a esta tesis.
Al indagar sobre las razones que impulsaron a los sujetos (agricultores/as urbanos entrevistados/as) a realizar las referidas prácticas agrícolas, se esgrimieron variados motivos, presentando a la mesa un caldo muy rico y plausible de investigación. Entre otras réplicas tuve las siguientes: “razones de salud”; “me entretiene”; “por tradición”; “por costumbre adquirida en el campo”; “me enseñaron en casa desde niño”; “para tener alimentos sanos”;
“para aprovechar el espacio y el tiempo”; “para trabajar con la naturaleza”;
“mi padre lo hacía”; etc.
Asimismo se obtuvieron otras declaraciones que de algún modo comprometen al poder político, económico y sus instituciones: “el gobierno no nos ayuda”; “soy jubilado y no me alcanza”; “no tengo trabajo y con esto al menos como algo”; “esto me ayuda a no pensar tanto en los problemas”;
etc.
También pudo verse muy claramente que en el ámbito bajo estudio se revela un espacio de creación de tecnología. Al preguntarle a Marcelo (24 años) qué tenía en su mano derecha, respondió muy orgulloso y seguro de sí mismo, con aire de importancia:
…fijesé que este plantador lo fabriqué yo mismo, con un palo de quina.
Es madera bien dura. Por la formita que tiene, esta punta, entra mejor en la tierra y me deja un agujerito justo, no se desmorona. Mi viejo me pasó la idea. (Marcelo)
Como otro ejemplo podemos dar la “batea-maceta” de Ricardo (66 años):
Tenía que aprovechar la batea del lavarropas viejo. Lo hice maceta para el durazno y de paso lo puse en este escalón, para que me sirva de contención del terreno, porque si no con la lluvia se me viene todo abajo.
(Ricardo)
Se vislumbra así que hay un espacio de invención, adaptación, apropiación, significación y resignificación de tecnologías que claramente se da en las HGFU12. Igualmente es un espacio en donde aparecen creencias, mitos y contradicciones:
… el zapallo siente cuando lo toca una mujer con menstruación, ahí le empieza la marchitez…, se achuza entero (Agustina C., 54 años.)
Todos estos términos y nociones remitieron a conceptos teóricos plausibles de ser incorporados a la investigación. Decidí entonces seguir consejo de
12 Continuando con la descripción de la “Huerta-Granja familiar urbana”: Es el espacio físico en donde se ve plasmada la tecnología que ponen en juego los sujetos. Es el territorio en donde se llevó a cabo la investigación, conformado por varias “huertas-granjas.” Es un ámbito familiar encerrado entre los límites de la ciudad. Es en definitiva la unidad de estudio de este trabajo.
Guber (2004) y tenerlos en cuenta para incorporarlos a la investigación como
“prácticas, y significados”.
En esta misma línea, surgieron interesantes nociones cuando he visto que la actividad agropecuaria en la ciudad es parcialmente reconocida por el Estado y su gobierno, como también por organizaciones no gubernamentales y vecinos en general. Como ya lo anticipé, existen actividades y programas que dan fe de ese reconocimiento, generando acciones puntuales como capacitaciones, asistencia técnica, promoción y también entrega gratuita de algunos insumos tecnológicos básicos (semillas, gazapos13, pollitos “BB” – bebé-, etc.).
Así como el Estado reconoce mínimamente la agricultura en la ciudad, también está casi ausente y hasta ignora mayormente las posibilidades de creación tecnológica de los sujetos en las HGFU (se pudo constatar a través de entrevistas, que no existe en la ciudad un programa estatal que se dedique exclusivamente al rescate y valoración de las tecnologías agrícolas urbanas. Sin embargo hay en INTA proyectos que sí lo hicieron pero en otras ciudades y con una lógica puramente técnica14).
Para explayarme algo más sobre los indicios y nociones que aportaron al tema de investigación, doy a conocer que mis primeras visitas al campo, ya envestido con la nueva imagen de “investigador en ciencias sociales” o
“antropólogo” (tal cual me presenté), me permitieron observar que no todo lo
13 Pareja de jóvenes conejos. La idea de entregar estos conejos de “buena genética”, según los técnicos de INTA, es para incorporar a la dieta de las personas que lo crían, proteínas a partir de la carne de conejo. La proteína así obtenida es de muy alto valor biológico y de rápida obtención.
14 El programa Pro Huerta a realizado trabajos publicados de rescate de semillas, de herramientas y de otras tecnologías (ver bibliografía).
que se hacía en una HGFU respondía a razones puramente técnicas o productivas, sino que, tal cual lo enuncia Guber (2004), habían prácticas que estaban aparentemente inconexas y sin sentido. Estas prácticas involucraban conocimiento y tecnología, pero haciendo evidente los patrones culturales.
Son entonces los discursos asociados a las prácticas observadas las que me fueron aportando indicios y nociones por donde dar curso a la investigación:
… allá, en Tarija (Bolivia), desde siempre, remojamos la semilla de maíz la noche anterior. Queda bien hinchada. Así, cuando la sembramos, nace más rápido. Sembramos a mano nomás, con azada chiquita.
(Rosario N, migrante boliviana “criada en el campo”.)
La razón técnica de esta práctica puede descansar en el hecho de que la semilla absorbe agua a través de sus tejidos, esto de colocarla en un balde con agua le permite hidratarse profundamente (por eso se “hincha”), fenómeno que es más difícil de lograr con un riego convencional pre o post siembra, ya que con este sistema el agua es inicialmente aportada al suelo y de ahí es transferida a la semilla por fenómenos físicos como ósmosis y capilaridad que, según muchos factores condicionantes, mojará la simiente a su tiempo y en forma. Una buena hidratación del tegumento seminal es uno de los factores que asegura el inicio de la germinación, además de la temperatura y la concentración de oxígeno.
Otras prácticas y discursos observados nos introdujeron a un mundo de
creencias y rituales:
… pa’ qué más la pachamama sino pa’ traer frutos de la tierra. Hacer abono con las cosas que otros tiran es agradecer a la madre tierra. Un poco le devolvemos lo que nos da. (Rosario N, opinando sobre el compost, o abono compuesto que estaba construyendo.)
En un sentido claramente productivo, con el deseo de aumentar los rendimientos, Agustina C. nos dijo:
… hay dos cosas muy útiles pa’ que el árbol de frutos: una, buscar una jovencita embarazada que lo abrace, le pasa la fertilidad. Otra, cuando el árbol es perezoso, darle cintarazos lo despabila. Es como que se pone a raya y nos da mucha fruta…
Ceñir a un árbol para transmitirle fertilidad, es una cuestión que desde la agronomía poco se lo ha planteado y lo ha hecho con prejuicio. En este caso, la antropología busca las razones o motivaciones y los sentidos que subyacen a la práctica, mientras que existe una articulación con la agronomía, pues Agustina C. no niega la necesidad de regar, podar o fertilizar frutales, sino que a esas tareas o técnicas “normales” del agricultor, se les puede adicionar otras prácticas venidas desde las creencias o costumbres que darían una mejora adicional a la producción. Entonces, para Agustina C, ¿por qué no hacerlo?
También ha podido verse que la presencia de la mujer en los hogares en donde se construye la HGFU es muy fuerte y determinante. Es, por lo general, quién realiza el mayor esfuerzo, quién termina los cultivos con su cosecha y quién, cuando ella no puede, impulsa al “hombre de la casa” a hacer los trabajos más pesados, como arar, carpir y dar vuelta el pan de tierra. Finalmente, la mujer da utilidad a los frutos del esfuerzo: cocina virtuosamente en un despliegue de destreza económica y gastronómica.
Una pregunta necesaria: ¿Dónde se hace la HGFU? De un primer mapeo15 y consultas a agricultores se vislumbra que: “en las orillas de la ciudad”, “más cerca del campo”, en “los barrios pobres”, en “los terrenos con fondo”,
“donde tenemos agua y buena tierra”, “donde es más difícil que nos roben las plantas”, etc.
Como podrá notarse, tras este amplio panorama, aparecieron subyacentes algunos supuestos teóricos, es decir, “… posibles conexiones explicativas…”
(Guber, 2004: 45) que dan sentido y razón de existir a la actividad agropecuaria mencionada y que configuran la singularidad de los sujetos, es decir, sobre aquella relación implícita con los términos/nociones expresados (tecnología, agricultura, creencias, mitos, tradición, ciudad, etc.).Cada término lo consideré como categoría analítica susceptible de ser interrogada, para desmembrarla luego en ramas factibles de ser analizadas y así pudieran explicar los supuestos subyacentes (Guber, 2004). Esto refuerza lo
15 Ver mapeo en Capítulo 2 sobre la ubicación de las HGFU, según datos recogidos por el Pro Huerta Municipal y de INTA y M.D.S. de la Nación, y por el Dpto. de Atención Primaria de la Salud –APS- del Ministerio de Salud de Jujuy.
que dijimos de apoyarnos en el análisis de la tecnología para ingresar a la singularidad del mundo social de quien practica agricultura en la ciudad.
Un concepto central y que corresponde colocar en su justo valor es el de saberes, que de acuerdo a la corriente de los Estudios Sociales de la Tecnología no se lo debe soslayar, pues preguntar por tecnología es indagar profundamente en los saberes (Bijker, Hughes y Pinch, 1989; Miano, 2011).
Los sujetos adquirieron saberes y los pusieron a disposición y práctica al construir las HGFU y su tecnología asociada.
Rescato igualmente, a la luz de la realidad observada, lo que dice Belshaw (1988) sobre la necesidad que tiene la antropología sociocultural de elaborar y aplicar perspectivas de investigación que sostengan y afirmen la interdisciplinariedad. En ese respeto por la perspectiva múltiple, creo útil transcribir lo siguiente, aceptando también que es una cualidad virtuosa disciplinar:
La antropología sociocultural depende de su interdisciplinariedad. Esto es la consecuencia lógica de una característica que contribuye a distinguir la antropología sociocultural de otras disciplinas, a saber, nuestra preocupación teórica y metodológica por situar a los fenómenos humanos en un contexto explicativo extensivo a todas las dimensiones y variables del mundo natural, biológico y sobre todo social. (Belshaw, 1988: 201)
Las transformaciones sociales reclaman para su mejor análisis y descripción,
un abordaje multidisciplinario, que permita explorar sus complejas dimensiones. De ahí que la tesis aquí propuesta toma aportes de las ciencias agronómicas (botánica, dasonomía, climatología, zoología, etc.), antropología, economía política, desarrollo local, historia, geografía, sociología, semiología, etnografía, etc.
La idea de incorporar conocimientos de diversas disciplinas es por el afán de buscar contribuciones que produzcan una interacción positiva en el camino propuesto y porque en el campo de las ciencias sociales se destaca y se visualizan las bondades de la interdisciplinariedad, imprescindible para abordar la complejidad humana social. Estimo que queda en claro los aportes de cada disciplina. La agronomía es a su vez un embalse que recibe aportes de numerosos afluentes que me permitió ver aspectos puramente técnicos-productivos al igual que las formas en como los sujetos encaran y resuelven sus problemáticas agronómicas-tecnológicas. Como ejemplo decimos que un afluente es la biología, otro es la ecología y otros afluentes más específicos son la química, física, botánica, genética, etc. Desde la economía uno puede observar las posibilidades de ingresar o no al mundo de intercambio de bienes y servicios y diferenciar claramente la existencia de una producción “no comercial” de una producción pensada exclusivamente para el mercado. Por otra parte y según lo visto, la economía hogareña tiene suficiente peso en la vida cotidiana como para soslayar este aspecto, ya que producir alimentos con el despliegue tecnológico visto, para algunos de los agricultores entrevistados “ayuda al bolsillo” o “te saca de apuro”.
Igualmente decimos que ha sido relevante el aporte que hace la filosofía a esta tesis, fundamentalmente aquella cercana a la teoría antropológica, erigida en personalidades como Habermas, Adorno, Foucault, Bourdieu, etc.
Finalmente creemos que este trabajo se enmarca en un nuevo campo de