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Los jóvenes y los medios de comunicación 32

I. Introducción 1

2. Consumo, identidad y culturas juveniles en México: ayer y hoy 9

2.8 Los jóvenes y los medios de comunicación 32

Los jóvenes tienen un protagonismo especial en la llamada sociedad de la información. De hecho, gran parte de su tiempo de ocio durante los días laborables está centrado fundamentalmente en el uso de medios de comunicación (televisión y radio) (Comas, 2003). El análisis de los medios a través de los cuales los jóvenes acceden a la información es un elemento clave en la actividad del sector publicitario, puesto que permite canalizar la publicidad a través de los medios o soportes más utilizados o visitados. Los estudios que abordan el uso que los jóvenes realizan de los medios de información (Martín y Velarde, 2001; Rodríguez, Navarro y Megías, 2001) ponen de manifiesto la existencia de algunas tendencias generales en este ámbito, como son:

1. El consumo de programas televisivos es una actividad casi universal entre los jóvenes, que cuenta además con altos niveles de asiduidad, y a la que dedican la mayor parte del tiempo que permanecen en casa. Como promedio, los jóvenes dedican semanalmente a la audiencia televisiva 12 horas y 35 minutos (un 20%

dedica a esta actividad más de 18 horas semanales), si bien se estaría reduciendo el tiempo dedicado al consumo televisivo respecto de años anteriores.

2. La fortaleza del medio televisivo contrasta con el progresivo retroceso de la lectura de libros y prensa escrita por parte de los jóvenes, más allá de los libros de texto. El declive de los hábitos de lectura entre los jóvenes, también presente entre los adultos, queda patente si se tiene en cuenta que un 35% no habría leído ningún libro en el último año. Un proceso que estaría relacionado con la masiva presencia del uso de los ordenadores y con los cambios operados en las funciones de la lectura entre los jóvenes.

Estas nuevas funciones se relacionarían fundamentalmente con la utilización de nuevos soportes de lectura (fotocopias, pantallas de ordenador,) y con el empleo

33 instrumental de la misma (gran parte de las lecturas que llevan a cabo los jóvenes se relacionan con el trabajo o el estudio). Este declive del tiempo dedicado a la lectura de libros y prensa entre los jóvenes es compatible con el hecho de que el número de horas dedicadas a leer se haya incrementado globalmente aunque, cada vez más, el mismo se dedica a lecturas de tipo práctico (apuntes, catálogos).

3. Está creciendo notabilísimamente la utilización de reproductores de vídeo, videojuegos y ordenadores entre los jóvenes. El ordenador se ha convertido no sólo en un instrumento de estudio o trabajo, sino en una herramienta que permite explorar el mundo, acceder a nuevas informaciones y establecer nuevas relaciones sociales (o mantener y fortalecer las ya existentes a través del correo electrónico o de los chats).

El análisis de los datos facilitados por el Estudio General de Medios, que periódicamente aporta información de las audiencias de los distintos soportes, se configura como una actividad central de las empresas publicitarias, puesto que necesitan saber cuántas y cómo son las personas que utilizan cada medio de comunicación, para poder diseñar sus estrategias publicitarias. Precisamente como dice Velarde (2001) a través del campo de la comunicación mediática se construye y se transmite la representación social de lo que significa ser joven, que es incorporada por los propios grupos de jóvenes. En las sociedades postmodernas, las grandes utopías, los grandes ideales y valores sociales comunes, están en crisis.

El espacio de lo público se ha debilitado notablemente siendo sustituido por la búsqueda de espacios privados de realización personal; frente a lo público, a los proyectos compartidos, se reivindica lo individual, lo cercano, los sentimientos, el pequeño grupo, como espacios para la realización personal. En una etapa histórica en la cual los jóvenes carecen de referentes, de modelos de identificación generales en base a los cuales orientar su futuro, la construcción de la identidad personal se sustenta en la experimentación, en el aprendizaje a partir de las experiencias propias o de los amigos. Un proceso de construcción de la identidad personal en el cual los medios de comunicación adquieren un protagonismo creciente, hasta adquirir una posición destacada en los procesos de socialización de los jóvenes, en el aprendizaje de ciertos comportamientos y actitudes. (Rodríguez, Navarro y

34 Megías, 2001). El conocimiento de las relaciones de los jóvenes con los medios de comunicación resulta doblemente necesario, puesto que no es sólo el cauce natural desde el cual se difunde la publicidad que se dirige a ellos, sino porque gran parte de los comportamientos, actitudes y valores que más tarde refleja la publicidad han sido aprendidos, interiorizados, popularizados por los medios de comunicación.

Los medios de comunicación social en general, y la televisión en particular, tienen una importante influencia en la socialización juvenil, aunque sólo sea por sus largos períodos de exposición a la misma. Pasar horas frente a la televisión, en espera de estímulos externos, ha pasado a formar parte de la cultura juvenil (Sartori, 1998).

Un comportamiento que, como han señalado algunos autores, no es exclusivo de los jóvenes y que cuestionaría la existencia de una cultura específicamente juvenil que, participa al modo joven de la cultura dominante y que, en ausencia de compromisos vitales. (Rodríguez, Navarro y Megías, 2001).

Como se ha indicado, el consumo de medios de comunicación (ver la televisión, escuchar la radio o leer periódicos y revistas) es una actividad relevante en la vida cotidiana de los jóvenes, que ocupa buena parte del tiempo de ocio de tipo personal (ése que se desarrolla de manera individual, en el hogar, en contraste con el ocio de carácter social que se circunscribe al espacio del fin de semana y que se disfruta con el grupo de amigos). (Velarde, 2001)

Según Velarde (2001) El uso de los medios de comunicación, y en particular de la televisión, permite recrear esos espacios de realización privados (íntimos, sin la presencia de extraños) y, además, interaccionar sin grandes esfuerzos y costes, lo que explica en gran medida la posición central que ocupan en el ocio individual y familiar. Los medios de comunicación permiten introducirse en los espacios privados de los demás, observar sus posiciones y sentimientos, y de este modo construir una identidad propia, sobre la base de identificaciones y diferenciaciones con los demás.

La televisión, en particular, y los medios de comunicación, en general, adquieren nuevos significados para los jóvenes, que trascienden la mera información y el entretenimiento. Ofrecen la posibilidad de aprender, de identificar y reconocer códigos morales y de comportamiento, que son aceptados (total o parcialmente) o

35 rechazados, pero que sirven para ir construyendo la identidad personal. (Velarde, 2001).

La televisión se convierte en un espacio de representación, en un escenario desde el cual interactuar, en un referente a través del cual compararse y construir un esquema propio de valores y actitudes (Haimovich, 2002). Un proceso hecho a retazos, fragmentado, de aproximaciones sucesivas, que combina y mezcla diversos símbolos, que se configura zapeando en los medios, para buscar la identidad personal. Por eso las relaciones de los jóvenes con los medios de comunicación son contradictorias. Estos jóvenes son, grandes consumidores de estos medios, están muy familiarizados con ellos y con sus códigos, y necesitan las señas de identidad que les proponen (para aceptarlas o rechazarlas), pero son muy críticos con algunos de sus contenidos y, de manera particular, desconfían por la posibilidad de ser manipulados y engañados por los medios. Al analizar el espacio que ocupan los jóvenes en el contexto de los medios de comunicación se constata un fenómeno ya descrito al analizar la publicidad: su sobredimensionamiento. Lo joven tiene en los medios una presencia muy superior a lo que en términos demográficos y de cuotas de consumo le correspondería. Esto es así porque, en cierto modo, el ser joven se ha convertido en un valor universal; por ese motivo, desde los medios de comunicación se hacen reiteradas referencias y apelaciones a lo joven y a los productos juveniles, como fórmula de utilización y explotación comercial de esa imagen. (Velarde, 2001)

Para Velarde (2001) una razón complementaria que explica la posición de privilegio que los jóvenes adquieren en la comunicación mediática, más allá de que son una imagen/reclamo que vende, radica en el hecho de que hace tiempo que se sabe que las grandes tendencias de consumo de masas tienen su origen en el mercado de los jóvenes, incluido el consumo de los propios medios de comunicación (el grado de interés que un determinado programa televisivo despierte entre los jóvenes será posiblemente un indicador decisivo de su éxito o fracaso en términos de audiencia). También los medios de comunicación manejan y proyectan una imagen estereotipada de los jóvenes, coincidente en gran medida con la mostrada por la

36 publicidad, como no puede ser de otro modo, puesto que la publicidad se limita a mostrar una imagen sintética, cargada de creatividad, de los jóvenes que retratan los medios de comunicación. Y es que debe destacarse que tanto los medios de comunicación como la publicidad se refuerzan mutuamente, mostrando una imagen estereotipada, homogénea y simplificada, con la que se persigue una identificación rápida de los jóvenes. Entre estos elementos comunes que contienen los estereotipos que manejan los medios de comunicación y la publicidad destacan:

jóvenes de clases medias, sin grandes problemas vitales, urbanos, representados en espacios domésticos, rodeados de su familia o amigos, etc. A estos “jóvenes mediáticos” se les vincula con valores y centros de interés como la amistad, la imagen personal, la autoafirmación, lo emocional, las posiciones hedonistas, la ecología, la rebeldía, la transgresión. (Rodríguez, Navarro y Megías, 2001).