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La formación de los subcampos religiosos estadunidenses

In document la paradoja neopentecostal. (página 125-134)

D) Por supuesto, que se consultaron obras especializadas sobre el fenómeno religioso que trataban sobre el cambio religioso, en Tijuana, México o América Latina,

2.2. La formación de los subcampos religiosos estadunidenses

Existen dos ideas sobre la religión en Estados Unidos que interesa discutir porque se relacionan con la teoría de la secularización y la modernización de la sociedad y la religión. La primera es sobre la supuesta desinstitucionalización de la religión estadunidense, entendiéndose por esta como el declive de las estructuras eclesiásticas a favor de formas religiosas más individualizadas y libres. No se puede desechar que exista una crisis en las viejas denominaciones de la segunda oleada reformista, más estructuradas y adaptadas a sociedades menos móviles. Pero no parece correcto asumir que todos los subcampos religiosos estadunidenses deben seguir ese camino hasta que desaparezcan las denominaciones y una se convierta en la Iglesia dominante, en el sentido de Niebuhr.

La segunda es una idea sobre la religión estadunidense, que esta es esencialmente secular y más moderna (democrática, racional, libre) que las religiones sobre las cuales se expande. Esta idea implica que sus denominaciones son agentes o indicadores de modernización.62 En el capítulo I ya se ha expuesto una posición con respecto a la pertinencia del paradigma secularizador que contradice lo anterior, sin embargo, es posible señalar dos ejemplos de regresiones antimodernizadoras entre los grupos e

61 Las causas específicas de que no hubiera sido una evangelización completa son variadas. Según Gruzinski se debió al carácter masivo de la evangelización del siglo XVI, porque fuera de los sacramentos, no había forma que el indígena participara en el campo religioso de forma que estructurara su propio capital religioso, pues estaba excluido del sector especialista y la institución católica estaba imposibilitada estructuralmente para integrar al individuo. Por último, estaba la barrera de las lenguas y sobretodo, la traducción efectiva que garantizaran una comprensión completa de los conceptos teológicos y sacramentales. Gruzinski, Serge, (2001) op cit., pp. 153, 154-155.

62 Martin, David, (1990) op cit.; Stoll, Eric, (1990) Is Latin America turning protestant? The politics of evangelical growth, University of California Press, Berkeley

iglesias que conforman la mayoría de los cristianos no católicos en México y Estados Unidos en la actualidad. Es decir, entre las denominaciones de la segunda oleada reformista trasatlántica (el llamado protestantismo histórico o mainstream), las denominaciones de origen netamente estadunidense posteriores al segundo Gran Despertar (mormones, adventistas, testigos de Jehová) y las de las renovaciones del siglo XX.

Con respecto al primer ejemplo, algunos sectores de las denominaciones trasatlánticas tuvieron una fuerte orientación al evangelio social, especialmente antes de la Guerra Fría, y se involucraron con causas liberales (antiesclavismo, educación, asistencialismo, derechos civiles etcétera). Pero después de la década de 1950, especialmente entre los renovacionismos evangélicos posteriores (algunos pentecostales y los llamados neopentecostales), gradualmente dejaron de lado este activismo social por un énfasis salvacionista-evangelístico.63

El segundo es la abolición de algunos aspectos del gobierno congregacional, que fue otra característica de muchas de las denominaciones desde antes de la segunda oleada posterior al primer Gran Despertar (segunda mitad del siglo XVIII). La mayoría de las viejas denominaciones institucionalizaron la práctica de la “sesión de negocios”, o una asamblea en la cual todos los miembros de la congregación acordaban, generalmente por votación, los planes de trabajo y la forma en que se administrarían los ingresos de la iglesia.64 Actualmente la sesión de negocios ha caído en desuso en muchas de las congregaciones e iglesias, y algunas de las denominaciones de la segunda oleada

63 Bastian, J.P., (1994) Protestantismos y modernidad latinoamericana, historia de unas minorías religiosas activas en América Latina, México, FCE, p. 233

64 Observación participante en la Iglesia Siloé (MIEPI) 10/09/1999

reformista en la actualidad han suprimido o limitado este tradicional instrumento de gobierno.65

Por otra parte, en la actualidad para algunos investigadores en Estados Unidos la existencia de una religión, o religiosidad, estadunidense (Religión Americana) está fuera de discusión. Dicha religión estadunidense podría ser entendida como un núcleo o una matriz compartida de creencias que subyace bajo la diversidad de diferentes denominaciones, iglesias, cultos y agrupaciones religiosas, semireligiosas y para- religiosas (y de la cual abrevan viejas y nuevas agrupaciones). A pesar de contar con sus respectivas instituciones, cuerpos de especialistas y doctrinas, comparten creencias y prácticas sobre lo sagrado, la divinidad y su relación con el hombre y la nación.66

Para Harold Bloom, la matriz o núcleo de la religión estadunidense está integrada por el gnosticismo, el orfismo y el milenarismo. Los grupos religiosos nativos más importantes son los Santos de Jesucristo, los adventistas, Testigos de Jehová, pentecostales y la ciencia cristiana. Estas forman el corazón de la religión estadunidense, junto con el ala fundamentalista de la Convención de Bautistas del Sur. De acuerdo a este autor, dicha denominación es la única del llamado protestantismo histórico que se ha

"transformado" hasta el punto de tener más en común con los pentecostales que con las otras cuatro denominaciones autóctonas o las nacidas en Gran Bretaña.67

El origen de esta matriz debe buscarse en el periodo colonial en Norteamérica.

Paradójicamente, es posible que la diversidad social, étnica y religiosa la hayan generado,

65 Las denominaciones del Iglecrecimiento no practican esta costumbre “democrática” (pues a pesar de su existencia, puede ser una forma para imponer los designios de una jerarquía del núcleo), como tampoco Mormones o Testigos. Sin embargo, la existencia de esta práctica no indica necesariamente que las iglesias sean “escuelas de democracia” pues existen algunos casos entre los Bautistas que realizan versiones que no eliminan la coerción, la imposición, el nepotismo y la doble moral. (Platica informal con el Lic. Juan Velásquez, México, DF, 12-05-1998

66 Bloom, Harold, (1993) op cit.

67 Ibid., pp. 29, 164, 188

gracias a la desestatización de los diferentes subcampos religiosos ingleses, metropolitanos y coloniales. Es decir, ninguno de ellos funcionó como una iglesia oficial, que formara un núcleo de creencias y especialistas legítimos, o sagrados, y controlara de esta forma la administración del capital religioso. En consecuencia, mucho de la producción y circulación de capital religioso recayó, sin la coacción estatal, en los sectores laicos.

En este sentido, el primer rasgo general es que, desde su origen, los campos religiosos de las colonias norteamericanas fueron extensiones peculiares del campo metropolitano inglés.68 Debido principalmente al poco control que la Corona ejerció sobre las colonias, y que fue necesario para la viabilidad del poblamiento. Las colonias fungieron además como un lugar para exiliar las disidencias religiosas, y todo tipo de marginados, ya fuera políticos o sociales. Las duras condiciones de vida en las primeras colonias del siglo XVI hacen pensar que sólo los grupos con fuertes motivaciones religiosas podían soportarlas.69

Por esta razón, puritanos, católicos, cuáqueros, presbiterianos y bautistas encontraron en la migración a Norteamérica un alivio a las persecuciones sufridas en Inglaterra a fines del siglo XVI y durante el siglo XVII. Las libertades políticas y fiscales hicieron que los puritanos de Nueva Inglaterra, y los cuáqueros de Pennsylvania por un

68 Éste se encontraba en un proceso de reforma: la monarquía inglesa, buscando consolidarse, había tomado el control total del núcleo del campo religioso (rompiendo con la iglesia católica) en un contexto de profundos cambios sociales y económicos. Esto no era algo nuevo, otras monarquías europeas, de una forma o de otra, habían sometido al núcleo de sus respectivos campos religiosos (España había arrancado el Patronato Regio, Francia diversos concordatos). Sin embargo, el cisma de Enrique VIII fue casi simultáneo con la Reforma protestante, lo cual implicaba, que en cierta forma, eran parte de un frente común contra España y Roma. De hecho, más allá de los vínculos religiosos, el equilibrio de fuerzas en Europa pronto los hicieron aliados. La corona inglesa no podía evitar que las ideas protestantes influyeran en al campo religioso recién “liberado” de la autoridad del Papa, que a pesar de su rompimiento con éste, se mantuvo dominado, por lo menos legalmente, por una iglesia oficial. Es decir, el núcleo del campo religioso estaba supeditado totalmente al Estado británico, pero a pesar de esto, perdió el control sobre muchos sectores laicos.

69 Aspinwall, Bernard, (1992) op cit., p. 21.

tiempo recrearan prácticamente sin restricciones sus ideales religiosos, sobretodo las concernientes a la participación laica. Sin embargo, esto no significa que tuvieran un desarrollo independiente de los puritanos, cuáqueros y bautistas británicos, quienes de alguna forma u otra se mantuvieron como los grupos rectores de los movimientos religiosos.70

El segundo rasgo general de los campos religiosos coloniales en Norteamérica fue la existencia de una gran variedad entre cada una de las colonias, e incluso al interior de ellas. La colonia de Nueva Inglaterra tradicionalmente ha acaparado la atención, tanto en la historia oficial como en la percepción popular se le considera como el prototipo de la colonización norteamericana. Tanto en la religión civil estadunidense como en la identidad nacional, la figura de los “padres peregrinos” ha jugado un papel central.

Sin embargo, la realidad no era tan uniforme. Algunas de las colonias presentaban rasgos diferentes, como la indiferencia y apatía religiosa en sectores importantes de la población, en colonias como Virginia.71 Incluso al interior de Nueva Inglaterra podía observarse un panorama diverso.72 Por esta razón, si bien es cierto que en algunas colonias existía un porcentaje importante de población con motivaciones profundamente

70 Nos referimos a estos tres grupos debido a que, como movimientos o denominaciones religiosas, consiguieron permisos para establecer colonias. Por otra parte, ejemplos de lo anterior se puede apreciar en que muchos de los puritanos coloniales regresaron a Inglaterra durante la revolución, pues entendían que sus objetivos religiosos dependían de los sucesos metropolitanos. Tanto los congregacionales como presbiterianos coloniales dependían de los predicadores y pastores ingleses. Los circuitos cuáqueros en Inglaterra tomaban las decisiones de la organización colonial. Ibid., pp. 69, 76

71 Fundada en 1618, era social y religiosamente muy diversa. Poco atendida por la iglesia oficial era el hogar de anglicanos, puritanos, presbiterianos, bautistas, cuáqueros y hugonotes franceses. De diversos perfiles y trasfondos, galeses, prisioneros de guerra escoceses, entre los que se encontraban la mayor parte de los apáticos religiosos, criados, nobles y comerciantes. Ibid., p. 56

72 El norte de Nueva Inglaterra presentaba, en efecto, una mayoría abrumadora de localidades puritanas, pero en el sur de la colonia, a principios del siglo XVII, la mitad de la población estaba constituida por criados. Entre 1624 y 1707 además de una migración masiva de servidores bajo contrato llegaron convictos y prisioneros de las guerras en Escocia e Irlanda.Según Bernard Aspinwall “…los móviles religiosos que inducían a esta gente a cruzar el Atlántico eran, por razones fáciles de entender, menos importantes que los de otro tipo.” Ibid., pp. 12, 51, 52

religiosas, existieron también algunos grupos e individuos formados en ambientes con una práctica religiosa constante en Inglaterra, los cuales la olvidaron al llegar a las colonias y se convirtieron en creyentes nominales.

Muchos factores podían contribuir a esta situación: la falta de especialistas religiosos, el desarraigo de las costumbres y las creencias (como consecuencia de la migración), el proceso de reconstrucción de comunidades subsiguiente, el éxito en los negocios o en la carrera política podían hacer olvidar la práctica religiosa incluso a algunos pastores. Pero además, mucho más importante fue el efecto del nuevo ambiente, pues sin las instituciones y restricciones del Viejo Mundo, podía formar laicos menos dependientes religiosamente hablando, quienes podían elegir participar más en la religión o dejarla como prioridad secundaria.73

De tal forma, junto con una mayor libertad y capacidad de los sectores laicos para reformular y elaborar su propio capital religioso, además de acrecentar su capital material, las colonias inglesas en Norteamérica presentaban fuertes contrastes de actitudes religiosas. Por un lado colonias e individuos con una profunda motivación religiosa, y por el otro, colonias e individuos con una gran indiferencia hacia la religión y sus especialistas. Esta es precisamente una de las situaciones que los revivalistas evangélicos buscaban remediar, pero al mismo tiempo no se debe olvidar que los sectores

“apáticos” o nominales nutrían este tipo de movimientos, pues son ellos los atendidos por los predicadores revivalistas. Se tocará esta cuestión más adelante, en este capítulo.

73 Los habitantes del pueblo de Sudbury, Massachussets restringieron mucho las atribuciones del pastor.

Éste perdió la lealtad de muchos por ocuparse demasiado en los negocios de este mundo y tratar de reforzar su autoridad mediante su sola investidura pastoral, lo que provocó una reacción negativa de la grey. Los vecinos se volvieron “ovejas” independientes, maduros y con una “percepción individual y fuerte”. Powell, Sumner Chilton, (1963) Puritan village. The formation of a New England town, USA, Wesleyan University Press, p. 128

El tercer rasgo fue que, a pesar de las libertades religiosas de las colonias, la iglesia del Estado era la anglicana. Incluso muchos de los puritanos, críticos del sistema eclesial ritualista, se mantuvieron dentro del anglicanismo tanto como pudieron.74 Sin embargo, la iglesia oficial presentaba una peculiar situación de desinstitucionalización, hasta cierto punto, similar a la de la iglesia católica en algunas regiones de la Nueva España, pero mucho más aguda en el caso de los núcleos religiosos de las colonias inglesas. La causa era que en la realidad estaban imposibilitados para perseguir hasta las últimas consecuencias a los No Conformistas. Aunque la anglicana era la religión del Estado, institucionalmente su presencia distaba mucho de cubrir efectivamente los territorios coloniales. Enviaba pocos ministros, y la mayoría de éstos eran incultos y disolutos, faltaban capillas, y no se nombró un obispo en las colonias, las cuales dependían directamente de Londres.75 La falta de cobertura pastoral en las colonias, en un campo religioso con sectores laicos con un capital simbólico y religioso creciente, y tratados con cierta tolerancia por el Estado inglés, fue propició para la heterodoxia, y en algunos casos, la disidencia religiosa.

Por un lado, un núcleo religioso anglicano en reorganización, integrado en forma dependiente al Estado, y por otro, sectores laicos con mayores niveles de capital simbólico y religioso (alimentado por la imprenta, la Reforma protestante y el nacionalismo antiespañol).76 Para la monarquía inglesa, consolidada a finales del siglo

74 Sus ministros siguieron estudiando en Oxford y Cambridge, y en las universidades coloniales formadas con esos modelos, como Harvard. Puede decirse que las otras denominaciones y corrientes religiosas inglesas (cuáqueros, bautistas, congregacionales y metodistas) buscaron acomodarse a la iglesia del Estado, y mantenerse dentro de ella tanto como fuera posible. Aspinwall, Bernard, (1992) op cit., p. 40

75 Incluso en Inglaterra presentaba lagunas de cobertura increíbles. Por ejemplo, la sede episcopal de Oxford estuvo vacante por cuarenta y un años. Ibid., p. 31

76 Esta característica es central para comprender cómo el núcleo religioso anglicano, a pesar de ser dominante en el campo británico, no se guiaba por una lógica interna (política y teológicamente) hasta cierto punto independiente de la Corona, como el catolicismo. Las necesidades del Estado británico tenían

XVII y libre de la amenaza española, la homogeneidad religiosa no era una prioridad, aunque era conveniente mantener cierto control sobre el campo religioso, que sólo se lograba con una iglesia oficial. Considerar lo anterior explica la razón por la que el núcleo religioso anglicano fuera incapaz de llenar las necesidades espirituales de sus sectores laicos con mayor capital religioso. Estas disidencias, que buscaron más la reforma del anglicanismo que la institucionalización de denominaciones rivales, encontraron mayor autonomía en las colonias que en Inglaterra.77

De esta forma, como cuarta característica general, los campos religiosos coloniales surgieron desregulados y funcionaron como una válvula de escape, tanto de las disidencias religiosas, como de los marginados por los cambios sociales, económicos y políticos producidos por la formación del Estado nacional inglés.78 Por estas características (independencia y variedad en las colonias) es difícil hablar de un campo religioso colonial, sino que cada colonia presentaba un campo religioso autónomo, en forma de gobierno y administración, estructurado desigualmente con respecto a las otras colonias, con respecto a la Gran Bretaña y entre las diferentes denominaciones inglesas.79 En este sentido, algunos grupos y denominaciones en las colonias habían conformado un núcleo religioso más ligado al poder temporal (como puritanos- congregacionales y cuáqueros), el cual, aunque con ciertas libertades, estaba supeditado a Inglaterra. Pero a pesar de lo anterior, las denominaciones y grupos religiosos ingleses,

prioridad sobre las del campo propiamente religioso, y es por esa razón por la que la tolerancia fue la regla.

A pesar de que la iglesia anglicana contaba con el Acta de Uniformidad (1668), también produjo el Acta de Tolerancia (1691, aunque no en términos de igualdad. Ibid., p. 56

77 Durante la primera mitad del siglo XVII la clandestinidad de los puritanos en Inglaterra se convirtió en disidencia abierta en Nueva Inglaterra. La distancia y la autonomía relativa les permitió rechazar a los obispos, la ordenación episcopal y el Libro Común de Rezos. Ibid., p. 36

78 Zoraida Vázquez, Josefina; Meyer, Lorenzo, (1995) México frente a Estados Unidos (Un ensayo histórico, 1776-1993), México, 3ª Ed., FCE, p. 17

79 No sólo cada colonia tenía un origen diferente, sino que cada una tenía su propio gobernador, sus propias leyes, y su denominación mayoritaria.

metropolitanos y coloniales, comenzaron a compartir prácticas, doctrinas e ideas.

Analizar cada caso en el período colonial con detenimiento, así como su desarrollo posterior a la independencia es un ejercicio interesante, pues muestra cuántos elementos religiosos se mantienen hasta la actualidad, pero está fuera de los alcances y objetivos de este trabajo. No obstante, desde el siglo XVI hasta el XX se pueden observar las siguientes características generales en los subcampos religiosos coloniales y estadunidenses:

La quinta característica general fue formación de varios núcleos religiosos denominacionales, que a pesar de presentar diferencias en sus respectivas organizaciones (sistema de gobierno y de representaciones religiosas), compartían doctrinas, prácticas y símbolos. Entre estos últimos las más importantes eran:

1) La Biblia la principal fuente de legitimidad y de capital religioso entre los disidentes del catolicismo, tanto las provenientes de las sucesivas oleadas reformistas del siglo XVI, como de muchas de las anteriores que no corrieron con tanta suerte. Entre puritanos, posteriormente congregacionalistas, presbiterianos, bautistas y metodistas, la Biblia era la fuente de autoridad y capital religioso, por lo que funcionaba tanto como ícono sagrado, así como regla de conducta para individuos e iglesias. En tanto Palabra de Dios y Verdad Revelada, junto con los recursos materiales y simbólicos que especialistas y laicos poseían, principalmente por medio del estudio (particularmente entre puritanos y congregacionales), posibilitaba la producción de capital religioso sin la mediación de los especialistas religiosos anglicanos.80

80 En general buscaban retomar la vivencia religiosa del cristianismo primitivo: “…una sola iglesia más pura, acceso a la Biblia, una relación más directa, inmediata y profunda con Dios, y prescindir de pomposas ceremonias y lujosas vestimentas…” características del anglicanismo en el período isabelino.

Aspinwall, Bernard, (1992) op cit., pp. 25, 30

2) El sermón. Puesto que la Biblia era la principal fuente de capital religioso, la práctica ritual, didáctica y evangelística más importante fue la predicación. Desde los puritanos del siglo XVI hasta las denominaciones surgidas en los reavivamientos evangélicos de la primera mitad del siglo XX, el sermón era el centro del culto. Por medio del sermón los indoctos escuchaban la misma Palabra de Dios, se evangelizaba, y el predicador, aunque fuera un laico, alcanzaba una condición muy similar a la del especialista religioso, particularmente si se incorporaba el elemento del carisma personal.81 En este sentido, al mantener la supremacía bíblica y rechazar la imposición de la teología y liturgia de los especialistas “ritualistas”, especialmente con los cuáqueros, aunque también en cierta medida los puritanos, se reivindicaban en diferentes grados,

3) El sacerdocio del creyente. Éste se reforzaba por dos rasgos centrales en las

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