a la tierra oscu- ra, presenta ya cierta abundancia de materiales. Este estrato sigue la pendien- te natural de los niveles estériles que le anteceden. Son 5 las tumbas de crema- ción en hoyo que se le asocian.

Probablemente en función de sus cotas, primero se realizó la tumba T-39. La tierra de relleno de la oquedad practicada al realizar el hoyo de la tumba, estaba mezclada con la chinarrera subyacente, (cota de cubrición de

—1,35 m). Con este mismo criterio, a continuación, se realizaría la T-22b con una cota para el borde de la urna de —1,32 m (ver Lám. 28). No se documentó ningún tipo de cubrición, ni presentó cenizas a su alrededor, por ello, hay que suponer unos centímetros menos para su suelo de uso. Quedaría, pues, coetáneo a la T-38.

Tanto la T-38 (ver perfil Sur), como la T-44, pertenecen a la Fase ¡ por su cota de profundidad: —1,28 m para las piedras que bordean la cubrición de la 1•a; y —1,27 m para la segunda (su perfil más próximo sería el oeste).

En cuanto a la tumba T-40 (ver Lám. 32a), correspondería al final de es- ta fase y está muy alterada por la realización de una tumba posterior, no exca- vada (ver perfil Oeste). La potencia de este estrato es de casi 30 cm por el sur pero, hacia el norte de la cuadrícula, es de menor potencia al estar muy altera- do por la realización posterior del Tmlo A (el n.° 2) y de tumbas de cremación en hoyo también posteriores (ver los perfiles Este y Norte del Tmlo). No se documenta aquí la matización estratigráfica propia de esta Fase ¡ —en dos momentos sucesivos— y que sí veremos en las cuadrículas núms. 7 y 21.

El desarrollo de la Fase II supone una notable complejidad estratigráfi- ca. Es el momento mejor y más representativo de la cuadrícula y alcanza una potencia media de 40 cm. Los materiales arqueológicos, 8 tumbas de crema- ción en hoyo y una estructura tumular, documentan los 3 momentos en que se puede diferenciar la Fase II.

Se documenta una colmatación-aplanamiento durante la cual se realiza- ron las tumbas T-35 y T-36. La primera de ellas, incluida en el perfil este, apa- rece asociada a un suelo de uso que luego también se alteró por nuevas reali- zaciones.

La elaboración de la T-36 se considera, dentro de un corto lapso de tiempo, anterior a la T-35 pues, su cubrición con adobes rojizos, aparece rota por la realización de ésta (ver Lám. 30).

A continuación diferenciamos estratigráficamente, un nuevo momento, la Fase ¡Ib. Está definido por tierras finas, bien decantadas y al que pertenecen 5 nuevas tumbas de cremación en hoyo. A ello se suma la construcción del Tmlo 2, estratigráficamente asociable a este momento si nos apoyamos en la cuadrícula contigua, la n.° 7 (ver Fig. 17).

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+ T12

+

;

+

-4- -1- + + 4- + 4- +

CORTE 6