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LOS PUEBLOS PRERROMANOS

CAPÍTULO III EL MOMENTO PREIBÉRICO

IV. 1) LOS PUEBLOS PRERROMANOS

A la hora de querer encuadrar las diferentes etnias que configuran los pueblos de Iberia y, sobre todo, al querer delimitar con precisión sus límites territoriales chocamos ante una doble dificultad. Por un lado, los textos clási- cos no coinciden, en su conjunto, al enunciar los diferentes pueblos ibéricos de la Península; por otro, sus límites rara vez son precisados por los textos, a no ser que coincidan con algún accidente geográfico significativo, práctica- mente imposible. Recordemos los casos del río Iber, para los Edetanos (Estra- bón III, 4, 1); o el Anas para los Túrdulos (Plinio II, 8), en el mejor de los casos para la zona que nos ocupa: el Sureste de la Meseta. Frecuente es que encon- tremos indicaciones mucho menos precisas, tales como "los pueblos de la Orospeda" (Estrabón III, 4, 12); o simples situaciones de "contacto", como los Turdetanos que "limitan al Oriente con parte de los Carpetanos y algunos Oretanos" (Estrabón II, 1).

Empleamos el término de "pueblos de Iberia" de una manera intencio- nada. Si tenemos en cuenta las diferenciaciones de la población indígena

13 Sobre los diferentes informantes en la obra de Estrabón y problemas cronológicos ver José Ma- ría BLÁZQUEZ MARTÍNEZ, "La iberia de Estrabón". Hispania Aniiqua n.° 1, 1973, PP. 11-94.

14 A. GARCÍA Y BELLIDO, Op. cit., not. 11, p. 9.

15 Una actual valoración de las principales fuentes escritas, enfocadas para un mejor conocimien- to de la geografía de la Península Ibérica, en Mauricio PASTOR MUÑOZ, "La Península Ibérica en Marciano de Heraklea". Hispania Antiqua. Vol. VIII. Valladolid, 1978. Madrid, 1982, pp. 89-128, especialmente pp. 89-101.

preexistente en la Península, junto a lo variable —en el tiempo y en el modo— del impacto orientalizante es lógico que el resultado final no sea ho- mologable en una única y uniforme respuesta. Podríamos, pues, hablar de la

"región de Iberia" siempre y cuando la concibamos como un término geográ- fico amplio. Es más, en esta misma línea podríamos plantearnos la validez del término "cultura ibérica" y no de una "cultura contestana", una "cultura turdetana", o una "cultura bastetana" 16.

A tenor de las fuentes más antiguas el Sureste de la Meseta estaría en- marcado, quizás como una prolongación de los Ileates o de los Gimnetes, en la parte que posteriormente ocuparán los Contestanos 11 . Con Estrabón y su Geographia los datos "penetran hacia el interior" pero sin que se avance mu- cho más en la investigación. Ante la imposibilidad de contar con fuentes váli- das con las que poder determinar las gentes que poblaron el sureste mesete- ño, tenemos que recurrir a un método indirecto. Establecer los límites preci- sos que aquellos pueblos que, por su ubicación teórica, contornearían nuestra región de estudio para luego, de ello, obtener conclusiones aproximativas.

Analizaremos, así, las regiones de la Bastetania, Oretania, Contestania y Ede- tania, aunque sea someramente.

IV. 1.a) LA BASTETANIA Y LA ORETANIA

Estrabón, Ptolomeo y Plinio son las tres fuentes más importantes de que disponemos para analizar sus límites geográficos. Pero será el primero de ellos quien más y mejor información aporte.

De los textos de Estrabón deducimos un cierto confusionismo a la hora de establecer el límite meridional. En un primer momento lo establece hasta Gadeira para luego, más adelante, cambiarlo hasta Cartagonova, asimilándo- los a los Bastulos. Paralelamente, en ocasiones, lo encuadra junto a los Oreta- nos, como habitantes de la Orospeda. Estas aparentes contradicciones se

En este sentido ver Enrique LLOBREGAT CONESA, Contestania Ibérica. Instituto de Estudios Alicantinos. Serie II, n.° 2, Alicante, 1972, PP. 5-7; también, en esta línea, Adolfo DOMÍN- GUEZ MONEDERO, "Los términos —Iberia e Ibéricos— en las fuentes grecolatinas: estudio acerca de su origen y ámbito de aplicación". Lucentum II. 1983, pp. 203-204, particularmente p. 222.

17 Basándose en el texto del periplo massaliota diversos investigadores ofrecen una interpreta- ción gráfica ideal de las zonas ocupadas por las distintas tribus. Entre otros ver A. SCHULTEN, Op. cit., not. 1. Mapa 13; también Narciso SANTOS YANGUAS, Textos para/a Historia Antigua de la Península Ibérica. Oviedo, 1980. Mapa 3. Así, las diferencias entre un ensayo y otro son mínimas. Cambia, únicamente, Massienos por Phoenices; Ausoceretas por Elysces y retrotrae, hacia el oeste, a los Ileates por los Etmaneos.

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podrían justificar por la disparidad de fuentes recogidas por el autor, unido a un desconocimiento físico real de la Península Ibérica. No obstante, creemos conveniente analizar en mayor profundiad los posibles límites con el pueblo oretano.

Consultando los textos de Estrabón, pero ahora refiriéndose al mundo oretano, vemos como todos sus límites son precisos, excepto para la zona que interesa a nuestro estudio. La parte este de las Alpujarras, parte de la Turdeta- fha, el río Anas y los Carpetanos delimitarían al territorio Oretano. Por el no- roeste, con los celtíberos, llegarían hasta Fuenilana.

Pero a la hora de referirse a sus límites por el este encontramos dos no- tas contradictorias: "De los pueblos que habitan las partes dichas los más me- ridionales son los Oretanos, que llegaban hasta la costa comprendida dentro de las Columnas" (Strb. III, 3, 2) y, posteriormente, apunta "en la costa viven la mayoría de los Bastetanos y una parte de los Oretanos" (Strb. III, 4, 1). De aceptar esto tendríamos unos "Oretanos costeros" siguiendo la terminología de Contreras 18.

Dicha posibilidad es negada por Schulten' 9 y por Vallejo20 . Este último lo justifica como un error "semejante" al planteado, en su momento, cuando se investigó la posible existencia de unas gentes Leitanas21 . Sin embargo, pese a estos argumentos en contra, Contreras basándose en la calidad de las fuen- tes de Estrabón (Artemidoro, quien sí estuvo personalmente en la Península) apunta que en alguna ocasión los Oretanos llegaron al Mediterráneo 22 . Poste- riores investigaciones, como veremos más adelante, anulan la validez de esta hipótesis.

Con la Bastetania vemos que los textos de Plinio y Ptolomeo tampoco coinciden. Todo ello, responde, quizás, a un deseo de establecer unos límites concretos en el espacio y en el tiempo que, probablemente, nunca existieron en el momento ibérico.

Schulten, frente a las indicaciones de Ptolomeo, propone una total identificación entre Bástulos y Bastetanos y a la vista de todas las fuentes co- mentadas apunta que "esta tribu, viniendo del este, primero ocupó la costa

R. CONTRERAS DE LA PAZ, "La Oretania. Síntesis histórico-geográfica de la región ibero- romana". Oretunja 8-9. 1961, pp. 66-71, especialmente pp. 67.68.

° A. SCHULTEN, Op. cit., not. 4d, pp. 199-200.

20J VALLEJO, "Plinio N. M. III, 19. Sobre la muy dudosa región Deitania". Emerifa. Tomo XV.

1947, PP. 201-206.

21 Ibídem, "Es más sencillo suponer que este esquema de litoral Bastetanos-Oretanos-Edetanos incorpora, simplemente, los 3 pueblos citados siempre juntos en la descripción del interior", p. 205.

22 JoSé María BLÁZQUEZ MARTÍNEZ, Castulo 1. Acta Arqueológica Hispánica n.° 5. Madrid, 1975. Con una introducción de R. CONTRERAS, pp. 1-39, particularmente pp. 19 y 20.

entre Gades y Kaipe, y que allí se quedó una parte llamada Bástulos; mientras que otra parte se extendió por el este, hacia Cartagena, llamándose Baste- tanos" 23

García y Bellido, ante todo este panorama, apuntó una ordenación geo- gráfica basada en la división administrativa actual: ocuparía la Bastetania "la provincia de Almería y parte de las de Granada y Murcia". Lo hace correspon- der, por tanto, con los Mastienos y justifica esta coincidencia aduciendo que

"no los cita Strabón pero se recuerdan en textos anteriores' 124•

IV. 1 .b) LA CONTESTANIA

Por lo que se refiere a la región de la Contestania, al igual que sucederá con la Edetania, la existencia de completas monografías hacen innecesario una referencia exhaustiva de las fuentes. A ellas remitimos 25.

Aunque algunas de las referencias de los textos SOfl tardías hay que te- ner en cuenta, no obstante, la tendencia por parte de los romanos a mantener las viejas estructuras indígenas. Por ello, parece lícito "proyectar la imagen de las divisiones políticas o tribales del mundo ibérico reportadas por las fuentes, a épocas medianamente anteriores' 126•

De las tres fronteras a establecer para el pueblo contestano la norte es la que menos dudas ofrece: el río Sucro. La cita de Plinio (III, 20) es clara en ese sentido "(...) sigue el río Sucro y antigua ciudad del mismo nombre, con lo que terminaba la Contestania" 27 . Así, el curso del río Júcar marcaría los lími- tes con la Edetania. El límite por el sur se podría hacer coincidir con la cuenca del Segura (según la época). Por lo que respecta al límite por occidente, como es lógico, las fuentes no tienen referencias concretas. Llobregat, basándose en una continuidad cultural-homogeneidad geográfica, la sitúa por la parte occi- dental del Valle de Montesa, Sierra de la Enguera y, desde Fuente la Higuera,

23 A. SCHULTEN, Op. cit., not. 4d, pp. 143 y 144.

24 A. GARCÍA Y BELLIDO, Op. cit., not. ha, pp. 61-63.

25 Enrique LLOBREGAT CONESA, Op. cit., not. 16a; también J. UROZ SÁEZ, Economía y Socie- dad en la Contestania Ibérica. Instituto de Estudios Alicantinos. Serie 1, n.° 72, Alicante, 1981.

as Enrique LLOBREGAT CONESA, Op. cit., not. 16a, p. 11.

27 La ciudad a que hace referencia Plinio podría tratarse de Alcira, según hipótesis de V. PELUFO,

"Alcira sucesora de la Sucro Ibérica". ACCV. 1931, pp. 21 y ss., con una recopilación de tex- tos. Esta idea también la apoya Enrique LLOBREGAT CONESA, Op. cit., not. 16a, p. 12. Por el contrario, para A. GARCÍA Y BELLIDO, La España del S. Ide nuestra Era (según P. Mela y C.

Plinio) 3.2 Ed. Madrid, 1978, p. 232 y nota 82, debería corresponder con la actual Cullera.

Por su parte J. UROZ SÁEZ, Op. cit. not. 25b, p. 25, no se define por ninguna de las dos posibi- lidades.

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hacia el Corredor de Villena "limitando al oeste por una orla de montañas con algunos pasos al interior' p28; aspecto este último muy interesante como más adelante veremos. Siguiendo la margen derecha del Vinalopó se enlazaría con la Sierra de Crevillente.

IV.! .c) LA EDETANIA

La idea general del pueblo edetano asentado en la costa levantina está apuntada, de manera casi unánime, por la práctica totalidad de los textos anti- guos. Pero a la hora de querer delimitar sus fronteras surgen, de nuevo, las di- ficultades. Contamos con una monografía reciente que simplifica la lectura de las fuentes 29 y a ella remitiremos con frecuencia.

Estrabón, en un primer momento, los ubica hasta Cartagonova, pero luego los concreta hasta el Júcar. Por su parte, Plinio, —la fuente más intere- sante para el estudio de este pueblo— recorta los límites apuntados por Estra- bón, tanto por el norte, como por el sur. Así, lo baja del río Iber al Udiva (Mí- jares?); y lo sube de Nea Karchedon, hasta el río Sucro (Júcar). Ptolomeo se- guirá, en su momento, esta misma idea.

Basándose en estos textos Schulten3° justifica para los Edetanos un pri- mer momento, más antiguo, con un amplio territorio que iría, desde el Ebro, hasta Cartagena; y un segundo más reducido, para la época del Imperio, entre los ríos Júcar y Míjares. Sería una respuesta a la progresiva expansión de Iler- cavones y Contestanos, respectivamente.

IV. 1.d) EL PROBLEMA CELTA

No queremos aquí, ni mucho menos, realizar un estado de la cuestión sobre el problema de la presencia celta en la Península Ibérica. La compleji- dad del tema y lo colateral a nuestra investigación, no lo justificaría. Como ya indicara el prof. Pericot, ello es bastante difícil por la escasa claridad "de sus dimensiones y el verdadero carácter de algunas de sus circunstancias" 31.

28 Enrique LLOBREGAT CONESA, Op. cit. not. 16a, p. 22. Posteriormente J. LJROZ sigue estas mismas pautas. ídem, Op. cit.. not. 25b, p. 19.

29 J. UROZ SÁEZ, La Regio Edetania en la Época Ibérica. Instituto de Estudios Alicantinos. Serie II, n.° 23. Alicante, 1983, especialmente p. 11 y ss.

30 A. SCHULTEN, Op. cit., not. 4d, p. 222.

31 Luis PERICOT GARCÍA, Reflexiones sobre la Prehistoria hispánica. Discurso de Ingreso en la Real Academia de la Historia, leído el 10 de Diciembre de 1972. Madrid, 1972, p. 34.

La llegada, o no, de oleadas migratorias 32 ; el número de las mismas

—una única para Almagro Basch 33—; o su distribución por la zona Catalana, Meseta y, especialmente, por el este y suroeste peninsular son aspectos polé- micos de la investigación sobre la que se ha escrito abundante bibliografía. Y ante este panorama Arqueología y Lingüística deberán aunarse para poder solucionarlo 34.

La Meseta ha sido, para diversos autores, donde mejor "se puede hablar de etnia y cultura celtas"". Así, López Monteagudo cita a unos celtíberos del extremo oriental de la Meseta; unos Vacceos del Duero y los Vetones de la Meseta occidental 36 . En este sentido creemos un tanto delicado el término de

"celtíberos orientales" a los que, posteriormente, se les presupone una ex- pansión por toda la parte occidental de la Meseta, hasta el Atlántico. De cual- quiera de las formas, a la hora de enunciar los rasgos indoeuropeos "empa- rentados con la Meseta" incluye las tumbas de empedrado tumular "tipo el Cigarralejo" 37 los cuales, bajo nuestro punto de vista, nada tienen que ver al estar más en relación con el mundo griego 38 . No obstante, la influencia de la cultura celta se va a hacer sentir en la formación de la cultura ibérica del su- reste de la Meseta. De hecho, a tenor de los materiales que se documentan en las necrópolis, los influjos materiales son estratigráficamente anteriores al im- pacto puramente griego, con el que llegará a convivir.

Ahora bien, estos influjos, por sí mismos, no fueron capaces de actuar como elemento revulsivo en las sociedades indígenas del sureste meseteño, cosa que sí sucederá con los influjos mediterráneos, orientalizantes y griegos, que llegarían a configurar lo que hoy día entendemos por cultura ibérica.

De todo lo anotado hasta el momento se evidencia, a nuestra manera de ver, las limitaciones reales con que el investigador ha chocado en este campo.

Especialmente, cuando las poblaciones a estudiar no son costeras, como ocu- rre en nuestro caso. Es, pues, necesario recurrir a otros tipos de fuentes docu- mentales que arrojen mayor luz sobre la investigación. Por un lado, las pura- mente arqueológicas —cotejo de los materiales de diferentes yacimientos-

32 En este sentido está la tesis del prof. BOSCH GIMPERA, Para la revisión del sistema de laprehis- (oria Peninsular. Cuadernos de Historia de España. Buenos Aires, 1968, con abundante biblio- grafia.

Martín ALMAGRO BASCH, "La Protohistoria'. Historia de España de Menéndez Pida/. 1. 2. Es- paña Primitiva. La Protohistoria. Madrid, 1982 (4. 2 Ed.), passim, especialmente p. 241 y SS.

A. GARCíA Y BELLIDO, La Península Ibérica en los comienzos de su historia. Madrid, 1985

(1.2 Reedición), p. 54•

Wenceslao KRIJTA, Los celtas. Madrid, 1981, con un apéndice de G. LÓPEZ MONTEAGUDO sobre "Los celtas en la Península Ibérica", pp. 167-205.

Guadalupe LÓPEZ MONTEAGUDO, Op. cit., not. 35, p. 174.

Ibídem, p. 170.

En el correspondiente capítulo sobre "Enterramientos tumulares" volveremos sobre el tema.

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en combinación con el estudio geográfico del medio natural. Por otro, el aná- lisis de los factores lingüísticos, tanto epigráficos como numismáticos, aun- que estos últimos sean aplicables a épocas posteriores a la que nos ocupa.