5. Estado de la Cuestión
5.3 La psicología acerca del desplazamiento forzado
Las mujeres y el desplazamiento forzado interno no han sido temas muy explorados por la psicología en las instancias internacionales de habla española, sin embargo, Pacheco (2021) en su tesis para optar por el título de Magíster en Psicología Comunitaria titulada “resiliencia comunitaria en mujeres que pertenecen a una organización de desplazadas de Pueblo Libre – Ayacucho” de la Pontificia Universidad Católica del Perú, obtuvo que la resiliencia comunitaria de las mujeres crece luego del desplazamiento forzado, por ello, se encontraron con mujeres empoderadas que salen del rol del cuidado de la casa para ser líderes en espacios comunitarios.
Según Pacheco (2021), esto sucede porque estas mujeres reelaboraron su plan de vida de acuerdo con el nuevo entorno en la ciudad, adquiriendo una nueva visión otorgada por las oportunidades que la ciudad les permite desarrollar. Así, mujeres que antes solo podían verse así mismas como amas de casa o jugando un rol de cuidado en el hogar, pueden aspirar a estudiar una profesión, adquirir una vivienda u ocupar un rol público o de liderazgo. Pacheco (2021) atribuye este fenómeno a que la violencia posiciona a las mujeres en un lugar de carencia y vulnerabilidad, en donde ellas “activan” capacidades individuales y utilizan herramientas comunitarias que les permite afrontar la adversidad con resiliencia.
Esta tesis de maestría se convierte en antecedente de la presente investigación por cuanto plantea cómo un evento crítico reformula o moviliza el deseo de las mujeres hacia algo distinto.
De acuerdo con ello, con el desplazamiento forzado no solo hay un movimiento corporal, sino que existe un desplazamiento de lo psíquico también, que en definitiva tiene que ver con lo femenino.
Sin embargo, la disertación no expone como se “activan” estos recursos psíquicos para que las mujeres se permitan desear algo más, algo distinto, y que, a su vez, les permita ser resilientes.
A nivel nacional, Andrade (2011) en su estudio “efectos psicopatológicos del conflicto armado colombiano en familias en situación de desplazamiento forzado reasentadas en el municipio del Cairo en el año 2008” y expuesto en la revista Orbis; halló que existen dos veces más probabilidades para mujeres de presentar un cuadro depresivo, y que el 100% de la población presentó indicadores del trastorno por estrés Postraumático. Por lo anterior, el autor afirma que las secuelas psicológicas del desplazamiento perduran en las poblaciones, especialmente en las mujeres, constituyéndose en cuadros psicopatológicos comórbidos aun cuando disminuye la inseguridad del entorno.
El autor hace un extenso recorrido por las afectaciones biopsicosociales de las personas desplazadas por la violencia en Colombia, a su paso, deja entrever las características específicas de las alteraciones que sufren las mujeres víctimas de este flagelo. Andrade (2011) informa que las mujeres tienen dos veces más probabilidades de presentar un cuadro depresivo que los hombres, aun así, la depresión en las mujeres suele ser reactiva y transitoria, mientras que en los hombres tiende a ser de tipo mayor. Asimismo, las mujeres tienen mayor morbilidad para el trastorno bipolar, y, aunque el trastorno de estrés postraumático se presenta tanto en hombres como mujeres, en las mujeres tiende a ser más grave.
Andrade (2011) argumenta que estos fenómenos se producen por la anulación del sujeto, pues “ser desplazado” significa estar sin lugar, no ocupar un espacio, es decir: no-ser. Además, menciona que la persona desplazada se encuentra perseguida por el fantasma de la castración, ya que cada día que pasa fuera de su territorio se convierte en un castigo, castigo perpetrado por sujetos que lo creían justo17. El autor logra realizar una descripción precisa de las afugias que
17 Andrade (2011) menciona que los perpetradores del desplazamiento forzado dentro de sus lógicas se encuentra de impartir justicia, por lo que les impera un sentido de restituirse algo que consideran robado. Por ello, introducen la idea al desplazado de que está siendo castigado por gozar de un territorio que no les pertenece.
surten al desplazado posterior a su desplazamiento, así como encontrarle una explicación desde la psicología freudiana. Empero, debido a las características del desplazamiento forzado colombiano, se conoce que pueden pasar décadas antes de que el sujeto sea restituido de su derecho, por lo que deja una pregunta que el estudio de Andrade (2011) no alcanza a responder, ¿qué sucede con el psiquismo del sujeto cuando encuentra en su nuevo espacio un lugar, una posición, un ser?
También es de mencionar que Andrade (2011), aunque lo esboza al comentar que en las mujeres ocurre una resignificación del poder y la expresión afectiva por la presencia de relaciones insatisfactorias a nivel familiar y social, no se detiene en las consideraciones del género, por ende, deja a un lado lo femenino.
Sarmiento (2012) en su trabajo de grado para obtener el título de psicóloga en la Universidad de la Sabana, denominado “Mitos y rituales: aproximaciones co-compresivas al impacto del fenómeno del desplazamiento en los relatos familiares”; halló que, antes de sufrir el desplazamiento forzado, las familias poseían mitos idiosincráticos nucleares con una clara distribución de roles generacionales masculinos, femeninos y fraternos, pues, mantienen una estrecha conexión con los imaginarios de la vida cotidiana que orientan los roles de género, el ejercicio de la autoridad familiar, la vida en comunidad y se actualizan en los rituales de la vida cotidiana. Al ser desplazadas de su lugar de origen, estos mitos idiosincráticos cambiaron a mitos complementarios, donde hay la asunción de roles proveedores de la economía familiar por parte de las figuras femeninas, y la asunción de roles domésticos en el caso de las figuras masculinas.
Sarmiento (2012) describe cómo existe una movilización en los rituales familiares de mujeres que han sido desplazadas, esto indica un cambio en la mitología familiar que termina por modificar los roles de género. De esta manera, señala un desplazamiento de lo psíquico, tesis que
comparte el presente estudio, sin embargo, Sarmiento (2012) no profundiza en describir ni el contenido de la mitología familiar ni el movimiento subjetivo de esta.
Pareja y Iañez (2014) publicaron en la revista Acta Sociológica un artículo llamado
“violencia contra la mujer y desplazamiento forzado. Análisis de las estrategias de vida de jefas de hogar en Medellín”. En este estudio hallaron que las jefas de hogar desplazadas tienen una relación distante y en algunos casos de rechazo hacia el ámbito público, cuando era de esperarse que acudieran a él para resolver su situación, y que su estrategia de vida se orienta principalmente por los ámbitos familiar y privado. Allí, encuentran un mayor número de respuestas a sus demandas, en particular, porque son los que salen a su encuentro a la llegada a la ciudad, aquellos les darán las primeras señales de cómo proceder y sobrevivir.
Pareja y Iañez (2014) concluyen lo anterior al observar que en el discurso de estas jefas de hogar se radica de forma profunda en la idea de “todo lo hago por mis hijos” o “mis hijos lo son todo para mí”, que más que indicar un volcamiento hacia lo privado, señala una posición de sacrificio o inmolación por el otro, además, toma la actitud desplaciente de estas mujeres hacia lo público como una respuesta natural, sin prever que dentro de los contextos sociales esta población es marginada y en muchos casos tratada como paria. Por lo anterior, Pareja y Iañez (2014) describen una situación que presentan estas madres cabeza de hogar que han sido desplazadas, pero en su explicación no toman en cuenta el psiquismo, y aún menos, lo femenino.
Posada, et al (2017) en un estudio publicado en la revista Ciencia y Salud de nombre “roles de género y salud en mujeres desplazadas por la violencia en Medellín”; concluyeron que la mayoría de las mujeres desplazadas se ven en la obligación de cumplir nuevas y múltiples funciones entre las que se encuentra velar por el cuidado, la crianza y la protección de sus hijos, obtener dinero, dar afecto, brindar educación, y buscar la atención en salud.
Posada, et al (2017) observan y describen un fenómeno en el que las mujeres en situación de despojo, a partir de la exigencia de renuncia de los perpetradores y el desamparo o caída de la institucionalidad, les impera una necesidad por suplir roles cercenados a lo que ellas consideran valioso, sus hijos. Así, se convierten en proveedoras de cuidado, protección y sustento. No obstante, los autores no abordan las dinámicas de poder que se transmutan alrededor de estos cambios, ni las transformaciones de la subjetividad que llevan a que se produzcan. De la misma manera, aunque menciona algo propio de lo femenino, no presentan un análisis de este.
Albarracín y Contreras (2017) en la revista Ocupación Humana publicaron un artículo nombrado “la fuerza de las mujeres: un estudio de las estrategias de resiliencia y la transformación en la ocupación humana de mujeres víctimas del conflicto armado en Colombia”;
obtuvieron que las principales estrategias de resiliencia están relacionadas con el hacer por los otros, el autoconocimiento desde la conciencia de sus fortalezas, la autogestión en el restablecimiento de sus proyectos de vida, la espiritualidad. Se observa una búsqueda activa de nuevos espacios de encuentro personal, de reconocimiento de sus capacidades y potencialidades a partir de la formación, el disfrute e interacción con otros y la productividad.
Albarracín y Contreras (2017) logran demostrar que, tras un desplazamiento forzado, o la exigencia de entregarlo todo, en algunas mujeres ingresa una pregunta por su propio deseo, representada por la búsqueda de una nueva identidad personal, la vocación por los otros excluidos, el reconocimiento dentro de los espacios de lo público, y la adquisición de diversas formas de poder. Por otra parte, Albarracín y Contreras (2017) se limitan a lo estrictamente descriptivo, por lo que no indagan en los propósitos o las motivaciones de los cambios, es decir, en lo subjetivo.
Además, no investiga sobre el desplazamiento de las subjetividades, y aunque su población son mujeres y reseña un fenómeno de lo femenino, no se adentra en el campo de las feminidades.
Gaitán-Arias (2020) en una investigación publicada en la revista Teoría y Crítica de la Psicología titulada “Vínculos psíquicos con el territorio de personas que vivieron el desplazamiento forzado por el conflicto armado en Colombia y habitan zonas de riesgo de desastres en la ciudad de Manizales”; identificaron un malestar psíquico en los sujetos debido al cambio en las dinámicas territoriales. Según el autor, al ver comprometida la vida propia o de un otro crea desplazamientos a nivel psíquico en donde la imagen del lugar habitable cambia, volviéndose persecutoria, la relación externa referente al territorio cambia las dinámicas de interacción, haciendo que la relación interna del sujeto cambie.
A nivel regional, Castro y Mina (2008) en su proyecto de grado para optar al título de psicólogas de la Universidad Pontificia Bolivariana llamado “estado de la salud mental y caracterización psicológica de personas víctimas de desplazamiento forzado en la ciudad de Bucaramanga”; afirmaron que el desplazamiento forzado genera una afectación significativa en la salud mental de sus víctimas, no obstante, las mujeres obtienen mayor puntaje en los trastornos de episodio depresivo mayor y riesgo de suicidio que los hombres. En cuanto a las estrategias de afrontamiento, la religión y la espera son las de mayor prevalencia sin importar el género, por otro lado, los esquemas mal adaptativos más frecuentes fueron la deprivación emocional, el insuficiente autocontrol y la vulnerabilidad al daño.
Bajo la perspectiva de Castro y Mina (2008), las mujeres desplazadas son más afectadas a nivel psicológico, pero su respuesta ante la adversidad suele ser similar a la de los hombres, confiar en Dios y esperar a que todo mejore. Según los autores, esto en parte se debe a que el pensamiento de los desplazados se caracteriza por la creencia de que los demás no podrán satisfacer sus necesidades emocionales, además de considerarse altamente vulnerables al daño, lo que genera su inmovilidad para centrarse en soluciones. No obstante, este estudio no logra introducirse en las
dinámicas culturales que afectan al sujeto, y tampoco profundiza alrededor de las diferencias encontradas en las afectaciones a la salud mental; aspectos que se pretenden abordar en la presente investigación por medio de la pregunta acerca de la feminidad en el desplazamiento forzado.
Finalmente, Torres, et al. (2021) en una investigación titulada “víctimas del desplazamiento forzado: comorbilidad entre trastorno por estrés postraumático (TEPT) y depresivo mayor (TDM)” que se publicó en la revista Informes Psicológicos; halló una prevalencia de TEPT en mujeres 19% mayor que en hombres, de TDM 10% mayor en mujeres y de comorbilidad TEPT+TDM 3% mayor en mujeres. Este estudio, al igual que el anterior, señala diferencias significativas en el síntoma18 de hombres y mujeres que han sido despojados, pero no se detiene a interpelar el fenómeno ni a perseguir las explicaciones causales de la disimilitud, que posiblemente tienen que ver con las lógicas del goce y la intersubjetividad, estos últimos factores son de interés en la investigación en curso.