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lo público (Alvarado, Ospina-Alvarado y García, 2012), a través de las posibili- dades que emergen de manera individual, relacional y colectiva en los sujetos, con la acción colectiva, la conciencia histórica, la ampliación del círculo ético y la interacción cotidiana en medio de conflictividades (Alvarado, et al ., 2012) .

Joven hombre: “Por ejemplo, cuando escogemos el personero del colegio, hay elecciones, eso es participación política” (Julio, 2019) . Dicho ejercicio marca el inicio de su ser como ciudadanos, el cual solo es posible socialmente cuando cumplan la mayoría de edad (18 años para Co- lombia) . Esta posibilidad de elección les hace sentir que tienen capacidad de agencia y capacidad de tomar decisiones frente a quienes los representarán . Ellas y ellos creen en la democracia representativa en tanto no esté permea- da por la corrupción y en tanto quienes son elegidos propendan por el bien común . Esta forma organizativa de participación de los niños, niñas y jóve- nes en la institución escolar colombiana, reglamentada por el Ministerio de Educación Nacional, que tiene relación con el gobierno escolar y el gobierno estudiantil, es una manera de expresión democrática que busca afianzar el voto y la democracia en los términos establecidos por el Estado colombiano . Y por otro lado, las y los jóvenes en los grupos focales relacionan la participación con el actuar en la cotidianidad:

Joven mujer: En mi experiencia, participación política es que sir- va para yo hacer algo, por ejemplo, cuando hacemos las ayudas aquí en el colegio, recogemos las basuras, cuando limpiamos las canchas o arreglamos los baños, participamos en algo y contribuimos con el co- legio, para mí eso se relaciona con participación política (Julio, 2019) . Es decir, que la participación abarca la realización de las múltiples respon- sabilidades (académicas, laborales, entre otras), como por ejemplo ayudar a quien lo necesita y movilizarse cuando no se hacen valer los derechos de los ciudadanos; dicha mirada, no se reduce a los mecanismos de participación establecidos por el Estado, por el contrario, como se evidencia en el relato de esta joven, las y los jóvenes comprenden que existen maneras otras de ejercer la participación política desde acciones individuales . Sin embargo, estas son de un corto alcance, ya que solo logran incluir al círculo inmediato o cercano, en este caso una institución educativa; situación que entra en disputa con el plan- teamiento de Arendt (1996), quien enfatiza en el carácter de lo político como aquellas acciones que no se enmarcan en los procesos instituidos, sino que dan cuenta del entre nos, de la construcción de mundo, del ser parte de la configu- ración de lo público . Acá no aparece un interés por lo público ni por acciones colectivas, son acciones individuales del cuidado; un aporte parcial al cuidado del espacio público, pero falta una apuesta más contundente en términos del entre nos como movilización, una apuesta más amplia tendiente a contribuir en el cuidado de los otros y de lo otro .

En tensión con lo anterior, y con fundamento en una tendencia de los re- sultados que apareció en los grupos focales, autores como Cabaluz-Ducasse, 2016 Jara-Holliday, 2005; Karr y Kemmis, 1988; Mejía, 2011; Ospina et al ., 2018; Walsh, 2014 analizan críticamente la escuela como un espacio de trans-

misión de órdenes políticos, culturales y sociales establecidos; esto entendien- do que, pese a existir una línea de trasmisión de conocimientos hegemónicos, la escuela también se configura como un espacio para aprender, desaprender, crear símbolos, sin lógicas de poder que se legitiman desde el desconocimiento de las potencialidades (Hijos Colombia, 2012) . La escuela también es un espa- cio propicio para vencer los silencios que en ocasiones se instauran a partir de visiones adultocéntricas desde las cuales los y las jóvenes no tienen la madurez para asumir una postura política . Es así como en segunda instancia emerge como práctica política descrita por las y los jóvenes, el arte como una forma de resistencia y de vencer los silencios, para el caso de ellas y ellos, los grafitis, los cuales hacen parte de una manera de comunicación para la participación política, mediante la enunciación gráfica de aquello que los adultos no com- prenden y juzgan como inadecuado, una forma de resistencia, de expresión frente a los silencios y de diálogo con quienes los observan, así como lo expresa una joven de 14 años del grupo focal:

Joven Mujer: “Cuando hacemos un mural, cuando nos metemos a un grupo en el colegio eso también es participar para expresarnos y hacer cosas juntos” (Julio, 2019) .

La participación política en las y los jóvenes es para ellas y ellos visibilizar sus voces, decir lo que se piensan y sienten, y que eso que se enuncian sea considerado como legítimo, para Esposito (2012) citando a Arendt, la palabra y la forma como la articulamos a través del lenguaje es lo que hace al hombre un ser político y al tiempo es una herramienta para la defensa de la política . El lenguaje artístico es para las y los jóvenes una manera de participar y de socia- lizar políticamente con otros .

Vale la pena señalar, que en algunas ocasiones la escuela aporta en el sen- tido descrito; sin embargo, la mayoría de las veces auspicia silencios que im- piden una auténtica participación y liberación . Hay experiencias de escuelas que contribuyen a develar situaciones inhumanas de realización de los sujetos . Es importante destacar como los jóvenes del estudio son todos y todas estu- diantes de colegios de secundaria . Sus opiniones responden a la formación y la socialización política de la que participan en las instituciones educativas . La perspectiva democrática y política que se agencia en la institución educativa es la que se propuso desde los años 50 del siglo pasado por John Dewey (1975), educador norteamericano, en la que su concepción de democracia responde al Estado liberal, con enormes limitaciones; la escuela en su formación ni siquie- ra ha sido capaz de realizar dichas promesas, menos capaz es hoy de responder a las necesidades pluridiversas de los niños, niñas y jóvenes en un mundo de cambios acelerados que demandan de una pluridemocracia radical .

En tercera instancia, llama la atención que las y los jóvenes relacionan la expresión de la política en menor medida con acciones colectivas y expresio-

nes sociales hacia la lucha y la defensa de sus derechos, encontrando que solo el 2 .9% la relaciona con la participación y acciones de organizaciones y colec- tivos juveniles y el 16,6% con acciones de protesta y manifestación, siendo baja la participación y el conocimiento de acciones que permiten la intervención y la agencia de los sujetos para transformar sus realidades . Para finalizar, solo el 21% de los y las jóvenes consideran que la política es una acción que se expresa en la realización de tareas conjuntas a nivel comunitario; situación contraria a la idea ético-política de Cortina (2009), para quien la política debe ser pensada desde una comunidad política, es decir, con la participación de personas con la capacidad de trabajar colectivamente desde diferentes comunidades y desde la legitimidad de la palabra y las acciones .

Por último, en cuarta instancia, con relación a los espacios de diálogo acer- ca de la política, se pudo evidenciar que, en la familia como espacio de sociali- zación, los diálogos sobre política son escasos, el 26 .5% de los jóvenes respon- dió que lo hace algunas veces con los padres, mientras que con los hermanos y las hermanas prevalece la respuesta “nunca”, con un porcentaje de 36 .5%, y el 22 .5% de jóvenes responde que nunca lo hace con otros familiares . Frente a estos datos, resulta importante la lectura presentada por Ramos (1990), desde la cual, no solo los padres, las madres, las hermanas y los hermanos aportan en la configuración política de las y los jóvenes, también los otros miembros de la familia tienen un papel fundamental en la forma como se conciben la realidad política de los integrantes del grupo familiar; dado que, como lo menciona Aguirre (2011) la familia promueve creencias, valores y vida social desde las relaciones intergeneracionales que teje . Así mismo retomando a Alvarado, Os- pina-Alvarado y García, (2012) las familias han sufrido diferentes cambios en sus estructuras y dinámicas proporcionado rupturas en los procesos de socia- lización que se promueven desde estos núcleos como agentes socializadores .

La familia tiene un papel preponderante en cuanto a la transmisión de las ideologías políticas, a modo de ejemplo, durante la época conocida como la violencia en Colombia, las familias transmitían a las nuevas generaciones los ideales del partido al que pertenecían -conservador o liberal- (CNM, 2008), que se tenía a su vez que convertir en fuente de defensa y lucha por el domi- nio de un partido sobre el otro . En este rol de trasmisión de las ideologías, se puede encontrar familias empoderadas, que como se acaba de mencionar, entregan a los diferentes miembros del núcleo familiar legados ideológicos po- líticos . También se encuentran familias, que tienen poco interés por el tema de la política; se identificó que el interés de las familias frente a los asuntos de la política es bajo, el padre con un 20 .4%, la madre con 17 .1%, los hermanos con 9 .2% y otros familiares con 12 .7% de interés; desde esta perspectiva, el espacio de socialización que es la familia, desde su rol como transmisora de ideologías políticas, se puede ver diezmado por el poco interés que demuestran en los asuntos políticos .