• No se han encontrado resultados

Los efectos prenatales sobre el temperamento

PARTE I. REVISIÓN BIBLIOGRÁFICA

CAPÍTULO 4. LA MEDIDA DEL TEMPERAMENTO EN LA INFANCIA

5.3. Factores contextuales relacionados con el desarrollo del

5.3.2. Los efectos prenatales sobre el temperamento

pobre capacidad autorreguladora, caracterizada por labilidad emocional, modelos de sueño irregular, hiper-irritabilidad, déficits de orientación y de atención, así como un llanto de acústica anormal (Zuckerman, 1985; Chasnoff, Griffith, MacGregor, Dirkes y Burns, 1989; Eisen et al., 1991; Lester et al., 1991; Coles, Platzman, Smith, James y Falker, 1992; Hume, O'Donnell, Stranger, Killam y Gingras, 1993; Phillips, Sharma, Premachandra, Vaughn y Reyes-Lee, 1996). Sin embargo, muchos de estos estudios no controlaron suficientemente la posible exposición de los niños a múltiples drogas y otras variables potencialmente confusas. Un estudio reciente bien controlado mostró el efecto directo y a largo plazo de la exposición a la cocaína –intrauterina- sobre la autorregulación del arousal del niño y los sistemas atencionales (Karmel y Gardner, 1996). En la infancia tardía se han descrito también déficits en la atención y en la regulación del arousal en tareas como la adaptación, el aprendizaje contingente, la memoria de reconocimiento y la reacción a la novedad (Hawley y Disney, 1992; Alessandri, Sullivan, Imaizumi y Lewis, 1993; Mayes y Bornstein, 1995).

Si los niños expuestos a la cocaína tienen dificultades para adaptar sus respuestas emocionales, los cuidadores pueden tener dificultades para modular sus interacciones (Brazelton, Koslowski y Main, 1974; Brazelton, 1982; Tronick, 1980, 1982). Factores como la pobreza, las condiciones inestables de vida y el aislamiento social, así como un ambiente de consumo de droga y el consumo continuado de droga, pueden contribuir a la inhabilidad de las madres para ser sensibles a las necesidades de sus hijos (Daghestani, 1988; Frank et al., 1988;

Rodning, Beckwith y Howard, 1991; Bendersky et al., 1996). Además, cuidadores insensibles pueden contribuir a generar dificultades tempranas en el niño al enfrentarse a situaciones estresantes. Esto crearía una espiral de interacciones negativas en situaciones estresantes.

Otros fenómenos concomitantes del consumo de cocaína también podrían afectar a la regulación del arousal. Se ha encontrado que, por ejemplo, los niños

que al nacer tuvieron peores condiciones médicas son más irritables y más difíciles de consolar que sus homólogos sanos (DiVitto y Goldberg, 1979; Field, Dempsey y Shuman, 1981). La exposición prenatal a la cocaína ha sido asociada con un alto riesgo de complicaciones médicas y un bajo peso al nacer (McCall et al., 1991; Ostrea, Brady, Gause, Raymundo y Stevens, 1992; Woods, Behnke, Eyler, Conlon y Wobie, 1995). Así, las condiciones médicas neonatales podrían mediar algunos de los efectos de la exposición a la cocaína sobre la regulación del arousal y la capacidad para calmarse tras una perturbación (Bendersky et al., 1996). La exposición prenatal al alcohol, por ejemplo, ha sido asociada con posibles problemas de regulación emocional durante la infancia, incluyendo labilidad emocional, irritabilidad, atención pobre y rabietas, así como expresiones negativas (Streissguth, 1986; O'Connor, Sigman y Kasari, 1993).

Bendersky y Michael (1998) utilizando el procedimiento de la “mirada sostenida” (“still-face”), en el que codificaban las expresiones de la cara, encontraron que un mayor porcentaje de niños expuestos a la cocaína, mostraban menos placer durante el juego con sus madres y continuaron mostrando expresiones negativas durante la reanudación del juego pasado un tiempo tras la interrupción de la interacción. El hecho de que los niños expuestos en exceso a la cocaína no pudiesen sostener una interacción de juego positiva y no pudieran reponerse de la evidente emoción negativa que desarrollaron cuando sus madres interrumpieron el juego, a pesar de que las cuidadoras eran igualmente sensibles y estimulantes, sugiere que la exposición prenatal a la cocaína puede tener un impacto específico sobre la capacidad del niño para autorregularse. Estos resultados son compatibles con otros estudios centrados en los recién nacidos y en la primera infancia (Zuckerman, 1985; Chasnoff et al., 1989; Schutter y Brinker, 1992; Gottwald y Thurman, 1994; DiPietro, Suess, Wheeler, Smouse y Newlin, 1995; Karmel y Gardner, 1996; Phillips et al., 1996). Sin embargo, este estudio no puede excluir la posibilidad de que, en circunstancias normales fuera del laboratorio, las madres que consumieron cocaína durante el embarazo puedan ser

estudio. Así, es posible que el déficit en la regulación del arousal, que es evidente en muchos de los niños expuestos en exceso, se deba, al menos en parte, a condiciones extrínsecas. Otro de los estudios que mostró el efecto directo y a largo plazo de la exposición de cocaína intrauterina sobre la autorregulación del arousal del niño y los sistemas atencionales fue el de Karmel y Gardner (1996). En cualquier caso, los factores causales, tales como las dificultades tempranas, pueden tener repercusiones a largo plazo en el desarrollo social y cognitivo.

Brown et al. (1998) se plantearon en su estudio si los niños prematuros eran más vulnerables a los efectos de la exposición prenatal a las drogas que los niños que nacieron a término. Los efectos directos de la exposición sobre el peso al nacer, la talla al nacer, el índice ponderado y la irritabilidad resultaron influidos por la duración de la gestación: los déficits en el crecimiento fetal eran más extremos en los niños nacidos más tarde, mientras que los aumentos de la irritabilidad eran más extremos en los niños nacidos antes de tiempo. Los efectos de la exposición sobre la reactividad cardiorrespiratoria en un examen neonatal no resultaron moderados por la duración de la gestación.

También existen investigaciones en la ciudad de México que analizan las posibles repercusiones de las exposiciones maternas prenatales al plomo (el plomo se encuentra no solo en forma volátil, como partículas suspendidas, sino también en el agua potable contaminada con ese metal, así como los alimentos regados o cultivados en tierra contaminada incorporan plomo dentro de sus células). En caso de haberse dado esta exposición prenatal, los niños al ser evaluados con la NBAS presentaban niveles más altos de irritabilidad, cambios de estado de ánimo más frecuentes, mayor rapidez para irritarse y una mayor dificultad para responder a los estímulos una vez que se encontraban irritados. Así mismo, los niveles maternos elevados cerca del final del tercer trimestre se encontraban asociados con deficiencia motora a los 6 meses de edad evaluada con la Escala de Desarrollo Infantil de Bayley (Montoya, Maldonado, Landázuri,

Montes, Escobar y Margain, 1981; Rothenberg, Schanaas, Cansino-Perroni, De la Torre, Neri-Méndez, Ortega, Hidalgo y Svendsgaard, 1989).

Existen también estudios centrados en otro tipo de interacciones, no ambientales sino biológicas, como, por ejemplo, el trabajo de Riese (1999), interesado por investigar si la placenta puede ejercer influencia en las diferencias temperamentales. La autora concluye diciendo que el ambiente fetal perinatal no parece influir en las características temperamentales neonatales, tal y como lo ha puesto de manifiesto en trabajos anteriores (Riese, 1990), resultados que están en concordancia con los obtenidos en otros estudios que no encuentran relación sobre el tipo de placenta y el desarrollo neonatal (p.ej., Welch, Black y Christian, 1978; Socol, Moore, Rose, Williams, Reed y Christian, 1995).