1 Marcos conceptuales 1.1 Etnohistoria
2. El obispado de Michoacán siglo XVI
2.2 Organización eclesiástica
2.2.2 La Iglesia diocesana y don Vasco de Quiroga
Tras la remoción de la primera Audiencia de México en 1527 y la venida de nuevos funcionarios, el presidente de la segunda, Sebastián Ramírez de Fuenleal, decidió enviar al oidor Vasco de Quiroga a la región michoacana. Es importante hacer notar que casi desde su llegada a México, este personaje se percató de la miseria y marginalidad en que vivían los naturales, por ello en carta al Consejo de Indias de 14 de agosto de 1531, proponía la fundación de nuevos pueblos indígenas, a los que se debía dotar de tierras y de una organización social adecuada, para poner orden en la vida de los naturales y reducirlos a poblaciones:
[...] donde trabajando e rompiendo la tierra, de su trabajo se mantengan y estén ordenados en toda buena orden de policía y con santas y buenas y católicas ordenanzas; donde haya e se haga una casa de frailes.18
Audiencia, máximo tribunal de la Corona en la Nueva España, que se componía por cinco funcionarios:
un presidente y cuatro oidores, quienes además tenían como encargo determinar los límites de los territorios ocupados, así como ocuparse de la catequización de los indígenas.
18 Carta al Consejo San Juan Huetamo con 106 tributarios de México, Centro de Estudios Históricos, El Colegio Nacional, 1995, p. 49.
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La falta de respuesta del Consejo no obstaculizó al oidor, que de manera personal y con sus propios medios realizó la fundación de un pueblo hospital en las inmediaciones de la ciudad de México. En este lugar y con la ayuda del franciscano fray Antonio de Ciudad, quien llevó un grupo de naturales educados en Texcoco, inició la congregación de indígenas; huérfanos, desarraigados y peregrinos pudieron pronto recibir la atención que requerían. El grupo de Texcoco fue destinado a la preparación de los demás pobladores; les instruyeron primero en la doctrina y vida cristiana, posteriormente les enseñaron a leer y escribir tanto en español como en latín, a los más aventajados les adiestraron en la agricultura y en diversos oficios considerados como primarios; carpintería, herrería, albañilería, etcétera.
En 1533 llegó a Michoacán, y casi de manera inmediata comenzó los trabajos de organización de los indios dispersos. Se le encomendó además que administrara justicia a los funcionarios españoles deshonestos, que iniciara la fundación de un pueblo para algunos españoles que después de la conquista vagaban por la región, sin oficio ni beneficio alguno, por lo que cuando se les presentaba la oportunidad abusaban de la población indígena. Se dio a la tarea de fundar una ciudad en la que pudiese procurar a los conquistadores pobres la estabilidad que requerían, así, promovió la fundación de la ciudad de Pátzcuaro. Sin embargo, su preocupación no se centró únicamente en los peninsulares, y muy pronto fijó su atención de manera especial en las necesidades de los naturales.
El panorama que se presentó al oidor era por demás desolador, la mayoría de quienes tenían indios en encomienda les daban un trato inhumano, por lo que muchos decidían huir de sus pueblos. Él mismo, en su Información en derecho, narra la situación de miseria en que vivían.19
19 La Información en derecho está fechada en México el 24 de julio de 1535, los objetivos del oidor al escribirla fueron por un lado impugnar una provisión real que autorizaba la esclavitud de los naturales, por otro recomendar lo que él consideraba el remedio para gobernar el Nuevo Mundo: la fundación de pueblos hospitales, que no sólo había propuesto con anterioridad, pues como se mencionó, había fundado dos de ellos, uno en las inmediaciones de la ciudad de México, el otro en el centro de Michoacán. Información en derecho del licenciado Quiroga sobre algunas provisiones del real consejo de Indias, introducción y notas por Carlos Herrejón, México, SEP, 1985.
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Desde su llegada impulsó la labor de los misioneros franciscanos, que como se mencionó, habían iniciado la fundación de hospitales y la congregación de los indios dispersos. Con la experiencia positiva del pueblo-hospital de Santa Fe de México, se dio a la tarea de erigir uno similar en Michoacán, al parecer fue en 1534 cuando se realizo la fundación del mismo, de sus propias rentas dotó a esta institución; compró tierras, estancias y granjerías y consiguió además, el amparo de quedar bajo el patronato real y la exención del servicio personal y del pago de tributos. (MURIEL, 1990:
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La administración y funcionamiento de los hospitales permitieron acelerar la congregación y pacificación de los naturales, que acudían a estos lugares de manera voluntaria en busca de consuelo y atención.20 Pese a ello la imprecisión de los límites territoriales ponían freno a la organización política del territorio.
La organización eclesiástica no podía estar ajena a dicha, imprecisión21 en virtud de ello y con la finalidad de establecer límites jurisdiccionales más claros y precisos, las autoridades novohispanas, civiles y eclesiásticas, determinaron implantar una primera división en cuatro provincias: la de México, la de Michoacán, la de Coatzacoalcos y la de las Mixtecas, lo hicieron saber a la Corona al tiempo que solicitaron se proveyera de obispos a estas provincias.
Atendiendo a esa petición, Felipe II en 1534 determinó erigir los obispados de México, Michoacán, Oaxaca y Coatzacoalcos y para 1536 se consiguió del papa Paulo III la bula Illius Fulciti praesidio, con la que de manera formal se erigió el Obispado michoacano.22 En principio se pretendió que la Diócesis michoacana abarcara el mismo territorio que el antiguo señorío tarasco, a saber, aproximadamente la misma extensión que el actual estado de Michoacán y una pequeña porción de los actuales estados de Jalisco, Guerrero y Colima.
20 Si se desea abundar especto a la administración y funcionamiento de los hospitales pueblo, véase Aguayo Spencer, op, cit: así como Silvio Zavala, op. cit.
21 Esto puede verse en la erección de algunos de los primeros obispados antillanos, y su posterior desaparición para dar origen a otros más idóneos, como el de Baynua, que dio paso al de San Juan de Puerto Rico.
22 Un obispado es el territorio donde un obispo o arzobispo ejerce funciones eclesiásticas, también recibe el nombre de Diócesis, cuyo nombre data de tiempos del imperio romano, cuando dicho término equivalía al de “distrito de recaudo de impuestos”, más tarde empezó a aplicarse a la unidad administrativa.
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Se eligió como primer diocesano a fray Luis de Fuensalida, sin embargo el fraile no acepto el cargo, por lo que se designó a don Vasco de Quiroga, quien tomó posesión de la diócesis en 1538, luego de ser ordenado sacerdote y coronado con la tiara pontificia por fray Juan de Zumarraga.
Investido con la máxima autoridad religiosa de la nueva diócesis, pudo el obispo intensificar la evangelización y organización de los pueblos, que cobró mayor fuerza con la llegada de misioneros agustinos en 1537. Los hermanos de la orden de San Agustín se encargaron de realizar fundaciones, tomaron como eje fundamental la línea Tiripetio-Guayangareo-Charo y se desplazaron hasta tierra caliente. Desde su llegada a Michoacán, apoyaron de manera importante a don Vasco de Quiroga en la fundación de hospitales en todos los lugares donde tenían conventos. El primero que erigieron fue el de Tiripetío en 1537 y para 1575 habían logrado erigir en el Obispado alrededor de treinta y cinco. (MURIEL, 1990: 96-115)
El desarrollo de los establecimientos religiosos marcó el inicio de la etapa más fructífera de la división eclesiástica en Michoacán, en la que el obispo Quiroga se presenta como figura determinante. Según la tradición, durante los más de veinte años que permaneció como prelado de Michoacán logró planificar totalmente la economía de su diócesis; (MURIEL, 1990: 61) impulsó un sistema de organización para la región, que garantizaba no sólo la producción de alimentos necesarios para el consumo de cada pueblo, sino que apoyó las industrias regionales que desde época prehispánica se habían desarrollado en la zona, lo que permitió cierto equilibrio económico entre los pueblos del Obispado y evitó por otro lado la competencia entre los mismos.
2.2.2.1 El Obispado tras la muerte de Quiroga
En 1565 se celebró el segundo Concilio Provincial Mexicano, una enfermedad impidió a don Vasco asistir a esta junta, la cual se congregó de manera especial para recibir y jurar el Santo Concilio General de Trento. Ese mismo año la muerte sorprendería a nuestro prelado, sin embargo, el tiempo que permaneció en el Obispado fue suficiente para sentar las bases de la organización territorial de la Provincia michoacana que para
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esas fechas, contaba con cincuenta cabeceras de doctrina de las cuales veintinueve eran atendidas por clérigos, once por religiosos franciscanos y diez por agustinos.23
La labor de los siguientes prelados en Michoacán se vio favorecida por la solidez que presentaba la Diócesis a la muerte de Quiroga, sin embargo no podemos demeritar con este argumento el esfuerzo y los logros obtenidos por algunos de sus sucesores, tanto en el aspecto religioso, como en la organización del territorio del Obispado.
Según parece, después de Quiroga el Obispado tuvo su primera expansión con el agustino Juan de Medina Rincón, tercer obispo de Michoacán. (CARRILLO. 1993: 19- 21) Durante su prelatura, se erigieron trece curatos más; se cambiaron a Valladolid tanto la sede del Obispado como el colegio nicolaita y, de suma importancia, se contestó el cuestionario que en 1577, por acuerdo del Consejo de Indias, elaboró Juan López de Velasco, cronista mayor de las Indias, el cual envió la Corona a los reinos de ultramar, para que lo respondieran las autoridades de cada pueblo.24
De las preguntas que contiene el cuestionario, cuarenta y siete muestran el interés de la Corona por los recursos humanos y naturales de la región y solamente tres se interesan en cuestiones eclesiásticas, lo que hace a esta fuente, una herramienta fundamental para conocer y recrear el paisaje de la Diócesis.