y Mumford. Techné y la Caja Negra.
La tecnología pareciera moverse por la historia y la sociedad trazando su propio camino y siguiendo su propia iniciativa, sin contacto con los intereses sociales y sin relación alguna con el mundo ideológico. Pero algunos autores aseguran que el efecto de la tecnología cae en los modos de organizar el trabajo y afecta el proceso de producción. También afecta ideologías, las relaciones entre los hombres, el imaginario social, hábitos y costumbres (Zuccarino, 2010).
Para desarrollar estas ideas creímos de utilidad apoyarnos fundamentalmente en los autores Bookchin (1999) y Mumford (1982 y 1989) quienes para la teoría antropológica o la sociología, se los suele considerar como parte importante del grupo de pensadores del tópico que nos interesa. Estos autores tienen una particular visión sobre la tecnología y si bien hablan esencialmente sobre aquella que la enuncian como “dominante”, generalmente promovida por el sistema capitalista que le sirve de plataforma de expansión, ponen a disposición algunas nociones teóricas que explicarían en parte lo visto en las HGFU.
Mumford incorpora al análisis del desarrollo tecnológico de toda la humanidad los tópicos sociales, éticos y políticos; Bookchin suma a esto una dura crítica por la situación de los trabajadores en la sociedad moderna, donde prevalece con fuerza condicionante la tecnología (refiriéndose a la tecnología industrial capitalista).
Bookchin está, para nosotros, especialmente más cerca de lo que sucede en las HGFU porque reflexiona sobre las posibilidades tecnológicas presente en las
“sociedades orgánicas”57 y que las denominó “tecnologías propias” en donde el trabajador es el centro de la escena y hace un trabajo que toma forma de “acto de creación”, donde entra en juego su ética, su imaginación y su creatividad. En las HGFU puede verse este tipo de trabajo, el agricultor urbano es en gran medida el centro del acto productivo, es quien pone los saberes y despliega su creatividad, concretando la tecnología como una herramienta para vivir mejor, liberándose de sus formas y usos.
Bookchin va un poco más allá y es bastante optimista con la tecnología de hoy al decir que una “técnica institucionalizada” (aquella asumida por la Sociedad/Estado y aceptada o impuesta por las hegemonías) puede pasar a una “técnica liberadora”
contenida por una “matriz social” que le dé un sentido ético y haga frente a la amenaza permanente de una “técnica autoritaria”. También propone algo muy interesante que tiene relación con las HGFU al decir que en esa “matriz social tecnológica” se puede incorporar un enfoque ecológico en donde la naturaleza sea el centro de la escena, como madre productora de todos los recursos necesarios para la vida. A pesar del optimismo, Bookchin cree que el hombre de hoy está comprometido con un sistema de producción en donde predomina la destrucción en masa y se contamina el ambiente, perjudicándolo de tal manera que pronto su destino de extinción será irreversible. La predominancia de un sistema productivo con estas características, significaría para la humanidad ser víctima de la tecnología dominante a no ser que se dieran lugar a tecnologías más éticas y humanas.
57 Para este pensador las “sociedades orgánicas” resaltan los valores que logran prácticas culturales relativamente igualitarias y una relación favorable con la naturaleza. Esto se da hoy en pocas sociedades y se dio fundamentalmente en los inicios de la humanidad.
Bookchin (1999) nos dice también que la mente moderna de las personas está entrenada para creer que la tecnología, cuanto más presencia tenga y más sofisticada sea, nos va a entregar una vida más confortable, segura y plena, con mayores libertades. Las personas caemos frecuentemente en este error, sobreestimando el valor de la tecnología, analizando solo su eficiencia y costo, dejando de lado las consecuencias que trae su uso. También se hace necesario dar a entender y enraizar en la sociedad la idea de que la tecnología no crece ni existe en el vacío (Bookchin, 1999), que es consecuencia del accionar humano (con todo su complejo existir en el mundo) y que no tiene vida eterna y autónoma, a pesar de que varios aparatos tecnológicos podrían hoy prolongar su vida más allá de la existencia de la sociedad humana, claro que sobreviviendo absolutamente sin sentido.
Bookchin (1999) considera como muy grave que en la vida cotidiana no se pueda distinguir lo social de lo técnico y que en aquella “matriz social” debieran estar insertas todas las tecnologías (sin desafectar la subjetividad humana) que nos aporten libertad como especie, sin perjudicar la naturaleza que nos provee de los recursos vitales. También este autor considera que hay tecnologías que han llegado a adquirir una fuerza y un tamaño tal que distrae nuestra atención sobre el principal problema que arrastra, como lo es su escasa vinculación con los ideales y las estructuras sociales que nos otorgan libertad. En este punto la tecnología HGFU estaría más integrada a la “matriz social” y aporta más libertades que, por ejemplo, un teléfono celular.
Aquí hay un punto que marca Bookchin (1999) y es interesante para rescatar ya que tiene que ver con la dimensión política de la tecnología, ya que de existir una
“técnica liberadora”, se debe presuponer la existencia de “instituciones liberadoras”
que le den sostenibilidad, sin complejidades burocráticas ni políticas que desfavorezcan una estructura social librepensadora. Esto impone la existencia de un grupo de políticas públicas que otorguen mayor grado de libertad a los sujetos frente a la tecnología, promoviendo investigaciones e innovaciones democráticas y humanas. Muchas innovaciones tecnológicas no se preocupan por la vida social de las personas y van directamente orientadas a la obtención de ganancias y a competir exitosamente. Incluso lo hacen invocando justicia y bienestar, pero poseen un trasfondo capitalista que desestima los perjuicios sociales y ambientales.
Las HGFU pueden ser un pequeño aporte en ese panorama desalentador, atenuando el efecto (que en palabras de Mumford se llama “desencantamiento”) en donde un mundo verde y biológico se transforma en máquinas automáticas poblando los espacios y modificando impávidamente el paisaje.
Sobre el concepto de “techné” y una idea en torno a las HGFU.
El concepto de techné58 es importante tenerlo en cuenta porque nos ayuda a engrosar la comprensión de la visión antropológica que se tiene del concepto de tecnología, ya que techné no se reduce al aparato tecnológico, también contempla al ser humano y su entorno, todo como si fuese parte constitutiva de un sistema o, mejor dicho para nuestro caso, como un ecosistema59 (en una forma restringida las HGFU pretenden ser pequeños ecosistemas, en donde en algunas se tienen en
58 En la época clásica griega (fundamentalmente Aristóteles), se tenía por Techné al arte de producir una realidad que no existía. Se contempla aquí toda producción que surja por acción humana, por ejemplo, un zapato. Entonces se entiende que las cosas producidas solo existen porque alguien se ha decidido a crearlas.
59 Un sistema biológico constituido por una comunidad de seres vivos y por el medio natural en que viven.
cuenta la aplicación de técnicas que respeten los pilares de la producción orgánica60) en cuyo interior hay formas de vida que le dan sentido a la producción de tecnología y la limita éticamente, es decir que la tecnología tiene un sentido más humano.
Para encontrar, desde la historia, el sentido que adquiere la técnica en la modernidad, Mumford y Bookchin lo contrastan con el concepto aristotélico de techné. Bajo esta idea no sólo es importante cómo se da el fenómeno productivo, sino el porqué se produce, contemplando todas las cuestiones éticas inherentes al proceso. La producción de tecnología y su resultado aplicativo debe tener un límite ético que puede estar dado por el mismo productor. En la tecnología moderna de tipo industrial-capitalista se opone a este punto ya que no aparece el productor como un sujeto ético, es más bien parecido a un ser invisible que trabaja incansablemente en la producción infinita.
He podido ver en el trabajo de campo que el trabajador de las HGFU da peso a los valores éticos y ellos son límite, no solo de lo que se produce, sino también del deseo productivo, sobre todo en la no aplicación de agroquímicos o en el no deterioro y abuso del ambiente. El agricultor es un sujeto sofisticado, puede vérselo como si fuese un artista con suficiente sabiduría para transformar la materia prima
60 Hay mucha discusión al respecto según diversas posiciones, pero en general se consideran los pilares de la agricultura orgánica a:
Respeto al ambiente favoreciendo la biodiversidad.
Uso óptimo de los recursos naturales.
No uso de agroquímicos.
Sostener y aumentar la fertilidad física, química y biológica del suelo.
No uso de organismos genéticamente modificados.
Es una técnica de producción que incluye en su práctica una necesaria mejora de las condiciones de vida de los agricultores. Debe lograrse un sistema agro-ecológico sostenible económicamente y con respeto por la cultura de los sujetos involucrados.
en una obra, intentando modificar el entorno o crear herramientas observando con respeto el resto de las cosas, sean vivas o muertas.
Pasando a otro asunto es interesante traer ahora a Heidegger porque utiliza una palabra especial (“Technik”) para mencionar tanto a la tecnología como a la técnica.
Es una expresión alemana que da cuenta de ambos conceptos, pues a veces se los puede enunciar indistintamente. Nosotros concebimos que en verdad “técnica” da cuenta de algo tal vez más general, que involucra todos los aspectos de las tecnologías. Es decir que la técnica refiere a procedimientos para alcanzar un objetivo, mientras que en tecnología lo que se hace presente es el conocimiento.
Sobre determinismo tecnológico y progreso, desarrollismo y tecnologismo.
Existen movimientos o corrientes que encasillan, a modo de doctrinas, las formas de crear, ver, pensar y actuar frente a la tecnología. Esto es porque se la considera, para la historia de la humanidad, un factor determinante en la transición de un modo de organización social hacia otro, ya que condiciona fuertemente a los actores, conduce comportamientos, costos de producción, acceso a bienes y servicios, generan problemas sociales y ambientales al mismo tiempo que facilitan o dificultan su resolución.
De esta radical idea se desprenden algunos conceptos como el de Determinismo tecnológico, noción que suele estar asociada a la idea de “progreso”, entendido éste último como una evolución lineal, dando a entender que el grupo social que adhiera o suscriba a la tecnología en su conjunto, irremediablemente va a progresar en su bienestar. Escobar nos describe el fenómeno e involucra en él a la ciencia al decir que “… la ciencia y la tecnología inducen el progreso… que personifica un
evolucionismo determinista que va desde la ciencia a la tecnología, a la industria, al comercio y finalmente al progreso social.” (Escobar. 2005: 16; en Miano, 2011: 96).
Si concebimos a la tecnología como un producto “de lo social”, por lo tanto, producto de las relaciones sociales que históricamente se fueron dando, podemos decir que el concepto de Determinismo tecnológico es una concepción social ligada a las relaciones y a la tecnología. Tanto las relaciones como la tecnología se dan en el marco de las actividades productivas que, como sabemos, para el caso de “alta tecnología”, en el capitalismo, este marco de actividades productivas se caracterizan por un espacio social particular denominado “mercado”, en donde rigen normas jurídicas y económicas que garantizan su funcionamiento.
Como se dijo, en las HGFU casi no hay productos que vayan a un mercado o feria, es una tecnología que transcurre en otros espacios sociales y los insumos de producción son simples y fáciles de conseguir, incluso fuera del propio espacio social, por lo tanto no existen tales normas regidoras ni tal determinismo de la tecnología. Como consecuencia de esta particularidad, la tecnología adquiere en las HGFU otro sentido, porque son derivadas de actividades productivas que no están sucediendo dentro de aquel espacio particular denominado “mercado”. Thomas nos ilustra algo más sobre el determinismo y dice:
El determinismo tecnológico se expresa en el sentido común en tres nociones: a) la “neutralidad” de la tecnología: “los efectos, positivos o negativos”, no dependen de la tecnología en sí, sino del uso que le dan los hombres; b) el carácter “evolutivo” de la tecnología: las nuevas tecnologías son mejores que las anteriores, la innovación constituye un proceso evolutivo; c) la “autonomía”
de la tecnología: la tecnología evoluciona según su propia racionalidad interna, más allá del control de los hombres (“la tecnología se aleja de los valores y la moral”, “la tecnología evoluciona más rápidamente que la política o los principios éticos”) (Thomas, H; 2008: 60)
Hay una forma de ver las tecnologías “altas o avanzadas” sin necesidad de caer dentro del “determinismo tecnológico” pero aceptando igualmente que juegan un rol central en los procesos de cambio social. Esta forma de ver las cosas, según Hernán Thomas (2009) es ver claramente que la tecnología es una construcción social y considerando que la resolución de problemas sociales, como la exclusión o inclusión de la pobreza y hasta el subdesarrollo de los países, no pueden ser analizados sin explorar y conocer en profundidad la “dimensión tecnológica” de la sociedad.
Entonces conocer el contexto tecnológico puede ayudarnos a conocer la problemática social. En este sentido y en lo que respecta a nuestro trabajo y a las HGFU, estudiarla nos puede ayudar a conocer no solo una dimensión tecnológica urbana, sino también una problemática profunda, dándonos con ello herramientas y planteos en cómo se podría resolver. Esto es así porque se analiza aspectos diversos y profundos de los sujetos, como la auto-producción de alimentos, acceso a técnicas, conocimiento, exposición de saberes, abordaje del ambiente y fundamentalmente rasgos culturales.
En otra forma de ver y pensar la tecnología, que lleva por nombre tecnologismo, se presupone una aceptación acrítica de la técnica, e incluso se anula la posibilidad humana de decir un “no” al desarrollo tecnológico. El tecnologismo, entendido como ideología, auspicia una vida humana atada a la tecnología; y la tecnología se
expresa en su instrumentalidad para dominar al mundo. El tecnologismo considera que en estos tiempos, la tecnología es inevitable, auto-reproductiva y requiere, para auto-mantenerse, una novedad permanente (Schmucler, 1997). Debe estar en movimiento continuo y con innovaciones que despierten el interés de los usuarios, llegando incluso a una relación de seducción, esto demanda dinero e inversiones permanentes; todos estos requerimientos hacen que la tecnología HGFU no quepa en este modo de ver las cosas.
Pasando al desarrollismo, éste plantea una visión de desarrollo como una sucesión de etapas a cumplir si se quiere llegar a la modernización entendida como bienestar.
Se ha dado históricamente como planteo generalmente apuntalado desde los países centrales y desarrollados hacia los países del tercer mundo, teniendo como premisa y consejo la adquisición de tecnología importada y ya ampliamente probada. Esta tecnología, útil y exitosa en el primer mundo, permitiría (tal cual la promesa) en el tercer mundo un desarrollo similar, pero dejando usuarios transformados en entidades demandantes de capital monetario, desplazando mano de obra. El desarrollismo implica seguir una lógica paso a paso, un camino que se inicia (como en el tecnologismo) con un proyecto de herramienta o máquina, para renovar lo existente, y finaliza con un artefacto nuevo. Esto requiere, además de los saberes, un dinero suficiente y toda una infraestructura en general inexistente en los países periféricos del tercer mundo. Entonces se puede entender que el desarrollismo es un modelo político-económico dominante a seguir por los países del tercer mundo.
Se aleja la HGFU del desarrollismo y el tecnologismo (conceptualizado en los trabajos de Schmucler de 1996, también citado en Miano, 2011 y Zuccarino, 2010)
por no pertenecer a la tecnología incorporada en las ideas de dominación que tiene por efecto, entre otras cosas, la deshumanización.
Sobre la “caja negra”.
Se suele dar este nombre a una caja (como envase contenedor) real, mental o virtual y alude al hecho de querer ocultar intencionalmente saberes, procesos y mecanismos tecnológicos, evitando así una explicación racional y coherente, de ahí el adjetivo de “negra.”. Esto hace que mucha tecnología y sus resultados pareciesen
“mágicos” y venidos “de otro mundo”. Aira (2001) nos dice que las personas van camino a no saber cómo funcionan las máquinas e incluso nos dice que “hoy vivimos en un mundo de “cajas negras”… y a nadie le escandaliza ignorar lo que sucede dentro de los aparatos más simples” (Aira, 2001). También podemos dar la siguiente cita, para esclarecer la idea:
La tecnología es percibida normalmente como una caja negra que, o bien responde a los inputs que recibe (sociales, económicos, políticos) o bien genera outputs de impacto social o ambiental (cambios laborales, disminución del empleo, polución, cambios educativos)... No se trata simplemente de una percepción de los estudios académicos, sino que la tecnología también aparece configurada como “caja negra” en el sentido común de las personas.
(Thomas, H; 2008: 60)
Es evidente que en las HGFU no existen “cajas negras”, pues se trata de tecnología transparente, perfectamente perceptible. Eso se trasluce en lo observado en el
trabajo de campo y en los discursos de los sujetos, sobre todo al interpretar el origen de los saberes.
Sobre historia, sociedad y tecnología.
Repasando la historia Mumford (1989) nos dice que hubo un momento en donde la vida social burguesa sufrió profundos cambios adquiriendo una rutina que tenía como eje principal el trabajo. A partir de entonces la organización social adquirió una conducta casi mecánica (como los movimientos repetitivos de una máquina) en donde comenzaron a subestimarse, entre otras cuestiones, el azar y el ocio. El ocio cedió tiempo al trabajo asalariado que regido por un sistema capitalista, pronto presentó, guiado por la clase dominante, variados casos de explotación de trabajadores.
Mumford también analizó las fases técnicas que se dieron en Europa y las relacionó con hechos históricos, es decir, hizo un paralelismo entre la formación de la historia humana y la correspondiente etapa de la evolución tecnológica. Desplegó todas las actividades humanas (minería, mecánica, física, electricidad, etc.) y observó que las máquinas resultaron cada vez más perfectas en su eficiencia, gracias a un mecanismo surgido de la unión entre ciencia y tecnología conjuntamente con el uso, ensayo y práctica permanente (actividad empírica). Este avance lo protagonizó fundamentalmente el capitalismo que, como el principal creador de la máquina, la llevó a límites excesivos, dogmatizando a la humanidad con la idea de adaptarla infinitamente con la esperanza de cubrir todas las necesidades humanas (Mumford, 1982). Así hay quienes llegaron a pensar, casi a modo de idolatrar la tecnología y la máquina, que los problemas sociales derivados de la máquina se podrían solucionar
creando nuevas máquinas más perfectas. Aceptando esto, la idea de innovación e invención debe ser permanentemente puesta en funcionamiento.
Mumford (1982) hace notar que el desarrollo tecnológico del conjunto de la humanidad configuró un tejido social enredado fuertemente en una ideología que sostiene y justifica plenamente la máquina y su función, e incluso la pone en un lugar de privilegio y con potencialidad para crecer en su dominación. Este autor dice que esto no es nuevo porque ya en el siglo XVII la tecnología estaba fijamente inserta en las mentes humanas y ya actuaba como un elemento más en la vida cotidiana de las personas, siendo consecuencia lógica de un proceso en donde la industrialización y mecanización era el camino inevitable y aceptado de antemano por las personas; es decir que la humanidad no fue sorprendida por el fenómeno y el nuevo escenario, teniendo los hombres en sus mentes la idea y el deseo de la máquina (Mumford, 1982).
Por otra parte y situándonos en la Europa del siglo XVII vemos que prevaleció por aquella época la filosofía naturalista, un modo de pensar y actuar que, si bien permitió un enorme desarrollo de la tecnología, se constituyó como una metodología en donde se eliminaron en gran parte la magia y los mitos. Además, todos los aspectos de un objeto o fenómeno se separaron minuciosamente por disciplinas para lograr un mejor estudio y análisis; todo pasó a ser estudiado de manera aislada, como si no fueran parte de un mismo sistema, integrado a la cultura (Miano, 2011).
El interés principal de aquella operatoria era conocer el mundo natural desde una racionalidad científica, suplantando toda creencia que no dejase avanzar sobre la explotación de la naturaleza (la naturaleza es así puesta como una limitación a la