El litoral de Huelva presenta unas condiciones idóneas para el desarrollo de los sistemas dunares y en consecuencia numerosos han sido los trabajos que han abordado su estudio: Menanteau (1979), Zazo (1979), Zazo et al. (1981, 2005), Flor (1990), García Novo et al. (1975), Ojeda (1988), Borja & Díaz del Olmo (1994, 1996), Borja (1992), Borja et al. (1999), Dabrio et al. (1996), Rodrí- guez Ramírez (1996, 1998) y Vallejo (2007), entre otros. Dos tipos de sistemas eólicos podemos diferenciar en el litoral onubense, los que están relacionados directamente con los sistemas de barreras arenosas del litoral y el manto eólico de El Abalario, en el interfluvio Tinto-Guadalquivir.
3.2. Sistemas dunares asociados a las barreras arenosas.
El tipo y la extensión de las dunas litorales dependen básicamente de la cantidad de suministro de arena y de su ritmo. Los sistemas dunares asociados al crecimiento de barreras arenosas de la costa de Huelva se inician con dunas incipientes (foredunes), formadas en la parte alta de la playa, en el límite de la acción de los temporales. Estas son de escaso desarrollo y dispuestas de forma paralela a la línea de costa y pueden estar fijadas por la vegetación.
En el litoral de Huelva nos podemos encontrar desde dunas primarias, de escasa evolución y muy ligadas a la progradación costera, hasta extensos campos de dunas de morfología transversal, que se desplazan hacia el interior (Doñana).
En este sentido, Borja et al. (1999) establecen tres secuencias cronológicas aso- ciadas a las fases progradantes H2, H3 y H4, apoyándose en datos arqueológicos e históricos: D1 (2700-2000 BP), D2 (siglo XIV-XVII) y D3 (XVII-actuali- dad). Si exceptuamos Doñana, donde se pueden diferenciar de forma clara dos sistemas dunares, establecer cartográficamente una secuencia genética de dunas dentro de este sistema no es fácil, dada la similitud de morfologías. Incluso en muchos casos se encuentran apiladas unas sobre otras, fosilizándose las más anti-
guas. Una de las opciones es relacionarlas con la fase progradante sobre la que se sitúan, aunque en algunos casos el propio desplazamiento de la duna puede dar lugar a confusiones (Punta Arenilla). Otro aspecto que dificulta la correlación es que cada ámbito sedimentario reúne sus propios factores condicionantes, inclu- so en estuarios próximos entre sí.
3.2.1. Sistemas dunares de la desembocadura del río Guadiana La desembocadura del río Guadiana se caracteriza por un suave entrante, colmatado en la actualidad por un complejo progradante constituido por la flecha litoral de Montegordo (Portugal), las islas-barrera de Isla Canela e Isla Cristina, la contraflecha de Punta del Caimán y las marismas que se desarro- llan al abrigo de estas formaciones arenosas. Su dinámica y evolución están controladas por la deriva litoral y las corrientes mareales, las cuales constru- yen barras de batida que constituyen, al acrecionar, los ganchos arenosos por efecto de la refracción de las olas (Morales, 1995). En cuanto a la evolución de este sector, los datos más antiguos corresponden al gancho situado más próximo a tierra firme, que está orientado hacia el NE (El Pinillo), con una edad de 2.740 + 130 años B.P. (Lario, 1996), por tanto formado en la fase de progradación H2. El resto de formaciones corresponderían a las fases de progradación H3 y H4 (Fig. 3).
En cuanto a los sistemas dunares desarrollados, se encuentran asociados a las tres fases de progradación citadas (H2, H3 y H4). Se trata en general de dunas primarias de escaso desarrollo, presentando mantos de arena, cordones incipien- tes (foredunes) y sistemas transversales con algunas dunas parabólicas y superfi- cies de deflación. Los sistemas correspondientes a la fase H2 presentan cordones de dunas incipientes que pueden evolucionar a dunas parabólicas en algunos sectores. En las formaciones arenosas situadas más al Sur y correspondientes a la fase H3 se pueden observar igualmente cordones de dunas incipientes de gran continuidad lateral. Atendiendo a evidencias arqueológicas, históricas y data- ciones de C14, la génesis de estas dunas no sería anterior al siglo X (Borja et al., 1999). Los sistemas eólicos más recientes están constituidos por dunas incipien- tes, pobremente desarrolladas en sistemas transversales. Estas se desarrollarían en relación a la última fase de progradación litoral (últimos 500 años, H4). Ac- tualmente el sistema está muy deteriorado por el intenso desarrollo urbanístico, así como por otras actividades antrópicas.
Figura 3. Esquema de los sistemas dunares y barreras arenosas de la desembocadura del Guadiana.
3.2.2. Sistemas dunares de la desembocadura del río Piedras
En la desembocadura del río Piedras se sitúa la flecha de El Rompido y una serie de contraflechas en la margen izquierda del interior del estuario. La flecha de El Rompido constituye una larga y estrecha barrera arenosa de 10 km de lon- gitud que crece paralela a la línea de costa hacia el Este, gracias a la corriente de deriva. Esta formación forma parte de un antiguo sistema de islas-barrera, hoy unidas y adosadas al continente (Fig. 4).
Zazo et al. (1994) y Lario (1996) realizan dataciones de 14C en estas flechas litorales, definiendo sus fases de progradación. Las dataciones en las contrafle- chas del margen izquierdo del estuario reflejan edades correspondientes a las fases H2 y H3, no más antiguas de 3000 años BP. En cuanto a la flecha de El Rompido, se establece su desarrollo en las fases progradantes más recientes H3 y H4, diferenciadas a nivel regional para el sur de la Península Ibérica. Las mo- dificaciones mayores en el perfil de esta formación litoral tuvieron lugar en las últimas décadas (Borrego et al., 1992).
La morfología dunar presenta escaso desarrollo. Los cordones situados en el interior del estuario muestran varios trenes incipientes transversales de muy escaso desarrollo en lo que parece ser las formas más antiguas. La morfología de la flecha, estrecha y de gran longitud, condiciona la existencia de un cordón dunar principal activo, de escasa altura, que se desarrolla a lo largo de toda su extensión, en el que se superponen los sistemas H3 y H4. Este cordón presenta formas transversales que evolucionan a dunas parabólicas, de dirección WSW.
La existencia del Parque Natural de la flecha de El Rompido ha permitido la buena conservación de los sistemas dunares de esta área; sin embargo, más allá de sus límites el deterioro dunar es importante dada la intensa presión urbanís- tica y turística.
Figura 4. Esquema de los sistemas dunares y barreras arenosas de la desembocadura del río Piedras.
3.2.3. Sistemas dunares de la desembocadura de los ríos Tinto-Odiel En la desembocadura del Tinto-Odiel se desarrolla la gran flecha litoral de Punta Umbría, cerrando el estuario por el Oeste, mientras que por el Este te- nemos la contraflecha de Punta Arenilla y, entre ellas, el complejo de ganchos arenosos de Isla Saltés (Fig. 5). En estos tres sistemas se han realizado diversos trabajos arqueológicos y de dataciones (Lario, 1996; Almagro et al., 1975; Baz- zana & Bedia, 1990; Amo, 1976; Carrero, 1979; Rubio et al., 1985), de interés a la hora de establecer su evolución, lo que permite plantear una génesis relacio- nada con la fase de progradación H2, aunque siempre con edades más recientes a los 3000 años BP.
Figura 5. Esquema de los sistemas dunares y barreras arenosas de la desembocadura del Tinto-Odiel.
Su dinámica y evolución están condicionadas fundamentalmente por la de- riva litoral, de forma que su crecimiento se ha producido por adosamiento de barras de batida, formadas y movilizadas oblicuamente a la línea de costa (Borre- go, 1992). Toda esta evolución natural se ha visto fuertemente modificada por las actuaciones antrópicas posteriores (diques, urbanizaciones, etc.).
En cuanto a los sistemas dunares, en la flecha litoral de punta Umbría exis- ten una serie de dunas transversas de pocos metros de altura (3-6 m) que han evolucionado a partir de dunas incipientes (Fig. 6). Se pueden contabilizar hasta unos 15 cordones sucesivos que marcan la progresiva progradación de la flecha hacia el Sur y Este. Las dunas asociadas a la fase de progradación H2 presentan un mayor desarrollo de dunas parabólicas, avanzando en la dirección WSW. Las dunas más jóvenes, asociadas a H3 y H4, se constituyen como cordones trans- versales con menor alteración en la continuidad de su cresta. Sin embargo, estas fases más recientes cambian radicalmente de morfología en la raíz de la flecha pasando a formas parabólicas muy desarrolladas, debido al solapamiento de los sucesivos cordones, dando lugar a una mayor imbricación de formas. En este punto las dunas han sobremontado el antiguo acantilado Flandriense, mientras que hacia el Este el sistema va desapareciendo situándose por debajo, en forma de un pequeño cordón con dunas tipo eco.
En Punta Arenilla se desarrolla un par de cordones transversales donde los sistemas más antiguos aparecen imbricados por los más recientes, con abun- dantes formas parabólicas y cubetas de deflación asociadas, sobremontando el acantilado Flandriense. Este complejo dunar, que se extiende desde la misma flecha hacia la localidad de Mazagón, se ha formado como consecuencia del ciclo evolutivo del delta mareal de la desembocadura del estuario (Fig. 7). La acción del oleaje de poniente, especialmente durante los temporales, da lugar al avance hacia la línea de playa del delta mareal de la desembocadura, cambian- do el recorrido del canal principal de flujo-reflujo. Este proceso se produce de forma cíclica.
Hacia el Oeste este sistema desaparece situándose en la parte inferior del acantilado y adosado a éste. En cuanto a la edad de estos sistemas eólicos, su génesis empieza con las primeras fases de progradación litoral.
En la actualidad el sistema está muy alterado, tanto por la proliferación urbanística como por la expansión del polo industrial, especialmente en Punta Arenilla. Por otra parte, los sistemas dunares más recientes eran activos hasta los años 60 pero fueron fijados artificialmente por vegetación, perdiendo su diná- mica natural. La construcción del espigón Juan Carlos I cortó el trasvase de sedi- mento hacia el Este, anulando la dinámica sedimentaria en este sector (Fig. 7C).
Figura 6. Regeneración artificial de dunas en la flecha de Punta Umbría. En primer término, blowout provocado por la afluencia de bañistas en verano.
3.2.4. Sistemas dunares de la desembocadura del río Guadalquivir En el estuario del Guadalquivir se localiza uno de los complejos dunares más importantes de la Península Ibérica, asociado a los sistemas de flechas litorales de Doñana y La Algaida (Fig. 8).
La flecha litoral de La Algaida se localiza en la margen izquierda del estua- rio. Gracias al análisis geomorfológico, dataciones de 14C (Rodríguez Ramírez, 1996), y datos relativos a restos arqueológicos (Menanteau, 1979; Esteve Gue- rrero, 1952), se pueden diferenciar con claridad varias fases progradantes en esa flecha litoral, correspondiendo la más antigua con H2. Los sistemas eólicos pre- sentes en ella se caracterizan por mantos eólicos que recubren prácticamente en su totalidad la formación, con mayor potencia en formaciones correspondientes a H2,así como dunas parabólicas de escasa altura (10-15 m) que se desplazan en la dirección ENE, tanto sobre H2 como H3, con lo cual su génesis podría estar relacionada con esta última fase progradante (H3). Actualmente el sistema está fijado por la vegetación existente.
En la margen derecha del río se encuentra la flecha litoral de Doñana. Los estudios geomorfológicos y las numerosas dataciones de 14C realizadas (Zazo et
al., 1994; Rodríguez Ramírez et al., 1996) ponen en evidencia la existencia de amplias formaciones correspondientes a las fases H2, H3 y H4, aunque las for- maciones más antiguas (H2) estarían bajo los depósitos eólicos.
Los sistemas dunares en Doñana están muy desarrollados, con sucesivos tre- nes transversales de dunas activas, con una dirección de avance ENE. Estas dunas activas se dividen en dos subsistemas (Rodríguez Ramírez, 1996). El primero de ellos, y por tanto más antiguo, presenta unas alturas máximas del orden de 15 m y se sitúa sobre las fase progradante H2. Estudios arqueológicos los datan como post-romanas (Borja et al., 1999). Está constituido por dunas parabólicas muy menguadas, semifijadas por la vegetación. Una de las características más peculiares de este sistema es la presencia de los “gusanos”, que son unas estructuras subpa- ralelas y alargadas situadas en las depresiones interdunares, como resultado del desplazamiento de la propia duna. (Fig. 9). Estos se producen por la fijación de la parte trasera de la duna por la vegetación, favorecida por un nivel freático alto, en momentos de un cese o menor desplazamiento de ésta (García Novo et al., 1975).
Figura 7. Génesis del sistema dunar de Punta Arenilla en relación a la dinámica del delta mareal de la ría del Tinto Odiel.
Figura 8. Sistemas dunares de la desembocadura del Guadalquivir y localización de figura 9.
El segundo subsistema es el más reciente, correspondiendo a las fases H3 y H4, que se extiende hasta la actualidad. Se disponen como trenes de du- nas transversales de gran continuidad lateral y altura (30 m en el Cerro de los Ánsares), que avanzan hacia el ENE. Morfológicamente van desde cordones incipientes, en las proximidades de la línea de playa, hasta grandes trenes trans- versales de gran continuidad, con presencia de formas parabólicas y depresiones interdunares, llamadas “corrales” (Fig. 9).
En estos “corrales” el avance dunar ha dejado evidencia de su progresivo desplazamiento con una serie de estructuras llamadas localmente “gusanos”. Son unos cordones estrechos y alargados, de escasa altura (0,5-1 m), subparalelos a la parte trasera de la duna. Se producen por la fijación de la parte trasera de la duna por la vegetación, favorecida por un nivel freático alto, en momentos de un cese o menor desplazamiento de ésta.
Al Sur, estos sistemas eólicos activos presentan menor extensión, ciñéndose a la franja más cercana a la costa. Hacia el interior, en la zona de La Marismilla, aparece un rosario de cordones litorales, correspondientes a las fases de progra- dación H2 y H3. Estos están constituidos por cordones dunares incipientes, de gran continuidad longitudinal y escasa altura (5-10 m), asociados a los extensos depósitos de playa de la zona. En algunos sectores estos depósitos pueden evo- lucionar a pequeñas dunas parabólicas . El desarrollo eólico es mayor en los cor- dones litorales más recientes (fase H3) y más cercanos a la línea de costa actual.
Esta actividad eólica se manifiesta en torno a la fecha de construcción de la torre de San Jacinto (torre vigía o torre de almenara costera), poniendo en evidencia un incremento de la actividad eólica en fechas muy recientes, a partir del siglo XVI aproximadamente (Rodríguez Ramírez, 1996; Borja et al., 1999).
Esta fase reciente de actividad eólica es la responsable de la reactivación de todo el sistema eólico de este tramo costero.
3.3. El manto eólico de El Abalario-Asperillo
El Abalario es una amplia extensión de terreno (~50.000 ha), de topografía suave y ligeramente ondulada, constituida en superficie por un extenso campo de dunas muy evolucionadas, que se adentran en el continente (“sistema inter- no” de Vanney & Menanteau, 1979; “manto eólico o dunas de la 1ª generación”
de Zazo, 1979), en el que se pueden diferenciar varias secuencias (Fig. 10).
En la margen costera la erosión producida por la dinámica marina ha dado lugar a un amplio acantilado (Asperillo), que pone de manifiesto un importante retroceso en tiempos geológicos recientes y sobre el cual se sitúan las generacio- nes de dunas más recientes. Este acantilado se labra a partir de formaciones del Pleistoceno Superior-Tardiglaciar (Borja, 1992; Zazo et al., 2005), con alter- nancia de niveles turbosos y paleosuelos, todo ello intercalado entre depósitos eólicos potentes, que ponen en evidencia la persistencia de los sistemas dunares en esta zona a lo largo del Pleistoceno Superior-Holoceno. Por encima de estos depósitos se sitúan toda una suerte de sistemas eólicos y lacustres, desarrollados a partir de los 5.000-4.000 años B.P. (Borja, 1992).
Figura 9. Foto área de los sistemas dunares activos de Doñana (IV y V) con localización de los “gusanos” y cartografía geomorfológica del área (Rodríguez Ramírez, 1998). Leyenda: Playa (azul), V Sistema Eólico (amarillo), IV Siste- ma eólico (rayas amarillas horizontales), Sistemas Estabilizados (rayas naranjas verticales), marisma (blanco).
En estos sistemas eólicos se diferencian dos formaciones arenosas en las du- nas de la primera generación de Zazo et al. (1981): Un alto manto eólico y un bajo manto eólico (Borja, 1992). La cartografía geomorfológica en todo este sector de El Abalario-Asperillo permite diferenciar hasta 5 secuencias de dunas (Rodríguez Ramírez, 1996 y 1998) (Fig. 10). Tres antiguas y estabilizadas (I, II y III), que se extienden hasta más allá del arroyo de la Rocina, y las dos últimas (IV y V), situadas sobre el acantilado costero, dando alturas de hasta más de 100 m, equivalentes a los sistemas activos de Doñana (Fig. 11).
de Vanney y Menanteau, 1979), que alcanza una cota máxima de 113 m en el Asperillo. Estas dunas remontantes cabalgan sobre los sistemas anteriores (Fig.
12). Se presentan imbricadas en cuatro episodios principales, en cada uno de los cuales se ha llevado a cabo un análisis estadístico de los ejes de dunas parabólicas, que es indicativo de la dirección de los vientos que las generaron. En el episodio I el viento dominante procedía del WSW, en el episodio II entre WSW y SW, y en los episodios III y IV del SO, tal como sucede en la actualidad; esto indica un cambio en la orientación del viento dominante en los dos últimos milenios (Rodríguez Vidal et al., 1993), que estaría relacionado con ligeras modificacio- nes de la circulación atmosférica.
Figura 10. Manto eólico del Abalario-Asperillo y sistemas activos más recientes. Locali- zación de la figura 11.
El primer sistema eólico (Fig. 12) se constituye como una superficie arrasa- da, adaptándose al relieve previo, donde pueden aparecer diseminadas algunas morfologías dunares de escaso desarrollo. En el segundo sistema eólico dominan las dunas de tipo transversal de crestas muy sinuosas, ligeramente parabólicas, avanzando en dirección E. El tercer sistema eólico está constituido por dunas transversas muy sinuosas, definiendo abundantes formas parabólicas de gran continuidad lateral, marcando una dirección de desplazamiento hacia el ENE.
El cuarto sistema eólico está constituido por pequeñas dunas parabólicas imbri- cadas, con desplazamiento hacia el ENE, que se corresponden con el sistema activo más antiguo de Doñana. El quinto sistema eólico es un fenomenal com- plejo dunar llamado Arenas Gordas (“dunas estabilizadas del sistema externo”
Figura 11. Sistemas dunares de El Abalario. Se aprecia el V sistema, con cotas de más de 100 m y ya estabilizado, avanzando sobre sus predecesores.
El estudio geomorfológico de detalle ha puesto de manifiesto que estos epi- sodios principales están constituidos por un gran número de pequeñas dunas parabólicas muy imbricadas, que se solapan unas a otras. Este intenso solapa- miento indica que el sistema dunar de Arenas Gordas se ha formado en un tramo costero en continuo y acentuado retroceso (retrogradación), simultánea- mente con las formaciones dunares más recientes del tramo costero progradante que constituye la flecha litoral de Doñana.
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Figura 12. Fragmento de la cartografía geomorfológica de los sistemas dunares de El Abalario, donde se aprecia la morfología dunar (Rodrí- guez Ramírez, 1998). Playa (azul), V Sistema Eólico (amarillo), IV Sistema eólico (rayas amarillas horizontales), III Sistema Eólico (na- ranja), II Sistema Eólico (rayas naranjas verticales), I Sistema Eólico (rayas naranjas horizontales).